Home / Mafia / El Silencio de la CAUTIVA / Capítulo 5 —Lo que sabe

Share

Capítulo 5 —Lo que sabe

Author: Francis Wil
last update publish date: 2026-05-28 09:31:35

Capítulo 5 —Lo que sabe

El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero ya no era el mismo de antes. Seguía siendo incómodo, denso, extraño… aunque menos salvaje. Ivanka ya no reaccionaba únicamente desde el miedo; ahora también observaba, evaluaba, intentaba comprender.

Dante apoyó los antebrazos sobre la isla.

—Reconociste el cuadro apenas entraste aquí.

Ivanka bajó la mirada hacia su taza.

—No es precisamente una pintura que alguien vea colgada en cualquier sitio —continuó él—. Así que voy a volver a preguntarlo. ¿Tu familia tiene algo que ver con él?

Ella negó rápidamente con la cabeza. Demasiado rápido. Dante lo notó.

—¿La familia Chenchenko? —preguntó entonces—. Los hombres a los que les quité el cuadro en Chicago hace un año. ¿Trabajaban con tu familia?

Ivanka volvió a negar. Pero esta vez no sostuvo su mirada. Dante se recostó lentamente contra la silla.

—Entonces tu familia lo tuvo antes que ellos.

Ivanka quedó completamente quieta. Dante entrecerró apenas los ojos.

La reacción fue mínima, casi imperceptible, pero suficiente. La forma en que sus dedos se tensaron alrededor de la taza. El leve endurecimiento de su mandíbula. Había acertado. 

Ivanka apartó la mirada de inmediato y empezó a recoger la mesa demasiado rápido. Agarró uno de los platos con manos torpes. El plato resbaló y se hizo añicos contra el suelo. El ruido quebró el silencio de la cocina. Y la reacción de Ivanka fue instantánea.

Se puso de espaldas a Dante tan rápido que casi tropezó consigo misma. Luego encorvó ligeramente el cuerpo y se levantó la camiseta hasta dejar la espalda completamente descubierta.

Dante se quedó inmóvil. La postura era inconfundible. No estaba protegiéndose, estaba esperando el castigo.

La cocina quedó en un silencio brutal. Ivanka mantenía la cabeza baja y los hombros tensos mientras dejaba expuesta su espalda.

Dante avanzó lentamente hacia ella. Él le había visto las marcas en la clínica, pero aún así seguían revolviéndole el estómago, no de rechazo, sino de indignación.

El pecho se le endureció de rabia. Se detuvo justo detrás de ella. Ivanka no se movió. Ni siquiera respiraba bien.

Dante levantó la mano casi sin darse cuenta y le rozó apenas la espalda con la yema de los dedos. El cuerpo entero de ella sufrió un espasmo violento, no de placer; de terror.

Ese estremecimiento lo sacó del trance inmediatamente. Dante le bajó la camiseta de golpe, cubriéndola otra vez. Después la tomó de los hombros y la giró hacia él con firmeza. Ivanka mantuvo la cabeza baja.

—Mírame.

Ella no obedeció. Dante le sostuvo la barbilla entre los dedos y le levantó el rostro lentamente.

Sus ojos oscuros estaban abiertos de par en par, esperando violencia. Eso le revolvió algo adentro.

—Escúchame bien —dijo Dante con una voz baja y peligrosamente controlada—. No me importa quién seas. No me importa quién era tu familia ni qué hacías antes de terminar encerrada en ese sótano.

Ivanka tragó saliva.

—Y tampoco me importa lo que hayas visto. Nada justifica lo que te hicieron.

Los ojos de ella temblaron apenas.

—No voy a dejar que nadie vuelva a tocarte así.

Aquellas palabras parecieron golpearla más fuerte que cualquier grito. Porque la dureza de su rostro empezó a aflojarse lentamente. Como si estuviera agotada de esperar.

Dante soltó su barbilla despacio. Ivanka respiró hondo una vez. Luego se apartó apenas de él y miró la libreta que seguía sobre la isla.

Algo estaba cambiando dentro de ella y Dante lo vio. Porque esta vez no dudó tanto, tomó el bolígrafo y escribió.

El trazo seguía siendo torpe por, pero ya no era el movimiento aterrorizado de antes. Dante bajó la vista hacia el papel.

“Yo sé cosas.”

Sus ojos se endurecieron apenas. Ivanka siguió escribiendo.

“Muchas cosas.”

Luego dudó un instante antes de añadir:

“No solo de AF.”

Dante levantó lentamente la mirada hacia ella, ella se tocó el sello de su clavícula: Abel Fagundez.

Ivanka sostuvo su mirada. Y escribió una última línea.

“Puedo ayudarte a destruirlos.”

El silencio que siguió fue pesado. Muy pesado. Dante observó la frase durante varios segundos.

Luego volvió a mirarla a ella. Ya no veía solamente a una víctima. Y eso era un problema.

Porque las víctimas eran fáciles. Se protegían, se escondían y eventualmente desaparecían.

Pero una mujer que sabía cosas peligrosas era otra historia. Ivanka soltó lentamente el bolígrafo.

Había tensión en su cuerpo, como si revelar aquello le hubiera costado más que desnudarse la noche anterior. Dante cerró la libreta despacio.

—Vamos a hacer algo, Ivanka —dijo finalmente—. Tú vas a dejar de romper platos, y vas a relajarte un poco, más tarde seguimos esta conversación.

Ella no respondió. Pero no apartó la mirada. Eso ya era suficiente.

Unos minutos después, Dante estaba sentado en su cama, frente a su portátil en el dormitorio principal.

Ella había obedecido, aunque antes de irse se quedó observándolo unos segundos demasiado largos, como si intentara decidir cuánto podía confiar realmente en él.

Dante empezó a trabajar.

Adler Security no era solo una empresa de escoltas y vigilancia privada. La compañía manejaba protección de datos, recuperación de información y acceso a servidores que ni siquiera deberían existir. Oficialmente protegían empresarios. Extraoficialmente encontraban secretos.

Y Dante Adler era muy bueno encontrándolos. Tecleó rápido.

Fagundez, Malévich, Chenchenko. Cruces, operativos, archivos confiscados.

Los resultados comenzaron a aparecer uno detrás de otro. Nada útil al principio.

Luego encontró una fotografía vieja del cuadro durante una exposición en una galerría en California. Esa gala había estado vinculada a lavado de dinero ruso. Dante siguió tirando del hilo.

Chenchenko, Bratva, la mafia rusa, importaciones falsas, arte robado. Más nombres aparecieron. Más conexiones. Hasta que finalmente un archivo se abrió en mitad de la pantalla.

Dante se quedó inmóvil: Ivanka Volkova.

La fotografía mostraba a una mujer completamente distinta, varios años más joven, cabello perfectamente arreglado, vestido oscuro elegante, la espalda recta, la mirada fría. Y aun así eran los mismos ojos. Solo que en aquella imagen todavía no parecían muertos.

Dante siguió leyendo, vínculos con la Bratva, conexiones financieras, Chicago, Nueva York, Europa del Este.

Pero algo empezó a incomodarlo de inmediato. No había denuncia de desaparición, ni pedido de rescate. Ni investigación abierta, nada.

Ivanka Volkova había desaparecido hacía más de nueve años… y nadie parecía haberla buscado jamás.

Dante se recostó lentamente contra el cabecero de la cama. Volvió a mirar la fotografía. Luego recordó a la chica durmiendo hecha un ovillo sobre la alfombra de su habitación, temblando por un plato roto. Algo no encajaba, algo estaba profundamente mal.

Dante sostuvola mirada estática, observando fijamente la pantalla.

—¿Qué demonios te hicieron, Ivanka…? —murmuró con voz ronca.

El silencio del penthouse se tragó la pregunta. Pero unos segundos después, Dante volvió a mirar el archivo. Y esta vez hizo la pregunta correcta.

—Y sobre todo… ¿por qué?

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (2)
goodnovel comment avatar
قحسسخ فحققثس
empesemos con esta historia tan interesante
goodnovel comment avatar
Ingriz Fajardo
DANTE ADLER . SIWMPRE TAN CORRECTO ...Y MAGNIFICOS PRIMEROS CAPITULOS ....Y ASI COMIENZA SU HISTORIA ....
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • El Silencio de la CAUTIVA   Capítulo extra —Rom

    Capítulo extra —RomRom, como le decían al pequeño Román, tenía la risa de Dante y la mirada de Ivanka.Eso decía Aylin cada vez que lo veía correr por los pasillos de la casa Volkova con las mejillas coloradas, el cabello oscuro revuelto y esa seguridad peligrosa de los niños que todavía no saben que medio mundo se arrodillá ente ellos .Ivanka fingía molestarse.—¿Tiene mi mirada? —preguntóAylin, sentada junto a la chimenea con una taza de té entre las manos, observaba a su nieto perseguir una pelota pequeña entre los muebles.—Sí, y la usa igual que tú cuando quiere salirse con la suya.Rom se detuvo en seco, como si hubiera entendido que hablaban de él, aunque apenas tenía la edad suficiente para pronunciar ciertas palabras sin mezclarlas con un balbuceo ruso-español.—Abuela —dijo, señalando la pelota.Aylin dejó la taza a un lado y abrió los brazos.—Ven aquí, mi amor.Rom corrió hacia ella con toda la violencia amorosa de un niño pequeño. Aylin lo recibió en su regazo, y por u

  • El Silencio de la CAUTIVA   Capítulo 150 — El milagro improbable

    Capítulo 150 — El milagro improbableDante no trasladó su vida a Rusia para vivir a la sombra de Ivanka.No ocupó un lugar prestado en la casa Volkova ni metió las manos en la Bratva como si el matrimonio le diera derecho a tocar una corona que no era suya. Rusia tenía dueña. La Bratva tenía una glava. Ivanka había recuperado su nombre con sangre, fuego y una voluntad que ningún hombre de la mesa podía volver a discutir.Dante tenía lo suyo.Antes de Nueva Jersey, antes de tomar aquel territorio en nombre de los Adler, había estado Chicago. Una empresa de seguridad informática como pantalla, limpia en la superficie, con contratos, empleados, auditorías impecables y clientes corporativos. Debajo, sin embargo, respiraba otra cosa: servidores ocultos, cuentas invisibles, rutas digitales, información robada y entradas abiertas en esa parte de la red donde los hombres peligrosos creían que esconderse detrás de una pantalla los volvía intocables.Dante solo movió el centro.Cambió la logíst

  • El Silencio de la CAUTIVA   Capítulo 149 —La noche compartida

    Capítulo 149 —La noche compartidaLa casa Volkova no parecía la misma, esa noche tenía música. Tenía voces. Tenía copas levantadas, velas encendidas y un murmullo extraño, casi imposible, de hombres que en otro momento se habrían apuntado antes de compartir una mesa.Los rusos observaban a los Adler con una mezcla de recelo y curiosidad.En el centro de todo, Dante e Ivanka bailaban.No era un vals perfecto, no intentaba serlo.Ivanka llevaba una mano sobre el hombro de Dante y la otra entrelazada con la suya. Él la sostenía por la cintura con una firmeza que no tenía nada de exhibición y todo de pertenencia elegida.—Están mirando —murmuró Ivanka.Dante bajó apenas la boca hacia su oído.—Que miren.Ella levantó la vista hacia él, con una ceja apenas arqueada.—Hace unas horas estabas midiendo quién respiraba demasiado cerca.—Sigo midiendo.Ivanka soltó una risa baja, y Dante sintió esa risa en el pecho como si algo terminara de acomodarse.—¿Te das cuenta? —preguntó ella, más suave

  • El Silencio de la CAUTIVA   Capítulo 148 — Dos tronos, una cama

    Capítulo 148 — Dos tronos, una camaDante no llegó a Rusia para sentarse en un trono.Eso fue lo primero que Ivanka dejó claro.Lo dijo en una sala llena de hombres que habían aprendido a escuchar solo cuando el poder tenía forma de amenaza. Estaban reunidos alrededor de la mesa larga de la casa Volkova: jefes viejos, aliados recientes, enemigos obligados a fingir neutralidad y algunos hombres que todavía miraban a Dante Adler como si fuera una enfermedad extranjera entrando por una puerta que no debió abrirse.—Adler no tiene sangre rusa —dijo Kirilenko, el viejo del bastón—. La Bratva no obedece a un extranjero.Ivanka apoyó la mano del anillo sobre la mesa.—Nadie le pidió que lo obedeciera.Dante no habló. No porque no tuviera respuesta, sino porque había entendido por fin que aquella batalla no se ganaba ocupando el espacio de Ivanka. Se ganaba permitiendo que todos vieran que ella no necesitaba que él hablara para que su presencia pesara.—Entonces ¿qué es Adler aquí? ¿Consorte?

  • El Silencio de la CAUTIVA   Capítulo 147 —Celos

    Capítulo 147 —CelosLa casa Volkova por fin estaba callada.O al menos fingía estarlo.Detrás de las paredes seguía Rusia, con sus hombres de traje oscuro, sus armas escondidas, sus pasillos demasiado fríos y esa mesa de lobos que jamás terminaba de llenarse de problemas. Pero en el dormitorio, con las sábanas hechas un desastre y la chimenea encendida, Ivanka decidió que el mundo podía caerse durante unas horas sin pedirle permiso.Estaba desnuda, acostada boca abajo sobre Dante, con una pierna cruzada sobre las suyas y el cabello revuelto tapándole media cara. Dante le acariciaba la espalda con una lentitud que no tenía nada de inocente, aunque el cansancio de ambos ya había dejado la habitación en esa calma tibia de después.—Si mañana ese ruso vuelve a mirarte de esas forma, voy a matarlo —dijo él.Ivanka abrió un ojo contra su pecho.—Ese ruso tiene sesenta y dos años.—Puede morir igual.Ella soltó una risa ronca, todavía con la voz tomada por el cansancio y él.—Tiene problemas

  • El Silencio de la CAUTIVA   Capítulo 146 —El extranjero en la nieve

    Capítulo 146 —El extranjero en la nieveLa nieve caía sobre la propiedad Volkova cuando Grigori abrió la puerta de la sala sin anunciarse.Ivanka estaba de pie frente a una mesa cubierta de mapas, cuentas y nombres escritos en tinta negra. Tres jefes menores esperaban respuesta. Uno había llegado con excusas. Otro con una promesa demasiado limpia. El tercero con la clase de silencio que solo tenían los hombres cuando creían que una mujer no notaba las mentiras antes de escucharlas.Ivanka apoyó la mano del anillo sobre la madera.—El viernes —dijo—. Ni una hora después.El hombre frente a ella inclinó la cabeza.—Glava Bratvy, mover esa suma requiere...—Requiere obediencia —lo cortó.La sala quedó quieta. El hombre tragó saliva.—Sí, glava Bratvy.Grigori permanecía en el umbral.Ivanka giró hacia él con la paciencia al borde.—¿Qué ocurre?El administrador no miró a los hombres de la reunión. La miró solo a ella.—Dante Adler está en la propiedad.El mundo no se detuvo, fue peor. Si

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status