INICIAR SESIÓNSamantha
Cierro los ojos en cuanto nos montamos en su auto, intentando evitar cualquier conversación con Edward mientras nos dirigimos a casa. El alcohol ha dejado mi mente aturdida, y el silencio parece la mejor opción en este momento. El motor arranca y el suave murmullo del coche me envuelve, creando un ambiente casi hipnótico. Siento el leve movimiento del auto mientras avanzamos por las calles, y cada giro y frenada se mezclan con los latidos de mi corazón, que parecen haberse calmado finalmente. No sé cuánto tiempo pasa mientras mantengo los ojos cerrados, pero el viaje se siente eterno y, al mismo tiempo, fugaz. A través de mis párpados cerrados, puedo percibir las luces de la ciudad parpadeando, creando sombras y destellos que bailan en el interior del coche. Mi mente divaga, repasando los eventos de la noche. Luke, la discoteca, el juego de verdad o reto, y la mirada fija de Edward que parecía seguirme a cada paso. Una mezcla de emociones se arremolina en mi interior: confusión, curiosidad, y una pizca de incomodidad. Todo parece un poco más intenso bajo la influencia del alcohol. —¿Por qué bebiste tanto? —suena como si estuviera molesto. —¿A ti qué te importa? —respondo, intentando sonar firme pero notando la debilidad en mi voz. —Sí me importa, Sam —dice de mala gana—. No puedes ser tan irresponsable contigo misma. ¿Cuándo vas a caer en cuenta de que eres hermosa y que cualquier chico podría hacerte daño? La seriedad de sus palabras me sorprende. ¿De verdad me encuentra hermosa? No esperaba escuchar eso de él. —No me regañes, tú... —empiezo a decir, pero me detengo al ver su sonrisa. Esa sonrisa perfecta que puede derretir a cualquier chica. Su expresión se suaviza, y aunque no quiero admitirlo, me siento un poco mejor sabiendo que le importa. Aún así, su preocupación me incomoda. —Solo quiero que estés segura —añade, su tono más calmado pero lleno de sinceridad. Me quedo en shock cuando veo que el auto se detiene frente a un edificio moderno y elegante. Esto no es mi casa. Me vuelvo hacia Edward, confundida. —¿Dónde estamos? —pregunto, tratando de aclarar mi mente aturdida por el alcohol. —Este es el departamento que mi madre me ha conseguido —responde con calma mientras apaga el motor y sale del coche. Me quedo sentada, procesando la información. Edward se acerca y abre mi puerta, ayudándome a salir. La brisa nocturna es un poco fría, y el aire fresco me ayuda a despejarme un poco más. —¿Por qué estamos aquí? —pregunto mientras él me guía hacia la entrada del edificio. —Pensé que sería mejor traerte aquí. Estabas bastante borracha, y no quería que tus padres se preocuparan al verte así —explica mientras entramos en el vestíbulo iluminado. Llegamos al departamento de Edward y cuando nos detenemos frente al ascensor, me arrepiento de haber venido con él. —Ya no quiero venir contigo —digo, intentando soltarme de su agarre. —Te estoy ayudando, ¿ahora te parezco malo? —me mira con evidente molestia—. Eres importante para mí y no pienso dejarte en este estado. Las puertas del ascensor se abren, y él agarra mi mano con firmeza. Su tacto es cálido, fuerte y decidido. Parece no estar dispuesto a soltarme a pesar de mi resistencia. Tú tampoco quieres soltarlo, Sam, me digo a mí misma, reconociendo una verdad incómoda. —Edward, en serio, no quiero ir —gruño, tratando de mantener mi postura. —Samantha, estás demasiado ebria y no pienso dejarte así en tu casa —dice, volteándose hacia mí. Sus labios, finos y perfectos, están fruncidos en una expresión severa. Algo en sus ojos me imposibilita seguir renegando. Caminamos en silencio por aproximadamente un minuto hasta detenernos frente a una puerta blanca. Edward saca una tarjeta de su bolsillo, cuidando de no soltar mi mano, y la introduce en una rendija. Me arrastra al interior de un departamento moderno y elegante. Intento tirar de su agarre, tratando de soltarme, pero es casi imposible. Edward me tiene completamente maniatada. La ausencia de música ayuda a que mi cabeza se estabilice y mi visión se aclare. —¿Estás consciente de todo lo que pasó en la discoteca? —pregunta, su voz firme. —Sí, no estoy tan borracha —respondo, dejándome caer en el sofá. —Te voy a preparar un café, nena. —No quiero tu café, no quiero nada que tenga que ver contigo —digo, tratando de levantarme, pero él lo impide con un gesto firme. —Después que te tomes el puto café y te estabilices, puedes ir a donde quieras. Por el momento no te voy a dejar sola con una manada de enfermos que no dudarían en intentar manosearte. No puedo creer que seas tan negligente contigo misma. Eres hermosa, m*****a sea, ¿acaso no te das cuenta de ello? ¿Acaso no ves cómo todos los hombres te miran? Sus palabras me golpean, llenas de una mezcla de frustración y preocupación. —Estás exagerando, como siempre —digo, poniendo los ojos en blanco—. ¿Seguro que podré irme? —trato de ignorar lo bien que suenan los halagos viniendo de su boca. Edward se acerca y me mira directamente a los ojos, su expresión seria y determinada. —Sí, seguro. Pero primero te tomas el café. No quiero nada de café, lo único que deseo es alejarme de él y de su presencia caliente y distractora. Él me da la espalda y camina hacia la cocina para empezar a preparar el café. Me quedo detallando su perfecto cuerpo, tiene un perfecto trasero. No le mires el trasero, morbosa. Comienzo a reír cuando me doy cuenta de que Edward está teniendo en problemas con la cafetera. Parece que jamás ha usado una cafetera en su vida. Nunca me imagine que Edward se preocuparía por mí de tal manera, cuidándome, siento tan atentó conmigo. ¿Por qué hace esto por mí? Veo que tiene la mandíbula apretada y estoy casi segura de que está estresado por el estado en el que me encuentro. Soy pésima con el alcohol. Hay tantas cosas que quiero preguntarle, pero siento que no es el momento. Pienso que todo esto en un sueño, debí haberme quedado dormida en la discoteca o tal vez estoy en mi casa y todo esto no es real. —Gracias por el café —le doy un sorbo. —Es para que te sientas mejor. Miro detalladamente su departamento y veo que es bastante lindo. Me pregunto, ¿en dónde voy a dormir? —Ed, ¿dónde se supone que voy a dormir? —En mi habitación —responde con tranquilidad—. Yo puedo dormir en el sofá. Suelto rápido lo que necesito decir. —No me incomoda que duermas conmigo en tu cama. De todas maneras, es tu departamento. Debería ser yo la que duerma en el sofá. —Eso jamás —dice tajantemente. Me levanto para ir al baño y, cuando estoy adentro, recuerdo que no tengo nada que ponerme. Por un momento, pienso en salir en ropa interior para ver qué reacción tiene Edward, pero creo que prefiero esperar. —Ed, ¿me prestas una camiseta para dormir? —saco la cabeza por la puerta del baño. —¿Quieres una blanca o una negra? —pregunta, sosteniendo una de cada color en sus manos. —La negra —respondo, y nuestras manos hacen contacto al recibirla—. Te lo agradezco. Cierro la puerta del baño y me quito la ropa, poniéndome la camiseta negra que, por cierto, no se me ve nada mal. Me puedo ir acostumbrando a usar esta camiseta. Salgo del baño y él se queda con la boca abierta cuando me ve salir, parece que se le van a salir las babas. —Cierra la boca, se te pueden caer las babas —digo, sonriendo. —Qué graciosa —blanquea sus ojos, pero no puede ocultar su asombro. Me siento en la cama. —Oye, ¿quiénes eran los que estaban en la discoteca contigo? —Unos amigos. —¿Y las chicas? —pregunto, intentando sonar casual. —¿Por qué te interesa saber de ellas? —No sé —me acuesto, tratando de sonar indiferente—. En realidad, no me interesa nada que tenga que ver con ellas. —Bien. Me quedo revisando mi celular y noto que no me quita la mirada de encima. Esto se está tornando algo incómodo; su mirada hace que me ponga demasiado nerviosa. Aún recuerdo la primera vez que nos conocimos. Admito que al comienzo me puse demasiado nerviosa al verlo. Estaba en mi habitación arreglándome para una reunión de negocios que haría mi padre y no podía dejarme sola en casa. Mamá estaba en un viaje en Europa para expandir nuestro negocio por varias partes del mundo. Lo conocí cuando tenía trece años y el veintitres. —¿Estás lista, nena? —mi padre entró a mi habitación. —Solo me tengo que poner un pongo de loción. —Mi socio está abajo. —¿Y cuántas personas vienen? —Solo él. Moría por conocer a los socios de mi papá, tal vez tenían hijos de mi edad y así podría tener nuevos amigos. —¿Y tienen hijos? —Este socio no es como lo demás. Es solo un poco mayor que tú. —¿Qué dices? —Te lleva unos doce años, no estoy seguro. Lo que quiero decir es que es un hombre joven y no tiene hijos. —Bien, papá — besé su mejilla. Bajamos las escaleras y me quede un poco estática cuando vi al chico que estaba parado en las escaleras. Su cabello castaño, sus tatuajes, su cuerpo bien trabajado, todo en él me llamó la atención. Parecía el típico rompecorazones sacado de los libros o de las películas. Como me gustaba hacer escenarios falsos en mi cabeza, imaginaba que Edward y yo éramos novios. Me ponía a pensar en los viajes que podríamos hacer en el futuro. Hasta me llegué a imaginar como iba a ser el día de nuestra boda. Todo eso se desvaneció el día que cumplí quince años y él me presento a su novia. —Samantha, feliz cumpleaños —Edward, no sabía que ibas a venir —sonreí ampliamente. —Nena, te traje un regalo para ti. —¿De verdad? —Claro que sí. Tú eres muy especial para mí. —¿Qué es? —Espérame aquí. Me quedé sentada esperando mi regalo, tenía una sonrisa en la cara hasta que vi que venía acompañado de una chica rubia. —Te presentó a mi novia, Britany. ¿Britany? —Mucho gusto, linda. Edward me habla mucho de ti. —Hola —sonreí de manera falsa. —Nena, mira tu regalo. Abrí mi regalo y vi un hermoso collar con un dije adentro, era la inicial de mi nombre. Siento que alguien me sacude, sacándome por completo de mis pensamientos. —¿En qué pensabas? —pregunta Edward, su voz suave. —Estaba... distraída —respondo, tratando de recuperar la compostura. —Eso pude ver, pequeña —dice con una sonrisa en sus labios. Comienzo a bostezar, y él lo nota de inmediato. —Ya tengo mucho sueño —murmuro, frotándome los ojos. —Yo también —admite, acomodándose en la cama. Nos acomodamos en la cama. Me pego un poco a él, sin querer parecer demasiado intensa. Edward se voltea y me rodea con sus brazos por la cintura. Sus movimientos son suaves y protectores. Cierro los ojos y, a través de un leve resplandor de la luz de la noche, veo que sus ojos están cerrados. No puedo evitar esbozar una pequeña sonrisa. ¿Será que esto está sucediendo o me estoy soñando lo que está pasando? Mientras me acurruco más cerca, me doy cuenta de que me siento sorprendentemente cómoda. Quizás, en medio de toda esta confusión, puedo acostumbrarme a dormir con Edward.Siento los besos de Edward en toda mi espalda. Sonrío un poco al tener esta deliciosa manera de despertar. Me acerco un poco a él y pongo mi trasero en su miembro, sintiendo como va creciendo cada vez más.—¿Me estás provocando, nena? —su voz suena más ronca de lo normal.—Tú empezaste —me defiendo.Pongo mi mano en su miembro y comienzo a acariciarlo por encima de la pijama. Sus ojos me ven con mucho deseo y sonrío por eso. Me hago encima de Edward y comienzo a mover mis caderas contra su miembro.—Qué duro estas, amor —muerdo su labio.Unos golpes suenan en la puerta y me bajo de inmediato para cubrirme con la cobija. Las voces de nuestros hijos se escuchan desde afuera de la puerta y niego con una sonrisa.—Yo quería sexo mañanero —Edward muerde el lóbulo de mi oreja.Me acomodo la pijama para abrirle la puerta a mis hijos. Sonrío al ver sus caritas brillantes de emoción, sus ojos reflejan la inocencia y la alegría de la infancia.—Mamá, papá —exclaman con entusiasmo mient
**Capítulo Final - Narrado por Sam**El amanecer se cuela tímidamente a través de las cortinas, anunciando la llegada de un nuevo día. Los rayos del sol dorado acarician suavemente el rostro de Edward, quien duerme profundamente a mi lado, con una expresión de paz que rara vez tiene. Observo cómo su pecho sube y baja en un ritmo constante, y me permito unos momentos para admirarlo, sintiendo una oleada de amor y gratitud.Mi vida ha cambiado tanto desde que lo conocí. Cada momento, cada risa, cada lágrima compartida ha sido un ladrillo en la construcción de esta vida que ahora tenemos juntos. Y aunque han habido desafíos, el amor que compartimos siempre ha sido nuestro faro, guiándonos a través de las tormentas.Miro a la cuna de Louis, nuestro pequeño milagro, que duerme plácidamente, envuelto en su manta favorita. Ya ha pasado un año desde su llegada, y aunque el tiempo parece haberse desvanecido en un abrir y cerrar de ojos, las huellas de cada momento se han quedado grabadas en mi
El sonido suave de la alarma me despierta, anunciando el inicio de un nuevo día. Me estiro en la cama y, al girar, veo a Sam todavía dormida, con Louis acurrucado en sus brazos. No puedo evitar sonreír al ver la tranquilidad en sus rostros, pero sé que tenemos un día importante por delante. Hoy, Louis recibirá sus primeras vacunas, y aunque sé que es algo necesario, no puedo evitar sentir una ligera inquietud en el estómago.Desactivo la alarma para que no despierte a Sam, y me levanto con cuidado para no hacer ruido. Me acerco a la cuna y preparo todo lo que necesitaremos para el día. Cuando termino, regreso a la cama y acaricio suavemente el cabello de Sam, inclinándome para darle un beso en la mejilla.—Amor, es hora de despertar —le susurro.Sam se remueve un poco antes de abrir los ojos, y una sonrisa suave aparece en sus labios al verme.—Buenos días —dice en un susurro, todavía medio dormida.—Buenos días —respondo, devolviéndole la sonrisa—. Hoy es el día de las vacunas para L
Hemos regresado a casa después de unos días inolvidables en Santorini. Aunque nuestra boda fue todo lo que había soñado y más, el viaje de regreso nos deja completamente exhaustos. El clima cálido y la belleza de la isla ya quedaron atrás, y ahora estamos de vuelta en nuestra acogedora casa, rodeados por la familiaridad de nuestras propias paredes. Louis es el más cansado de todos. Duerme todo el vuelo, apenas se mueve en mis brazos mientras volamos de regreso. Su pequeño cuerpo está relajado, con sus puños cerrados cerca de su carita, y su respiración suave es lo único que rompe el silencio. Su paz hace que el vuelo se sienta un poco más corto, aunque todavía siento el cansancio profundo en mis huesos cuando finalmente aterrizamos. Edward y yo apenas intercambiamos palabras mientras tomamos nuestras maletas y nos dirigimos al auto. Ambos estamos demasiado agotados para conversar, y el simple hecho de pensar en desempacar se siente como una tarea monumental. Al menos tenemos un par
Hoy es un día emocionante. Finalmente, saldremos a recorrer Santorini con nuestra familia. Mientras la ciudad empieza a despertarse bajo la luz dorada de la mañana, me preparo para un día lleno de exploraciones y momentos compartidos. Coloco a Louis en su cochecito, asegurándome de que esté cómodo y bien abrigado, antes de salir del hotel. Edward ya está listo, y junto con nuestros familiares, nos dirigimos a descubrir la belleza de esta isla.El primer destino es Oia, famoso por sus vistas panorámicas y sus calles estrechas y pintorescas. La carretera serpentea a lo largo de la costa, y cada vuelta revela una vista más impresionante que la anterior. Cuando llegamos, el sol brilla intensamente sobre las casas blancas encaladas y las cúpulas azules que caracterizan el paisaje.—¡Miren qué hermoso es todo esto! —exclama mi madre, maravillada por el entorno.—Es impresionante —responde Edward, tomándome de la mano y dándome un rápido beso en la mejilla—. No p
Abro la puerta de la habitación donde me estoy preparando y me encuentro con Drake, quien tiene una expresión que mezcla diversión y seriedad, algo que raramente veo en él. Me toma del hombro y me da una palmada firme, un gesto que me reconforta un poco.—Vamos, Edward. Es ahora o nunca —dice con una sonrisa que trata de ocultar sus propios nervios.Caminamos juntos por los pasillos del hotel hacia el lugar donde se llevará a cabo la ceremonia. Todo está preparado para el gran momento. A lo lejos, puedo escuchar el murmullo de los invitados, el sonido del viento que se cuela por las ventanas, y el suave tintineo de la música que comienza a tocar, una melodía que me llena de emoción y ansiedad a partes iguales. El ambiente es electrizante, casi surrealista. El aire está cargado con la expectativa de lo que está por suceder.A medida que nos acercamos, siento que el corazón me late más rápido. Este no es un simple paso más en nuestra relación; es el paso definitivo. Sam y yo hemos pasad







