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Capítulo 4: Tormenta de piel

Autor: Naira Black
last update Data de publicação: 2026-05-24 06:38:58

 

Alissa miró el líquido ámbar en su vaso, sintiendo el calor del alcohol comenzando a relajar sus hombros tensos. Estar en ese bar subterráneo, lejos de las miradas juiciosas de la alta sociedad y, sobre todo, lejos de la crueldad de Daniel, le daba una embriagadora sensación de libertad.

Y la presencia de Kyler, para su propia sorpresa, solo intensificaba esa sensación.

Aceptando que huir era inútil, Alissa se permitió bajar la guardia. A medida que los minutos se convertían en horas y los tragos se acumulaban, descubrió una faceta de Kyler que la oficina le había ocultado. Detrás de la arrogancia y el coqueteo descarado, había un hombre sumamente inteligente, ingenioso y con un humor ácido que lograba desarmarla. Kyler le hablaba de viajes, de rincones ocultos del mundo y de anécdotas absurdas que hacían que Alissa olvidara por completo el peso de su apellido.

—No te creo —dijo Alissa, soltando una risa cristalina y genuina, una que no había salido de su boca en años—. Nadie en su sano juicio apostaría un auto deportivo en una carrera de botes en el Mediterráneo.

—Te lo juro por mi vida —respondió Kyler, con los ojos verdes brillando con diversión mientras la observaba.

Verla reír de esa manera, sin la máscara rígida de la "esposa perfecta", provocó un vuelco extraño en el pecho de Kyler. Su risa era hermosa, contagiosa, y encendía en él un deseo que ya no solo era físico, sino una necesidad imperiosa de adueñarse de su alegría. Kyler se acercó un poco más, apoyando el mentón en su mano, hipnotizado por el brillo de los ojos de ella.

—Es un buen sonido —susurró él, bajando el tono de voz a una vibración ronca—. Deberías reírte más seguido, Alissa. Te sienta jodidamente bien.

El cumplido, directo y desprovisto del cinismo habitual, hizo que las mejillas de Alissa se encendieran. El ambiente entre los dos cambió en un segundo, volviéndose denso, cargado de una electricidad estática que hacía que el aire quemara al respirar. Alissa miró el reloj de la barra y se dio cuenta de la hora. El hechizo de la noche tenía que terminar.

—Es tarde —dijo ella con un hilo de voz, rompiendo el contacto visual mientras dejaba unos billetes en la barra—. Tengo que irme.

—Te acompaño a tu auto —ofreció Kyler, levantándose de inmediato. Su imponente figura volvió a erigirse como una sombra protectora a su lado.

Cuando subieron las escaleras subterráneas y empujaron la puerta hacia el exterior, se dieron cuenta de que la noche se había quebrado. El cielo de la ciudad rugía y una lluvia torrencial, densa y fría, caía con fuerza sobre el pavimento, inundando las calles de un brillo plateado. El viento soplaba con fuerza, obligando a Alissa a encogerse de hombros bajo el marco de la entrada del bar. Su auto estaba estacionado a media cuadra, pero cruzar la acera significaba empaparse por completo.

—Genial... lo que me faltaba —murmuró ella, frotándose los brazos expuestos por el vestido de seda.

Kyler se paró justo detrás de ella. Alissa sintió la calidez de su pecho rozando su espalda, actuando como un escudo contra el viento helado. El contraste entre el frío de la tormenta y el calor que emanaba de Kyler la mareó por un instante.

De repente, Kyler dio un paso más, eliminando cualquier espacio restante. Sus manos, grandes y firmes, se posaron con lentitud en las caderas de Alissa, sujetándola con una delicadeza que contrastaba con la fuerza de sus dedos. Alissa contuvo el aliento, con el corazón dándole un vuelco violento en el pecho, pero no se movió. No quería moverse.

Kyler se inclinó, enterrando el rostro en el espacio entre su cuello y su hombro, inhalando el aroma de su piel mezclado con el agua de la lluvia. Su boca se posicionó justo al lado del oído de Alissa, y su respiración cálida le provocó un escalofrío devastador.

—Vas a resfriarte si sales así, nena... —le susurró al oído con esa voz ronca, arrastrando las palabras con una lentitud tortuosa—. Y yo no puedo permitir que nada te pase.

Mientras pronunciaba esas palabras, las manos de Kyler en sus caderas tiraron sutilmente del cuerpo de Alissa hacia atrás, obligándola a encajarse por completo contra su anatomía.

Alissa abrió los ojos de par en par, con la respiración contenida en la garganta. A través de la fina tela de su vestido de seda y del pantalón de Kyler, sintió la presión inequívoca, dura y caliente de su erección empujando firmemente contra su trasero. Fue un contacto directo, posesivo y de un erotismo salvaje que la dejó sin fuerzas en las piernas.

Kyler no intentó ocultarlo; al contrario, presionó un poco más, marcando su territorio en la penumbra de la entrada, haciéndole saber exactamente el efecto destructor que ella tenía sobre él. La pelvis de Kyler se amoldó a sus curvas con una audacia pecaminosa, prometiéndole en ese único roce todo el fuego y la satisfacción que Daniel jamás le había dado.

—Kyler... —gimió ella en un susurro inaudible, debatiéndose entre el terror moral de lo que estaba permitiendo y el deseo ardiente que amenazaba con consumirla por completo.

—Dime que me detenga, Alissa —le exigió él al oído, con la voz rota por la tensión, rozando sus labios contra el lóbulo de su oreja mientras continuaba presionando su hombría contra ella—. Dímelo ahora... porque si no lo haces, no me va a importar que estés casada, ni de quién seas esposa. Te voy a meter en mi auto y te voy a hacer mía bajo esta tormenta.

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