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El Tío de Él, Mi Venganza
El Tío de Él, Mi Venganza
Author: SERENA VALE

Capítulo 1. La traición

Author: SERENA VALE
last update publish date: 2026-08-22 13:11:03

 

La fecha de la boda había sido fijada y los preparativos habían comenzado. Maya siempre se mostraba entusiasmada al preparar cada detalle de su próxima boda con Kellan, incluso aquel día.

"Maya, me he dado cuenta de que durante la última semana has sido la única que ha estado ocupándose de los preparativos de tu boda."

Maya se volvió y vio a su mejor amiga, Lucy, mirándola con preocupación.

"Kellan está ocupado. Hace poco lo ascendieron a director, así que tengo que comprender que su carga de trabajo siga aumentando."

Maya sonrió, pero aquella sonrisa se desvaneció demasiado rápido. Luego se puso de pie y le mostró a Lucy su plan para sorprender a su futuro esposo, Kellan, por su cumpleaños.

"Ven conmigo más tarde. Ayúdame a sorprender a Kellan. Hoy regresa de España y quiero darle una sorpresa por su cumpleaños."

Una y otra vez, Maya se mostraba tan entusiasmada, tan emocionada, que apenas se daba cuenta de que ella misma estaba cargando con todo el peso de los preparativos.

Lucy solo pudo negar con la cabeza, conteniéndose para no decir algo que no quería expresar.

Aquella noche, Lucy llevó un regalo para Kellan con la intención de ayudar a Maya, mientras Maya llevaba un pastel de cumpleaños que había preparado desde la mañana. Tenía las manos temblorosas por el cansancio, pero el corazón lleno de amor. Se dirigió con entusiasmo al apartamento de Kellan, en el corazón de Manhattan. Sin dudarlo, introdujo el código de acceso del apartamento y entró sin hacer ruido.

"Shh. Kellan podría llegar en cualquier momento. Será mejor que preparemos el regalo."

Maya susurró, con los ojos brillantes de esperanza.

Lucy solo pudo suspirar y asentir. Mientras tanto, Maya comenzó a colocar el regalo sobre la mesa, pero de repente se detuvo al recordar algo.

"Lucy, espera un segundo. Olvidé algo en el auto."

Maya salió de inmediato hacia el estacionamiento del sótano. Caminaba con normalidad hasta que, sin querer, sus ojos se posaron en un auto estacionado no muy lejos de donde se encontraba.

El parabrisas era transparente, demasiado transparente. Maya podía ver a dos personas besándose apasionadamente en el interior.

La sangre le hirvió de inmediato. Cerró las manos en puños hasta que las uñas se clavaron en sus palmas.

"¿Kellan?", murmuró, con la voz a punto de quebrarse.

Un impulso de destruirlo todo se apoderó de ella. Quería correr hacia ellos, gritar y romper el cristal. Pero antes de que pudiera dejarse llevar por aquel impulso, Kellan y la mujer salieron del auto, tomados de la mano con intimidad, a pesar de que Kellan sabía que, en apenas unos meses, él y Maya se casarían.

En silencio, Maya los siguió. Sus piernas se sentían pesadas, pero su pecho ardía de rabia.

"¿Maya sabe que regresas hoy?", preguntó Bianca.

Bianca no era otra que la secretaria de Kellan, y Maya la conocía. Conocía cada mechón de su cabello, cada una de aquellas dulces sonrisas que siempre había confundido con amabilidad.

"Probablemente lo sabe, pero no sabe a qué hora llegaré. Esta noche me quedaré en tu apartamento y pasaré un tiempo contigo", respondió Kellan con naturalidad, como si estuviera hablando del clima.

Suficiente.

Maya ya no quería seguirlos. Las pocas frases que había escuchado eran suficientes para enfurecerla al comprender hasta qué punto había sido engañada.

Y se aseguraría de que su boda con Kellan jamás ocurriera.

Jamás.

No porque hubiera dejado de amarlo, sino porque perdería su dignidad si continuaba a su lado.

Maya le envió un breve mensaje a Lucy diciéndole que había surgido algo urgente y que no podía regresar al apartamento de Kellan. Luego cambió de dirección y se dirigió hacia un bar no muy lejos del edificio de apartamentos, uno de los bares exclusivos de Manhattan.

Sus emociones estaban completamente fuera de control. Sentía el pecho oprimido y la cabeza palpitante. Si no lograba calmarse, aquella rabia podría terminar lastimando a alguien.

O a ella misma.

"Dame una copa de tu mejor bebida", dijo Maya con la voz ronca.

El bartender se la preparó de inmediato. Maya apoyó los codos sobre la barra mientras se tiraba del cabello. Dolía, pero ese dolor la ayudaba a mantenerse consciente.

Pensó en lo emocionada que había estado preparando la boda, eligiendo las flores, probando los pasteles, escogiendo su vestido. Todo aquello ahora le parecía una broma.

El hombre en quien confiaba la había traicionado a sus espaldas, precisamente durante los días que deberían haberles pertenecido a ambos.

"¡Maldita sea!"

Maldijo tan fuerte que varias personas se volvieron para mirarla.

No le importó.

"Señorita, cálmese", dijo el bartender mientras le entregaba su bebida.

Maya la tomó y la bebió de un solo trago sin siquiera saborear realmente su contenido. Solo quería sentir algo caliente quemándole la garganta, algo que pudiera reemplazar el dolor que sentía en el pecho.

Antes de terminar su bebida, se levantó y se dirigió hacia el baño. Primero necesitaba refrescarse el rostro.

Pero en el pasillo que conducía al baño, Maya tomó accidentalmente el camino equivocado y entró en una sala VIP que no estaba vigilada. La puerta estaba abierta y creyó que era el baño que estaba buscando.

Se había equivocado.

Varios hombres corpulentos estaban sentados dentro, disfrutando de sus costosas bebidas, y la llegada de Maya hizo que asumieran que era una acompañante.

Uno de ellos se puso de pie y recorrió con la mirada todo el cuerpo de Maya.

"¿Así que esta es nuestra mujer de esta noche?", dijo con una sonrisa que hizo que Maya sintiera ganas de vomitar.

"¿Nuestra?", murmuró Maya, frunciendo el ceño.

Miró a su alrededor. Había tres hombres en la habitación, y sus ojos se posaron en uno que permanecía sentado tranquilamente mientras sostenía una copa de vino tinto.

Por la frialdad de su mirada, parecía un líder aterrador. No solo por su imponente complexión, sino también por la manera en que permanecía en silencio, como si pudiera destruir a alguien sin siquiera necesitar levantarse.

Maya apretó los puños. Su mente estaba demasiado nublada para pensar con claridad, pero precisamente eso fue lo que la volvió imprudente.

Sin dudarlo, se acercó al hombre y se sentó a su lado. Su cuerpo se inclinó contra el de él, demasiado cerca.

"Lo elijo a él", dijo, con una valentía que ni siquiera sabía de dónde había sacado.

De inmediato, los dos hombres que habían estado disfrutando de la música y sus bebidas quedaron completamente en silencio.

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