FAZER LOGINEl verdadero problema de él eran sus ojos, siempre habían sido sus ojos.
Por mucho que él mismo quisiera evitarlo, sus emociones siempre alcanzaban sus ojos.
Cuando estaba molesto, sus ojos se llenaban de una sombra gris que no podía detener, así su rostro se mantuviera impasible.
Cuando estaba contento, aun así no sonriera, sus ojos se llenaban de luz.
Cuando estaba frustrado, triste, cansado, avergonzado, esperanzado; lo que fuera, lo que sea sintiera, aunque en su rostro no se mostrara, si lo hacía en sus ojos.
Y en ese momento, ella estaba viendo algo que no podía identificar en sus hermosos ojos dorados, la estaba mirando directamente con una emoción que ella no sabía identificar.
Por primera vez, desde el momento que lo conoció, por primera vez la estaba mirando verdaderamente a ella. Sus ojos estaban plenamente concentrados en ella, si lo miraba a los ojos directamente sabía que se vería a si misma en sus ojos llena de miedo, confusión y aún así mucha anticipación.
Lo primero que había amado de Emmett habían sido justamente sus ojos. Amaba esos orbes dorados, y lo único que había deseado todos esos años había sido que la miraran.
Por eso aunque siempre se había sentido descorazonada en el fondo e infeliz… al mismo tiempo se sentía dichosa de poder pasar tiempo a su lado, aunque él estuviera al lado de Alessa.
Había sido cruel con ella misma, algo… masoquista, pero lo quería tanto que se había conformado con las migajas que tuviera de él.
Y ahora, él la miraba a ella, y sólo a ella… y no sabía cómo es que debería reaccionar.
¿Cómo había llegado a esa situación?
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
Él se acercó a ella con el café de la mañana, y esta vez su saludo vino acompañado con un dulce beso en los labios, él había adelantado algo de su café y sabía también a fresas.
Astrid volteó a ver a la persona que le había dado los buenos días; aunque sabía perfectamente quién era, la sorprendió. Seguro los había visto y la idea realmente no le gustó.
Emmett, no se quedó mucho tiempo al lado de la pareja, rápidamente pasó rumbo al edificio.
El tono de Cole estaba más lleno de curiosidad que de reclamo. Astrid no había esperado que él fuera realmente celoso, lo que estaba muy bien. En el mismo momento que él hizo su pregunta, ella supo que podía decirle la historia sin omitir nada.
Nunca había sido realmente buena para las mentiras y no iba a empezar una relación con él con ellas.
Cole sonrió y le pasó el brazo por encima a la joven cuando ya estaban entrando en el salón de clase, con una enorme sonrisa.
Astrid sonrió, cuando Cole le decía que era una chica generosa casi lo podía creer. Pero si él supiera la verdadera fuente de su preocupación por Emmett, no estaría igual de complacido.
.
.
Le dio otro de esos largos e increíblemente agradables besos y por fin se fue.
Al salir de clase habían quedado de ir a comer a algún lugar, pero en medio del trayecto habían llamado a su celular, a medida que atendía su expresión cambiaba a contrariada, más y más.
Su madre le había hablado por teléfono y le pidió que fuera a verla, su padre tenía un problema de salud y no quería estar sola por el tiempo que estuviera convaleciente, así que iba a casa a quedarse una pequeña temporada.
Y él se había sentido mal por dejarla sola después de tan poco tiempo de relación. Ella se sentía en parte alagada, no esperaba que él pusiera en tan alta valía su relación y por otra, le apremiaba el sentimiento de que Cole fuera con su familia que la necesitaba.
Esperaba que su padre estuviera bien, pero era realmente triste saber que no lo vería una semana entera. ¿Qué tan rápido podías acostumbrarte a la presencia de una persona? Era asombroso.
La llevó a casa y se despidió de ella allí, lo vio después bajar por la misma calle del día anterior y suspiró. Se lamentó de la semana que pasaría sin él, y una pequeña parte de ella también se preocupó, ¿Qué podía pasar esa semana sin él?
.
Astrid miró a Emmett sentado de nuevo solo en el final de la cafetería leyendo un libro, con un plato con comida intacto delante de él, ya que Cole no estaba podría aprovechar el tiempo para estar con Emmett sin que hubiera ningún tipo de enfrentamiento, tenía un montón de preguntas que hacerle.
Ella se sentó a su lado y miró el titulo de su libro, otro libro de perfiles criminales, suspiró suavemente.
Astrid no pudo sino reír divertida imaginando la pinta que tendría. Él bajó el libro y atacó la hamburguesa, seguramente fría, delante de él con hambre, ella removió la crema de su café mirándolo.
Ella permaneció en silencio un momento, esta era otra de las cosas que la molestaban de su comportamiento, él no era apático, nunca lo había sido.
Astrid sintió un escalofrió helado bajar por su columna.
No, nadie más se había enterado de los secretos de Alessa, ¿cierto? Sólo ella y… ¡No! Él no podía decir nada, no le convenía.
Miró a Emmett, sus ojos se habían oscurecido con ira, sus nudillos se veían blancos en sus puños cerrados.
Sin más tomó su libro y se levantó de la mesa con cierta violencia.
Astrid nunca lo había visto así y la verdad era que la había asustado un poco. Por supuesto sabía que Emmett tenía un carácter fuerte, pero nunca lo había visto tan molesto. ¿Qué podían haberle dicho que lo pusiera tan furioso?
Sin detenerse a pensarlo se levanto de la mesa y corrió para alcanzarlo, con largas zancadas él había avanzado varios metros, pero logro alcanzarlo antes de que entrara al edificio de aulas.
—Si —dijo en voz baja.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: End Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
Astrid cerró los ojos un momento, desconectándose de él. No, esto no estaba bien.
Dios, él seguía amando a Alessa, lo podía escuchar en su voz, en la furia con la que aun la defendía y… por sobre todo aun estaba en sus ojos.
Si él empezaba a ver a Alessa en ella como mucha gente lo había hecho. No, no eso no lo soportaría.
Avanzo delante de él peleando con sus sentimientos, no debería ser su amiga, nunca podría dejar de quererlo si no se alejaba de él.
Pero no podía alejarse de él, el pensamiento persistente de que Emmett la miraba por primera vez, que la apreciaba por primera vez, iba tan al fondo de su corazón, que no sabía como podría abandonarlo por voluntad propia.
No sabía como había llegado a esta situación y la verdad fuera dicha no sabía como haría para salir.
El día que nos conocimos, congelada, mantuve la respiración, desde el principio, supe que había encontrado un hogar para mi corazón… latía rápidamente.Las luces sobre nosotros temblaban igual que estrellas de miles de colores, teñidas por las cintas de fiesta, los globos y los adornos sobre nuestra cabeza. La música era tranquila y profunda, lo mismo que su brazo alrededor de mi espalda y su respiración sobre mi cabeza. Yo tenía que respirar muy profundo para poder dar un paso más al lado de los suyos, por no perder el equilibrio en medio de los largos holanes de mi falda. Pero, quizá si me equivocaba no iba a caer, él me sostenía como sí fuera una columna, meciéndome como una marea y empezaba a sentir el mismo efecto que la arena acunada por el mar, calentada y mecida por su movimiento quería hundirme profundamente en él.
Se que no me amaste – dijo ella interrumpiéndolo – quizás en algún momento algo bueno hubo entre nosotros, pero como llegó se apagó y no puedo culparte por ello, lo que yo hice…Lo que hiciste no tiene nada que ver con lo que paso – quiso que ella lo entendiera.No digas eso – dijo ella mirándolo de frente – lo que yo hice, lo que yo fui, es la raíz de todo Emmett, sabía desde un principio que lo que hacía, lo que nosotros hacíamos deberíamos secuelas, aunque la verdad jamás imagine que estas nos llevaran hasta este lugar, ha sido tan lejos. – dijo con una sonrisa triste – Aun recuerdo incluso la primera vez que te vi y sin poder detenerme me enamore de ti, quizás desde primera vista aunque yo no creía en esa clase de amor. Pero
Alguna vez había leído en algún lugar, que la vida es como un rio, que está destinado a seguir y seguir sin detenerse.Cuando esa mañana lo vio delante de ella, supo que eso era, no más que la verdad. Había ido al otro lado del globo huyendo de él, tratando de poner al mundo entre los dos, pero no había servido nunca de nada, porque la verdad fuera dicha, quizás desde el mismo momento que había visto sus ojos la primera vez, desde que había entendido lo mucho que lo amaba, lo mucho que lo amaría para siempre, que nunca lo olvidaría porque tenía un trozo de él consigo, supo que él era su encarnación del destino.Y estaba escrito en sus ojos y también en los ojos de Chris.Y supo eso en el momento preciso en que los dos estaban frente a frente.Aquella mañana Astri
¿Tú qué? – dijo con ira – Eres el hombre que la usaba para satisfacerse, que solo se la llevaba a la cama para usarla y desecharla después de una buena noche.Nunca fue así.¿Entonces como fue Emmett? – dijo tratando de no caer encima de él a cachetadas. Recordaba la expresión de Astrid al contarle todo aquello. Su amiga había podido superarlo solo porque era muy fuerte y si, también porque a pesar de todo aquello había sido por amor. – No ibas a ella y solo decías “lo aceptas” – Emmett no supo que responder, no había esperado que Astrid le dijera un detalle tan intimo - ¿Por qué crees que ella siempre decía solo “si”? ¿Por qué creíste que aceptaba aquello? ¿Intentaras castigarla ah
La espera puede ser por mucho la peor clase de tortura: una fecha, una noticia, una respuesta. En su caso era esto último, la respuesta a una pregunta que estaba destrozando su cordura.Sacar conclusiones no había sido difícil. Solo había necesitado saber la edad de Chris, el niño tenía solo poco más de cuatro años, sí él había estado con Astrid hacía cinco años, solo significaba una cosa.Cuándo lo tuvo claro quiso… ¡Dios! Un odio profundo se adentró en su pecho. ¡Ella le había quitado a su hijo ¡, ¡Ni siquiera le había dado la oportunidad de conocerlo ¡, ¡Qué clase de mujer…! Bien, muchas cosas pasaron por su mente en los cinco días siguientes en los que no pudo prácticamente salir de la comisaria.El caso contra James Yehon era lit
La vida algunas veces se expone ante nosotros, como un largo camino lleno de puertas. Algunas de esas puertas nos llevan a lugares o momentos agradables y tranquilos, aquellos en los que quisieras permanecer por mucho tiempo.Otras son ruinosas, con goznes oxidados y chirriantes que nos conducen a lugares que no queremos ni siquiera puertas ver. Pero que es necesario visitarlos para seguir nuestro camino.Astrid estaba ante esa puerta ahora, una que había evitado por todos los medios posibles.Era poco más de media noche cuando su teléfono sonó, “ayuda…” dijo esa voz estrangulada de miedo y no lo pensó ni un momento, se levantó de su cama, se puso los primeros vaqueros que encontraron, y un holgado jersey rojo, ató su cabello y buscó dentro de su bolsa aquello que no había querido tener que usar. No era más que una simple tarjeta bas







