LOGINEdmundo sabía que Morgana no respondería si veía su número registrado, así que usó una línea desconocida para amedrentarla, confiando en que, igual que en el pasado, ella se limitaría a llorar y huir.En su loft, Morgana estaba ocupada abriendo cajas, organizando objetos y sonriendo mientras aplastaba el papel de burbuja, con su coleta desordenada y un aspecto desenfadado, colocaba en una repisa su colección de figuras de ánime, ordenándolas meticulosamente por nivel de importancia cuando el zumbido de su celular sobre la mesa de centro rompió la calma del lugar.Caminó hacia la mesa y observó la pantalla, se trataba de un número desconocido, sin dudarlo, presionó la pantalla y activó la función de grabación de llamadas que tenía configurada por defecto antes de llevarse el aparato al oído.—Diga—respondió con voz neutra.—¿Te sientes muy astuta, Morgana? —la voz de Edmundo al otro lado de la línea no era más que un siseo áspero, destilando una rabia contenida que amenazaba con desbor
Con la respiración agitada y las manos temblorosas por la rabia acumulada, Edmundo leyó nuevamente el expediente que le había enviado digitalizado su contacto del tribunal.Comenzó a pasar las páginas en la pantalla del teléfono con la desesperación de quien busca una rendija por donde escapar.Pasó por alto la fundamentación jurídica y las medidas cautelares hasta llegar a la portada del libelo de demanda, donde figuraban los datos de la parte actora. Sus ojos se detuvieron en la línea central y el mundo pareció congelarse a su alrededor.Ahí, impreso estaba la identificación formal de la demandante: Edmunda Solano (Morgana Veira)El impacto fue tan brutal que Edmundo sintió un vacío en el estómago, como si el suelo debajo de sus pies se hubiera abierto de golpe, releyó el nombre de una, dos, tres veces, negándose a procesar la realidad. No era solo un ataque externo del bastardo de Elías; era una ejecución planificada desde el corazón de su propia sangre.—Morgana… —murmuró en un si
Morgana avanzó a pasos lentos y distantes por la acera de la avenida, ignorando el ritmo frenético de la ciudad, aunque estaba acostumbrada a llamar la atención con atuendos vibrantes y accesorios llamativos de estilo gótico, esta vez se mimetizaba entre la multitud gracias a una vestimenta de tonos sobrios y cortes impecables.Avanzó hacia su destino, parecía moverse como por inercia o distracción, se detuvo en un par de tiendas, eligiendo lo que necesitaba con un desinterés fingido, mirando los escaparates de reojo mientras ajustaba la correa de su bolso.Nadie que la cruzara en ese trayecto podría imaginarse que detrás de ese andar tan despreocupado, se ocultaba una mente meticulosa procesando cada detalle de su plan.Consultó la hora en su reloj y comprobó que aún tenía un margen de tiempo, era curioso, pero todo el proceso en el bufete de Elías fue más rápido de lo que ella imaginaba, entonces levantó la mano en la esquina para detener un taxi, subió con parsimonia y dejó que el
Con la firmeza que lo caracterizaba, Elías estampó su firma en los folios de la demanda mercantil, y le entregó la abultada carpeta a su pasante de su mayor confianza, para que la radicara ante el tribunal correspondiente.Sin embargo, detrás de la aparente seguridad que le había mostrado a Morgana, su mente analítica sopesaba fríamente la realidad.—Mide bien el ambiente en cuanto llegues —le ordenó a la joven con voz baja—Y recuerda que este caso tiene prioridad absoluta sobre cualquier otro.La joven, vestida con la sobriedad impecable que exigía la firma, asintió con determinación. Elías confiaba plenamente en ella; a diferencia del resto de los pasantes, no solo era ambiciosa, y despiadada cuando la situación lo requería, sino que mantenía una vida personal estable y jamás había cruzado la línea del profesionalismo, ni intentado insinuársele.—Comprendido, abogado —respondió la chica, acomodando los expedientes dentro de su portafolio.Elías observó en silencio cómo se alejaba la
Morgana permaneció un instante inmóvil en el asiento trasero del taxi mientras el motor se apagaba frente al edificio de su nuevo loft.A través del cristal, observó la fachada de ladrillo, y grandes ventanales, un espacio que reflejaba lo que quería de un espacio, y lo mejor era que estaba lejos de las miradas juiciosas y del aire sofocante de la casa Solano.Sin embargo, bajo su coraza impecable de mujer calculadora e insolente, la verdad es que acababa de firmar la ruina de su propio padre y eso agitó algo en su pecho, la niña asustada que habitaba muy dentro de ella —aquella a la que durante años le arrebataron la tranquilidad y la certeza de un hogar seguro—Salió a flote por un momento haciendo que sintiera un nudo de ansiedad en la garganta, en su interior se preguntaba, ¿Y si este nuevo comienzo tampoco era suficiente?, ¿Y si las sombras del pasado encontraban la forma de colarse por las grietas de su nueva vida?Apretó las manos alrededor de su bolso hasta que los nudillos se
En cuanto ella soltó el lapicero, Elías caminó en silencio hacia la entrada del despacho, estiró el brazo y giró el seguro de la puerta, se dio la vuelta, y, sin darle tiempo a reaccionar, acortó la distancia entre los dos para acorralarla con firmeza contra el borde del escritorio.La atrapó entre sus brazos y buscó sus labios, la besó con una intensidad desmedida que consumió al instante cualquier atisbo de profesionalidad.Morgana enredó las manos en su solapa, respondiendo con la misma intensidad y urgencia, dejando que la emoción de la firma y la atracción sofocante que compartían transformaran la fría sala de reuniones en un espacio de pura complicidad y fuego.Cuando finalmente se separaron para recuperar el aliento, Morgana apoyó la espalda contra la madera, alzó la barbilla y le lanzó una mirada llena de picardía.—Vaya, Cuervo... ¿Así es como tratas a todas tus clientes? —bromeó, reacomodándole el cuello del saco con fingida inocencia.La calidez en el rostro de Elías se esf







