INICIAR SESIÓNEmiliano Rodríguez regresa a México para estar presente en el funeral y la lectura del testamento de su padre, quién ha dejado indicaciones siempre y cuando cumplan las cláusulas de este es que podrán tomar control de los negocios de la familia. Pero Emiliano no está interesado en asumir nada que tenga que ver con los negocios turbios de su familia, ya que sería tener dos enemigos más contra él: Sebastian y Leonardo, sus dos propios hermanos, hasta que se encuentra con Alicia, la nueva empleada doméstica de la casa de la cual su difunto padre ha dejado órdenes claras de mantenerla en la casona aún en su ausencia. Pero sin previo aviso, todos los planes de Emiliano se van por la borda cuando el deseo nace entre él y la chica del servicio… El deseo del millonario.
Ver más… Hasta que recuperara su fuerza después de tremendo parto de dos. Alicia se había desmayado, la habían revisado y todo estaba normal, signos vitales estables. Solo necesitaba dormir. Emiliano estaba caminando de un lado a otro en la habitación, se detuvo una y otra vez de manera breve para ver si despertaba, hasta que ella lo miró preocupado haciendo ruidos al caminar. —¿Puedes detenerte un poco? Me estás mareando con esas idas y vueltas. —Emiliano miró hacia ella y sintió el alivio. —Me has dado el tercer susto más horrible de mi vida, pensé qué te habías ido, que me…—la voz de Emiliano se quebró impidiendo que siguiera hablando. —Aquí estoy, señor Rodríguez. —ella seguía pálida, adolorida, le punzaba cada parte de su cuerpo, estaba completamente molida. Definitivamente, cerraría fábrica de inmediato. Emiliano se acercó a ella y acarició su mejilla. —Solo estoy agotada, sabes que no he dormido en meses, ¿Cómo están los bebés? ¿Hay que darles de comer ya?—dijo ella intentando sen
—No sé por qué Leonardo hasta hoy que estoy a semanas de parir a estos chilpayates es que quiso hacer el baby shower, —se quejó—Estoy toda hinchada, me duele la cintura, la espalda, y siento que me punza ahí abajo. —se acomodó con dificultad. —Y todavía faltan dos semanas para que salgan de aquí. —apareció Emiliano con un par de vestidos veraniegos que eran bonitos y la tela era fresca. Alicia suspiró y negó. —¿Si te presentas en mi nombre? Yo puedo quedarme aquí acostada, descansando, ¿Sí?—Emiliano suspiró.—¿Cuánto por tu silencio de no saber donde estoy?—él sonrió. —Si no quieres bajar, entenderé. Me importa más tu salud y la de nuestros gemelos, además, te ves agotada. —Eres un amor, ¿Lo sabías? —Alicia se acomodó. Pero sabía que ya debería de estar todos esperando por su presencia, casi no había salido en los últimos meses, más porque tenía miedo que un mal movimiento podría afectar a los gemelos. —¿Entonces te quieres quedar? Para ir a decirle a los invitados, por mí, prefier
Semanas después… En la ciudad de New York se había llevado a cabo un juicio en contra de Beatrice Vivaldi por enriquecimiento ilícito, el cargo de asesinato en primer grado contra su difunto esposo, lavado de dinero, entre otros cargos más, se habían presentado todas las pruebas existentes en contra de ella. Emiliano y con la ayuda de William y Michael, habían encontrado a cada persona que fue sobornada por Beatrice para conseguir sus objetivos y declarar en su contra, habían caído en el mismo juicio un par de jueces que fueron comprados, mostraron de todo y finalmente, Beatrice fue declarada culpable de cada cargo. Un mes más bastó para lograrlo. Ya serían dos meses desde que Alicia había regresado a la hacienda «El patrón» y un mes desde que se había enterado de que estaba en la dulce espera de gemelos. Esa misma mañana al anunciarse el veredicto, Emiliano voló de inmediato hacia México, las ansias por ver a Alicia eran tan grandes, que no se reconoció a sí mismo. Ese día que se
—Dios—jadeó Emiliano cuando Alicia empezó a acariciar aquel pedazote de carne endurecido. Alicia se movió para poder tener más posibilidad de tocarlo mejor, se sentó en horcajadas y bajó el cierre del pantalón. —Espera, espera, —ella negó, lo deseaba ahora. No se detuvo, lo sacó y de un movimiento se lo metió a la boca, él regresó a acostarse y cerró los ojos con fuerza, el placer que estaba sintiendo en ese momento, era indescriptible, comenzó Alicia a marcar un ritmo de succión que empezó a volver loco a Emiliano, su pelvis cobró vida y abrió sus ojos, quería ver la imagen de ella con su miembro en su boca y ahí estaba, pudo ver un brillo que nunca había visto en sus ojos, su rostro se iluminó con cada movimiento que hizo. —Maldita sea, —gimió, sintió el final de la garganta de Alicia y como su rostro se enrojeció. —No, no, no pares yo…—y entonces, Alicia comenzó a tener arcadas de nuevo, se lo sacó de la boca, se bajó como pudo de encima y corrió de nuevo al baño, Emiliano estaba ja












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