INICIAR SESIÓNUnos días despuésNew YorkHarryConfiaba en que el resentimiento de mi tío Lucca pesara más que cualquier pizca de lealtad que conservara hacia mi madre para obtener su colaboración, pero nada garantizaba que lo hiciera. O tal vez el cobarde otra vez se refugiaría en el silencio, como en el pasado. Y, sin embargo, ahí estaba frente a él, observando cómo sus dedos apretaban la fotografía mientras el silencio se prolongaba entre nosotros. No aparté la mirada. Esperé.Al fin, su voz áspera rompió el silencio.—Me haces reír, muchacho. La perra de Adriana jamás pensaba en su vejez. Al contrario, vivía de vacaciones con Enricco, dándose la gran vida, mientras yo me ocupaba de cuidarte —soltó con una risa ronca y una sonrisa torcida.—No te jactes de lo que hiciste por mí —repliqué con frialdad—. Disfrutabas de una buena posición, muchas comodidades y nunca moviste un dedo para trabajar.Lucca resopló y se acomodó contra el respaldo de la silla.—Ingrato. Me ocupé de ti… —protestó con la v
La misma nocheNew YorkMichaelUna voz distorsionada me llama una y otra vez con insistencia. Intento descifrarla, pero permanezco desorientado entre las sombras de la oscuridad. La desesperación se cuela en mi pecho cuando descubro que mis piernas no responden, como si llevaran grilletes. Intento ayudarme con las manos, pero tampoco consigo mover un solo músculo. Entonces, un dolor agudo me atraviesa el cuerpo entero y me obliga a contener el aliento.Percibo el colchón bajo mi cuerpo y el peso que me mantiene inmóvil, mientras continúo escuchando esa voz rota entre sollozos. El olor metálico de la sangre se mezcla con el aire y se queda pegado en mi garganta.Intento moverme otra vez, pero es como si una mano invisible me mantuviera sujeto por el pecho. Los ojos me pesan, la boca está reseca y cada respiración me cuesta más de lo que puedo soportar.Entonces reconozco la voz de Amanda.Respiro hondo al sentir sus dedos aferrados a los míos. Intento abrir los ojos, pero los párpados
Al día siguienteNew YorkAmandaEl silencio de mi padre era la mejor prueba de que algo sucedía en las sombras. Él estaba convencido de que podía engañarme, pero conocía demasiado bien esa manera suya de sostenerme la mirada desde que era una niña. Jamás me había intimidado; al contrario, casi siempre terminaba obteniendo lo que buscaba.Y ahí estaba, frente a él, inmóvil, sosteniendo aquel duelo de miradas mientras el silencio se alargaba entre nosotros. Harry permanecía de pie, con los brazos relajados a los costados, sin apartar los ojos de mí. Yo crucé los brazos sobre el pecho y esperé.Al final, respiró hondo antes de hablar.—Amanda, no te miento. No tengo motivos para hacerlo. Y en vez de estar como una niña caprichosa inventando cosas, ¿por qué mejor no colaboras en la empresa? —propuso, levantando apenas una ceja.Abrí los ojos de par en par.Nunca mi padre me había permitido manejar sus negocios. Jamás había mostrado el menor interés en involucrarme en ellos y, de pronto,
Dos días despuésLondresAmandaQuizás fue el día horrible que había vivido o, simplemente, me había cansado de tantas verdades a medias, de que nadie se atreviera a tener un gramo de sinceridad conmigo. Para colmo, el comentario de Jaqueline había confirmado lo que sospechaba: todos se empeñaban en ocultar el pasado.Por un segundo, Jaqueline sostuvo mi mirada en silencio.—Amanda, no sé de dónde sacas que te ocultamos cosas —respondió con la voz contenida—. Ni creo que este sea el lugar adecuado para discutir sobre lo que te molesta.Solté el aire por la nariz y negué con la cabeza.—No soy ciega —me quejé con la voz amargada—. Hace mucho tiempo me di cuenta de la enemistad que existe con mi padre. De las preguntas que nadie se atreve a responderme.Jaqueline apretó los labios y bajó la mirada apenas un instante.—Tal vez porque nos duele la pérdida de Sasha, de mi hermano Christopher —dejó caer con la voz apagada—. Ambos se fueron dejando un vacío muy grande entre nosotros.Sentí q
Al día siguienteNew YorkMichaelFue horrible soportar la indiferencia de Amanda. Estaba empeñada en aplicarme la ley del hielo. Y sí, había sido mi culpa; tal vez lo merecía. Pero lo que realmente me dolió fue que me restregara que no existía nada entre nosotros, como si los últimos días juntos no hubieran significado nada para ella, cuando yo había sentido que al fin me estaba colando en su corazón.Quizás me engañaba. O quizá no estaba listo para aceptar que nunca me amaría.Me quedé ahí, parado en la cafetería como un imbécil, viéndola alejarse. La puerta se cerró y mantuve los ojos puestos en ella unos segundos más, con la mandíbula apretada y el aire escapando entre mis dientes.La imagen de aquella mujer volvió a aparecer en mi cabeza.¿Qué carajos buscaba con Amanda? ¿Quién era ella? ¿Estaba relacionada con Harry? ¿O Amanda también guardaba secretos?—Michael, ¿escuché mal o estás complicándote la vida con Amanda?La voz de mi padre me llegó desde atrás.Tensé los hombros.—N
El mismo díaLondresHarryLa información de Terence sobre la inesperada parada de Williams antes de acudir al hospital fue otra pieza de un rompecabezas que no lograba encajar. O, mejor dicho, sentía que caminaba por un campo minado con los ojos vendados, donde podía haberme convertido en un peón o, peor todavía, en la carnada de su guerra con Regina. No era una simple especulación. Los hechos comenzaban a gritarlo en silencio.Y ahí estaba, frente a mis hombres, intentando encontrarle sentido a algo que cada vez tenía menos.Finalmente, mi voz retumbó en la bodega.—Mitch, quiero que vigilen a Williams. No le pierdan el rastro. Intervengan sus teléfonos, aprovechen cualquier ausencia para colocar micrófonos en su mansión y en su oficina. Y hagan lo mismo con su esposa —ordené, señalándolo con el mentón.Mitch frunció el ceño.—¿A su esposa? —replicó con incredulidad—. ¿A esa viejita dulce?Asentí y di un paso hacia él.—Esa viejita dulce conoce todos sus secretos —sentencié con firm







