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Capítulo 5

Author: Daii Mata
last update publish date: 2025-12-04 19:25:48

Faddei 

Los muertos no envían regalos, sin embargo, yo envié uno, pequeño y elegante, lo suficientemente discreto para que cualquiera lo confundiera con un obsequio inofensivo excepto él.

Dentro de la caja negra había solo dos elementos:

Un naipe: el as de picas, mi antiguo sello. El que oficialmente fue enterrado conmigo, el otro elemento un papel esangrentado que lleva inscrito una breve nota: “A veces los fantasmas regresan a reclamar lo que les pertenece.”

Sonrió bebiendo mi trago, mi odiado y traicionero capo debe sentirse contrariado y la incertidumbre debe estar devorándolo desde adentro, al igual que a mi; pues la pequeña mariposa no se ha dignado aparecer. 

Son pasadas las once de la mañana y la impuntual no se ha dignado asomar su lindas piernas y respingada nariz por la villa. Su estúpido silencio comenzaba a irritarme. —Te pedí puntualidad… —murmuré para mí mismo, sintiendo como mis nudillos estaban a punto de romperse. 

Arroje el vaso convirtiendo la pieza en pedazos —Mi señor, ¿Quiere que la llame? —Vicenzo preguntó adelantandosé a mis peticiones.

—No, quiero verla llegar por decisión propia, si no llega hoy mañana irás por ella y no serás amable ¿Entendido? 

—Entendido mi señor. Roswam se encuentra en el sótano. 

—Vamos a tener una cita con mi difunto empleado antes de mandarlo al infierno. 

Camino hasta el lugar y los lamentos llenan mis oídos. —Se… señor, no quería escapar se lo juro. 

No respondí. 

Tomé asiento frente a él, dejando que el silencio hiciera su trabajo. Saqué un cigarrillo, lo encendí con calma, y exhalé la primera bocanada despacio.

Roswam comenzó a quejarse, él sabía lo que significaba verme fumar. Todos lo sabían, solo lo hacía cuando alguien iba a morir.

—Señor… perdón… yo… yo no quería… —balbuceó, atado a la silla, sudando como un cerdo acorralado.

Incliné la cabeza hacia atrás y aspiré otra vez, el humo subió en espiral. —¿Sabes qué es lo único que detesto más que la incompetencia, Roswam? —Mi voz salió baja,  serena y saben lo que significa mi calma. 

—No. —Dijo con la voz quebrantada. Claro que lo sabía. 

Levanté la mirada para buscar sus ojos llenos de cobardia. —La desobediencia.

Roswam empezó a llorar, no con un llanto digno, sino ladridos vergonzosos 

—Yo… yo solo tenía miedo, señor. Ella me pidió ayuda y no quería problemas, por eso la salve. 

—¿Miedo? Yo también tengo miedo, Roswam.

Él levantó la vista, confundido, esperanzado por un segundo. —¿D-de qué, señor?

Acerqué el cigarro a su rostro y dejé caer un poco de ceniza sobre su camisa empapada de sudor.

—De que empiece a volverse costumbre que mis hombres olviden a quién pertenecen, por eso —continué— hoy voy a recordarte algo muy sencillo.

Me incliné hacia él, lo suficiente para que sintiera mi respiración mezclada con el humo.

—Todos los que me fallan mueren.

—Por favor…

Me incorporé, aplasté la colilla contra el borde metálico de la mesa y chasqueé los dedos. Vicenzo le dio autorización de entrar a dos de mis hombres. 

—Límpienlo —ordené. —Y luego sáquenlo a caminar, que elija su último paisaje, como consideración deben darle un solo disparo. 

Asintieron y Roswan continuó pidiendo clemencia. Me di la vuelta sin volver a verlo, deje de ensuciarme de hace mucho, mis manos solo aguardan para ensuciarse con la sangre Vitale.

Cuando salí del sótano, el eco de los gritos de Roswam quedó atrapado entre las paredes de concreto, caminé hacia el jardín sin bajar el ritmo, dejando atrás el aroma del sótano para sumergirme en el olor limpio del exterior y al llegar a la piscina necesitaba bajar la temperatura de mi cuerpo y la impuntualidad de ciertas persona  habían dejado en la piel.

Me deshice de mis zapatos y pantalón, me lancé a la piscina. El agua me envolvió y por un instante, silenció mi mente. Nadé con fuerza, una y otra vez, no sé cuántas veces crucé la piscina, solo sentí que la tensión del esfuerzo se me instaló en los músculos. 

Salí a la superficie y me apoyé en el borde, respirando hondo y entonces el sonido llegó; el motor de un auto. No le di importancia y seguí nadando, hasta que la figura de Vicenzo me dio aviso. 

—Señor, la señorita Vitale ha llegado. —Sus mejillas se tornan rojas como un delicioso y apetitoso tomate. 

La mariposa había entrado a la jaula por sus propios medios, así que su presencia en esta casa no contaba como un secuestro. 

Me quedé completamente quieto, giré la cabeza apenas y la vi al lado de mi mano derecha. Mabel llevaba consigo dos maletas. Su expresión facial fue un poema, sus ojos se abrieron en demasía clavándose en mí como si hubiera visto algo que no debía. 

Muy tarde.

Anclé mis manos al borde y de un tirón abandone la piscina, camine hacia su dirección, lo hice sin prisa, sin pudor, dejando que las gotas resbalaran por mi torso, ni siquiera me molesté en tomar una toalla.

A medida que me acercaba, vi cómo tragaba saliva y nerviosa apretaba el asa de sus maletas con demasiada insistencia y nerviosismo. 

Mis pasos mojados marcaron el camino entre nosotros, al acercarme no retrocedió, pero tampoco me sostuvo la mirada. 

Perfecto.

Me detuve frente a ella, tan cerca que pude sentir el temblor que trataba de esconder, incliné un poco la cabeza y las gotas de mi cabello cayeron en su clavícula desnuda. —Mabel, llegas tarde.

Sus labios temblaron, buscando una excusa que no alcanzó a llegar, pues sus palabras no salieron de su garganta y en un intento desesperado por no mirarme directamente bajó la mirada al piso, per lo hizo siguiendo el recorrido lento de las gotas que descendían desde mi clavícula hasta mi abdomen. 

Fue un gesto comprometedor, lo siguió sin querer, y cuando volvió sus ojos a los míos, ya estaba perdida, nublada por lo que veía.

Me acerqué un poco más, lo suficiente para que su respiración chocara con la mía. —Demasiado tarde —murmuré y lo más cautivante fue ver caer una de las pequeñas gotas en sus labios con color de fresa.  

Y entonces, con descaro, deslicé mi pulgar sobre sus labios para borrar la gota que los humedecía, su cuerpo se estremeció y yo sonreí internamente, el juego había comenzado.

Daii Mata

Holis, sean bienvenidas mis abejitas lectoras, soy Daii Mata, la abeja reina del panal de lectura, les envió un saludo especial, no olviden regalarme su amor en esta nueva aventura.

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