Startseite / Romance / El esposo que nunca elegí / Una casa que no es un refugio

Teilen

Una casa que no es un refugio

last update Veröffentlichungsdatum: 31.01.2026 02:53:10

Alicia abrió los ojos lentamente. Su visión estaba borrosa, la cabeza le pesaba y le costaba mover el cuerpo. Pasaron unos segundos antes de que comprendiera realmente dónde se encontraba.

Dios mío.

Había vuelto a esa habitación.

El corazón de Alicia comenzó a latir con fuerza. Intentó incorporarse, pero su movimiento se detuvo al sentir algo frío y duro alrededor de sus muñecas. Bajó la mirada—y el aire se le quedó atrapado en la garganta.

Esposas.

Ambas manos estaban esposadas a la estructura metálica de la cama.

—¡Victor! —su voz se alzó, mezclada de rabia y pánico—. ¡Suéltame o tendrás que afrontar las consecuencias!

—¿Qué consecuencias?

La voz provenía de la puerta.

Victor estaba allí, con el torso desnudo y una leve sonrisa que no transmitía calma alguna.

Su mirada era afilada, salvaje—como la de un depredador disfrutando del miedo de su presa.

Se acercó. Subió a la cama, haciendo que el colchón se hundiera ligeramente. Alicia tragó saliva. El aroma masculino de Victor la envolvió, oprimiéndole el pecho. Él se movía despacio, como si quisiera prolongar deliberadamente la tensión.

—Tranquila —murmuró—. No te dolerá.

Esa frase, tan breve, hizo que el corazón de Alicia latiera aún con más fuerza.

Aquella noche transcurrió demasiado rápido y, al mismo tiempo, demasiado lenta.

Alicia no quería recordar los detalles. Solo sabía que el límite que siempre había protegido se derrumbó—no por deseo, sino por imposición.

Tomada por su propio esposo.

Un esposo extraño.

Un hombre al que acababa de conocer.

Una locura. Todo aquello era una auténtica locura.

***

—¿Qué haces aquí?

Oscar miró con furia a Valeria, que se encontraba en su salón como si aquel lugar le perteneciera.

—Oscar, casémonos —dijo Valeria, aferrándose a su brazo.

Oscar la apartó de un manotazo.

—¡Cállate! ¡No vuelvas a aparecer nunca más delante de mí!

—¿Por qué te comportas así? —Valeria lo miró incrédula.

—Siempre he cumplido todos tus caprichos —rugió Oscar—. ¡Pero eso se acabó! ¡LÁRGATE DE AQUÍ!

Valeria guardó silencio unos segundos y luego esbozó una pequeña sonrisa.

—Entonces ya estás preparado para asumir las consecuencias.

Oscar se tensó.

—¿Has olvidado que tengo pruebas de lo que hiciste en el pasado?

—¡No me importa! —gritó Oscar—. ¡Alicia ya no forma parte de mi vida! ¡Y todo es culpa tuya!

Valeria soltó una risa baja.

—Sé que Alicia acaba de casarse con otro hombre. Parece que ella también te ha traicionado, ¿no?

—¡FUERA!

Oscar agarró con brusquedad el brazo de Valeria y la arrastró hasta la puerta.

—¡No vuelvas jamás!

Estaba a punto de cerrarla cuando la voz de Valeria lo detuvo.

—Recuerda, Oscar. Tu primera película se estrena este año. Si saco tu secreto a la luz, no solo perderás tu reputación… irás a prisión.

***

La luz del sol de la mañana se filtraba por la rendija de la ventana.

Alicia despertó con una sensación de vacío. Su cuerpo estaba dolorido; en sus muñecas quedaban marcas rojas donde habían estado las esposas la noche anterior.

Las esposas ya no estaban.

—Ya estás despierta.

Victor estaba sentado al borde de la cama, como si nada hubiera ocurrido.

—Alicia —dijo con tono neutro—, odio que me reciban con mala cara.

Ella lo miró con dureza.

—No todo en este mundo tiene que girar en torno a tus deseos.

—No sé cuántas mujeres habrás tratado como me trataste a mí —añadió.

Victor se sobresaltó. La ira estalló de golpe. Su mano se cerró alrededor del cuello de Alicia.

—¡No soy un bastardo! —rugió—. ¡Solo contigo soy así! ¡He esperado demasiado tiempo para tenerte!

Alicia intentó apartarlo, respirando con dificultad. Al ver el miedo reflejado en su rostro, Victor reaccionó.

Soltó su cuello. Se dio la vuelta, aparentando arrepentimiento—o al menos intentando parecerlo.

Su personalidad cambiaba con una rapidez inquietante.

En cuanto Victor se alejó, Alicia saltó de la cama y corrió al baño.

Aterrador.

Pero una frase seguía resonando en su mente:

He esperado demasiado tiempo para tenerte.

¿Acaso no acababan de conocerse?

Después de vestirse—con ropa que, quién sabía desde cuándo, ya había sido preparada conforme al gusto personal de Victor—Alicia bajó al piso inferior.

—Disculpe, señorita Alicia —la saludó una mujer de mediana edad—. Soy Patricia, la jefa de servicio de la familia de León.

—¿Dónde está Victor?

—El señor Victor ya se ha marchado a la oficina. Le dejó una carta.

Alicia la leyó rápidamente.

Lamento mi actitud. Me arrepiento. Lo hice porque te amo.

Alicia arrugó la carta y la arrojó lejos.

—Hoy volveré a mi casa.

Raquel llegó puntualmente a recogerla.

—Hola, recién casada —bromeó—. ¿Qué tal la noche de bodas…?

—Arranca el coche —la interrumpió Alicia con frialdad.

Al llegar a casa, se dejó caer en el sofá.

—¿Te casaste con un desconocido? —Raquel abrió los ojos, incrédula.

—Y ya tenía preparado el vestido de novia, la ropa… todo —murmuró Alicia.

Raquel la miró con seriedad.

—Parece que te llevaba observando desde hace mucho tiempo.

Alicia guardó silencio.

—No le preguntaré directamente —dijo finalmente—. Porque sé que no lo admitiría. Seguiré su juego… y lo descubriré todo.

Alicia se puso de pie. Su mandíbula se tensó; en sus ojos ya no había duda alguna.

—Parece que Victor ha elegido a la mujer equivocada —susurró.

Raquel la miró con preocupación.

—Alicia… no hagas ninguna locura.

—No estoy siendo imprudente —respondió con frialdad—. Solo quiero saber hasta dónde es capaz de llegar.

Tomó su bolso, dispuesta a marcharse. Pero justo cuando su mano tocó el pomo de la puerta, su teléfono vibró.

Un mensaje entrante.

El nombre del remitente hizo que la sangre de Alicia se helara.

Victor.

Abrió el mensaje.

Sé que has vuelto a tu casa.

También sé que estás con Raquel.

No te preocupes. No estoy enfadado.

Solo quiero recordarte algo—

Todo lo que llevas hoy puesto, incluso la ropa que cubre tu cuerpo…

La elegí yo.

La respiración de Alicia se cortó.

Un segundo mensaje apareció en la pantalla.

Y una cosa más, Alicia.

Tú no me estás siguiendo.

Desde el principio…

Soy yo quien te observa.

El teléfono casi se le cayó de las manos.

El juego—había comenzado mucho antes de que Alicia siquiera lo sospechara.

 

 

Lies dieses Buch weiterhin kostenlos
Code scannen, um die App herunterzuladen

Aktuellstes Kapitel

  • El esposo que nunca elegí    Mantener la posición

    El coche avanzó en un silencio espeso. Alicia miraba fijamente al frente, con ambas manos cruzadas sobre el regazo. Su mandíbula estaba tensa desde que salieron del edificio de oficinas.Y Victor lo había notado desde hacía rato. En cuanto el coche se detuvo en el patio de su imponente residencia, Alicia bajó primero sin esperar a que Victor le abriera la puerta.—Quiero que hablemos —dijo en cuanto Victor la siguió hasta la sala principal.Victor se quitó el saco con un gesto relajado.—Siempre hablamos, Alicia.—¡Esto es más importante!Victor la miró unos segundos antes de asentir lentamente.—Bien, ¿sobre qué?Sin responder, Alicia tomó su bolso y sacó una fotografía ligeramente doblada.Victor miró la foto; sus ojos se detuvieron en Patricia, en él mismo siendo aún un adolescente, y en otro hombre joven.El rostro de Victor permaneció sereno.—¿Quién es él? —preguntó Alicia con voz fría.—¿Y qué relación tienes con él?Victor se sentó despacio en el sofá, tomó la foto, la observó

  • El esposo que nunca elegí    Amor o trampa

    —¡Tómame de la mano!El tono de voz de Victor era plano, casi sin emoción.Alicia giró la cabeza con rapidez.—No hace falta, podemos caminar como de costumbre.Victor no respondió. Su mano ya había alcanzado la palma de Alicia, sujetándola con fuerza sin importarle nada más.—Para que parezcamos una pareja romántica —dijo en voz baja, sin mirarla.Alicia resopló con molestia, pero aun así caminó a su lado. Llegaron a la sede central de la mayor industria del país.El logo de De León Corporation se exhibía enorme allí; sus pasos se convirtieron de inmediato en el centro de atención.Se escucharon murmullos. Las miradas se dirigieron a Alicia, algunas de admiración, otras de curiosidad. Victor lo notó y, en cambio, apretó la mano de Alicia con más fuerza, como si quisiera dejar claro que aquella mujer le pertenecía.—No me siento cómoda —murmuró Alicia.—Te acostumbrarás —respondió Victor con brevedad.Entraron en el ascensor privado que los llevó directamente al último piso. En cuanto

  • El esposo que nunca elegí    La decisión de quedarse

    —¡ALICIA! ¿Qué estás haciendo con él? —gritó Víctor mientras se acercaba a ellos.Alicia se separó de inmediato del abrazo de Oscar. Su cuerpo se tensó, el aliento se le quedó atrapado en la garganta. Oscar se dio la vuelta lentamente y miró a Víctor, que estaba a unos pasos de ellos, con el traje de trabajo aún impecable y una expresión imposible de ignorar.—¿Víctor? ¿Has vuelto? —Alicia se sorprendió. Se suponía que el hombre ya se había ido.Víctor no miró a Alicia su mirada estaba fija en Oscar.—¿Qué estás haciendo con mi esposa?Oscar dio medio paso al frente.—Solo vine a hablar —respondió.—¿Hablar? —Víctor sonrió levemente—. ¿Abrazándola?—No es lo que estás pensando —intervino Alicia.Por fin Víctor se volvió hacia ella. Sus miradas se encontraron.—Entonces, ¿qué se supone que debo pensar? —preguntó Víctor en voz baja.Oscar apretó los puños.—No tengo intención de causar problemas.—Los causaste hace cinco años, y curiosamente siempre regresas —replicó Víctor.Alicia giró

  • El esposo que nunca elegí    Un silencio que duele

    La mesa del comedor era demasiado grande para dos personas que ya no se dirigían la palabra. La mañana llegó rápido la luz del sol se filtró por los altos ventanales de la mansión. El aroma del café caliente y del pan tostado llenaba el aire, pero ninguno lograba disipar el frío que se había instalado entre Alicia y Víctor. Desde el incidente de la noche anterior, Alicia se había encerrado sola en su habitación, sin permitir siquiera que Víctor entrara. ¡No sabía dónde había dormido ese hombre esa noche! Alicia estaba sentada en la silla del comedor con la mirada vacía, fija en el plato frente a ella la cuchara en su mano se movía despacio, casi sin hacer ruido. No había dicho una sola palabra desde hacía rato. Víctor la observaba desde el otro lado de la mesa; no parecía enfadado. Por primera vez desde que se habían casado, el rostro del hombre mostraba algo parecido al arrepentimiento, o tal vez la conciencia de haber hecho algo mal. —No has tocado la comida desde hac

  • El esposo que nunca elegí    El almacén vacío

    —¡Victor! ¿A dónde quieres llevarme? —Alicia intentó soltarse, su voz quebrándose mientras sus pasos se desordenaban.Pero siempre fracasaba, El agarre de Victor no era solo fuerte, era decidido, como si ya no existiera posibilidad de retroceder. Sus dedos se cerraban alrededor de su brazo con una firmeza que no dejaba espacio para la duda.Estás loco.Esa fue la frase que Alicia había lanzado segundos antes, impulsada por el miedo y la rabia. Ahora, mientras Victor la arrastraba por el pasillo lateral de la mansión.comprendió que quizá esas palabras habían encendido algo que nunca debió provocar.El miedo dentro de Alicia se extendió de inmediato por todo su cuerpo. Realmente era incapaz de predecir las emociones de Victor.El trayecto terminó frente a un edificio antiguo, situado en la parte más trasera de la propiedad. Un almacén olvidado, cubierto de polvo y sombras, casi oculto entre muros de concreto envejecidos. La pesada puerta de hierro se abrió con un chirrido áspero, como

  • El esposo que nunca elegí    Quiero divorciarme

    La luz del sol entraba a través de las rendijas de las ventanas del dormitorio, cuyas cortinas ya estaban abiertas. Allí, Alicia se veía arreglada con un vestido sencillo de color rosado.Parecía la Alicia de antes, una mujer con vida, una agenda apretada y objetivos claros.Apenas había tomado su bolso cuando Victor apareció por detrás.—¿A dónde vas? —dijo con voz tranquila y plana.Alicia se giró. Victor estaba de pie con una camisa negra abotonada pulcramente. Su mirada recorría a Alicia de la cabeza a los pies, no como un esposo que admira, sino como alguien que está evaluando algo.—Quiero ver a Raquel —respondió Alicia de manera breve.Victor asintió despacio, luego dio un paso hacia ella. Tocó suavemente ambos brazos de Alicia.—Cámbiate de ropa, cariño —dijo.Alicia frunció el ceño.—¿Por qué? ¿Qué tiene de malo mi vestido?Alicia miró el vestido sencillo que llevaba puesto. Su apariencia era normal, entonces ¿por qué Victor le pedía que se cambiara?—No me gusta que uses un

Weitere Kapitel
Entdecke und lies gute Romane kostenlos
Kostenloser Zugriff auf zahlreiche Romane in der GoodNovel-App. Lade deine Lieblingsbücher herunter und lies jederzeit und überall.
Bücher in der App kostenlos lesen
CODE SCANNEN, UM IN DER APP ZU LESEN
DMCA.com Protection Status