MasukJulián no pidió permiso. No necesitaba hacerlo. Elena lo había invitado con los ojos, con esa forma de mirarlo en la oscuridad que decía más que cualquier palabra, y él avanzó sin dudar.
La puerta se cerró detrás de él con un clic que resonó en el pecho de ambos.
Elena no se cubrió. Siguió tal como la había visto: desnuda, todavía ruborizada, con los ojos oscuros reflejando l
Damián apagó el motor del auto alquilado frente a las rejas del centro de recuperación en las afueras de Barcelona. El reloj del tablero marcaba las seis de la mañana. Había pasado las últimas cuatro horas estacionado en ese mismo lugar, esperando a que los guardias abrieran el acceso para las visitas matutinas.No huyó del país. No se encerró en un bar. Su instinto lo llevó directo a buscar a la única persona que conocía la raíz de su desastre.El guardia revisó su identificación y le permitió el paso. Damián caminó por los senderos de gravilla hasta el edificio principal. Todavía llevaba el pantalón negro y la camisa blanca del esmoquin de la noche anterior, con los primeros botones desabrochados y las mangas arremangadas.Una enfermera lo guió hasta una sala de visitas pequeña, con paredes pintadas de blanco y un par de sillas de plástico. Damián se sentó a esperar.Diez minutos después, la puerta se abrió.Isabella entró al cuarto. Vestía unos pantalones deportivos holgados y una
Vittoria soltó la tela del esmoquin. Respiraba rápido, con el pecho subiendo y bajando bajo la seda esmeralda de su vestido. Damián se acomodó la chaqueta despacio, apoyando la espalda contra el papel tapiz del pasillo. La miró a los ojos, sin mostrar sorpresa ni enojo por el maltrato físico.El sonido de los violines y el murmullo de la fiesta llegaban amortiguados a través de las puertas de madera.—¿Me quieres explicar qué fue todo eso? —preguntó Damián con tranquilidad.—No vas a usar mis eventos para coquetear con las invitadas —reclamó Vittoria, señalándolo con el dedo índice—. Te traje aquí para que cumplieras una función específica, no para que armaras una reunión social con las mujeres de tu pasado.Damián cruzó los brazos sobre su pecho.—Yo no hablé con nadie, Vittoria. Tú me ordenaste que me quedara parado junto a ese pilar durante toda la noche y eso hice. Fueron ellas las que se acercaron a buscar conversación.—Y tú dejaste que se acercaran. Dejaste que esa rubia te toc
El gran salón del Museu Nacional d'Art de Catalunya estaba iluminado por enormes lámparas de araña. Los violines sonaban de fondo, cubiertos a medias por el murmullo constante de los inversionistas y celebridades de Barcelona. Vittoria sostenía una copa de champán mientras escuchaba al alcalde de la ciudad hablar sobre las nuevas políticas de urbanismo.Llevaba un vestido de noche color esmeralda que se ajustaba a su cuerpo, con un escote asimétrico y una abertura lateral que dejaba a la vista su pierna derecha. Sabía que las miradas de medio salón estaban puestas en ella. Era su primera gran aparición pública desde que asumió el control total del consorcio Viatti-Roswald.Asintió ante un comentario del político, pero su atención real estaba en el otro extremo de la sala.Damián permanecía de pie junto a uno de los pilares de mármol. Vestía un esmoquin negro impecable. Vittoria le había ordenado asistir en su rol de asistente para cargar documentos y gestionar los teléfonos si ocurría
Isabella se alisó las arrugas de su camisa gris por tercera vez consecutiva. Estaba sentada frente al monitor del escritorio en la oficina del director del centro de recuperación. Sus manos temblaban un poco sobre su regazo. Habían pasado semanas desde su ingreso, y su buena conducta tras la llamada telefónica con Damián le había otorgado su primer privilegio real: quince minutos de conexión por video con su hijo.La pantalla parpadeó. Una ventana de chat se abrió, revelando el rostro de Teresa. La madre de Adrián llevaba unas gafas de lectura y ajustaba la cámara desde la amplia sala de la casa de piedra en la Toscana. Detrás de ella se veía la luz del atardecer italiano entrando por las ventanas rústicas.—¿Me escuchas bien, Isabella? —preguntó Teresa, probando el micrófono de su computadora portátil.—Te escucho perfe
El grito de Mateo se perdió bajo el estruendo de la tormenta. Sus piernas reaccionaron antes de que su mente pudiera asimilar la magnitud del peligro. Se lanzó hacia adelante, pisando el barro resbaladizo con sus botas de trabajo, y embistió a Bianca por la cintura.El golpe los derribó a ambos de un solo impacto. Rodaron juntos por la rampa de tierra convertida en un tobogán de fango oscuro.El grueso cable de acero azotó la base de concreto exactamente en el lugar donde Bianca había estado parada un segundo antes. El golpe hizo vibrar el suelo, rompió una sección completa del encofrado de madera y levantó una ola de agua sucia que los empapó de pies a cabeza. El chirrido metálico de la grúa superior siguió resonando por encima de la lluvia.Mateo se apoyó sobre los codos, cubriendo a Bianca con su propio cuerpo para protegerla de los escombros sueltos y los trozos de concreto que volaron por el aire. La tormenta los castigaba sin piedad.—¿Estás bien? —preguntó él, alzando la voz pa
Mateo dejó su vaso de whisky sobre una de las mesas altas de la recepción. Ignoró la mirada perpleja de las invitadas solteras y caminó directo hacia Bianca. La tomó del brazo antes de que ella pudiera decir otra palabra y la obligó a caminar hacia la salida del jardín.—Suéltame ahora mismo —exigió Bianca. Forcejeaba para liberarse, manteniendo el ramo de novia atrapado en la mano izquierda y su carpeta de cuero en la derecha.Mateo no se detuvo hasta cruzar los pesados portones de hierro. La soltó justo en la acera, lejos de la música y de la celebración.—Estás loca si crees que vas a arruinar la boda de mi hermana dando un espectáculo —le advirtió Mateo, alzando un poco la voz.—Tu asistente me envió el reporte semanal hace una hora. Cambiaste al proveedor principal de acero sin mi autorización. Rompiste el contrato.—El acero que elegiste en los planos originales no sirve para construir sobre la humedad de un acantilado. Tomé una decisión técnica. Te lo voy a demostrar con los re







