Share

Punto final

Author: ARGrimán
last update publish date: 2026-09-04 19:17:41

Adrián se apartó de un tirón. El contacto físico se rompió con la violencia de un cristal estallando.

Retrocedió hasta el borde del colchón, con la respiración agitada y el pecho subiendo y bajando. El eco de ese nombre todavía flotaba en la habitación, aplastando el poco oxígeno que quedaba.

Elena abrió los ojos de golpe, saliendo de su trance. Se llevó ambas manos a la boca. El terror y la culpa le deformaron el rostro en un segundo al darse cuenta de lo que acababa de gritar.

Adrián no alzó
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • El heredero que le negué al CEO Vancroft   Trámites y retrovisores

    Adrián dejó tres hojas impresas sobre la mesa de centro. No hizo pausas innecesarias ni buscó la mirada de Julián, quien se mantenía a un par de metros de distancia.—Redacté un borrador con los términos básicos —dijo Adrián, dirigiéndose exclusivamente a Elena—. Revísalo con calma. Los puntos principales ya están estructurados.Elena tomó los papeles. Las manos le temblaban ligeramente mientras repasaba las líneas de texto ordenadas con pulcritud.—Lunes, miércoles y viernes por las tardes —leyó ella en voz baja.—Para las visitas de Chiara —confirmó Adrián—. Esos horarios no interfieren con sus rutinas de siesta ni con tu trabajo. Los fines de semana los podemos alternar.Elena asintió sin levantar la vista.—También detallé la división de los gastos de la propiedad —continuó él, adoptando por completo su postura de abogado—. Yo seguiré cubriendo el porcentaje mayoritario de los servicios básicos y el mantenimiento exterior. Revisa las cláusulas y me avisas si quieres modificar algo

  • El heredero que le negué al CEO Vancroft    Pasos cortos

    Elena dobló la última camiseta de Marco y la guardó en la mochila de viaje. Habían pasado setenta y dos horas desde la noche en que su vida con Adrián se fracturó. Durante esos tres días, la casa de piedra se había convertido en un espacio enorme y extraño. Mateo le había informado, mediante un mensaje breve, que Adrián estaba durmiendo en un hotel del pueblo. No había regresado ni una sola vez.A sus espaldas, una risa infantil inundó la sala. Julián entró cargando a Marco en brazos, haciéndole cosquillas en el estómago mientras el niño de quince meses balbuceaba palabras incomprensibles. Chiara observaba la escena desde su corral, dando golpecitos contra la malla de contención.Elena cerró la cremallera de la mochila y caminó hacia la cocina. Julián la siguió. Acomodó a Marco en la silla de comer, tomó una toallita húmeda del paquete sobre la encimera y se dedicó a limpiarle las manos con una paciencia que, meses atrás, Elena habría jurado imposible en él.Durante esos tres días, Ju

  • El heredero que le negué al CEO Vancroft    Heridas de juventud

    Sofía se atragantó con el trozo de pepperoni.La pregunta de su hermano la tomó con la guardia completamente baja. Tosió un par de veces, golpeándose el pecho con el puño cerrado, y agarró su vaso de agua para pasarlo rápido. El ardor le subió por la garganta hasta llegarle a los ojos.—¿Te volviste loco? —espetó ella en cuanto recuperó el aliento. Dejó el vaso sobre el granito de la barra con demasiada fuerza—. ¡Por supuesto que no! Adrián me parece un hombre insoportable, arrogante y...Mateo ni siquiera se inmutó ante el reclamo. Le dio un trago a su cerveza y soltó una carcajada abierta, interrumpiendo su discurso. Era esa risa típica de hermano mayor, cargada de una superioridad molesta y una familiaridad que no admitía engaños.—Sofía, por favor. Te conozco desde que naciste —dijo él, apoyando la botella junto al plato de pizza—. Sé perfectamente que estabas enamorada de él cuando éramos adolescentes.Sofía se quedó petrificada. Sus manos soltaron los muestrarios de materiales q

  • El heredero que le negué al CEO Vancroft   Ruido de fondo

    El sol del mediodía castigaba los terrenos de la obra. Sofía caminaba por el perímetro del ala sur con la carpeta de planos bajo el brazo. Revisó la alineación de los cimientos y anotó un par de medidas. A pocos metros, un grupo de albañiles descansaba a la sombra de un muro a medio levantar, compartiendo el almuerzo.Sofía tenía por regla ignorar las conversaciones de los obreros. Sabía que los chismes y las bromas eran su forma de lidiar con el agotamiento físico de la construcción. Siempre pasaba de largo, dejando que hablaran. Sin embargo, al escuchar el nombre de Adrián, detuvo el paso por instinto y se resguardó detrás de un pilar de hormigón.—Les digo que es un hecho —comentaba uno de los hombres, dándole un trago a su botella de agua—. Mi cuñado trabaja en el pueblo y lo vio anoche saliendo de la casa con un bolso. Se están separando.—Se tardó bastante —respondió otro obrero, limpiándose el sudor de la frente—. Esa mujer le estaba viendo la cara de imbécil desde hace rato. L

  • El heredero que le negué al CEO Vancroft   Escudos y cicatrices

    El reloj de la cocina marcaba las siete de la mañana. Elena sirvió leche en los biberones con calma. Tenía los ojos hinchados tras haber llorado gran parte de la madrugada. La casa de piedra se sentía inmensa y vacía. Asimilar la separación le costaba trabajo, pero el verdadero tormento era la culpa por el daño que le había causado a Adrián. Él había entregado todo su esfuerzo para construir un refugio seguro, y ella lo había derrumbado por no poder soltar su pasado.Escuchó pasos en el porche. La puerta principal se abrió y Julián entró a la casa. Llevaba una chaqueta oscura. Se detuvo a un par de metros de la isla de la cocina, manteniendo el espacio entre ellos.—Supuse que Adrián ya se había ido a la obra —dijo Julián.—Salió muy temprano —respondió Elena, concentrada en tapar los biberones para no tener que enfrentarse a su mirada.Julián metió las manos en los bolsillos.—Vine a disculparme por lo de ayer en la tarde. Perdí el control. Fue un error imperdonable. Adrián es un bue

  • El heredero que le negué al CEO Vancroft   Tragos amargos

    La lluvia azotaba el parabrisas de la camioneta sin tregua. Adrián conducía por la carretera que alejaba la casa de piedra, con las manos aferradas al volante con fuerza.La adrenalina que lo había mantenido firme durante el enfrentamiento en la habitación comenzó a desvanecerse kilómetro a kilómetro, dejando a su paso una estela de dolor crudo y real. La sensación de liberación que experimentó al cruzar la puerta se mezclaba ahora con el luto por el fracaso. Había apostado todo por esa relación. Había intentado construir un refugio seguro, una familia, y al final, todo se había derrumbado bajo el peso de una mentira insostenible.Estacionó el vehículo frente a una vieja taberna rústica en las afueras del pueblo. Era el único local que mantenía sus luces amarillentas encendidas a esas horas de la madrugada.Adrián bajó del auto, ignorando el agua que le empapaba la chaqueta, y entró al lugar. Se sentó en un taburete al final de la barra y le pidió al cantinero un vaso de whisky doble.

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status