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CAPÍTULO 87

Author: Hanabi
last update publish date: 2026-09-23 06:22:44

OLIVIA

—No voy a aceptar tu ayuda —le dije a William.

Mi marido dejó la copa sobre la mesa. No parecía ofendido; parecía dispuesto a esperar hasta que yo terminara de cometer lo que él consideraba un error.

—El desfile es mañana, Olivia. Tu orgullo no va a resolver esto.

Doblé la servilleta con cuidado. Necesitaba hacer algo con las manos mientras reunía el valor para levantarme.

—Entonces tendré que resolverlo yo.

Salí del comedor sin mirar a Noah. Sabía que encontraría preocupación en sus ojo
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    OLIVIA—No voy a aceptar tu ayuda —le dije a William.Mi marido dejó la copa sobre la mesa. No parecía ofendido; parecía dispuesto a esperar hasta que yo terminara de cometer lo que él consideraba un error.—El desfile es mañana, Olivia. Tu orgullo no va a resolver esto.Doblé la servilleta con cuidado. Necesitaba hacer algo con las manos mientras reunía el valor para levantarme.—Entonces tendré que resolverlo yo.Salí del comedor sin mirar a Noah. Sabía que encontraría preocupación en sus ojos y, si alguien era amable conmigo en aquel momento, podía echar a perder el único triunfo que me quedaba: haberme negado a ceder.En mi habitación, volví a llamar a Valeria. Cuando escuché el buzón, dejé un mensaje anunciando que iría a buscarla por la mañana. Después revisé con Héctor las alternativas hasta que las letras de la pantalla empezaron a confundirse.Dormí con el teléfono en la mano.A las nueve y veinte estaba frente a su apartamento. Héctor me había informado de que algunas modelo

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    OLIVIAWilliam había elegido mi vino favorito para la cena. Después de un día entero de llamadas sin respuesta, encontrar aquella botella junto a mi plato me produjo una irritación absurda. Mi marido sabía perfectamente qué servirme para hacerme sentir atendida; escucharme siempre le había resultado más difícil.Noah ya estaba sentado cuando entré. Sus ojos buscaron los míos y negué apenas con la cabeza. Seguíamos sin noticias de la modelo.William observó aquel intercambio mientras me apartaba la silla.—¿Un día complicado? —preguntó.—Nuestra modelo renunció. Es la imagen de Puerta Propia y mañana debería estar en la pasarela.Mi marido esperó a que me sentara antes de regresar a su lugar.—Entonces tendrás que reemplazarla.Lo dijo con la misma tranquilidad con que habría pedido que cambiaran una copa. Miré el teléfono que acababa de dejar junto al plato. Mi último mensaje seguía sin respuesta, incluso después de aclararle que solo necesitaba saber si estaba bien.—La ayudé cuando

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    OLIVIA—Te amo —dijo Noah, sosteniéndome la mirada.Todavía me asustaba la facilidad con que pronunciaba aquellas palabras. Yo necesitaba reunir valor hasta para aceptar que quería quedarme; él me hablaba de amor como si llevara mucho tiempo viviendo allí y solo estuviera esperando que lo acompañara.—Hablas demasiado —dije con una sonrisa, y lo besé antes de que pudiera notar cuánto me costaba responder a su «te amo».Noah sonrió contra mis labios, una sonrisa lenta y peligrosa que prometía cosas que mi cuerpo ya empezaba a anticipar. Sus dedos se enredaron en mi cabello, tirando suavemente hacia atrás para exponer mi garganta.—¿Hablo demasiado? —murmuró, su boca desplazándose hacia mi mandíbula, luego mi cuello, dejando un rastro de besos húmedos que encendían mi piel—. Entonces déjame mostrarte en lugar de decirte.Me levantó como si no pesara nada, mis piernas envolviendo su cintura de forma instintiva. Caminó hacia la cama con una determinación que me hizo olvidar cualquier otra

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    OLIVIAHabía aprendido a sonreír cuando los zapatos me lastimaban, cuando un fotógrafo me pedía que pareciera feliz y cuando William hacía un comentario que yo debía aceptar como una broma. Sin embargo, aquella noche descubrí que ninguna de esas experiencias me había preparado para despedirme de Noah.—Apoyaré lo que decidas —le dije—. Si aceptas el proyecto, lo entenderé.Él miró mis dedos, que acababan de soltar su camisa.—¿Y eso te parece suficiente?Quise responder que estaba intentando ser generosa. La verdad era menos admirable: esperaba que rechazara mi permiso, que insistiera una vez más y me evitara la vergüenza de pedirle que se quedara.—Quiero que tengas la oportunidad de construir tu vida —contesté.Noah dejó la computadora sobre la mesa.—Estoy intentando hacerlo, Olivia. Lo que no consigo saber es si quieres estar en ella.Me dolió imaginar esa vida sin mí. Una casa en otra ciudad, nuevas costumbres, una mujer que pudiera acompañarlo sin inventar explicaciones. Alguien

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    NOAHAquella noche regresé al despacho de mi padre para darle la respuesta que llevaba todo el día exigiendo. William tenía la propuesta de Londres preparada sobre el escritorio, con una pluma encima. Incluso cuando fingía ofrecerme una elección, se ocupaba de señalar cuál era la correcta.—No voy a aceptar —anuncié antes de sentarme.Mi padre apartó la vista de la pantalla.—Todavía no has revisado todas las condiciones.—Revisé la que te interesa: que esté lejos el lunes.William dejó la pluma sobre la carpeta.—Estás permitiendo que asuntos personales interfieran en tu carrera.—Y tú estás utilizando mi carrera para intervenir en mi vida.Su expresión se endureció. Yo había heredado suficientes gestos suyos para reconocer el esfuerzo que estaba haciendo por no levantar la voz.—Si rechazas Londres, no esperes que te reserve otro puesto de dirección aquí —advirtió.—No te lo estoy pidiendo.William se levantó.—Algún día tendrás que demostrar que mereces lo que vas a heredar.Miré l

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    NOAHMi padre había decidido enviarme a Europa antes de preguntarme si quería ir. Encontré mi nombre en la primera página de la propuesta, junto a un presupuesto aprobado y una fecha de incorporación: el lunes siguiente.—Un año en Londres —comenté al cerrar la carpeta—. Podrías haberme consultado antes de buscarme oficina.William se recostó en su sillón.—Dirigirías la expansión europea. Tendrías tu propio equipo y la autonomía que siempre has pedido.—Excepto para decidir dónde vivir.—Creí que habías regresado dispuesto a asumir responsabilidades.Dejé la carpeta sobre el escritorio. Llevaba días preguntando por mis visitas a la mansión y apareciendo cada vez que encontraba a Olivia conmigo. No necesitaba mencionar su nombre para que yo entendiera aquella repentina preocupación por mi carrera.—Dame un proyecto en Nueva York —propuse.—La empresa te necesita en Londres.—¿La empresa o tú?Mi padre acomodó la carpeta hasta alinearla con el borde del escritorio.—Quiero una respuest

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