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Capitulo 4

Author: Hanabi
last update publish date: 2026-07-14 00:22:12

OLIVIA

El teléfono de William vibró sobre la mesita mientras él se duchaba.

Yo ya llevaba puesto el vestido blanco de seda que había elegido para la cena previa a nuestra boda. En menos de una hora debíamos estar brindando con nuestras familias por el futuro perfecto que comenzaríamos al día siguiente.

No pensaba tocar su teléfono. Ni siquiera me habría acercado si la pantalla no se hubiera iluminado con un mensaje.

Camila: ¿De verdad vas a casarte con ella después de lo de anoche?

Sentí que algo se hundía en mi estómago.

Tomé el aparato antes de poder convencerme de que no lo hiciera. No tenía contraseña. William siempre se había sentido demasiado seguro dentro de su propio reino como para preocuparse por esos detalles.

Abrí la conversación.

Había meses de mensajes. Citas clandestinas en hoteles, fotografías que no quise ampliar y regalos que él había comprado mientras me decía que estaba demasiado ocupado para cenar conmigo.

Camila: El vestido que me regalaste me queda perfecto. Aunque prefiero cuando me lo quitas.

William: Mañana todo seguirá igual. La boda no cambia lo nuestro.

Leí esa última frase tres veces.

La boda no cambia lo nuestro.

Siete años de mi vida quedaron reducidos a aquellas cinco palabras. Había abandonado las pasarelas cuando mi carrera estaba en su mejor momento porque William aseguraba que quería construir una vida conmigo. Había esperado su propuesta, defendido sus ausencias y confundido su necesidad de control con protección.

Las lágrimas comenzaron a caer antes de que pudiera detenerlas.

El agua de la ducha se apagó. Segundos después, William salió del baño con una bata oscura y una toalla en la mano. Su expresión cambió al ver el teléfono entre mis dedos.

—¿Qué estás haciendo con mi teléfono, Olivia?

No preguntó por qué lloraba.

—¿Quién es Camila?

Le mostré la conversación. William apretó la mandíbula y extendió una mano.

—Dame el teléfono.

—Contéstame.

—Olivia, no conviertas esto en algo que no es.

Solté una risa rota.

—¿Y qué es exactamente? Porque los mensajes dicen que llevas meses acostándote con ella.

—Camila es una chica de la empresa. No significa nada.

—¡Te acostaste con ella mientras planeabas nuestra boda! Anoche estabas con ella y mañana pretendías jurarme fidelidad delante de todo Nueva York.

—Baja la voz.

La orden fue serena, pero sus ojos se endurecieron.

—No voy a bajar la voz.

—Estás alterada y no estás pensando con claridad.

—Por primera vez en siete años, creo que estoy viendo todo con absoluta claridad.

William pasó una mano por su cabello húmedo y exhaló con impaciencia, como si mi dolor fuera otro problema que debía resolver antes de la cena.

—Fue algo físico. Una distracción. Nunca tuve intención de dejarte por ella.

—¿Y se supone que eso debe hacerme sentir mejor?

—Significa que tú eres la mujer con la que elegí construir una vida. Camila no puede ofrecerme lo que tú representas.

—¿Lo que represento?

Entonces lo entendí. No estaba hablando de amor. Hablaba de mi nombre, de mi imagen y del prestigio que una antigua supermodelo aportaba al imperio Bennett.

—No soy una de tus campañas publicitarias, William.

—Nunca dije que lo fueras.

—No hacía falta.

Dejé el teléfono sobre la cama y me quité el anillo. Durante unos segundos lo sostuve entre los dedos, recordando cuánto había esperado para llevarlo. Después lo coloqué junto al teléfono.

—No me voy a casar contigo.

William observó el anillo y finalmente perdió la calma.

—No seas ridícula. No vas a destruir siete años por una aventura que ya terminó.

Miré la pantalla.

—Estuviste con ella anoche.

—Y aun así estoy aquí, preparándome para casarme contigo.

La naturalidad con la que lo dijo terminó de romper algo dentro de mí.

—Todo se acabó.

Agarré mi cartera y me dirigí hacia la puerta. William me sujetó del brazo.

—Piensa antes de salir de esta habitación. Abandonaste tu carrera hace años. Tus contratos, tus propiedades y hasta tu vida social están ligados a mí. ¿Adónde crees que irás?

Lo miré, incapaz de reconocer al hombre que había amado.

—A cualquier lugar donde no tenga que verte.

Me solté y salí de la habitación.

Atravesé el pasillo casi a ciegas. Las lágrimas me nublaban la vista y los tacones dificultaban cada paso, pero lo único que quería era abandonar aquella casa antes de que William consiguiera convencerme de que también era culpable de su traición.

Empecé a bajar las escaleras demasiado deprisa.

A mitad del recorrido vi a un hombre entrando en el vestíbulo con varias maletas. Noah acababa de regresar a la mansión.

Intenté detenerme, pero mi tacón resbaló en el borde de un escalón.

—¡Olivia!

Noah soltó el equipaje y subió los escalones de dos en dos. Me atrapó por la cintura antes de que cayera. Durante un instante mantuvo los brazos quietos, como si temiera que rechazara su ayuda.

Yo fui quien se aferró a su camisa.

El llanto que había intentado contener escapó de golpe. Escondí la cara contra su pecho y sujeté la tela con ambas manos. Noah me rodeó entonces, firme pero cuidadoso, protegiéndome de una caída que ya no tenía nada que ver con las escaleras.

—¿Qué pasó? —preguntó—. ¿Quién te hizo esto?

No pude contestar. Si pronunciaba el nombre de William, tendría que aceptar en voz alta que el hombre por quien había renunciado a todo acababa de destruirme.

—Respira —murmuró Noah—. Estoy aquí.

Su mano recorrió lentamente mi espalda. No intentó interrogarme de nuevo ni aprovechar mi debilidad. Solo me sostuvo mientras yo lloraba contra él.

Entonces escuchamos unos pasos en el piso superior.

Noah levantó la cabeza.

William apareció al comienzo de la escalera, todavía vestido con la bata. Su mirada descendió hasta los brazos de su hijo alrededor de mi cuerpo y después se detuvo en mis manos aferradas a la camisa de Noah.

—Aparta tus manos de mi prometida.

Me estremecí. Noah debió sentirlo porque su cuerpo se tensó, aunque no me soltó.

—Ya no soy tu prometida —conseguí decir.

El rostro de William se endureció.

—Estás alterada. Regresa a la habitación y hablaremos cuando recuperes la razón.

Noah me miró, esperando mi decisión.

—No voy a volver contigo —dije.

William bajó un escalón.

—Noah, suéltala.

Los ojos verdes de Noah se clavaron en los de su padre.

—Cuando ella me lo pida.

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Comments (3)
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Rashel Rashelita
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Rashel Rashelita
Noooooiiooo
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maría del mar
que química jajajaj amooooo
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