FAZER LOGINHola, querid@s lectores. Este extra está pensando para ser el primer capítulo de una nueva historia, protagonizada por Sofi, Andy y el resto de personajes de la nueva generación. ¿Que les parece? ¿Les gustaría leerla?
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Sofi. Desde que Andy la conociera, ella andaba por la vida haciendo travesuras, sin mala intención, aunque algunas fueran verdaderas atrocidades. No podía decir que le tuviera miedo por aquello; ella nunca lo había asustado, hasta ahora. Inquieta, perspicaz, una genia incomprendida, siempre tenía una idea, por vaga que fuera; siempre hallaba un modo de lograr lo que quería y tenía un blanco al que apuntar sus dardos, así que si ahora no sabía qué hacer, ¿quién podría saberlo? ¡¿quién?! Un escalofrío recorrió la espalda de Andy. Tal vez en ese mismo instante, en su habitación a unos cuantos metros de allí, Cami estaba usando su teléfono secreto para escribir mensajes como los que habían leído. Sofi había llorado; él había vomitado. Y volvía a sentirse enfermo de solo recordarlos. —Hay que hablar con ella, encararla y preguntarle qué está haciendo, qué busca conseguir con todo... Eso —indicó él. Sofi negó; aquello los pondría al descubierto como espí
Parecía demasiado sencillo. Luego del desayuno, unas deliciosas rebanadas de pan que Jacinta había preparado, cada miembro de la familia salió para cumplir con sus rutinas, excepto Sofi y Andy, que más tarde tenían cita con la corredora de propiedades. Jacinta salió a hacer las compras y quedaron solos, con toda la casa para ellos, aunque solo les importara una habitación. —¿Estás listo? —le preguntó Sofi en el umbral de la puerta de Cami. Andy asintió y le entregó un par de guantes. Él ya se había puesto los suyos. Sofi se los puso y los probó, dándole una nalgada. —Te había dicho lo sexy que te ves en tu faceta de detective, Andy. Si quieres cambiar de empleo y unirte a las fuerzas de la ley, no me opondré. —Lo he pensado, pero tendría mucho menos tiempo para verte. —Yo podría unirme también y ser tu compañera. ¿Te lo imaginas? Circulando por las calles con el pelo al viento, evitando que el mal triunfe, cazando a todos los que hacen del mal su modo de vida, devolvién
El robo del teléfono había quedado descartado; Sofi no iba a traumatizar a su hermanita. Debía ser un trabajo limpio, metódico, sin rastros. Necesitaban a un profesional. Paolo se presentó en la oficina del jefe algo nervioso. El departamento de soporte estaba en el piso menos uno. Era prácticamente un sótano y nadie iba por ahí, salvo las ratas, que eran ellos mismos. Como ratas, iban a las oficinas cuando los demás se habían ido para realizar el mantenimiento y otras tareas por el estilo. A veces salían de día, cuando las impresoras se revelaban o alguien no lograba lidiar con la ingente tarea de desatascar el papel. Paolo no había estudiado como un burro para desatascar papel o reponer la tinta de la impresora, pero era un trabajo digno. Era legal y lo mantenía alejado de los problemas que sus habilidades le habían conseguido en su juventud; tenía quince años cuando violó la ciberseguridad de una cadena de comida rápida y cambió los ingredientes de los sándwiches. A nadie p
—Cami, ¿tienes un momento? —preguntó Sofi tras llamar a la puerta de la habitación de su hermana. —No, debo estudiar para un examen. Sofi entró de todos modos. —Si no quieres que le diga a nuestros padres lo de anoche, será mejor que me des una buena explicación. Adelante, te escucho —se sentó en la cama con los brazos cruzados. Cami dejó de escribir e inhaló profundamente antes de hablar. —Cuando todos los demás hacen algo, a nadie le importa, pero si lo hago yo, es un escándalo. No soy perfecta, tengo derecho a equivocarme y a experimentar. Quiero descubrir el mundo por mí misma, eso es lo que hacía, nada más. Se le dice «empirismo», aprender a partir de la experiencia. —¿Y ese empirismo incluye el consumo de drogas? Cami rodó los ojos. —No, no consumo drogas. Y solo tenía un cigarrillo entre los dedos, no estaba fumando. Tú te disfrazas para divertirte, hasta nuestros padres lo hacen. Yo estaba disfrazada, ¿lo entiendes? —Algo así. ¿Entonces todo está bien
—Un brindis para celebrar que al hombre aquí le soltaron la correa —Edo alzó su copa y Felipe lo imitó. Andy los miraba de mala gana. —Nadie me soltó nada. Son otros los que deben estar acostumbrados a que sus parejas los tengan de las bolas y por eso se proyectan en mí. —¡No te habíamos visto en semanas! —replicó Edo. —Porque alguien quería matar a mi novia, ¿esperabas que la dejara sola? —Sí —intervino Felipe—, y que de paso te fueras del país y cambiaras el nombre. Ojalá y yo también lo hubiera hecho —su mirada se empañó, recordando el terrible episodio vivido con los matones de los Sarkovs. Todavía tenía pesadillas donde era secuestrado y sometido a las más terribles torturas. Se sacudió en un escalofrío y pidió otro trago. —Tampoco podía juntarme con ustedes o los habría puesto en peligro. —Ni mencionar que sospechabas que el responsable podía ser uno de nosotros. ¡Tus amigos! —agregó Felipe. Se llevó el vaso a la boca con la mano temblorosa, una clara señal de estrés pos
En la larga mesa, donde abundaban la gente y la comida, Vlad alzó su copa y tomó la palabra. —Quiero brindar porque, a pesar de la adversidad y de los momentos difíciles, hemos sido lo suficientemente fuertes para afrontarlos y permanecer unidos. Espero que siga siendo así por mucho tiempo más. Todos alzaron sus copas y brindaron. —Yo quiero brindar porque sigo viva y para pedir que en el futuro mis amigos no le hablen de mí a sus novias —dijo Sofi. —Yo voy a brindar porque por fin me libraré del molesto guardaespaldas con el que perdí mi libertad y autonomía —agregó Cami. —¿Yo puedo conservar a mi guardaespaldas? —quiso saber Benja y Vlad asintió—. Entonces brindo por eso —alzó su vaso de jugo y se lo bebió de un trago. Andy también levantó su copa. —Brindo porque podamos seguir disfrutando de más cenas familiares como ésta. Sofi le dedicó una sonrisa tierna mientras por debajo de la mesa su mano perversa le acariciaba el muslo. No era la primera vez que en la inocenc







