LOGINUna hora después de dejar la muestra de sangre, el sedán negro se detuvo ante la residencia de La Moraleja. Adrián entró empapado. Mercedes tomaba té en el salón.
—¿Qué aspecto es ese a estas horas? No tienes ninguna necesidad de ir por ahí mojándote. Un poco de dignidad, Adrián.
Su voz era la de cualquier otra noche. Cuando él se acercó con el abrigo chorreando, dejó la taza.
Durante el regreso al hospital, Adrián no dejó de consultar el avance de las pruebas.A las 02:00, Leo respiraba con una mascarilla al otro lado del cristal de la 502. Lucía le sostenía la mano y miraba el monitor. Quedaban 6 horas.Adrián se cambió la ropa mojada por la que le facilitaron para el área de aislamiento y se sentó en el pasillo. No exigió entrar.La silla daba a una puerta que podía abrirse en cualquier momento, pero no conseguía apoyar la espalda. Se obligaba a no levantarse cada vez que oía pasos.Lucía seguía con la ropa de la reunión. Él había podido cambiarse; ella no se había apartado de Leo. La vio frotarse la nuca y bajar la mano en cuanto el niño se movió.Quiso preguntarle si había comido. No lo hizo. Gabriel le mostraba una información más urgente, que tambié
Una hora después de dejar la muestra de sangre, el sedán negro se detuvo ante la residencia de La Moraleja. Adrián entró empapado. Mercedes tomaba té en el salón.—¿Qué aspecto es ese a estas horas? No tienes ninguna necesidad de ir por ahí mojándote. Un poco de dignidad, Adrián.Su voz era la de cualquier otra noche. Cuando él se acercó con el abrigo chorreando, dejó la taza.—Madre. ¿Por qué ordenaste suspender el tratamiento del padre de Lucía y retirarle el respirador aquella noche?Mercedes se quedó quieta un instante. Después torció la boca.—¿Has venido a montar un escándalo por eso? Aquella estafadora quería convertirse en la señora de esta casa. Había que pararla. Si perdía la esperanza de salvar a su padre, dejaría de perseguirte.
Gabriel conectó el dispositivo. La grabación correspondía a la medianoche del 14 de octubre, cinco años antes. Tras un siseo electrónico llegó una voz fría que Adrián conocía desde hacía 32 años.La de su madre.—¿Es el director del Hospital Valcárcel? Retire toda la ayuda del grupo al padre de Lucía Navarro. El de la UCI. Y desconéctele el respirador.—Señora, tiene insuficiencia pulmonar. Sin ventilación podría morir en menos de 30 minutos. ¡Eso sería un asesinato!—Cuidado con lo que dice. Esa cualquiera intenta enganchar a Adrián. Quítele primero la esperanza de salvar a su padre y no volverá a acercarse a mi familia. Basta de excusas. Hágalo.Se cortó la llamada. Nadie habló.Mercedes había ordenado interrumpir el tratamiento para des
El PDF cifrado del laboratorio estadounidense se abrió en la tableta. A Adrián le temblaban los dedos.[Informe urgente orientativo de paternidad]Sujeto 1, presunto padre: Adrián Valcárcel, 32 años, presidente del Grupo Valcárcel.Sujeto 2: Leo Navarro, 4 años, paciente.Comparación de 24 marcadores autosómicos STR: compatibilidad en el 100 % de los 24 loci analizados.Marcadores del cromosoma Y: compatibles en toda la serie examinada.Resultado: probabilidad de paternidad del 99,9999 %. Fuerte apoyo a la relación biológica padre-hijo.99,9999 %.Adrián amplió la página hasta que una sola línea casi llenó la pantalla. El nombre de Leo estaba debajo del suyo. No en una lista de candidatos a sucesor. No en un cuadro donde se juzgara cuánto talento tenía.Bajó el aparato y volvió a levantarlo.
La luz de una sala de la fiscalía de Ginebra se reflejaba en la ventana. El hombre de unos cincuenta años sentado entre un investigador local y un enlace de cooperación judicial español no conseguía disimular cómo le temblaba el vaso de cartón.Era el doctor Javier Rivas. Había falsificado el historial de Adrián, cobrado una fortuna y abandonado el país cinco años atrás.Adrián no había enviado un grupo de matones. Había remitido, a través de un despacho local, un expediente con las transferencias y el peritaje digital. Las autoridades suizas habían iniciado la conservación de fondos y citado al médico, que había comparecido.En el monitor se abrió la conexión cifrada. Adrián tenía la cara de quien no había dormido en toda la noche.—Javier Rivas.El médico dio un respingo.—Señor Valcárcel…—Se ha solicitado la inmovilización de los 3 millones de euros de tu cuenta. Las autoridades suizas están comprobando las transferencias. No voy a amenazar con los bienes de tu familia. Cuenta lo
El avión privado del Grupo Valcárcel había cruzado el Atlántico y se dirigía hacia el laboratorio de la costa oeste estadounidense. En un compartimento de seguridad viajaban las dos muestras bucales de Leo y Adrián, protegidas por un doble precinto.El piloto recalculó la hora de llegada. El responsable del envío anotaba cada hora la temperatura del recipiente y los números de los sellos.En el Hospital Valcárcel, Adrián seguía despierto.La pantalla de su despacho mostraba los registros del servidor de urología recuperados durante la noche. Una empresa de peritaje digital independiente y el equipo de seguridad del grupo contrastaban las copias originales.—La recuperación y la comparación de los registros han terminado, señor.Al jefe de seguridad le temblaba algo la voz. Apareció un recuadro rojo.[Registro de modificación del diagnóstico urológico]14 de octubre, cinco años atrás. 21:30.Informe original: parámetros del seminograma en rango normal alto; movilidad del 89 %, recuento







