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El peligro de César

Autor: Hanni-230
last update Data de publicação: 2026-08-11 22:20:36
Ajeno por completo al peligro de haber sido capturado por el mercenario de los Volkov, César se marchó del bar con el andar despreocupado de un auténtico playboy. No tenía la menor intención de dar por terminada la noche, así que condujo directo hacia uno de los clubes nocturnos exclusivos de la ciudad.

El local vibraba bajo una atmósfera densa y sofisticada. Las luces de neón en tonos ámbar y azul cobalto se filtraban a través de una densa bruma artificial, mientras los bajos profundos de la m
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Último capítulo

  • El refugio del estratega    Órdenes y Sospechas

    Tras abandonar las frías y húmedas paredes del calabozo, Leonel caminó con paso firme hacia el despacho principal de su hacienda. El ambiente a su alrededor parecía estático, como si el aire mismo de la propiedad se contuviera ante su presencia. Al entrar, ignoró la imponente mesa de caoba que presidía la estancia y se dirigió directamente hacia el gran ventanal que dominaba sus vastas tierras. Encendió un cigarrillo. El fósforo iluminó brevemente la dureza de sus facciones antes de que el humo comenzara a danzar frente a sus ojos. Su mente, un engranaje perfecto de estrategia y odio, comenzó a procesar la tormenta que estaba a punto de desatar. Maldito Lucien... Me arrebataste lo que era mío, y Aurora fue tu cómplice. Pero esto no termina aquí. Voy a desmantelar cada uno de tus clanes, pieza por pieza, hasta borrarlos de la faz de la tierra. Su mirada se endureció al cambiar de objetivo. Y tú, padre... No me abandonaste, es cierto, pero jamás me buscaste. Tienes un poder inmen

  • El refugio del estratega    Sangre de mi sangre

    Después de dar el primer golpe contra la empresa de Lucien, los dos CEOs se despidieron. Dominic había decidido quedarse en el departamento dentro de la oficina de Stefan, mientras que este se dirigía de regreso a su mansión.Tras cruzar el umbral de la entrada, Stefan avanzó hacia su despacho en absoluto silencio. No quería ver a Santiago; no quería revelarle aún que Leonel había reaparecido tras haber permanecido oculto durante tantos años.Se dejó caer en el sillón tras su escritorio, cerró los ojos y dejó que la memoria lo arrastrara veintiséis años atrás...—¡Alicia, la maldita Aurora me dejó un mensaje! —bramó Stefan con la mandíbula apretada y los puños cerrados por la furia—. ¡Me dijo que mis dos bastardos están en un hotel!Alicia, su esposa, reaccionó de inmediato. El miedo y la adrenalina borraron cualquier rastro de duda en su rostro.—¡Vamos ya, Stefan! —exclamó con desespero, tomándolo del brazo—. ¿Qué esperas? ¡Vamos!Se dirigieron a toda velocidad hacia la dirección in

  • El refugio del estratega    El veneno de la verdad

    Después de enviar la cabeza de Kevin a Rusia, el monstruo volvía a su rayito, comprendiendo más que nunca y aceptando que, por fin, esa luz había venido a iluminarle la vida.Salió de su despacho después de tantos ataques y de haber derramado sangre. Se detuvo un segundo frente al espejo del baño, mientras el vapor apenas disipaba la imagen del rostro de Kevin. Se observó las manos; esas manos que hacía unas horas habían ejecutado la sentencia más fría de su carrera. No sentía remordimiento, y eso era lo que realmente lo definía. Para el mundo, él era el heredero de un infierno, el estratega que no conocía la piedad. La crueldad no era un juego para él; era una necesidad de supervivencia. Si no era el verdugo, era la víctima, y ya había sido víctima demasiados años.Tras una larga ducha para quitarse el rastro del combate, salió vistiendo únicamente un pantalón cómodo y se acercó a la cama. La vio allí: tan delicada, que parecía una niña de cristal.—Leonel... ¿qué pasó con Damián y S

  • El refugio del estratega    El eco de la sangre rota

    El despacho privado de Stefan Dragomir era un santuario de caoba y cristales blindados donde la tensión apenas comenzaba a disiparse. Las pantallas de los monitores aún reflejaban el éxito del primer movimiento financiero y legal que acababan de asestar contra la fachada de Lucien Volkov. La nota firmada por El Monstruo —que Dominic le había entregado a Stefan al llegar en su avión privado— reposaba sobre la madera pulida como un recordatorio constante de que el hijo perdido de los Dragomir operaba por cuenta propia en las sombras. Stefan se apoyó en el borde de su escritorio, respirando con algo más de calma al ver que su poder institucional por fin empezaba a doblegar al enemigo. —El golpe ha sido limpio, Dominic —dijo Stefan con voz grave, cruzándose de brazos—. Las cuentas de Lucien están congeladas y su red corporativa se está desmoronando. Si creyó que podía amenazarnos desde el anonimato, subestimó el peso de nuestras leyes. Dominic, sin embargo, no despegaba la vista de la v

  • El refugio del estratega    Entre lealtades y seducción

    Jenny Vorobiev miró a Maximilian van Der Weyden desde el umbral de la puerta, sosteniéndole esa mirada analítica y penetrante con un desafío frontal que cortaba el aire de la recámara. —Entonces, desde mañana, Maximilian... quiero verlo con mis propios ojos si en verdad todo lo que dices sobre la corporación tiene sentido —sentenció con una firmeza inquebrantable de reina. Sin darle tiempo a replicar en el tablero, cerró la puerta de madera maciza y se alejó con pasos decididos hacia la recámara principal. En la penumbra de la habitación, una idea audaz cruzó por su mente de sastre. Tenía que averiguar por sí sola si en verdad el estratega cuantitativo la estaba manipulando para destruir el imperio de su familia o si había algo más profundo y turbio detrás de sus jugadas de cuello blanco. A los pocos minutos, el eco amortiguado de unos pasos firmes resonó por el pasillo superior del Conac. Maximilian terminaba de abotonarse los puños de su camisa limpia y se ajustaba el saco de sas

  • El refugio del estratega    El Juego de Dante Cazimir

    Al caer la noche, Jenny se encontraba en la penumbra de la recámara de invitados, acomodada sobre las sábanas mientras leía bajo la luz cálida de la lámpara de noche. De pronto, el sutil chasquido del cerrojo rompió el silencio. Esa presencia que la fascinaba y la irritaba a partes iguales inundó la habitación antes de que ella pudiera reaccionar. Maximilian cruzó el umbral con pasos lánguidos y cerró la puerta tras de sí con movimientos milimétricamente calculados. Avanzó hacia la cama sin apartar sus ojos verde avellana de la silueta de Jenny, estudiándola con la frialdad analítica de quien descifra a su única variable indomable. —¿Te gusta tu nueva recámara, fiera? —siseó él con un cinismo magnético. Jenny se tensó de inmediato cuando sintió el peso firme y dominante de la mano de Max asentándose sin pedir permiso sobre su muslo. Intentó desviar el rostro para no mirarlo, pero él extendió dos dedos, le sujetó el mentón con suave firmeza y la obligó a sostenerle la mirada.

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