Maximilian van Der Weyden observaba el atardecer desde su despacho en el Conac. El humo de su cigarrillo se enroscaba en el aire como una serpiente gris, pero su mirada no estaba en el horizonte; estaba atrapada en el recuerdo de un par de ojos azules, cristalinos como el cielo antes de la la tormenta. «He visto esa inocencia en ti, niña», pensó, y la sola idea le provocó un hambre nueva. Su mente, habituada a los cálculos fríos, ahora solo trazaba mapas hacia ella. Recordaba su cabello rubio, una cascada de oro que parecía hecha para ser enredada en sus dedos, y esa piel nívea, tan pura que casi dolía mirarla. Maximilian soltó un suspiro cargado de amargura. En cada mujer que se le acercaba solo encontraba el reflejo de sus demonios: la misma ambición desmedida. Un año atrás, había creído encontrar una tregua en los brazos de Larisa Popescu, una mujer de la alta sociedad de Bucarest, tan ambiciosa como peligrosa, de la cual decidió alejarse tras descubrir su traición. Pero la joven
Última actualización : 2026-07-22 Leer más