Al día siguiente, Jenny obedeció la orden de César, impulsada por el deseo natural de estar cerca de su primo. Se dirigió hacia la residencia de este y, tras entrar, la ama de llaves le indicó que esperara en la sala mientras César concluía unos asuntos en su despacho. La mansión estaba sumida en un silencio solemne hasta que el timbre anunció una visita. La ama de llaves abrió la puerta y, al reconocer al amigo de César, le permitió el paso sin dudar. Maximilian entró con una presencia que parecía alterar el aire a su alrededor. Lucía una camisa blanca impecable, con el pecho ligeramente descubierto, revelando parte de los tatuajes que adornaban su piel; las mangas, remangadas hasta los codos, dejaban a la vista el arte oscuro en sus manos. Estaba bien peinado y despedía un perfume penetrante que no pasaba desapercibido. Al divisar a Jenny, sus facciones se suavizaron en un gesto calculado. —Hola, señorita Jenny. Se ve hermosa —dijo él, escaneando con deleite el vestido rosa pal
Última actualización : 2026-07-24 Leer más