Início / Mafia / El refugio del estratega / Obsesión y venganza

Compartilhar

Obsesión y venganza

Autor: Hanni-230
last update Data de publicação: 2026-07-22 11:07:06

Maximilian Van Der Weyden observaba el atardecer desde su despacho en el norte Vanguard Capital Group en Bucarest. El humo de su cigarrillo se enroscaba en el aire como una serpiente gris, pero su mirada no estaba en el horizonte; estaba atrapada en el recuerdo de un par de ojos azules, cristalinos como el cielo antes de la tormenta.

«He visto esa inocencia en ti, niña», pensó, y la sola idea le provocó un hambre nueva.

Su mente, habituada a los cálculos fríos, ahora solo trazaba mapas hacia ella. Recordaba su cabello rubio, una cascada de oro que parecía hecha para ser enredada en sus dedos, y esa piel nívea, tan pura que casi dolía mirarla. Era lo opuesto a todo lo que él conocía. Era el antídoto contra el veneno que le habían inyectado en las venas durante años.

Maximilian soltó un suspiro cargado de amargura. En cada mujer que se le acercaba solo encontraba el reflejo de su madre: la misma ambición desmedida, la misma avaricia que lo obligó a convertirse en un sobreviviente a los ocho años. Pero la joven del restaurante era distinta. Era un lienzo en blanco.

«Serás mía», juró para sí mismo. «Cargarás a mi heredero y, a través de ti, purificaré este linaje maldito. Te encontraré, cueste lo que cueste».

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un golpe seco en la puerta. Era Jack, su sombra.

—Jefe, he rastreado el perímetro del restaurante, pero no he podido dar con la chica. Es como si se hubiera desvanecido de los registros locales —informó Jack con cautela, bajando la cabeza, consciente de que estaba reportando un retraso a un hombre que medía el tiempo en márgenes de ganancia—. "Jenny" es un nombre común, y nadie en las bases de datos civiles o comerciales de la zona figura bajo el alias de "Niña de Oro".

Maximilian se giró lentamente. Sus ojos verde avellana, usualmente fríos, destellaron con una intensidad calculadora. Se acercó a una pantalla táctil integrada en su escritorio donde se proyectaba el mapa corporativo de la ciudad. La impaciencia le quemaba, pero la disciplina mercantil era su mejor arma.

—No me importa el tiempo que tome, Jack —respondió con voz gélida, sin levantar la voz pero con una autoridad implacable—. Mueve los contactos en el registro civil, hackea el sistema de reservaciones de L’Étoile de esa noche y revisa las cámaras privadas de la zona. Esa mujer va a aparecer.

Jack dio un paso adelante, bajando el tono de voz. Sabía que con Maximilian no se andaba con rodeos.

—¿Es un movimiento estratégico, Maximilian? ¿O hay algo más?

Maximilian se puso de pie y se dirigió al ventanal con opacidad controlada, permitiendo que la luz del ocaso iluminara su silueta. A sus treinta años, poseía una presencia imponente y magnética. Su cuerpo atlético reflejaba años de disciplina rigurosa; sus hombros anchos y su torso estaban parcialmente cubiertos por complejos tatuajes oscuros que serpenteaban por su piel, un testimonio mudo de su historia y supervivencia. Su cabello castaño oscuro caía ligeramente ordenado sobre su frente, y su mirada brillaba con una frialdad capaz de doblegar directorios enteros.

—No es solo su presencia, Jack —respondió Maximilian, con un tono cargado de cálculo—. Es la ausencia de cálculo en su mirada. Necesito asegurar mi sucesión antes de desatar la asfixia financiera sobre los Volkov. Ella no sabe que al cruzarse en mi camino firmó su destino... o tal vez, mi única tregua. No quiero a una ambiciosa que intente fracturar lo que he construido.

Jack asintió, comprendiendo el peso de la directriz. Sabía bien de lo que su jefe era capaz tras haberse emancipado silenciosamente de la red de Lucien Volkov.

—Sigue rastreándola —ordenó Maximilian, sirviéndose un dedo de bourbon—. Y recuerda, la operación debe mantenerse bajo estricta confidencialidad.

—Sí, jefe —respondió Jack, saliendo con un suave clic tras la puerta.

Maximilian contempló el licor dorado.

Gracias a Dorian y César, sus únicos aliados leales y socios fundadores, conocía al detalle cada movimiento de su familia biológica. Sin embargo, prefería mantenerse en la absoluta clandestinidad.

Para el resto del mundo, la alta sociedad e incluso su propia familia biológica, Maximilian seguía bajo el ala de Lucien Volkov, manipulado como una pieza del crimen. Nadie sospechaba la verdad. Solo Dorian y César sabían que había escapado en su infancia y que, con la ayuda de ellos, preparaba una venganza implacable contra los Volkov.

Maldito Lucien, pensó, apretando el vaso de cristal con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Destruiré cada cimiento de tu holding. Pero primero, tomaré el control de lo que me arrebataste. No te daré el gusto de dejar un solo cabo suelto.

Una risa macabra se dibujó en su rostro mientras la mirada se le oscurecía por completo.

Dio un trago amargo al licor, sintiendo cómo la rabia le quemaba la garganta.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • El refugio del estratega    Órdenes y Sospechas

    Tras abandonar las frías y húmedas paredes del calabozo, Leonel caminó con paso firme hacia el despacho principal de su hacienda. El ambiente a su alrededor parecía estático, como si el aire mismo de la propiedad se contuviera ante su presencia. Al entrar, ignoró la imponente mesa de caoba que presidía la estancia y se dirigió directamente hacia el gran ventanal que dominaba sus vastas tierras. Encendió un cigarrillo. El fósforo iluminó brevemente la dureza de sus facciones antes de que el humo comenzara a danzar frente a sus ojos. Su mente, un engranaje perfecto de estrategia y odio, comenzó a procesar la tormenta que estaba a punto de desatar. Maldito Lucien... Me arrebataste lo que era mío, y Aurora fue tu cómplice. Pero esto no termina aquí. Voy a desmantelar cada uno de tus clanes, pieza por pieza, hasta borrarlos de la faz de la tierra. Su mirada se endureció al cambiar de objetivo. Y tú, padre... No me abandonaste, es cierto, pero jamás me buscaste. Tienes un poder inmen

  • El refugio del estratega    Sangre de mi sangre

    Después de dar el primer golpe contra la empresa de Lucien, los dos CEOs se despidieron. Dominic había decidido quedarse en el departamento dentro de la oficina de Stefan, mientras que este se dirigía de regreso a su mansión.Tras cruzar el umbral de la entrada, Stefan avanzó hacia su despacho en absoluto silencio. No quería ver a Santiago; no quería revelarle aún que Leonel había reaparecido tras haber permanecido oculto durante tantos años.Se dejó caer en el sillón tras su escritorio, cerró los ojos y dejó que la memoria lo arrastrara veintiséis años atrás...—¡Alicia, la maldita Aurora me dejó un mensaje! —bramó Stefan con la mandíbula apretada y los puños cerrados por la furia—. ¡Me dijo que mis dos bastardos están en un hotel!Alicia, su esposa, reaccionó de inmediato. El miedo y la adrenalina borraron cualquier rastro de duda en su rostro.—¡Vamos ya, Stefan! —exclamó con desespero, tomándolo del brazo—. ¿Qué esperas? ¡Vamos!Se dirigieron a toda velocidad hacia la dirección in

  • El refugio del estratega    El veneno de la verdad

    Después de enviar la cabeza de Kevin a Rusia, el monstruo volvía a su rayito, comprendiendo más que nunca y aceptando que, por fin, esa luz había venido a iluminarle la vida.Salió de su despacho después de tantos ataques y de haber derramado sangre. Se detuvo un segundo frente al espejo del baño, mientras el vapor apenas disipaba la imagen del rostro de Kevin. Se observó las manos; esas manos que hacía unas horas habían ejecutado la sentencia más fría de su carrera. No sentía remordimiento, y eso era lo que realmente lo definía. Para el mundo, él era el heredero de un infierno, el estratega que no conocía la piedad. La crueldad no era un juego para él; era una necesidad de supervivencia. Si no era el verdugo, era la víctima, y ya había sido víctima demasiados años.Tras una larga ducha para quitarse el rastro del combate, salió vistiendo únicamente un pantalón cómodo y se acercó a la cama. La vio allí: tan delicada, que parecía una niña de cristal.—Leonel... ¿qué pasó con Damián y S

  • El refugio del estratega    El eco de la sangre rota

    El despacho privado de Stefan Dragomir era un santuario de caoba y cristales blindados donde la tensión apenas comenzaba a disiparse. Las pantallas de los monitores aún reflejaban el éxito del primer movimiento financiero y legal que acababan de asestar contra la fachada de Lucien Volkov. La nota firmada por El Monstruo —que Dominic le había entregado a Stefan al llegar en su avión privado— reposaba sobre la madera pulida como un recordatorio constante de que el hijo perdido de los Dragomir operaba por cuenta propia en las sombras. Stefan se apoyó en el borde de su escritorio, respirando con algo más de calma al ver que su poder institucional por fin empezaba a doblegar al enemigo. —El golpe ha sido limpio, Dominic —dijo Stefan con voz grave, cruzándose de brazos—. Las cuentas de Lucien están congeladas y su red corporativa se está desmoronando. Si creyó que podía amenazarnos desde el anonimato, subestimó el peso de nuestras leyes. Dominic, sin embargo, no despegaba la vista de la v

  • El refugio del estratega    El peso de la traición

    Mientras Aurora permanecía en el calabozo, aferrada a los fríos barrotes de acero, la furia y el terror se mezclaron en su pecho. Sabía que la verdad no solo destruía su propio destino, sino que amenazaba con sepultar al amor de su vida y arrastrar a su hijo a la ruina.El peso de la derrota la quebró por dentro. Se dejó caer pesadamente sobre el suelo de cemento, con el rostro destrozado por el llanto, abrazándose a sus propias rodillas mientras sollozaba con el odio más cruel y visceral que una madre puede albergar.—¡Maldito, Leonel... me has arrebatado lo que más amaba! ¡Maldito seas! —gritó al vacío, con la garganta desgarrada.Aurora se secó las lágrimas con brusquedad, y con la mirada completamente perdida en la fría pared del calabozo, susurró con un veneno latente:—Siempre me usaste, maldito Lucien... Siempre.De pronto, un recuerdo punzante atravesó su mente, envolviéndola en una ola de angustia asfixiante que la transportó veintiocho años atrás.28 años atrás...En el inte

  • El refugio del estratega    La ofrenda para Rusia

    Leonel se dirigió hacia su despacho después de abandonar la celda, dando órdenes tajantes para que entraran de inmediato Cristóbal y Jack. Al cruzar las puertas, ambos preguntaron al unísono: —¿Sí, jefe? —¿Kevin sigue en la celda de la mansión? —preguntó Leonel con voz gélida. —Sí, jefe. —¿Lo trituraron lo suficiente? —Sí, jefe. —Tráiganlo a la hacienda —ordenó Leonel con firmeza—. Y con Vadim, jefe, ¿qué hacemos ya que aún tenemos la señal del rastreo? —preguntaron los subordinados buscando directrices. —Déjenlo. Quiero que se reúna con Lucien, y encárguense de que el video llegue hacia Lucien —sentenció Leonel. —Sí, jefe. Ambos salieron de inmediato. Leonel caminó con paso firme hacia la recámara principal y se detuvo junto a la cama, observando a Jenny en silencio. Mientras la contemplaba, un pensamiento cruzó por su mente, desmoronando la coraza con la que había vivido toda su vida: Tal vez te elegí para mi venganza, niña... pero tú eres mi rayito, la única

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status