LOGINAna
El día de mi cumpleaños dieciocho conocería a Santiago Coppola. Uno de los empresarios más poderosos de todo Europa.
Ese mismo día se hizo socio de mi padre, Alessandro Ferrera, en la empresa de la familia. Aún no nos conocíamos, pero esa noche empezaría la obsesión de él... hacia mí.
—Deja presentarte a mi Ana—la voz de mi padre la escuché mientras abría su puerta del despacho, y yo me dirigía al jardín con mi mejor amiga. Habíamos preparado algo para festejar solo nosotras dos, mi madre dormía, ya que el medicamento la descansaba. Y mi padre estaba en su despacho.
— ¿Tienes una hija? —alcancé a escuchar su voz cargada de sorpresa.
—Sí, una. Hoy cumple los dieciocho años, ¿Ana? —estaba de espaldas mientras detuve mi camino. Me volví hacia ellos.
— ¿Si, padre? —llevaba un vestido negro, con falda caída A, unos centímetros arriba de mis rodillas y unas bailarinas negras. Mi cabello rubio en un recogido desbaratado.
—Quiero presentarte a mi nuevo socio de la textilería, ven un momento—caminé hacía ellos con el plato de aperitivos.
Al llegar observé al hombre a su lado. Era muy alto, fornido y rubio. Sus ojos color verdes destellaban algo que me hizo sentir incómoda.
—Buenas noches—dije en un tono amable y educado.
—Buenas noches, pero si es una hermosa mujer, Gabriel. Que bien oculta la tenías—y mi padre sonrió satisfecho.
—Sí, es mi única hija, y ya con un gran talento en diseño. Tiene mucha imaginación al igual que su madre—dijo mi padre orgulloso.
—No lo dudo. ¿Hoy es tu cumpleaños? —asentí sin decir algo más.
—Bueno, ve a hacer lo que estabas haciendo hija, iré a acompañar al Santiago a su auto—dijo girándose hacia el pasillo, pero Santiago no. Él me miró de arriba hacia abajo.
—Eres muy hermosa, Ana. Un gusto en.… conocerte. Buenas noches—y me regaló una sonrisa. Una que no había correspondido.
Y me quedé con el plato en las manos.
— ¿Por qué me incomoda? —me pregunté a mi misma.
Meses después, casi se podía decir que Santiago prácticamente se la vivía en casa de mis padres. Mientras estudiaba en el despacho, pasaba de vez en cuando fingiendo buscar algún libro de contabilidad de mi padre. Él me sonreía demasiado. Y me incomodaba más.
Mi padre tenía su propio taller, a espaldas de la mansión.
— ¿Tienes novio Ana? —preguntó cuándo tomaba un libro y lo apretaba a su pecho fuertemente.
— ¿Perdón? —fingí no haberlo escuchado.
— ¿Tienes novio? —y se acercó al escritorio dejando el libro encima.
—No—contesté secamente. ¿A el que le importaba? Llevaba semanas intrigada en su edad. ¿30? ¿35?
—Si te invitará a tomar un café, en el pueblo... ¿Aceptarías ir conmigo? —me quedé en estado de shock.
El silencio se hizo incómodo.
—Sinceramente, no creo eso posible señor Coppola. Es usted el socio de mi padre, además no estoy interesada en salir con nadie, solo tengo 18 años. —dije cortando cualquier ilusión sobre mí.
—Si es por mi edad, déjame decirte que tengo 28 años, son diez años de diferencia, pero para mí en lo personal no es problema, y no es para tu familia—arrugué mí frente a sus últimas palabras.
— ¿Qué tiene que ver mi familia en esto? —pregunté irritada.
—He pedido cortejarte, y he obtenido el consentimiento de tu padre y madre—me quedé helada en mi lugar.
— ¿Qué es lo que dice? —pregunté nerviosa, al ver que rodeaba el escritorio y se acercaba a mí.
Se sentó sobre sus pies, y sus ojos verdes se clavaron en mí. Giró la silla para quedar frente a él. Sus manos se quedaron en los brazos de la silla.
—Digo, que voy a cortejarte. Quiero conocerte bien, y llegar... a un matrimonio—intentó tomar mi mano que estaban en mi regazo. Las quité para que no las tocara.
—No estoy interesada en un matrimonio con usted, ni con nadie—dije firme.
—Esto no es si quieres o no, Ana...Quiero hacerte mi esposa en un futuro. Y tus padres estarán más que contentos que sea así. Soy un billonario, y si tengo que comprar tu voluntad, lo haré—dijo apretando sus dientes.
—Eso es algo que ni siquiera el dinero lo compra, señor Coppola. Así que va a renunciar a esos deseos. No pienso, ni quiero, y nunca voy a desear casarme con usted—intenté girarme al escritorio, pero lo evitó.
—Te doy un mes, para que esto se haga un matrimonio—tragué saliva dificultosamente.
—Usted está totalmente loco, habiendo mujeres mucho mejor que yo, ¿Por qué no busca una que llené sus expectativas y a mí me deja en paz? —dije molesta.
—A ti es a quien deseo. Y a ti es a quien voy a desposar—se levantó bruscamente, y se acercó a mí, encerrándome contra el respaldo de la silla. Mi cabeza estaba en el respaldo intentando hundirme en él.
Tomó mi barbilla, y la acercó a él.
— ¡Suélteme! —dije tomando su muñeca que sostenía mi barbilla.
—Vas a ser mía, grábatelo—y me soltó bruscamente. Gemí del dolor, y froté mi barbilla—Ve cambiando la forma de pensar, o atente a las consecuencias.
— ¿Cuáles consecuencias? —dije desafiante.
—Tu familia, llevaré a la quiebra la empresa. Destruirla en pedazos, y despojarlos de todo. Absolutamente de todo. ¿Cómo cuidarás a tu mami? —dijo burlándose.
— ¡Eres un maldito! —grité furiosa.
Se abrió la puerta, y era mi padre. Las lágrimas amenazaban con salir. El miedo se había adueñado de mí por segunda vez en mi vida.
— ¿Qué pasa aquí? —preguntó mi padre, observando a Santiago, quien me miraba a mí.
—Nada Gabriel, estaba informándole a tu hermosa hija, que tengo el consentimiento de cortejarla—la sonrisa de mi padre era grande. Estaba feliz.
—Oh, hija. Santiago es un buen hombre, yo lo conozco de años, conocí a su padre, y déjame decirte que es un buen hombre—Santiago me miraba de una manera que me amenazaba con la mirada si decía algo.
—Padre...—Santiago interrumpió con un movimiento de mano en el aire.
—Ana me acaba de aceptar como su pretendiente, y si esto avanza, puede que a finales de primavera estemos organizando una boda—el rostro de mi padre se iluminó de una manera que jamás lo había visto.
— ¡Eso es perfecto! Oh, Ana, hija. ¿No te emociona la idea? —se acercó a mi rápidamente, y me tomó de la mano. Lo miré y no pude evitar callar.
—Padre, no te ilusiones. No nos conocemos, y no creo...—me volví a mirar a Santiago—no creo realmente algo tan en poco tiempo termine en matrimonio. No estoy interesada...—el rostro de mi padre se desvaneció.
—Oh, es cierto. Pero para eso se van a conocer hija, y todo puede pasar en esta vida, vas a terminar enamorándote de este buen hombre, y serás feliz—dijo mi padre terminando con un abrazo.
Un mes después de esa tarde, Santiago no dejaba de llenarme de regalos, a toda costa quería comprar mi corazón, pero no lo lograría. Había algo en él, que no me convencía. Algo debía de esconder.
—Hija, no pienses más las cosas, deja entrar a Santiago a tu corazón...—decía mi madre a mi espalda. Estaba yo de pie en el gran ventanal de la sala que daba al jardín grande. Me abracé a mi cuerpo. Y ese escalofrío recorrió cada poro de mi piel. Era algo, que no podía explicar.
—Madre, no quiero casarme. Por más que me llene de regalos, el amor no se compra. Y eso tú lo sabes—me volví para mirarla.
Ella estaba en su silla de ruedas, y había detenido su bordado. Estaba pensativa.
—Hija, no sé si decirlo...—arrugué mi frente a sus palabras.
Caminé hacía ella, y me senté en el sillón individual a su lado.
— ¿Qué pasa? Dímelo—dije apresurada. ¿Qué ocultaba?
—La fábrica de telas está en una fuerte crisis...no entendemos como pudo ser rechazado los dos contratos que tenía casi por ser aceptados, tu padre está muy presionado—el corazón me latía con gran fuerza.
Santiago.
Estaba intentando orillarme para quedar acorralada. ¡Esto no se lo iba a permitir!
— ¿Qué contratos eran? —pregunté curiosa, pero por dentro llena de furia.
—Los de Oriente, y uno en España. Si te casaras con Santiago...—dijo mi madre, y me levanté bruscamente.
— ¡¿Por qué insisten en que me casé con ese hombre?! No quiero casarme, y pedirme que lo haga solo porque están en crisis...—las lágrimas querían salir.
—Ana, solo en él podrás encontrar felicidad, y estarás muy protegida. Nunca te faltaría nada. Vivirías como una reina, tendrías tu propio imperio con la ayuda de Santiago. —dijo y esas palabras quedaron en el aire.
—Prefiero hacer por mi cuenta el éxito, no necesito ayuda de nadie, tengo fe en mí, madre...creí que tú también lo pensabas.
Me levanté y salí de la sala, dejándola gritar mi nombre en varias ocasiones mientras subía furiosa y dolida las escaleras.
Entré a mi habitación azotando la puerta con todo el dolor de mi alma. Sentí una mano en mi brazo que me hizo girarme con gran sorpresa.
Santiago.
— ¡Tú! ¡Suéltame! ¡Sal de mi habitación! —Santiago solo sonreía.
—Quiero casarme el fin de semana siguiente—dijo sin rodeos.
— ¿Estás loco? —sentí como el agarre se apretaba más a mí, dejando sin duda alguna marca.
—Sí, y es por ti. Te quiero en mi cama, quiero hacerte mía—su voz ronca me alertó en todo sentido.
Esto no era algún sentimiento sano, era una enfermiza obsesión.
— ¡Suéltame! —intenté soltarme, pero no pude.
—Nos casamos el fin de semana, o arruino la empresa de la familia Ana, tú decides—me quedé congelada. ¿Cómo podría existir gente así?
—No puedes hacer eso, es la empresa de mi padre. Él la levantó hace años, y llegas tú, y haces eso... ¿Cómo puedes ser tan cruel? —dije con el nudo en mi garganta, imaginando a mis padres en la quiebra, sin nada, y lo peor... mi madre sin su ayuda médica.
¡Esto no estaba pasando! ¡Era una maldita pesadilla!
—Nos casaremos el fin de semana, sé que lo harás porque te conviene Ana. ¿Dejarías a tu madre sin ayuda médica? —mis ojos se inundaban por las lágrimas. Sus ojos verdes se clavaban en mí.
¿Qué debes de hacer Ana? El silencio reino en mi habitación.
—El... el fin de semana. Pero quiero que le regreses los contratos a mi padre. Los coreanos y el de España. Y termina la asociación con él—establecí las reglas.
—Seguiré asociado, pero le regreso los contratos. Tu familia me está dando dinero, y mucho más rápido de lo que tenía contemplado, así que no dejaría de invertir en un negocio que me está triplicando mi dinero—me soltó lentamente. Y levantó su mano para acariciar mi mejilla—También te ayudaré a formar tu propio imperio... ¿Quieres ser esa aclamada diseñadora de modas? ¿Viajar a otros lugares y hacerte famosa? Lo tendrás, y todo por ser mi querida y amada esposa—me giré para limpiar las lágrimas de la furia.
¿Qué hiciste Ana? ¡Hiciste pacto con el mismo diablo! Me reprendí mentalmente.
—Sal de mi habitación, por favor—dije bruscamente.
—Oh, mi Ana. Mi amada Ana, me haces totalmente feliz—me rodeó de la cintura y pegó su pecho a mi espalda. Estaba temblando de la furia, y no me pude mover.
—Necesito privacidad...—dije en un tono bajo.
Me giro hacia él y tomó mi mano delicadamente. Estaba poniendo un anillo en mi dedo, sus ojos estaban hambrientos.
—Te queda perfecto, así que has lo que vas a hacer, y bajemos a dar la noticia. —Dejó mi mano, y salió triunfante.
¡Maldito! ¡Maldito! ¡Maldito! Tomé el anillo y lo tiré en la cama. Caí sobre mis piernas en el piso y comencé a llorar.
¿Qué has hecho Ana?
Ana Camino entre el césped, mirando uno que otro nombre, flores y árboles alrededor. El cielo estaba brillando en lo más alto, la brisa nos abrazaba. Me detengo frente a él. Su nombre en chino, así como su nombre en español, estaba marcado en esa lápida de mármol. Cinco años después de su muerte, aún seguía viniendo en su aniversario luctuoso, veníamos mejor dicho. Al año de la muerte de John, Hudson y yo habíamos decidido casarnos, mis padres finalmente viajaron para conocer a su nieta, para conocer a mi esposo y a su familia. Había cambiado mi apellido a Bennett y Gianella estaba incluida, Hudson y yo nos habíamos compenetrado tan bien, que rara vez teníamos discusiones. Gianella empezó a crec
Ana Gianella corre por la playa, está Estefany haciendo castillos de arena mientras vigila a la niña. Estoy sentada en el banco de madera que está en el porche de la casa, el ruido de las olas me relaja por momentos, pero luego regresa la tensión, miles de cosas por mi cabeza. Cierro los ojos, hace unas horas que pudimos salir libremente de la casa, tenían que hacer revisión de cada rincón del aérea. Hudson había salido de la operación muy bien. La bala por poco perforaba un pulmón, le retiraron la bala y ahora esperaba el alta en unos días. Caleb seguía al mando de todo esto junto con John y Jeremy. Mía cuida de Hudson así como sus padres. Los padres aun no sabían de la verdadera situación, pero de lo que si estaban seguros es de que pasa algo, Caleb dice que son muy observadores y que tarde o temprano se en
Ana Mi corazón late frenéticamente, había hablado con John, acerca de decirle la verdad. John había perdido a su esposa y a su hija de diez años hace tiempo atrás, antes de haberse unido a las fuerzas aéreas de china. John…sabía a la perfección lo que es perder a un ser amado, después de la llamada con Hudson, había quedado en un momento de seriedad. “Tienes vivo al padre de Gianella, sabes lo sucedido en el pasado, el hombre nos está ayudando sin saber que a quien está protegiendo es a su hija. He pensado detenidamente todo esto, desde que he descubierto que Hudson Bennett quien es en verdad, que es el hombre del cual te has enamorado años atrás, ahora, está presente. Cuando tengas la oportunidad que muchos no tienen, habla con la verdad.”
Hudson Miro de nuevo los resultados de ADN de Gianella, estoy congelado en mi lugar. Caleb está frente a mí sentado en el sillón individual y al lado está Mía; hace dos horas había terminado de hablar con John donde le cuento todo lo sucedido. Ahora, aquí estoy confirmando que Gianella…es mi hija. No estoy seguro como, pero sé qué pelaría por ellas. Por qué se han vuelto ahora parte de mi vida. Pero algo me carcome por dentro, ¿Ana sabe que yo soy el padre? ¿O simplemente nunca se ha enterado? ¿O sea ha enterado Santiago y por eso quiere hacerle daño? Cierro mis ojos mientras arrugo el documento en mis manos. —Tranquilo, Hudson. —abro mis ojos y las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas. Caleb se preocupa y se levanta a toda pris
Ana —Maletín, portafolio y el nuevo móvil—John me informa mientras subimos al elevador del hotel Jumeirah At Etihad Towers. La ansiedad por saber de mi hija, no me deja pensar en nada. —Quiero llamar a Hudson, ¿Me facilitas el número? —pregunto a John, él afirma. Entramos a la suite principal, la habitación más cara. No había encontrado mi asistente una más sencilla, según la ocupación, el hotel está lleno. John deja a mi asistente en la habitación continua, él y tres de seguridad vienen con nosotros. Incluyendo a Phillips. Pido que me dejen sola y les informo que no quiero interrupciones, a menos que fuese muy importante. Miro mi reloj y marca las 7:25 pm, comienzo a contar las horas en mi mente, serían las 11:15 am. Suelto el aire que
Hudson — ¿Te estás escuchando? ¡Suenas como Al Capone! ¡No conocía ese lado de Mía pequeña Bennett! —sonríe orgulloso Caleb rodeándola con su brazo. —Aunque es muy peligroso, hay que tener cuidado. Sé debe y se puede hacer, solo si siempre controlamos hasta el más mínimo detalle… ¿Qué opinas, Hudson? Tengo a Jeff, es un hacker muy pero muy buscado por la CIA y el FBI, puede localizarnos en unos cuantos minutos a ese tal Santiago, hasta el color de su popis nos entrega—sigo impresionado por la mente de mi pequeña hermana. —Desde cuando mi…—el toque de la puerta nos alerta—Pase—digo dejando la tostada con mermelada que no he ni dado una mordida. &md







