FAZER LOGIN。 ٬٬⌠ Claudia ⌡‧₊˚
*⇢*「 En la actualidad. 」
Su mirada de impacto ante lo que le acababa de decir me hacía entender muchas cosas, entre ellas que no se lo esperaba y no lo culpaba la verdad, ya que bueno, yo no planeaba decirle algo como eso, solo salió de mi boca la cual extrañamente no pudo guardar aquel secreto, ahora, metida en problemas no tenía otra cosa que hacer que no fuera querer huir.
—¿Segura? —preguntó aterrado mientras se aflojaba la corbata, mientras lo hacía pude notar como apretaba está, seguramente abatido por lo que estaba ocurriendo,
—Estoy segura, muy segura —me sentí incómoda mientras cruzaba mis piernas y las apretaba con fuerza por lo nerviosa que estaba.
Él se quedó mirando mi acción y más nervios me dieron por lo que coloque mis manos sobre mis piernas en mi intento fallido de no sentirme intimidada ante su mirada.
—¿no has estado con más hombres? —tenía derecho a sospechar, después de todo que una mujer que conoció hace mucho le saliera con dicha noticia impactaría a cualquiera.
—No, llevaba seis meses sin estar con nadie y luego de nuestro encuentro no me vi con nadie más, sé que eres el padre de mi hija, pero no pondré problema si no deseas hacerte cargo, aunque espero que lo entiendas y quería que al menos lo supieras, no estoy buscando tu dinero ni nada por el estilo.
—Bien —soltó entonces restándole mucha importancia a todo lo que acababa de decir —sigamos con la entrevista entonces ¿Por qué crees que mereces el trabajo y que debería contratarte?
Me quede callada entonces, mirándolo atónita ante su respuesta, al parecer le importaba poco lo que le acababa de contar, aunque en cierta parte estaba agradecida de que fuera así, no quería que me quitara a mi hija, después de todo, un hombre adinerado como él podría hacer de las suyas sin el mínimo problema y ahora que veía que no tenía nada de interés me sentía más que relajada.
—Bien, soy una persona ágil y que aprende rápido, en mi currículo puede darse de cuenta de los múltiples trabajos que he tenido en diversas empresas y puede contactar a mi jefe, en mi último trabajo ayudé al inicio en la campaña de marketing y tuvimos múltiples ventas e ingresos de nuevos proveedores en ese entonces, por otra parte, cuando trabajé como asistente del CEO de dicha empresa las ventas y la producción crecieron gracias a mi apoyo, con las estrategias y los proyectos que he creado, sé que si me contrata pondré mi mayor esfuerzo y trabajo en ayudar a que su empresa siga creciendo y sea posicionada en una de las más reconocidas a nivel nacional e internacional.
—Prometes mucho —me dio una sonrisa de burla, no me dejaría intimidar por ese hombre.
—Porque sé que lo puedo conseguir.
Dije con seguridad y me acomodé mejor en mi asiento, sintiéndome tranquila y segura, era mi hora de brillar y no me dejaré acaparar por alguien como él.
—Bien, tienes el trabajo —soltó con tranquilidad mientras se ponía en pie y me entregaba una tableta —Comienzas ahora, vamos.
Asentí a lo que dije mientras le seguía en total silencio, lo había conseguido ¿pero a qué precio lo había hecho realmente?
Le seguí en total silencio, con nerviosismo, observé en total silencio todo mientras nos acercábamos al ascensor, en el momento que este sé cerró el se me quedó mirando por un momento en total silencio, como si me estudiará, comencé a sentirme nerviosa por tal acto.
—Necesito tu dirección, talento humano me informo que no la diste y necesitamos todos tus datos para poder agilizar el tema del contrato —cuando dijo aquello asentí de inmediato.
Se la dije con calma y noté como este la anotaba en su móvil, seguramente para enviarla por mensaje de texto a la o el encargado del área. Al llegar abajo me guió a su auto, donde dentro ya se encontraba quien suponía era su chofer personal.
—Adelante —dijo con un suspiro mientras metia una de sus manos metidas en la chaqueta, guardando su teléfono.
—Si —entré con rapidez y luego vi como lo hacía él, sentándose a mi lado y dándole indicaciones al hombre.
No le presté mucha atención a la conversación, después de todo, en mi antiguo trabajo había aprendido a ser sorda, muda y ciega. No escuchar lo que no me incumbía, solo ver lo que mi jefe deseara y claro está, nunca abrir la boca.
—Claudia —gire mi rostro y me quede observando fijamente aquellos ojos grises que en una ocasión me cautivaron tanto.
—¿Sí señor? —Estaba bastante serio, al parecer no se encontraba muy cómodo, bueno, yo tampoco lo estaba.
—Mañana te darán mi itinerario, junto a una agenda que deberás llenar con las actividades diarias que se te otorguen, lo que yo te diga y las razones que lleguen a dejar cuando yo me encuentre ocupado o simplemente no esté.
—Entiendo señor —dije con calma.
—Tu horario de trabajo iniciará a las nueve de la mañana, el horario de salida dependerá de qué tan atareado y que tanto te necesite en la empresa, pero como tienes una hija y necesitas flexibilidad no seré tan duro contigo ¿Bien?
—Sí señor, lo comprendo a la perfección.
Él se quedó callado luego de dicha información, pero el contacto de mirada entre los dos me hacía estar más que nerviosa, no me sentía muy cómoda siendo sincera, pero no podía retirar la mirada a la vez, parecía como si me estuviera retando y la verdad no pensaba permitir aquello.
—Llegamos —soltó el chofer estacionando el automóvil y cuando levanté la cabeza nos encontrábamos frente a la casa de mi hermana.
—¿Qué hacemos? —comencé a sentir que me ahogaba, me estaba dando un ataque de pánico y no sabía ni qué era lo que él estaba planeado, en ese momento me sentí más que equivocada respecto a lo que él pensaba hacer, tal vez si quería quitarme a mi hija, tal vez lo de restarle importancia en ese momento fue una cruel estrategia mientras buscaba la manera, o al menos pensaba que era lo que haría para conseguir tener a mi hija.
—Enséñame a la niña.
Joder, en que me había metido, estúpida lengua, cuando más necesitaba que te controlaras no lo hacías.
Tres años más tarde…El aire huele a lavanda. A veces pienso que toda la Toscana está hecha del mismo perfume: sol, viento y recuerdos.Venus corre por el jardín riendo, con los rizos dorados brincando detrás de ella. Su risa llena el aire, ligera, pura. Massimo la sigue, tropezando sobre el césped, con los pantalones cortos llenos de polvo y una sonrisa que me derrite. —¡Te atrapé! —grita, abrazándola por la espalda. —¡Mentira, yo gané! —responde ella, con esa vocecita que ya tiene la firmeza de su padre.
。 ٬٬⌠ Claudia ⌡‧₊˚Un año más tarde…El aire de la Toscana tenía ese perfume cálido y dulce que solo aparece al final de la primavera. Las colinas, cubiertas de girasoles, parecían extenderse hasta tocar el cielo, y la villa frente a mí —la que alguna vez fue un esqueleto del pasado— se erguía ahora como un sueño reconstruido piedra por piedra. Connor cumplió su promesa: la hizo renacer. Como a mí.Desde mi habitación, el murmullo lejano de las voces, las risas y los pasos en el jardín me llegaba con un eco suave. Afuera, el altar estaba decorado con flores blancas y ramas de olivo, y
。 ٬٬⌠ Claudia ⌡‧₊˚El apartamento olía a vainilla y café recién hecho. Afuera, Boston amanecía cubierto de una neblina ligera, de esa que parece flotar entre los árboles y los rascacielos como un velo que no quiere irse. El sol se filtraba tímido por las cortinas beige del salón, y yo me encontraba en el sofá, con Massimo dormido en mis brazos y Venus jugando en la alfombra, intentando ponerle un sombrero diminuto a su muñeca favorita.Habían pasado apenas dos semanas desde el nacimiento de mi hijo, y aún me parecía un sueño. Todo en la casa era un susurro de vida: el tic-tac suave del reloj de pared, el ronroneo del calefactor, el aroma del pan tostado que Connor preparaba en la cocina. A veces, me sorprendía quedándome quieta, simplemente observando, queriendo grabar cada detal
。 ٬٬⌠ Claudia ⌡‧₊˚Tres meses más tarde…El sol ya estaba colándose por las cortinas del ventanal cuando abrí los ojos. Boston amanecía tranquilo, envuelto en esa luz dorada que parecía prometer un día sin sobresaltos. La brisa entraba fresca, moviendo las cortinas como si danzaran, y el aroma del café recién hecho llegaba desde la cocina.Connor estaba abajo, lo sabía por el suave murmullo de sus pasos y el sonido del molinillo. Desde hacía semanas se había convertido en un experto improvisado en preparar desayunos: avena, pan tostado y frutas cortadas en cubos perfectos. Yo, en cambio, apenas podía con el cansancio. La panza de seis meses que había tenido se había transformado en una de casi nueve. El pequeño Massimo se movía como
。 ٬٬⌠ Claudia ⌡‧₊˚El invierno comenzaba a retirarse de Boston, y por primera vez en mucho tiempo, el aire no dolía al respirarlo. Las calles, aún húmedas por la última nevada, reflejaban un sol tímido que parecía anunciar una nueva etapa. Me gustaba pensar que así se sentía la vida después del caos: no perfecta, pero tibia.Habían pasado cuatro meses desde Italia. Cuatro meses desde que el nombre de Tomasso Ferraro dejó de perseguirme en cada sombra. Cuatro meses desde que apr
。 ٬٬⌠ Claudia ⌡‧₊˚El aeropuerto siempre me pareció un lugar de despedidas y comienzos. Esa mañana, mientras veía a Marian abrazar a Venus por última vez antes de subir al avión, entendí que ambas cosas pueden existir al mismo tiempo.—Prometo llamarte cada día —dijo Marian, con lágrimas en los ojos y una sonrisa forzada.—No tienes que prometerlo, lo sé —respondí, apretando su mano. Ella rió suavemente, pero había tristeza en su mirada. Durante semanas, habíamos estado juntas







