Mag-log inLa vida de Ariella Romano se desmorona la noche en que entra a un hotel de lujo esperando una propuesta de matrimonio. En cambio, observa cómo Xavier Rothwell, el hombre al que le entregó cuatro años de su corazón, anuncia públicamente su compromiso con otra persona. Humillada frente a una multitud de la élite, se convierte en poco más que un comentario susurrado en un mundo que nunca la aceptó de verdad. Rota y sola frente al hotel, es abordada por una figura inesperada: el padre de Xavier, Robert Rothwell, poderoso y formidable. Él le hace una oferta que desafía la lógica y la moral. Un matrimonio por contrato. Si acepta, se convertirá en la señora Rothwell. Lo que debería haber sido el final de su historia se convierte en el comienzo de algo mucho más peligroso. Porque aceptar la propuesta de Robert no la aleja del mundo de Xavier. La sitúa justo en el centro de él. Bajo el mismo techo. En la misma mansión. Frente al hombre que la desechó, ahora como su madrastra. Atrapada entre el desamor, la venganza, la supervivencia y un creciente hambre de poder, Ariella enfrenta una decisión que redefinirá todo. Puede alejarse y permanecer rota en silencio. O puede adentrarse en este mundo y asegurarse de no volver a ser vulnerable jamás.
view more“No te preocupes, Ariella. Encontrarás a alguien más.”
Esas palabras todavía duelen incluso ahora.
En ese momento, pensé que toda mi vida terminaba justo ahí, en aquella sala llena de gente. Le había dado a Xavier todo lo que tenía. Mi tiempo, mi lealtad, y cuatro años completos de mi corazón. Había creído en él por completo.
Y él se quedó ahí parado sin decir una sola palabra en mi defensa mientras otra mujer usaba el anillo que yo había soñado en secreto durante tanto tiempo.
Todo pasó frente a una sala llena de gente rica que ya me miraba como si viniera de otro mundo, como si no perteneciera ahí y nunca fuera a pertenecer.
Me dije que no iba a rogar. Que no me iba a derrumbar y llorar frente a ellos. No tenía idea de que alejarme de Xavier esa noche era como caminar directo hacia el camino de su padre, un hombre que pondría mi mundo entero de cabeza de una forma que jamás pude imaginar.
Bajé del taxi y alisé mi sencillo vestido negro. La tela se sentía un poco barata bajo mis dedos, pero lo había elegido porque Xavier una vez me dijo que me veía hermosa de negro.
Me quedé un momento afuera del hotel, respirando profundo, tratando de calmar el aleteo nervioso en mi pecho.
Esta noche se sentía importante. Después de semanas de que él estuviera distante y ocupado con asuntos familiares, finalmente me había invitado aquí.
Esperaba que significara algo bueno.
Tal vez estaba listo para luchar por nosotros.
Tal vez por fin le haría frente a su padre y me elegiría de verdad.
El hotel frente a mí brillaba como un palacio, todo cristal y luz dorada contra el cielo oscuro.
Las puertas altas reflejaban la ciudad agitada a mi alrededor, y un botones con un uniforme impecable asintió con una sonrisa educada mientras me sostenía una de ellas abierta.
Entré con la cabeza en alto aunque mi corazón latía rápido.
Se suponía que esta noche era especial.
Había pasado todo el día pensando en ello, imaginando cómo Xavier me llevaría aparte y me diría cuánto me había extrañado.
Cómo no podía vivir sin mí.
Había perdonado tantas cenas canceladas y llamadas cortas porque lo amaba.
Porque creía que nuestro amor era más fuerte que todas las diferencias entre nosotros.
Lo había amado durante tres años, desde mis días de universidad cuando trabajaba en dos empleos solo para ayudar a que mi familia, que luchaba económicamente, se mantuviera a flote.
El dinero siempre escaseaba en casa.
Mis padres sacrificaron todo para que yo pudiera estudiar y construir un futuro mejor.
Xavier Rothwell entró en mi vida cuando yo estaba exhausta y apenas lograba mantener la cabeza fuera del agua.
Era encantador y seguro de sí mismo, siempre diciéndome que yo era diferente a las chicas de su círculo.
Me hacía sentir vista y valorada.
Incluso cuando su familia me miraba por encima del hombro, incluso cuando su madre apenas me hablaba y me trataba como si fuera invisible, me quedé.
Un día verán cuánto te amo, solía decir.
Me había aferrado a esas palabras como a un salvavidas.
Las repetía en mi mente durante cada visita incómoda a la casa de su familia.
Me decía a mí misma que el amor ganaría al final.
Que mi origen no importaba mientras Xavier me eligiera a mí.
El vestíbulo olía a flores frescas y perfume caro.
Revisé mi teléfono.
Ningún mensaje nuevo.
Me dije que eso era normal.
Probablemente ya estaba adentro, esperándome, tal vez nervioso por lo que fuera que había planeado.
Seguí las señales hacia el gran salón de eventos, mis tacones resonando contra el mármol pulido mientras empujaba las pesadas puertas.
Sentí una mezcla de emoción y nerviosismo.
Una parte de mí se preguntaba si esta noche sería la noche en que por fin me presentaría de verdad ante su mundo.
Sin más escondites ni encuentros secretos.
Solo nosotros juntos frente a todos.
En el momento en que entré, la vista me golpeó con fuerza.
El gran salón estaba lleno de gente bien vestida.
Candelabros de cristal colgaban del techo, proyectando una luz cálida sobre mesas cubiertas de tela blanca y puestas con cubiertos brillantes.
Los meseros se movían en silencio entre la multitud con bandejas de champán.
Una música suave sonaba en algún lugar por debajo del murmullo de las conversaciones.
Recorrí la sala con la mirada y encontré a Xavier cerca del frente, de pie sobre una pequeña plataforma elevada con un micrófono en la mano.
Se veía tan guapo con su traje a la medida, sonriendo con esa sonrisa fácil de la que me había enamorado años atrás.
Pero entonces vi a la mujer a su lado.
Una mujer estaba ahí con su mano enroscada posesivamente alrededor del brazo de él.
Era alta y elegante, con cabello rubio cayendo en ondas perfectas y un vestido rojo que probablemente costaba más que mi renta de todo un año.
Reían juntos, con soltura y familiaridad, como personas que se conocían desde hacía mucho tiempo.
Se me revolvió el estómago.
Empujé esa sensación hacia abajo con fuerza.
Él me invitó aquí, me dije.
Sea lo que sea esto, no es lo que parece.
Tal vez la mujer era solo una amiga de negocios o alguien de la empresa de su padre.
Xavier jamás me lastimaría así.
No después de todo lo que habíamos compartido.
Recordé los buenos momentos que habíamos tenido.
La forma en que se reía de mis chistes y me abrazaba cuando le hablaba de mis sueños.
Le había dado tanto de mí misma, creyendo que él era para siempre.
Xavier golpeó el micrófono suavemente.
La sala se quedó en silencio.
Me acerqué un poco más entre la multitud, con los ojos fijos en él.
Sentí esperanza de nuevo.
Este podía ser el momento hacia el que había estado construyendo todo.
“Buenas noches a todos. Gracias por venir esta noche. Esta es una noche especial para mí y mi familia. Quiero compartir una noticia feliz”, dijo Xavier.
Mi corazón se elevó.
Esto es todo, pensé.
Por fin lo va a decir en voz alta.
Por fin va a dejar de esconder nuestra relación y mostrarle a todos que yo le importaba.
Me imaginé que decía mi nombre y me subía a esa plataforma con él.
El pensamiento me hizo sonreír un poco a pesar de los nervios.
“Me enorgullece anunciar mi compromiso con la hermosa Elena Voss.”
Levantó la mano de la mujer y la besó.
“Elena, me haces el hombre más feliz del mundo.”
La sala estalló en aplausos.
Las cámaras destellaron.
Elena sonrió y saludó como una reina aceptando su corona, luego se inclinó y besó a Xavier en la mejilla, lento y seguro, como si tuviera todo el derecho de estar ahí.
Me quedé congelada.
Las palabras me golpearon como agua fría sacada directamente del fondo de un lago.
¿Compromiso?
Con Elena Voss, la heredera del hotel cuyo nombre reconocía a medias de portadas de revistas y columnas de chismes.
Mis manos empezaron a temblar con fuerza.
Me sentí mareada, como si el suelo se inclinara bajo mis pies.
Él me había dicho apenas la semana pasada que necesitaba tiempo para arreglar las cosas con su padre.
Que me amaba.
Que yo era la que él quería.
¿Cómo podía decir todo eso y luego pararse aquí a anunciar esto?
Pensé en todas las noches que esperé junto a mi teléfono, confiando en sus excusas.
Todas las veces que lo defendí ante mi madre preocupada.
¿Había algo de eso que fuera real, o había estado viviendo en una fantasía?
El dolor empezó a crecer en mi pecho mientras la realidad se hundía más profundo.
Había planeado mi vida alrededor de este hombre.
Había rechazado mejores oportunidades e ignorado las advertencias de mis amigas porque pensaba que él valía la pena.
Ahora sentía que todo se derrumbaba a mi alrededor.
La gente a mi alrededor empezó a murmurar.
Algunos se voltearon a mirar.
“¿No es esa la chica con la que Xavier solía salir?”, dijo una mujer, sin molestarse en bajar la voz.
“La de la parte pobre de la ciudad.”
Las palabras dolieron como una bofetada.
Quería correr, pero mis piernas se sentían pesadas, clavadas al suelo de mármol como si me hubiera tragado entera.
No podía creer que esto estuviera pasando.
Los ojos de Xavier finalmente encontraron los míos a través de la sala.
Por un segundo, algo parecido a la sorpresa cruzó su rostro.
Luego se endureció en algo más cercano a la molestia, como si yo hubiera entrado sin invitación a la fiesta equivocada.
Elena también lo notó.
Su sonrisa se ensanchó mientras se inclinaba y le susurraba algo al oído a Xavier, y él asintió una vez, con la mandíbula tensa.
Los aplausos se apagaron.
Las conversaciones se reanudaron en pequeños grupos alrededor de la sala, pero las miradas seguían volviendo hacia mí.
Mis mejillas ardían de vergüenza.
Me sentía expuesta y pequeña.
Todas esas noches tarde en las que él decía que estaba trabajando.
Todas esas pequeñas mentiras fáciles que había elegido ignorar.
¿Había estado con Elena todo este tiempo?
El pensamiento hizo que me doliera aún más el pecho.
Me pregunté cuánto tiempo llevaba pasando esto a mis espaldas.
Cuántas veces me había mirado y mentido directo a la cara mientras planeaba esta noche con alguien más.
Me abrí paso entre la multitud hacia la plataforma, negándome a dejar que las lágrimas cayeran ahí, no frente a extraños que ya tenían lista una historia para contar sobre mí por la mañana.
Necesitaba respuestas.
Necesitaba que me mirara a los ojos y me explicara.
“Xavier”, dije cuando llegué hasta él, mi voz pequeña al principio, luego más fuerte.
“¿Qué es esto?”
Bajó de la plataforma, jalando a Elena a su lado.
De cerca, la sonrisa de Elena seguía siendo perfectamente educada, pero sus ojos llevaban un desprecio inconfundible, del tipo que no necesita alzar la voz para hacer su punto.
Sentí el peso de esa mirada.
Me recordó cada vez que su familia me había hecho sentir menos.
“Ariella. Este no es el lugar. Podemos hablar después”, dijo Xavier.
“¿Después? Tú me trajiste aquí esta noche. Dijiste que era importante. Pensé que me ibas a proponer matrimonio.”
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
Me había aferrado a esa esperanza durante tanto tiempo.
Me había mantenido en pie durante los momentos difíciles.
Una risa suave recorrió el pequeño grupo que se había reunido.
“Pobrecita”, murmuró alguien.
“De verdad se lo creyó.”
La humillación ardió más fuerte.
Elena apoyó una mano bien cuidada contra el pecho de Xavier.
“Cariño, tal vez debiste ser más claro con tu amiguita.”
Xavier se pasó una mano por el cabello, y por primera vez en toda la noche se veía casi cansado.
“Mi padre jamás te iba a aceptar, Ariella. Lo sabías. Me cansé de fingir que las cosas iban a cambiar.”
Las palabras golpearon más fuerte que cualquier otra cosa.
Lo había sabido en el fondo, pero me había negado a creer que eso nos terminaría.
Había luchado tanto por demostrar que era suficiente.
Había trabajado turnos extra, estudiado hasta tarde en la noche, e intentado encajar en su mundo incluso cuando se sentía imposible.
Todo por él.
“Me dijiste que me amabas”, dije de todas formas, ahora en voz baja.
“Dijiste que yo era diferente.”
“Lo eras”, dijo él, con los ojos fríos.
“Por un tiempo.”
Los labios rojos de Elena se curvaron en una sonrisa victoriosa, con un volumen calculado para que los invitados cercanos captaran cada palabra.
“No te preocupes, Ariella. Encontrarás a alguien más.”
Miré a Xavier una última vez.
No detuvo a Elena.
No hizo ademán de tomarme.
Simplemente se quedó ahí parado, el heredero que creía que el mundo siempre le había pertenecido y siempre le pertenecería.
Algo dentro de mí se quedó en silencio y se enfrió, asentándose en su lugar como una puerta que se cierra para siempre.
El dolor era agudo, pero debajo de él sentí los primeros indicios de determinación.
No dejaría que esto me destruyera.
Venía de un origen difícil y había sobrevivido.
Este no sería el final de mi historia.
“Tienes razón”, dije, firme a pesar de que las lágrimas finalmente se me escapaban.
Me di la vuelta y me alejé caminando.
La multitud se abrió a mi paso, observándome irme como si fuera la escena final de un espectáculo que ya habían decidido cómo recordar.
Mis tacones resonaron por el largo pasillo mientras salía, donde el aire de la noche finalmente se sintió fresco contra mi rostro ardiendo.
Llamé a un taxi y subí, con las manos todavía temblando.
El conductor preguntó mi dirección.
Apenas lo escuché.
Miré fijamente las luces borrosas de la ciudad, con el corazón hecho pedazos, pero debajo del dolor, algo más ya empezaba a tomar forma dentro de mí.
“¡Oiga, señorita!”
Una voz áspera y ronca llamó desde atrás.
No me di la vuelta, pero el tono gastado y curtido por el humo no dejaba dudas: era un hombre mayor.
El registro de introducción estaba bajo la lámpara del escritorio, rodeado de todo lo demás que habíamos conseguido descubrir.Informes antiguos. Registros de seguridad. Registros de pagos. Fotografías.Demasiados trozos de papel para una sola familia, y de algún modo todavía no eran suficientes para explicar lo que había ocurrido quince años atrás.Me incliné más cerca del registro.A primera vista parecía ordinario. Un nombre, un número de identificación de empleado, una fecha de entrada y la autorización que había llevado a la persona al círculo íntimo de la familia Rothwell.Pero cuanto más lo miraba, más incorrecto se veía.—La fecha —dije.Adrian levantó la vista del portátil.—¿Qué pasa con ella?—No pertenece ahí.Robert había estado de pie detrás de nosotros sin decir nada. Cogió el documento y lo sostuvo bajo la lámpara.Durante varios segundos no habló.Luego pasó el pulgar con cuidado por el borde de la página.—La fecha original fue cambiada.Adrian se acercó.Robert seña
Robert por fin dice el nombre.Durante un momento no entiendo por qué la habitación se ha quedado tan en silencio. Luego el nombre se asienta en mi mente y me doy cuenta de que lo he oído antes.No una sola vez.Varias veces.Ha estado en el trasfondo de esta investigación, unido a documentos, conversaciones antiguas y trozos de información que nunca parecieron lo bastante importantes como para conectar.Ahora está unido a la segunda llave.Me giro hacia Robert.—¿Esta persona tenía la autorización?—Sí.—¿Además de ti?—Sí.No intenta suavizarlo.La persona había formado parte del círculo de confianza más íntimo de la familia Rothwell durante años. No era personal ordinario. Estaba involucrada en asuntos que Robert no comentaba con todo el mundo: acuerdos financieros privados, registros de propiedades, horarios, decisiones de seguridad e información relativa a los intereses empresariales de la familia.Tenía acceso porque Robert confiaba en ella.Esa parece ser la parte que más le mo
Vuelvo a mirar la firma.Hay algo familiar en ella, y no solo porque la haya visto en los registros de autorización. He visto ese nombre antes. Más de una vez. Ha aparecido en los márgenes de esta investigación, siempre conectado con algo que Robert se mostraba reacio a explicar.Robert se da cuenta de la forma en que estoy mirando el documento.—Conoces el nombre.—Sé que lo hemos visto antes.Acerca el papel.Durante unos segundos ninguno de los dos habla.El estudio oeste se ha vuelto extrañamente silencioso. Incluso Adrian ha dejado de teclear. Su tableta descansa sobre el escritorio mientras espera a que Robert decida qué está dispuesto a contarnos.Señalo el registro de pago.—¿Por qué esta persona recibía dinero de ti?Robert se recuesta en la silla.—No exactamente de mí.—Eso no es una respuesta.—No —dice—. No lo es.Coge el documento y estudia la fecha.El pago se realizó poco después de la muerte de Nathaniel.Hace quince años.En aquel momento se había registrado como un
Los pasos pasan por la puerta del estudio oeste.Levanto la vista tan deprisa que la silla roza contra el suelo.Adrian ya se está moviendo.Abre la puerta y sale al pasillo. Le oigo comprobar el corredor y luego el pasaje contiguo. Robert se queda donde está, con una mano apoyada en el borde del escritorio de Nathaniel.—¿Algo? —pregunta Robert.—No.Adrian regresa unos segundos después.—No hay nadie.Miro hacia el pasillo.—¿Estás seguro?—He comprobado ambos extremos.Robert no responde. Su atención se ha desplazado hacia el suelo.Hay algo cerca de la pared.Un pequeño trozo de papel.Adrian lo recoge y lo despliega con cuidado. Solo quedan unas pocas letras en el fragmento rasgado.Robert las ve.Su expresión cambia.—¿Qué es? —pregunto.No responde.Me acerco.Las letras forman parte de un apellido. Lo he visto antes, disperso entre los registros y documentos que llevamos días reuniendo.El mismo nombre que Robert se ha negado a decir.Lo miro.—Sabes a quién pertenece esto.Ro






Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.