FAZER LOGIN
Una traición que lo cambió todo
Dicen que el primer amor nunca se olvida.
Durante mucho tiempo creí que esa primera historia sería el recuerdo más hermoso de mi vida. Me imaginaba contándoles a mis hijos cómo se conocieron su padre y yo, cómo habíamos superado cada obstáculo antes de formar nuestra familia.
Jamás imaginé que todo acabaría con tanto dolor.
Me llamo Marie Rose.
Tenía veintidós años y, desde mi punto de vista, mi vida era casi perfecta. Tenía un trabajo que me encantaba, unos padres que siempre me apoyaban, una mejor amiga en quien confiaba ciegamente... y, sobre todo, a Julien Terry.
Durante tres años había ocupado cada uno de mis pensamientos.
Lo amaba con toda mi alma.
Había estado a su lado en los momentos más difíciles. Soporté sus ausencias, sus promesas que tantas veces olvidaba cumplir y esa forma distante de ser que aparecía de vez en cuando. Cuando mi familia y mis amigos intentaban abrirme los ojos, yo siempre respondía con la misma sonrisa:
—No lo conocen como yo.
Estaba convencida de que el amor podía arreglarlo todo.
Qué equivocada estaba.
Aquella noche, la familia Terry celebraba una gala de lujo en uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad. La empresa acababa de firmar un contrato histórico y las figuras más influyentes del mundo de los negocios habían asistido al evento.
Julien me había pedido que llegara un poco más tarde.
Me prometió que tenía una sorpresa para mí.
Solo de recordarlo, una sonrisa se dibuja en mi rostro... porque yo también había preparado algo especial para él.
En el fondo de mi bolso llevaba una pequeña caja. Dentro había un reloj de lujo que había comprado después de meses ahorrando.
Quería demostrarle que, a pesar de nuestras discusiones, seguía creyendo en nosotros.
Quería hablarle de nuestro futuro, de nuestros sueños y de la vida que imaginaba construir a su lado.
Pero el destino tenía otros planes.
Mientras atravesaba el pasillo que conducía a los salones privados, unas risas llamaron mi atención. La puerta de una de las salas estaba entreabierta.
Entonces escuché aquella voz.
La voz de Julien.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Pensé que simplemente estaba conversando con algunos invitados. Sin darle más importancia, me acerqué a la puerta.
La empujé con cuidado.
Y, en un solo segundo...
Todo mi mundo se vino abajo.
Julien estaba besando a otra mujer.
Me quedé inmóvil.
Sin poder respirar.
La pequeña caja resbaló de entre mis dedos y cayó al suelo con un golpe seco que resonó por toda la habitación.
Los dos giraron lentamente la cabeza hacia mí.
Julien ni siquiera se apartó de ella.
No parecía sorprendido, incómodo ni culpable.
Su mirada era fría.
Como si mi presencia ya no significara absolutamente nada.
En ese instante comprendí que hay heridas imposibles de explicar.
Hay que vivirlas.
Se meten en lo más profundo del corazón, arrancan todo aquello que creías inquebrantable y te destrozan en el más absoluto silencio.
Aún no sabía que aquella noche marcaría el final de la mujer que había sido hasta entonces.
Tampoco imaginaba que, apenas unos días después, el destino pondría en mi camino al hombre del que nunca pensé que podría enamorarme.
Clark Terry.
El tío del hombre que acababa de hacer añicos mi corazón.
Y quizá... el único capaz de conseguir que volviera a latir.
Clark dejó de moverse.Durante varios segundos, nadie dijo una palabra.Lo miraba fijamente, incapaz de apartar los ojos de su rostro. Se había quedado pálido. No quedaba ni rastro de la rabia o la actitud desafiante que solía mostrar.—No...La palabra salió de sus labios en un susurro.Sentí que la garganta se me cerraba.—Tú estabas allí.Clark negó levemente con la cabeza.—Marie, yo...Se interrumpió. Se llevó una mano a la sien, como si un dolor repentino acabara de atravesarle la cabeza.—No lo recuerdo.Entonces Alexander dio un paso al frente.Él nunca hablaba sin motivo, y la gravedad de su mirada me provocó inmediatamente una sensación desagradable.—Porque alguien borró esa noche de su memoria.Clark levantó la cabeza de golpe.—¿Quién?Nadie respondió.El silencio que siguió fue peor que cualquier respuesta.Mi mirada se dirigió hacia mi madre.Isabella había palidecido.Sus dedos temblaban ligeramente contra su brazo.—Mamá...Ella cerró los ojos.Y, en ese instante, tod
Nadie volvió a hablar.El silencio que se había instalado en la habitación era tan pesado que casi podía escucharlo.Miré a mi madre sin conseguir apartar los ojos de ella.—¿Tu marido está vivo?Isabella cerró lentamente los ojos.Durante un segundo, permaneció inmóvil, como si decir la verdad le exigiera más fuerzas de las que esperaba.—Sí.Luciana dio un paso hacia atrás.—Espera...Su voz temblaba.Miró a nuestra madre y después a cada uno de nosotros, completamente perdida.—¿Quieres decir que nuestro padre está vivo?Isabella asintió lentamente.Noah apretó los puños.Vi cómo sus nudillos se volvían blancos.—Nos has mentido otra vez.—Quería protegerlos.—¡No!Su voz resonó con fuerza en la sala.Incluso Isabella se sobresaltó.—¡Querías decidir tú sola lo que debíamos saber!El silencio regresó de inmediato.Miré a Noah.Entendía su rabia. Yo también la sentía, ardiendo dentro de mí, atrapada en algún lugar profundo de mi pecho.Durante años, habíamos ido descubriendo, pedazo
El cañón del arma seguía apuntando hacia mi madre.Ya no podía respirar con normalidad.No apartaba la mirada de Gabriel.—Gabriel...Él no respondió.Ni siquiera se movió.A mi lado, Clark dio un paso al frente.—Baja el arma.Gabriel esbozó una sonrisa triste. Una sonrisa que hizo que un escalofrío me recorriera la espalda.—No tienes idea de lo que me estás pidiendo.Daniel sacó su arma de inmediato.—Baja la tuya.Los hombres que estaban detrás de Gabriel hicieron lo mismo.En cuestión de segundos, todos en la habitación tenían un arma apuntando hacia otra persona.El ambiente se volvió insoportablemente tenso.Mi madre avanzó lentamente.Levantó un poco las manos, como intentando calmar la situación.—Gabriel, mírame.Finalmente, él levantó la mirada y se encontró con sus ojos.Por un instante, su expresión cambió.—Me prometiste que nunca les harías daño a los niños.Él bajó la mirada.—Lo sé.La voz de Isabella tembló ligeramente.—Entonces, ¿por qué?Gabriel apartó el rostro.
Descendimos bajo el laboratorio.A medida que nos adentrábamos en las profundidades, la temperatura descendía. Un frío húmedo me recorría los brazos a pesar de la ropa que llevaba.Las paredes estaban cubiertas de antiguos símbolos de Orión. Algunos estaban medio borrados, mientras que otros parecían casi intactos.Samuel iba delante, con una linterna en la mano.Daniel cerraba la marcha junto a sus hombres.Mi madre permanecía cerca de nosotros.Y yo todavía no había soltado la mano de Clark.Sin embargo, desde que había recuperado mis recuerdos, sentía algo extraño cada vez que estaba cerca de él.Era como si lo conociera desde mucho antes de lo que podía recordar.A veces, incluso antes de que hablara, ya sabía lo que iba a decir.Apreté ligeramente sus dedos.Él giró la cabeza hacia mí.—¿Estás bien?Asentí rápidamente.—Sí.Me miró durante unos segundos antes de dejar escapar una pequeña sonrisa.—Mientes muy mal.Solté un suspiro, casi divertida a pesar de la tensión.—Estaba pe
La llave permanecía allí, en medio de la mesa.Nadie parecía querer acercarse a ella.Luciana la observaba sin moverse, como si el simple hecho de tocarla pudiera despertar algo que hubiera preferido mantener enterrado.—Viajar al pasado... —murmuró.Samuel asintió lentamente.—No exactamente de la forma que están pensando.Entrecerré los ojos.—Entonces explíquenos.Samuel señaló la vieja llave.—Desde su nacimiento, Orion ha conservado copias de los recuerdos de sus sujetos.Noah palideció.—¿Copias?—Sí.Samuel apoyó un dedo sobre la llave.—Gracias a este dispositivo, es posible reconstruir un recuerdo colectivo con una precisión casi perfecta.Clark pareció comprenderlo antes que nosotros.—Entonces James no quiere viajar realmente al pasado.—No —respondió Samuel—. Quiere modificar lo que sabemos del pasado.
—¿Lo que hice? —repitió Luciana.Su voz tembló ligeramente.Antes de que alguien pudiera responder, la pantalla se apagó.El silencio que siguió fue pesado.Durante unos segundos, nadie se movió.Luciana se llevó lentamente las manos a la cabeza. Cerró los ojos, como si intentara contener el dolor que le atravesaba el cráneo.—No recuerdo nada...Isabella corrió hacia ella.—No te fuerces, Luciana.—Mamá...La joven volvió a abrir los ojos. Ya estaban llenos de lágrimas.—¿Qué hice?Isabella permaneció en silencio.Parecía estar buscando las palabras adecuadas.—Eras muy pequeña.Luciana frunció el ceño.—¿Qué edad tenía?Isabella bajó la mirada por un instante.—Ocho años.Luciana retrocedió un paso.—¿Ocho años?Soltó una pequeña risa incrédula, pero su rostro no mostraba ninguna alegr







