INICIAR SESIÓN—¡Samuel! —Arthur corrió en dirección al hombre alto de cabellera marrón y ojos pardos.
—¡Señor, está vivo! ¡Lo sabía! Tritón es un buen caballo, él nos dirigió a este lugar. Lo encontramos vagando en los campos cercanos a esta región y él nos guio hasta este bosque. —Samuel expresó con marcada emoción.
—¿Quiénes son ellos? —Sam se acercó a Arthur temerosa.
—Son mis hombres de confianza, me encontraron gracias a Tritón. —Acarició la frente del caballo—. No eres un cuervo, después de todo. —Lo besó.
—Entonces, ya regresarás. —Sam comentó con tristeza en su mirada.
—Señor, debe venir con nosotros inmediatamente, los Jones lo declararon muerto y se quieren apropiar de sus tierras —informó el grandulón.
—¡Vaya que no pierden oportunidad! —Negó divertido—. Hoy mismo emprendemos el viaje, entonces. Me imagino el caos que debe haber en la hacienda.
—No solo caos, abuso. —Un chico de unos dieciséis años, con cabello negro y ojos oscuros irrumpió en la conversación—. Los Jones y los Delton enviaron a sus hombres a sus tierras y parte de los nuestros lo apoyan, hasta golpearon a Nidia cuando se opuso a que ellos tomaran el lugar.
—¡Desgraciados! —Arthur espetó apretando los puños—. ¿Cómo está ella?
—Pues, mejor. Pero le desgraciaron a la nieta y el novio que ella tenía la dejó porque ya no era virgen. La muchacha está destrozada. —Samuel explicó con tristeza y rabia en su mirada. Arthur se quedó helado. Esa chica y él se criaron como hermanos, debido a que era la nieta de su nana y administradora de la casa. Ellas eran su única familia, pues sus padres habían muerto años atrás.
—¡Pobre Anabela! Ella no se merece tal cosa. Iván nunca la amó, entonces. Si la hubiese amado no la hubiera abandonado cuando más lo necesitaba.
Sam limpió algunas lágrimas que se le escaparon, dado que escuchar ese tipo de abuso la hacía sentir impotente. Ella más que nadie conocía el dolor de que dañen tu inocencia y te traten como basura.
Después del almuerzo, Arthur salió a dar un último paseo con Sam. Estaban cerca del estanque sentados debajo de un frondoso árbol de florecillas amarillas, que caían de forma parecida a los copos de nieve en invierno, regalándoles un hermoso escenario con un delicioso aroma a flores silvestres, madera y tierra mojada. Él sostuvo sus manos y dejó un casto beso sobre estas y la miró con una profundidad que traspasaba su alma.
—¿Estás segura? Tienes un lugar en mi casa y yo puedo cuidar de ti. Te puedo asegurar que, a mi lado, nadie podrá dañarte, incluso puedes convertir tu habilidad en un negocio. Yo te puedo dar un lugar en mi hacienda para que pongas tu propio laboratorio y ayudarte con las ventas.
—Gracias, pero no puedo. Además, no quiero ser un problema más en tu vida, al parecer, tienes demasiada carga sobre tus hombros. Fue un placer conocerte, Arthur. Solo les pido que sean discretos al salir de aquí y que guarden este lugar como un secreto. —Sam pidió con tono de ruego. Él se quedó insatisfecho con su decisión, pero no podía obligarla a nada, de todas formas, ella estaba acostumbrada a esa vida.
—Está bien. —Él sonrió y acarició su mejilla por encima del velo—. ¿Puedo...? —La miró con nerviosismo—. ¿Puedo despedirme con un beso? —dijo al fin y ella asintió. Él cerró sus ojos y levantó la fina tela, entonces dejó un dulce y corto beso sobre sus labios. Ambos se abrazaron con fuerza y Sam se atrevió a acariciar ese hermoso cabello que tanto le gustaba. Él era como un príncipe que le regaló un hermoso mes y ella siempre lo recordaría como su única y hermosa experiencia romántica.
Verlo desaparecer entre los árboles sobre su caballo le provocaba un vacío inmenso y cuando sus ojos dejaron de verlo, las lágrimas salieron con toda libertad. Apenas se había ido y ella ya sentía la soledad penetrar sus huesos. ¡Cómo deseaba correr tras él y aceptar su oferta! ¡Cómo anhelaba tener una vida normal!
(...)
Varios días después...
Sam estaba sentada sobre el mismo tronco donde Arthur la había besado por primera vez. Era increíble cómo se había acostumbrado a su compañía en ese mes. Lo extrañaba y su ausencia dejó un vacío en aquel lugar y en su corazón. ¿Por qué le dolía tanto si no tenían mucho tiempo de conocerse? ¿Cómo era posible que haya sentido que lo conocía de toda la vida?Miró al oscuro firmamento lleno de estrellas y con la media luna cubierta por las necias nubes, que le impedían brillar con libertad. Esa era la imagen que la describía. Anhelaba ser libre de su pasado y sus miedos, de salir adelante y conocer el amor. Sería muy triste que pasara el resto de su vida sola y sin conocer la belleza de amar y ser amada. Más de dos años atrás creyó haber encontrado ese amor que describían los libros románticos y se sentía la mujer más feliz del mundo.
Flashback —Samay, querida, siéntate a mi lado. —Su padre extendió sus brazos para recibirla a su costado. Ya ella tenía veinte años y se había convertido en una hermosa mujer, pero para su padre, ella era su niña pequeña aún y, para Samay, él era su vida. Su madre había muerto al darla a luz y su padre quedó tan frustrado con su muerte, que se dedicó en lleno a cuidarla y a crear fármacos. Le enseñó todo lo que sabía y siempre presumía de la habilidad innata de su hija con las plantas.Ella se sentó a su lado y se sonrojó al notar la mirada de Daniel sobre ella. Ese chico de cabello castaño claro y ojos verdes la examinaba con gran interés y aquello provocaba que su corazón palpitara agitado dentro de su pecho.
—Samay, sabes que desde que nos conocimos me agradaste mucho y yo me enamoré de ti. —El chico dijo con una sonrisa en el rostro que para Sam era la más hermosa de todas—. Es por esto que vine a pedir tu mano, si tú aceptas, claro está.
Ella se quedó sin palabras y empezó a hiperventilar. Su padre se la llevó a la cocina para que le den agua y se calmara.
—Samay, querida. —Su progenitor la abordó con preocupación—. No tienes que aceptar si no quieres, a mí me haría muy feliz verte casada, pero solo pasará cuando estés segura de ello y encuentres el amor.
—Padre —dijo en voz baja, pues apenas se estaba recuperando de su asombro—, yo quiero casarme con Daniel, yo... lo amo. Hace mucho tiempo que estoy enamorada de él, pero creía que no era correspondida; padre, saber que él siente lo mismo por mí me llena de felicidad. —Dos lágrimas rodaron por sus mejillas y su padre la abrazó con gran alegría, pues él confiaba mucho en el joven y le encantaba como esposo de su más preciado tesoro.
Fin del flashback
Sam secó las lágrimas que se le habían escapado y se fue a dormir. Aún podía oler el aroma de Arthur sobre las sábanas y a veces sentía que él se encontraba allí y hasta le hacía preguntas o le comentaba algo, el no recibir respuesta le confirmaba su ausencia y la traía a su realidad: estaba completamente sola.
Un hermoso atardecer celebraba la unión de dos almas enamoradas, que se encontraron y se salvaron mutuamente.Bailes, risas, comidas y salutaciones inundaban la alegre hacienda.Una pareja admiraba a los novios bailar junto al niño inquieto, formando una danza de tres.—Nosotros Debemos casarnos, también. —Samuel susurró sobre el oído de la rubia a quien abrazaba por detrás.—Todo dependerá de usted y que tan productiva hagas nuestra hacienda —dijo maliciosa y él besó su cuello.Jacqueline había comprado la hacienda vecina y se instaló allí. Ella y Samuel la administraban, aunque este prefería los trabajos pesados junto a los demás trabajadores. Como todo hombre de hacienda con orgullo masculino, estaba ahorrando para comprar el anillo de compromiso, pues quería que saliera de su
El sudor en sus frentes y los rápidos latidos de sus corazones eran evidencia del temor que los recorría. Estaban en mano de sus enemigos y era obvio que este sería su fin.Arthur se apresuró al portón con alivio, al notar que era la pelirroja quien estaba allí, ella lo miraba con interrogantes y él entendió esa expresión y agradeció a Dios por aquella oportunidad.—Dígame, señor Connovan, ¿cree que hay alguna esperanza para mí? ¿Creé que mi alma pecadora y malvada encuentre un lugar donde pertenecer y que pueda ser admirada por alguien?—Lo creo. No tiene que ser el amor romántico, puede encontrar el amor donde desee cultivarlo. Y definitivamente, creo que puede redimir sus actos y ser una persona de bien, creo que puede soñar y hacer esos sueños realidad.—¿Ser&eacut
Arthur se apeó del caballo lleno de emoción. Había soñado todos esos días con el rostro de Sam al ver a su hijo, y las ansias de presenciar esa felicidad en ella lo tenía nervioso y con náuseas. Corrió hacia la puerta con temblores en sus manos y el pecho agitado. Jacqueline lo siguió con el niño en brazos, él era muy tranquilo para un niño de su edad y casi no emitía palabras.Arthur se percató de la puerta a medio abrir y entró en silencio, pues quería sorprenderla. Su corazón palpitó con intensidad al ver un florero roto en medio de la sala y algunas cosas tiradas, como si una lucha se hubiese llevado a cabo allí. Corrió con desesperación hacia las demás habitaciones de la casa mientras la llamaba con gritos llenos de angustia.—¡Sam! No, no, no, no. Sam, amor mío. ¿Qué sucedi
—Entonces, Samay está con ustedes. —El pelinegro dijo sonriente—. Esa muchacha es muy escurridiza, nunca pude dar con su paradero.—¿La buscabas? —Samuel y Sebastián se miraron con una sonrisa.—¡Claro que la buscaba! Quería devolverle a su hijo.—¿Su hijo? —Samuel inquirió estupefacto. Pues Arthur no le había contado sobre aquello.—¿Que no les ha dicho nada? Ella quedó embarazada del animal de su esposo. No sé bien como logró escapar, pero yo la encontré desmayada en las afueras del bosque que rodeaba la hacienda de los Fraga. Ella estaba sangrando y creí que había perdido al bebé. Un amigo doctor la trató en secreto, puesto que muchas personas le temían a White. Ella despertó alterada creyendo que su hijo había muerto, pero esa criat
Arthur cabalgaba aturdido, la melancolía en su pecho y el vacío de su ausencia le eran tortuoso. Imaginar todo lo que sufrió, todo lo que tuvo que sacrificar.***—Entonces, la señora está muerta. —Samuel se quedó pensativo y luego sonrió—. No debemos perder las esperanzas, hay una persona que puede ayudarnos y pronto daré con su paradero.—¿Quién es? —Arthur inquirió confundido.—El nieto de la señora Julia.Arthur asintió y Samuel se levantó de la silla y se marchó.Arthur estaba en su habitación meditando la confesión de Sam, cuando la puerta se abrió.—Hola, Arthur. —Anabela lo abrazó con fervor—. He estado tan preocupada. ¿Dónde te metiste que no dormiste en la casa anoche?—Estaba
En una cabaña ubicada en un lugar remoto y rodeado por la naturaleza, el secreto de un hombre enamorado se ocultaba. Alejada del peligro, Sam habitaba allí hasta recibir nuevas instrucciones de parte de su amado, a quien no había visto por toda una semana. Aquella tarde soleada, ella buscó comida y decidió que el patio era un buen lugar para almorzar. Con la mirada perdida en el río, Sam rememoró aquel día cuando él la llevó allí por primera vez. Los ojos se le cristalizaron al extrañar sus caricias, esa mirada intensa que solo le regalaba a ella y los besos deliciosos que tanto le encantaban. Lo amaba, por tal razón era doloroso estar separada de él. Dado que no había recibido noticias acerca de él desde que huyó de la hacienda, una angustia tortuosa no la dejaba en paz, es por esto que ella decidió visitar a los señores que Arthur designó para que se hicieran cargo de asistirla en sus necesidades. —Hola, querida. —La señora Goodman la recibió con una sonrisa—. ¿Cómo está tu braz







