INICIAR SESIÓNElena fue a su habitación, se duchó, se puso un pijama y se acostó a zigzaguear canales en la televisión, quería ir con Pablo, pero tenía un poco de inseguridad y si ya estaba dormido, pero como toda mujer, encontró una excusa para ir, tomo su crema humectante, cuadro los hombros y fue hacia la habitación de Pablo, tocó la puerta pasito, si no le abría era que se había dormido y se devolvería a su habitación, Pablo abrió la puerta con un paño alrededor de la cadera y con otro se secaba el cabello.
— Elena, apenas escuché la puerta.
— No quería molestarte si estabas dormido.
— ¿Estabas llorando?
— No, debe ser el agua salada y los lentes de contacto que me acabó de quitar que enrojeció mis ojos—mintió Elena.
— Pero pasa nena, no te quedes ahí, ¿Qué es eso que trajiste, crema?
— Sí es una crema humectante buenísima.
— Nena, pero si yo perdí la apuesta, igual me vas a complacer.
Elena enrojeció de la cabeza a los pies.
— Pablo Larsson, esta crema es para echarte en las quemaduras por el sol, para que mañana no te duela.
Pablo la abrazó y le susurró al oído.
— Exacto si usamos la crema, mañana no te dolerá nada.
— Usted perdió la carrera señor así que eso, se discutirá en otra ocasión.
Pablo se echó a reír, en eso tocaron la puerta.
— Servicio a la habitación.
Pablo le dijo a Elena que abriera que había pedido una pizza y él fue hacia el closet, Elena abrió la puerta y recibió la pizza, el muchacho dio un respingo cuando la vio, pero disimulo.
— Elena en la mesa hay dinero para la propina.
Elena le dio unos billetes al muchacho y cerró la puerta, Pablo salió vestido con solo unos interiores, Elena se le quedo viendo, comiéndoselo con los ojos.
— Qué, no me has echado crema, pero primero vamos a comer tengo hambre.
Comieron la pizza y tomaron refrescos.
— Debiste ver la cara del pobre Toni cuando me vio abriendo la puerta, creyó que se había equivocado de habitación, pero disimuló muy bien.
— ¿Quién es Tony?
— Es uno de los chicos de servicio.
— Debe sentirse muy envidioso de mí, yo que acabó de llegar y duermo con la mujer más hermosa del hotel.
— Que amable, creo, bueno quien sabe seguro piensa que soy una oportunista que primero comencé con el dueño del hotel y como no se me dio, voy con otro Larsson.
— Sería una tontería, de haber tenido algo con mi tío, hubieras tenido a la gallina de los huevos de oro, cambiarlo por mí no sería inteligente.
— Quien sabe que piensa, igual ya todos los empleados de hotel deben comentar que ando contigo, después de andar con el dueño.
— Pero en realidad nunca estuviste con el dueño del hotel ¿Cierto?
— Ya te dije que no llegué a tener sexo con Berni.
— Ni con muchos hombres según creo, así que simplemente estuve en lugar correcto en el momento correcto, mientras el resto de los hombres del hotel siguen soñando en cómo debe ser de bueno el estar entre tus piernas —Pablo levantó a Elena quien lo abrazó con brazos y piernas en las caderas de Pablo la llevó hasta la cama y cayó encima de ella— yo sé lo que es y puedo garantizar que es aún mejor que lo que ellos creen.
Pablo la besó apasionadamente, mientras presionaba su erección rítmicamente entre las piernas de Elena, siguió besando por su cuello hasta llagar a sus pechos, le mordió un pezón y succiono mientras acariciaba el otro pecho, besó luego en su abdomen donde le hacía cosquilla la incipiente barba.
— Lo que hago le da risa señorita Elena, entonces es que no lo estoy haciendo bien.
— Es tu barba, me pincha, pero me gusta te ves más sexi.
— Veamos si tienes cosquillas más abajo.
Pablo le abrió las piernas acarició su feminidad con la boca, la penetro con la lengua, Elena gemía con las intensas sensaciones, cuando mordió ligeramente la cúspide de su feminidad, Elena alcanzó el orgasmo gritando su nombre, Pablo se acostó en la cama al lado de ella.
— Mójamela nena —Elena no necesitaba más, le pasó la lengua limpiando la salada gota pre seminal, mirando directamente a los ojos grises de Pablo y luego lo metió lo más profundo que pudo en su boca y succionó.
— Oh nena —Elena no cedió y siguió succionando y pasando la lengua por el hinchado glande, Pablo al borde del orgasmo le suplicaba— para Elena si no me quieres en tu boca, no Elena, oh sí nena.
— ¿Cómo, así? —le dijo y succionó de nuevo, Elena sintió como se hacía más grueso y acaricio con la lengua las venas más abultadas.
— Elena quítate si no quieres... Ahh…
Elena introdujo en su boca el máximo que pudo y Pablo derramó directamente hasta su garganta su simiente, Elena siguió succionando hasta que lo sintió empequeñecerse un poco, se retiró y se acostó en una almohada con una sonrisa en los labios, Pablo aún tenía los ojos cerrados y la respiración agitada.
— Chica perversa.
Pablo se fue quedando dormido, lo siguiente que sintió fue la crema fría con la que Elena le masajeaba los hombros y la espalda estaba cansado, con el trabajo del orfanato, se quedó dormido saciado y feliz, en la mañana Elena se fue a su cuarto y él no se dio cuenta, así que cuando se despertó y ella no estaba se sintió mal de no encontrarla, ella le hacía falta, Pablo se afeitó se vistió para ir al gimnasio, solo para mantenerse despegado, no paso a desayunar con Elena, debía empezar a poner distancia, era lo mejor, al día siguiente llegaría Mauricio y si podía darle respuestas a la policía pronto iría a Margarita, durante el día no podía evitar pensar en Elena y sonreír, ella era toda una caja de sorpresa, era una chica seria e incluso chapada a la antigua, pero con él se volvía salvaje, le iba a costar superarla, para que engañarse, pero finalmente lo haría, como le pasaba siempre, tarde o temprano se aburría.
— Buenas tardes, puedo pasar —Brenda abrió la puerta de la oficina de Elena, ella estaba en su escritorio con Belinda frente a ella que veía una hoja de cálculo en una laptop.
— Claro que sí Brenda pasa —dijo Elena amigable—, Dios mío si ya es medio día, la mañana se nos pasó volando.
— ¿Cómo estás Belinda, dormiste bien?
— Sí, gracias Brenda —Belinda se mostraba tensa con Brenda.
— ¿Qué les parece si las saco un rato del trabajo y almorzamos?
— Es verdad Belinda, podemos tomarnos un rato.
— Pero es que es mucho Elena, jamás me imaginé que el llevar un Restaurante tuviera tanto compromiso, quiero empaparme del trabajo y con la beneficencia encima tengo mucho que aprender.
— Sí, es verdad, pero ustedes son dos y tienen un ejército de empleados y personal contratado para delegar, así hermanita que sí vas a pasar una temporada aquí y ya no quieres ser monja a corto plazo, debes aprender más que calculo y catering.
— Sí es verdad, pero que buena idea Brenda, debemos pulir a Belinda.
— ¡Que! Y es que soy una pieza de plata, no yo estoy bien así, necesito un vestido para la beneficencia, pero puedo buscarlo más adelante.
— Belinda, mira te veo muy contenta con el trabajo en el restaurant, pero este trabajo necesita de imagen y tu hermanita estas muy gris.
Brenda llevaba una camisa manga larga color perla y un pantalón ancho gris oscuro, al lado de Elena con una blusa fucsia y pantalón ajustado negro, en realidad parecía una televisión antigua en blanco y negro.— ¿Elena tú crees lo mismo? Que, si no tengo una imagen apropiada, puedo hacer mal al restaurante
— Bueno, no es que hagas mal, pero tendrás contacto con un público refinado y tu imagen debe estar acorde.
— Ya deja de darle vueltas —dijo Brenda sentada con las piernas cruzadas— esa cabecita tuya ya está sacando cuentas y contando, yo tengo dinero, te compraré todo lo que necesites, tómalo como una bienvenida a tu nueva vida.
— Si debo tener una imagen sofisticada en el restaurante, porque Brenda si puede andar con ropa deportiva sin problemas.
— Cariño yo trabajo en un gimnasio, vengo al restaurante con zapatos deportivos y licra, porque llego directo a la oficina, pero si tuviera un almuerzo formal no viniera así, ahora si prefieres trabajar en el gimnasio conmigo, puedo arreglarlo, ahí el código de vestimenta es más relajado.
— Ni loca trabajo contigo, querida hermana mayor.
— ¿Por qué?
— Bueno ya decidido, vamos almorzar y después que será Brenda, la peluquería podría ser.
— Ya le aparté cupo, pero ¿Por qué no querría trabajar conmigo?
Elena y Belinda se echaron a reír.Después de almorzar Belinda se quedó en la peluquería y Brenda y Elena pasarían a buscarla para ir de compras, llegaron a buscarla cuando la maquilladora le explicaba como maquillarse para el día, Belinda diligente siempre anotó el maquillaje que necesitaría y tips de la explicación que le daban en las notas de su celular, le cortaron las puntas del cabello en capas manteniendo el largo, aplicaron unos pequeños mechoncitos rubios dándole luz a la cabellera, nada dramático y depilaron sus cejas, con el maquillaje que era base un poco de sombra de ojos y brillo a los labios resaltaba la belleza de Belinda, sin quitar la dulzura de sus rasgos al salir de la peluquería del hotel fueron en la camioneta de Elena a un centro comercial cercano, antes se empezar en la expedición de tiendas pararon en una heladería, con un helado cada una estaban sentadas en una mesa pequeña.
Brenda se dirigió a Belinda, con su habitual tono serio, pero maternal y amable que tenía con su hermana menor.
— Belinda debes disculparme por mi actitud ayer, debes comprender que me sorprendiste, pero ahora ya después de pensarlo y verte tan bonita, me entusiasma la idea de tenerte aquí, ahora si somos las tres mosqueteras.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







