FAZER LOGINAl llegar al hotel, Elena fue con Belinda a registrarla y buscar a Brenda, Pablo se quedó con Dante, Belinda se despidió de ambos con una sonrisa y un movimiento tímido con la mano con la que sostenía el pequeño bolso con sus pertenencias.
— Vive y aprende, dice el refrán —dijo Dante con una sonrisa—, me lo tengo merecido, después de tanta parranda y mujeres dispuestas, tenía que encontrarme con la criatura más deseable que he conocido y por completo inalcanzable, el diablo debe estar riéndose de mí.
— Guao que profundo, nunca te había visto así, pensé que, por lo contrario, se volvería un desafío para ti conseguirla.
— No, la dejaré tranquila, ella no está preparada para tener sexo sin ataduras, y ni siquiera para una relación seria, así que finalmente llegó el día en que conocí mi límite, ni yo mismo lo creo, vive y aprende Pablo, vive y aprende.
— Hasta mañana —Pablo se quedó pensando en las palabras de Dante, al principio pensó que Elena era una más de las mujeres de su tío, luego tanto su tío como Sebasthian le aseguraron que Elena era especial y una mujer seria, no podía engañarse se había dado cuenta que ella era mujer de relaciones y a él no le importó, siguió adelante, ahora debía tomar algo de distancia para mantener la perspectiva, ya que como bien lo describió Dante, él no estaba listo para relaciones serias, su vida estaba muy bien y organizada, carente de dramas, Elena era una fuente de ellos con su romanticismo, sus sonrisas y grandes ojos brillantes que a él le parecía los ojos más bonitos y sinceros que había visto, definitivamente necesitaba irse a Margarita, algo de distancia era la solución.
Brenda ya había registrado a Belinda en el mismo piso que ellas, así que llegaron directo a la habitación de Brenda, tocaron la puerta y esta abrió, cuando las vio frunció el ceño.
— Por fin llegaron, ¿Todo bien en el orfanato? Y no me dijeron que habían ido a la playa.
— Hola Brenda, con todo esto se me olvidó decirte que estuvimos en la paya, pero ya está todo bien, todo quedó como si no hubieran casi destrozado toda la fachada.
— Sí Brenda gracias a Dios estaban Pablo y Dante, ellos ubicaron gente, sabes que la madrina de Pablo y el mismo Dante tienen haciendas no muy alejadas del orfanato, todos colaboraron.
— Y eso de la playa, ¿Quiénes andaban?
— Fuimos con el flamante novio de Elena y su socio Dante —dijo Belinda alegre—, pero ven dame un abrazo, que ya estoy aquí, me haces mucha falta, las dos me hacen falta, así que voy a disfrutar mientras este aquí con ustedes.
— Un momento que fueron a la playa con Pablo y el mujeriego del amigo, y lo dices tan tranquila ¿Quién eres y donde dejaste a mi hermana, Elena puedes explicarme?
— Pablo fue a buscarnos como prometió, pero fue con Dante y nos invitaron a la playa, la pasamos muy bien.
— ¿Y ahora Pablo es tu flamante novio?
— Belinda que exagera, Pablo aún no se ha dado cuenta que soy la mujer de su vida, pero tengo esperanza en que se dé cuenta pronto.
— Elena, por Dios, que te he venido diciendo, que lo dejaras fluir, si el hombre quiere una aventura tenla, la necesitabas, pero no vayas por ese camino de la esperanza otra vez.
— Por favor Brenda, te prometo que voy con calma, pero no me recrimines, soy una idiota y estoy enamorada hasta los huesos, solo tenme paciencia.
— ¿Y tú como manejaste al mujeriego de Dante Martino? —cambio de tema poniéndole los ojos en blanco a Elena y dirigiéndose a Belinda, de nada servía tratar de meterle algo de juicio en la cabeza de Elena y no le gustaba discutir con ella.
Belinda se aclaró la garganta y se puso como un tomate.
— Dante fue un caballero, pase un día agradable.
— ¿Qué hiciste Belinda? Algo ocultas.
— Nada malo, no hice nada malo —dijo muy digna Belinda.
— Entonces que es la culpabilidad que veo en tu cara, si te hizo algo lo voy a matar, y tu Elena no estuviste pendiente.
— Ya basta Brenda, no tengo cinco años para que me cuiden, y no vas hacerle nada a Dante ni le dirás nada, sé que eres capaz y yo me moriría de vergüenza —Belinda respiró profundo y bajó el tono de voz hasta convertirlo en casi un susurro—, me besó, está bien, fue solo eso, yo no lo desprecie, pero fue todo.
— Y tú te enamoraste perdidamente, no que ibas a tomar los hábitos y te vuelves loca por el primer hombre que se te cruza sin camisa y cara bonita, acaba de llegar a Caracas y ya su reputación lo precede.
— Es suficiente Brenda —intervino Elena colocándose entre ambas hermanas— cálmate yo estuve con ella y no pasó nada que se considere indigno, sabes que no lo permitiría y no es porque crea que seas una niña Belinda, es que simplemente no iba a tolerar que algo deshonroso pasara.
— Yo que creía que me ibas a entender Brenda, tu justamente, creí que me ibas a entender, fue mi primer beso y quería contárselo a ustedes y que nos riéramos, pero no. Tú no aceptas que yo sea otra cosa más que una muñeca en un pedestal.
— Eres tú la que ha dicho toda la vida que querías ser monja, no creí que tuviera que preocuparme que no cayeras en las garras de uno de los libertinos más notorios de Caracas.
— Pues no te preocupes, yo soy inocente, inexperta, pero no estúpida y sabes que no he tomado los votos porque no me lo quisieron permitir las hermanas, debido a que era muy joven, me pidieron pensarlo, si seré monja aun no lo sé, debo decidirlo responsablemente y en este momento no lo sé, así que mírame como a una mujer y entiéndeme.
— Hoy no les tengo paciencia, a ninguna, mañana las escucharé y quizás las entenderé, hoy déjenme sola.
— Ve a tu cuarto Belinda, ten tu llave, acomódate, llama y pide algo de comer en servicio a la habitación, si quieres, a partir de mañana, tendremos mucho trabajo —Elena acompañó a Belinda hasta su puerta sin cerrar la de Brenda, cuando Belinda entraba Elena le tomó un brazo—, Belinda mañana hablaremos, ahora déjame ver que le pasó a Brenda esta así por algo, no era su intención ser cruel.
— Ya lo sé Elena, pero es que ella quiere que yo esté en una burbuja y no me ve como su igual. Nunca lo hará, siempre seré una niña para ella, en parte por eso me agrada la idea de tomar los hábitos, para que me tomen enserio y dejen de verme como a una niña.
— Eso es porque te adora, pero Brenda aprenderá a equilibrar sus emociones, solo debemos tener algo de paciencia, para ella no es fácil verte expuesta cuando toda la vida fue tu escudo, pero yo estoy aquí, te escucharé y trataré de no juzgarte.
— Hasta mañana Elena, por favor me tocas la puerta cuando tengamos que ir al restaurante, yo estaré lista.
— Está bien, hasta mañana.
Elena regresó a la habitación de Brenda y cerró la puerta
— Puedes desahogarte conmigo o correrme de tu habitación, pero de verdad preferiría que me contaras ¿Qué te tiene tan molesta, desde antes de que llegáramos?
— Nada —susurró Brenda con un nudo en la garganta, estaba sentada en su cama viendo hacia el piso— solo quería que llegaran y ustedes llegan con sus potenciales meteduras de pata, como voy a decir nada ahora.
— Pues hablando, después de escuchar nuestro potencial desastre y metedura de pata, contabas lo tuyo, dime ¿Qué pasó?
— Berni viajara después de la beneficencia, va a Estados Unidos, conocerá a su futura Nuera.
— Bueno ya sabíamos que Sebasthian se había comprometido.
Elena se sentó junto a ella, tratando de entrar y tumbar la muralla que Brenda ponía a su alrededor, esta seguía viendo el piso como si hubiera algo muy interesante que no pudiera quitarle la vista.
— Sí es una tontería, es que Berni estaba en el gimnasio cuando me lo comentó, me dijo que con tantos asuntos sin resolver aquí y su estancia en Estados Unidos sería más larga, pero que iba hacer, él sabía que finalmente Sebasthian conocería a una mujer digna, que lo haría casarse; que él no era un espíritu libre, como él o como yo —Belinda se le trancó la voz y brotó de su garganta un sollozo, Elena la abrazó.
— No puedo llorar, que tontería y pérdida de energía.
— Chss, llora si eso es lo que quieres.
— No, Berni tiene razón, no tiene por qué dolerme ser una zorra no digna para Sebasthian, eso siempre lo he sabido.
— No digas eso, no te menosprecies, Berni no te quiso llamar zorra, se molestaría mucho si se entera de que así lo interpretaste, él está por encima de esos insultos mezquinos, lo que pasa, es que él no sabe de Sebasthian y de ti, tú misma no quisiste que él se enterara.
— Ya quiero que se case y que no vuelva por acá, o que al menos no me duela verlo, yo no necesito de esos melodramas absurdos, pero supongo que no puedo evitar ser mujer, y entonces voy y maltrato a la pobre Belinda por ser mujer, todo esto es una m****a, Sebasthian me hace ser y sentirme una m****a, lo odio; con la misma intensidad con la que lo amo.
Elena se quedó muda, era la primera vez que escuchaba a Brenda decir que amaba a Sebasthian, que frustrante, porque Elena sabía que Sebasthian también la había amado, él se lo había confesado hace mucho tiempo, así que solo la abrazó y lloró con ella, por la injusticia de ver a sus amigos separados, por el sufrimiento de Brenda, por la horrible vida que le dañó tanto su niñez y la hizo tan autodestructiva, después de un rato, Brenda se calmó.
— Ya pasó la tormenta, estoy bien y mañana voy hablar con Belinda.
— Cuéntale, así te entenderá.
— Y sufrirá conmigo, para que, en vez de seguir dándole vuelta al asunto, debo pasar la página, Sebasthian ya es caso cerrado, así debo etiquetarlo, ahora anda con tu adorado tormento, aprovecha el tiempo color de rosa.
— No importa, seguro ya se durmió, me quedó contigo.
— No vete, estoy bien ya lloré suficiente, ve con Pablo, se feliz, gózalo y disfrútalo, anda ya, me voy acostar tengo sueño.
— Está bien me voy, pero mañana te voy a ver en la mañana.
— Por favor, con el trabajo que te espera, nos vemos al mediodía, te prometo que voy almorzar contigo y Belinda.
— Hasta mañana.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







