FAZER LOGIN
Las chicas hablaron rieron y lloraron al menos lo hicieron Elena y Belinda mientras Brenda las regañaba, compartiendo una nueva camaradería entre las tres, al terminarse la botella de vodka comenzaron con otra, estaban bastante achispadas.
— Por el último brindis de la noche —alzó el vaso Brenda— al menos con ustedes porque me voy a la discoteca del hotel, la noche es joven.
— No Brenda, estas muy borracha para ir sola, nos vamos las tres —Dijo Belinda caminando hacia la puerta de la oficina, no sin antes tropezar con la mesa, Elena soltó una carcajada.
— Creo que Belinda esta borracha, que mala influencia somos.
— Las dos están borrachas —declaró Brenda— por eso las dos se van directo a sus habitaciones y yo a la discoteca, no es por espantarte hermanita, pero las bebidas con vodka me ponen caliente y sé que un amigo está en la disco así que voy sola.
— No, no y no —insistió Belinda— que hay de las tres mosqueteras, así Elena también puede conseguir alguien, ya no quiero a Pablo para Elena, hay que buscar a otro.
Un ligero toque de la puerta interrumpió la diatriba.
— Perdón Elena —era Germán que notó el estado de las chicas, mas no hizo alusión a este—, vera hay algunos pedidos para mañana, podemos encargarnos sin problema, pero necesitaré su firma y con respecto a la beneficencia lamentablemente cancelaron las esculturas de hielo, pero eso se puede atender mañana, lo que venía a decirles…
Brenda aprovechó para escabullirse.
— Veo que aún tienen trabajo que barbaridad, yo las dejo, y ya lo saben derechito a sus habitaciones, nos vemos mañana temprano.
Brenda salió de la oficina de Elena, ya las sillas estaban sobre las mesas y el personal de limpieza trabajaban afanados, eran más de las 11pm Brenda se disculpó y siguió su camino, al llegar a la entrada, casi se da de bruces con Sebasthian Larsson, el cabello rubio lo llevaba un poco más largo que la última vez que lo vio, los brillantes ojos azules, iguales a los de su padre la miraban una vez más, ella lamentó sus buenos reflejos a pesar de estar borracha, y no haber podido tropezar y recostarse en ese amplio pecho, él venía vestido con era habitual con traje impecable a pesar de largo viaje y su conocida colonia al instante desató el loco corazón de Brenda, tan inexistente cuando él no estaba, como si pudiera llevárselo y traerlo consigo cada vez que entraba en su vida.
— Brenda, guao estás preciosa —Sebasthian no le permitió que siguiera o escapará, aunque ella no escaparía por mucho que lo deseara, aunque el tardó un segundo de contradicción para finalmente acercarse y tomarla por los antebrazos— mira quien tenía que ser la primera persona que me iba a encontrar.
— Pero mira lo que trajo el gato, no deberías estar en Estados Unidos planeando una boda.
— Vine a pasar unos días aquí —a Brenda le pareció extraño Sebasthian no era un hombre que tomara decisiones a la ligera, era metódico y planificado, pero que podría saber ella quizás había cambiado— iré a Margarita ya que mi papá quiere quedarse en Caracas hasta la beneficencia luego ambos iremos a Estados Unidos.
— Berni no dijo que vendrías.
— No lo sabe, fue una decisión de último momento, y tengo muchas ganas de ver a mi primo y a todos por aquí, me hacen falta.
— Está bien no te quito más tiempo, Elena y Belinda están dentro.
— Brenda, nos trataremos así, ni un beso en la mejilla después de tanto tiempo.
— Por favor Sebasthian quien crees que soy, yo no soy de las que organiza fiestas de bienvenida, me alegro de verte, podemos seguir nuestros respectivos caminos.
— Brenda, ¿tú estás borracha?
— Claro que no estoy borracha, solo tome unos Martinis.
— Recuerdo muy bien lo que te hace el vodka —le dijo ahora bajito.
— Por eso es que voy a la discoteca del hotel.
— Brenda tu no vas a la discoteca, espera.
— Tú no eres nadie para decirme lo que debo hacer.
— Tienes razón, pero que me parta un rayo si dejó que…
— Qué… ¿si dejas qué? Entiende algo Sebasthian tu hiciste tu vida, y en ella no estoy yo…
— Cállate que todo el hotel se va enterar del rencor que me tienes y comenzaran los chismes.
— Por eso me voy, buenas noches —Brenda se soltó y comenzó alejarse.
— Quiere decir que sí me tienes rencor —Brenda se detuvo y luego de un instante se regresó y le dijo mirándolo a la cara y con un dedo acusador—
— Sí, sí te tengo rencor, no me agrada verte.
— Mentirosa, puede que no quieras verme porque te desestabiliza tanto como a mí —Brenda dio media vuelta con intención de irse, pero Sebasthian la tomó por lo brazos y la acercó a él bajando su cara para alinear sus miradas, comenzó hablarle bajito— como haces para encenderme la sangre con solo verte, porque sé que a ti te pasa lo mismo, sé que puedo encenderte con solo palabras, que no importa que tan lejos nos mantengamos, solo debemos estar en la misma habitación para que todo lo demás deje de existir. No quiero que vayas a la discoteca y te veas con alguien, no tengo ningún derecho a pedírtelo, pero quédate hoy conmigo.
— Sebasthian no me hagas esto.
— Chss —la hizo callar poniendo sus dedos en sus labios entreabiertos, Brenda no resistió la tentación de tocarlos con la punta de la lengua— Brenda,
ayer ya paso, mañana no existe, oh no sabes cuánto quiero besarte.— ¿Nadie sabe que estas aquí?
— No, acabo de llegar, solo lo sabe Pablo, quedamos en encontrarnos en el hotel iba a salir con él y con Dante, le mandaré un mensaje diciéndole que estoy cansado y que me acosté y listo, solo venía a saludar a Elena, y tenía la esperanza de que estuvieras con ella, aunque una parte de mí no quería verte y te encuentro vestida de oro, como resistir robarte.
— A ti no te falta oro, ni riquezas señor Larsson.
— Pero no te tengo a ti, nunca me lo permitiste, por eso siempre debo robarte.
— Sebasthian, hoy tienes una ventaja, si tienes donde ir fuera del hotel voy contigo.
— Claro que tengo a donde ir.
Elena y Belinda solo tardaron unos instantes, aun así cuando salieron de restaurante no vieron a Brenda, decididas a seguir de fiesta fueron directo a la discoteca del hotel, entraron y dieron vuelta de arriba abajo entre cuerpos apretujados, pero no la vieron así que decidieron irse, pero al llegar al lobby, Elena ve a Pablo junto a Dante conversando con el recepcionista, Elena frena entes de que ellos puedan verla, no quería ver a Pablo, no aún, pero Belinda que no se había dado cuenta sigue caminando, Elena la hala por el brazo sorprendiéndola y casi la hace caer por lo cual esta da un pequeño grito, Elena desesperada coloca su índice en la boca suplicándole en silencio que se calle, pero Belinda borracha le encanta reírse, así que soltó una carcajada no pudo evitarlo, la situación le parecía de lo más graciosa, Pablo y Dante se dieron cuenta y avanzaron hacia ellas, Pablo con su habitual expresión seria y arrogante, Dante sonriendo.
— Buenas noches señoritas —dijo alegre Dante.
— Elena disculpa que te moleste, ¿viste a Sebasthian?
Belinda volvió a reírse, Pablo y Dante la miraron.
— Pero que excusa para hablarte Elena, si Sebasthian ni está en el país.
— Ya cállate Belinda —le dijo bajito Elena.
— Lo siento, Ppablo —Elena no pudo evitar arrastrar un poco las palabras, se concentró en hablar correctamente — ¿Sebasthian está en Venezuela?
— Sí —respondió risueño Pablo que pensó en lo adorable que se veía Elena Borracha y que si podía manejar bien la situación, podría ver la verdadera cara de Elena, sea cual sea— me llamó, vino sin avisar quedé en encontrarme con él aquí, pero nadie sabe nada de él.
— Será que aún no llega —respondió Elena, en el mismo instante que el sonido de un mensaje llegó al teléfono de Pablo, lo lee en silencio y sonríe.
— ¿Dónde dejaron a Brenda?
— No lo sé —contestó de inmediato Belinda— dijo que estaría en la discoteca y allí no estaba, que sitio tan horrible, allí no se puede bailar ni hablar, es ruidoso y las luces marean, seguro se fue a dormir.
Dante sonreía mientras la miraba con ternura, Pablo fue al ataque.
— Elena quisiera que hablemos un rato.
— Hoy no se va a poder, debo acompañar a Belinda, ya es muy tarde y estoy cansada.
— No será mucho tiempo Elena.
— Es temprano podríamos volver a la fiesta —sugirió Dante.
— ¡Que! estás loco —dijo Belinda más alto— busca a tu morena flacucha e inmoral para que te acompañe, y búscale otra a Pablo, ya no lo quiero para Elena.
— Elena si no quieres que mañana haya chismes respecto a ustedes, te sugiero que salgamos del lobby, ya sabes que las paredes tienen oídos —Pablo muy serio trató de asustar a Elena y parecerle convincente, después de todo los empleados del hotel no se atreverían a crear chismes de ellos en particular, no si apreciaban su trabajo, Elena no caería tan fácil.
— Por favor que pueden decir, aquí no está pasando nada indigno, pero por si acaso nosotras nos retiramos, buenas noches.
Elena tomó del codo a Belinda y la haló en dirección a los ascensores, Dante intervino, no quería despedirse de Belinda todavía.
— Qué tal si vamos a comer perros calientes, conozco un sitio de lo mejor, no es como comer el Välsmakande, pero tengo hambre.
— Sí yo quiero, dijo Belinda soltándose del brazo de Elena y yendo hacia Dante, Elena no le quedó más remedio que seguirlos, pero Dante tomó a Belinda de la mano y caminó rápido riendo con la parlanchina Belinda, Pablo tomó a Elena de la mano y la haló hasta dar vuelta en la esquina, abrió una puerta de servicio camuflada y marcó un código en un panel escondido abrieron las puertas de un ascensor oculto, allí marcó otro código, uno de los pasadizos secretos de Bernhard, Elena no los conocía, aunque sabía de su existencia, cuando Pablo la haló ella pensó que quería robarle un beso, no que la estaba raptando.
***
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BRENDA LA VALKIRIA.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







