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Capítulo 36 ¿Por ahora?

last update Fecha de publicación: 2021-05-19 06:31:24

    — No seas un chiquillo absurdo Pablo, los celos no te van, además son inmerecidos ahora, de haber conocido a Elena en otro momento de mi vida, no la hubiera dejado escapar, pero no te preocupes es toda tuya. Por ahora. Voy a socializar en la fiesta de allá afuera.

Bernhard no pudo evitar aguijonear a Pablo, ya que le molestó que ofendiera a Elena, era evidente que le gustaba mucho si tomaba en consideración la escena de celos, los dejó solos en la sala de conferencias aislados de la fiesta.

   Elena se levantó, y enfrentó a Pablo, le tomó una mano y este la soltó y fue hacia la ventana, trató de razonar con él.

   — No me gustó que te expresaras así, ¿consideras que yo sería capaz de tener algo con Bernhard apenas te vayas? No puede ser que siguas creyendo que mi verdadero interés está en Bernhard y solo te usé para manipularlo.

 

   Pablo dejó la ventana y se acercó a ella y habló con furia contenida.

   — ¿Qué quieres que piense?, desde que llegaste hablas de que voy a Margarita y esto se acabaría, luego te veo muy cómoda mientras mi tío te toca, te lo dije una vez, no me gustan los jueguitos, no los necesitabas para que quisiera acostarme contigo.

   — Desde que me conociste has estado juzgándome, acusándome de manipuladora, de crear jueguitos, si quisiera a Bernhard estaría con él, no puedes entender que solo somos amigos.

   — Sí por ahora, mi tío lo dejó muy claro.

   — Interpretaste muy mal lo que viste.

   — Vi un show melodramático, no soy ningún payaso Elena, si quieres a Bernhard Larsson es obvio que él está disponible, no necesitas hacerte la niña afligida y de paso dejarme a mí como un imbécil cornudo delante de mis empleados.

   — No puedes estar más equivocado, pero lo que es peor es que no me tienes un gramo de confianza.

   — Yo no confió en nadie.

   — Entonces ¿Qué quieres de mí?

   — Ya lo que quería lo he conseguido.

   — Entonces no veo motivo para tu furia, ya te serviste, yo también, que te vaya muy bien en Margarita, de hecho, me conviene por mi negocio con Bernhard, buenas noches.

Elena batió su cabello y con la postura esbelta y con una resolución aprendida, dio media vuelta para salir de la sala de reuniones, Pablo la tomó del brazo, no fue su intención, su último comentario fue mezquino de su parte.

   — Elena, discúlpame —ella se dejó atrapar, pero mantuvo su postura erguida—no tengo ningún derecho a decir lo que te dije.

— Pero si es lo que piensas, me alegra saberlo —se soltó de su agarre y salió sin voltear atrás.

 

Elena ubicó a Brenda bailando, al terminar la canción la llamó para hablar con ella.

   — Brenda me voy al hotel, no quiero seguir aquí.

   — Vámonos —reacciono Brenda en seguida— ¿dónde está Belinda?

   — Yo iré a buscarla, ve tú a la camioneta.

   

   — ¿La pasaste bien Belinda? —le preguntó Brenda, iban las tres ya en la camioneta de Elena, esta no había comentado aún porque la abrupta salida, las hermanas preferían esperar que ella comenzara a desahogarse antes de interrogarla, sobre todo si iba conduciendo.

   — Sí, me divertí mucho.

   — Habla de una vez ¿cómo te fue con Dante? Te vi bailando con él dos veces.

   — Es un descarado ese Dante, vieron la muchacha morena de la mini falda que se le guindaba como un mono, resulta que es casada, y sin embargo andaba con él, y seguro se van hacer sabe Dios qué después.

   — Pero sin embargo no te escuché tono acusador para Dante sino para la morena.

   — Él es soltero, es inmaduro y aunque suene sexista es hombre. Ella está casada debería respetar la santidad del matrimonio.

   — Él también debería —dijo Elena interrumpiendo a Belinda— hay muchas mujeres solteras, pero como siempre los hombres hacen lo que quieren y se justifica porque son hombres, las mujeres en cambio no, las colocan en hogueras y son juzgadas y aun así la sociedad se jacta de ser civilizada y haber evolucionado —las hermanas guardaron silencio, finalmente Belinda decidió seguir hablando de Dante.

   — No lo justifico, él es un muérgano, aunque un muérgano adorable, y demasiado peligroso para mí, no me gustó lo que sentí cuando lo vi acompañado, pero el placer que sentí cuando la chica me vio con él, eso me gustó menos.

   Pablo ubicó a su tío en la barra improvisada hablando con Patricia.

   — Tío, necesito hablar contigo.

   Patricia se retiró discretamente.

   — Perdóname lo que pasó antes —dijo Bernhard—, no creí que pudieras interpretar que quería dejarte mal parado con tus empleados.

   — No tío soy yo quien debe disculparse contigo y con Elena, que te puedo decir, me desquité con ella y no se ni por qué.

   — Te cuesta confiar en las mujeres después de la traición de la chiquilla Donna, pero estás con una mujer de verdad, no con una malcriada, compórtate como el caballero que ayudé a criar y si no puedes confiar en ella, entonces confía en mí.

   — Me gusta mucho y ya me di cuenta que es una buena mujer, tío no quiero quedar en medio de ustedes, de ser necesario me aparto, jamás podría no confiar en ti, por nada ni nadie.

   — Disfruta lo que tienes con ella, mantén tu mente libre de prejuicio, la mujer te gusta y tú le gustas, lo demás no importa, que las cosas lleven su propio ritmo, y me sentiría muy herido si vuelves a insinuar que yo me metería en medio, creí que estábamos claros.

   — Por ahora —declaró Pablo mirando a Bernhard.

   — El presente es lo que importa, el pasado ya pasó y el futuro es incierto, ve por ella hombre, y a partir de mañana ve y construye el mejor hotel que sea digno de llevar el apellido Larsson. 

    Llegaron al hotel y pasaron directo a la oficina de Elena en el Välsmakande, Brenda pasó de largo y abrió la salita, se sentó en el sofá y le hizo señas a Elena para que se sentara a su lado, Belinda se sentó en el sofá pequeño. 

   — Le dije a Germán que trajera la coctelera y lo necesario, haré unos Martinis —dijo Brenda— ahora Elena vas a decirnos de una vez, porque vienes echando espuma por la boca, ¿qué te hizo Pablo? 

   — Aparte de ser un patán, insinuando que yo solo lo utilicé para darle celos a Berni. 

   — ¿Qué, pero por qué creé eso? —preguntó exaltada Belinda. 

  — Porque va a ser —respondió Brenda— porque cree que Elena es una caza fortuna, no soporta como trata a Berni y se siente inseguro, que te puedo decir hermanita, los hombres son así, Pablo no entiende la amistad de Elena con su tío que es su héroe. 

  — Pero si esta celoso de Berni quizás solo debas aclararle que solo eres amiga de Berni y después de todo, creo que es bueno que este celoso, quiere decir que le gustas mucho. 

   — No necesariamente —dijo al instante Brenda— los hombres son bestias dominantes y egoístas, serían más felices tomándonos del pelo y arrastrarnos como los cavernícolas. 

   — Yo merezco lo que me pasó, no esperé para acostarme con él, valga decir que me lo sacó en cara, fui “fácil”, como iba a creerme que no había dormido con Berni, total ¿quién en Caracas no lo piensa? 

   Germán tocó la puerta y al permitirle la entrada pasó con una bandeja con una cubeta con hielo y una coctelera lo instalo en la mesa y abrió un bar secreto en la pared y salió discretamente. 

   — Será así Elena con autocompasión —dijo Brenda. 

   — No es autocompasión, es la verdad. 

— Y una m****a la verdad, ahora viene la parte divertida, él no dejó de desearte, ahora tú puedes ser aquello que probó y quedó con ganas de más, pero como te perdió ahora eres inalcanzable, ¿entiendes?

   — Yo lo que entiendo es que Elena no es un objeto —dijo furiosa ahora Belinda— la comparaste exacto como una situación que a diario veo en el orfanato, un juguete que una niña le quita a otra y esta pasa todo el día rogando que lo quiere, pero ¿sabes que pasa al final? La niña que finalmente recupera el juguete a los 5 minutos deja el juguete abandonado muchas veces bajo el sol en el suelo; abandonada. 

   — Ya chicas, Brenda no te preocupes no me le humillé a Pablo y Belinda tampoco te preocupes, no quedaré abandonada bajo el sol y la lluvia, y ahora prepara esos Martinis y bebamos, celebremos que por fin se dará comienzo a la estructura del hotel de Margarita donde estará mi primer restaurante, en sociedad con Berni claro. 

   — Yo no bebo —dijo Belinda— yo me quedó con ustedes, si quiere brindo, pero no bebo. 

  — Perdón, mi falta —dijo Brenda y tomó el teléfono y marcó la conexión al restaurante dio instrucciones a Germán— hermanita no te enseñé a beber, veras no se trata de emborracharse, solo a veces, y si lo vas hacer que sea solo con nosotras, ya verás, sí podrás brindar. 

  Al instante Germán trae un vaso alto con una rodaja de naranja más rodajas en un bol unas cerezas en almíbar en otro y una jarra pequeña con zumo de naranja fresco.

— Gracias Germán, eres el mejor —le dijo Brenda con picardía, con eso el maître se apuró en retirarse.

   — Qué mala eres —la reprendió Elena— sacándole los colores al pobre Germán.

   — Pobre, por favor le di algo para que pensara esta noche, ahora a lo que vinimos —sirvió en el vaso alto tres cerezas, hielo picado hasta arriba, un dedo de vodka y jugo de naranja hasta igualar el hielo, lo movió con un removedor— ahora termina el brindis Elena.

   — Celebremos también por nosotras— chocaron las copas, Elena y Brenda bebieron, Belinda se quedó viendo el vaso.

   — Se ve sabroso —susurró Belinda y tomó un poco con un pitillo.

   — ¿Qué tal? —preguntó Brenda.

   — Es sabroso —contestó Belinda y bebió de nuevo.

   — Sí, pero con calma, recuerda que sabe a jugo dulce, pero tiene alcohol. 

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