INICIAR SESIÓN
— Claro que fue así, Pablo sé que no lo entiendes, pero soy sobreprotectora con Belinda porque su vida fue difícil antes de llegar al orfanato, Brenda es implacable, Belinda es inocente, ambas son mis hermanas, aunque no de sangre así las siento.
— Belinda está bien, no te preocupes; ¿recuerdas a tus padres?
— Claro que sí, me amaban, quizás de haber vivido más, habrían tenido otro hijo, pero no pudieron.
— Yo desde que tengo uso de razón tenía a Sebasthian, lo quiero igual que a mi hermana, somos primos, pero jamás hemos sentido que éramos menos que hermanos, y luego esta Dante que ha sido mi compañero tantos años que le tengo plena confianza, sé que no es mi hermano que tiene intereses propios, pero le confiaría mi vida, por eso estoy seguro que Belinda no corre peligro con él.
— Pablo no te quiero espantar ni presionar, pero puedes confiar en mí, esto que tenemos es algo a lo que no le hemos puesto etiqueta ni hemos definido, pero es algo, no quiero que malos entendidos lo malogren.
Pablo se levantó de la cama y le tendió la mano.
— Eres hermosa Elena, de verdad que sí, pero por ahora mi reina del vodka vámonos a tu habitación, después de un baño te sentirás mejor.
— Pablo yo no estoy borracha, hablo en serio.
— Claro que sí nena, pero vamos.
Más tarde en la habitación de Elena unos dignos e inocentes recién bañados Elena y Pablo veían televisión, Elena se puso un mono de licra azul y una franelilla de algodón y había cambiado las lentillas de contacto por sus lentes de montura, Pablo llevaba un mono de algodón negro y una franelilla blanca que permitía apreciar su ancha espalda y esculpidos brazos, al escuchar risas en el pasillo supieron que Dante y Belinda habían llegado, al instante tocaron la puerta pasito, Elena saltó de la cama y abrió la puerta a la alegre pareja.
— Aquí están los perros calientes y una botella de refresco, Dante amablemente me acompaño hasta aquí.
— Muchas gracias Dante, también por acompañar a Belinda.
— No es nada Elena, no te preocupes, aquí está enterita, tal cual me la llevé, incluso la puede revisar un médico —Belinda soltó la carcajada— aunque debo decirle señorita Elena, que es muy irresponsable darles alcohol a los menores.
—Ja ja muy gracioso, no estoy borracha y tampoco soy menor de edad, deja el sarcasmo.
— Pues como sea, tiburoncito, tu amiga tiene razón de cuidarte de mí, hasta mañana Pablo —dijo más alto para que este escuchara, Elena enrojeció ya que era obvio que Pablo estaba en su habitación, Pablo abrió más la puerta y se puso al lado de Elena.
— Sí Dante ¿te vas conmigo o por tu cuenta?
— Contigo, mi mamá y mi hermana se irán el fin de semana, cuando ya tenga todo dispuesto en el apartamento que alquilé.
— ¿Ya comieron? Si no pasen y comemos todos.
— Sí ya comimos —dijo Dante, que al instante sonrió— aquí mi tiburoncito favorito devoró los perros de a dos mordiscos.
— Vas a seguir con tus burlas —declaró Belinda con mirada hastiada, mientras batía su largo cabello— crees que eres muy adorable con tus chistes malos, pero la verdad aburres.
Algo brilló en los ojos amarillos de Dante, pura maldad, Elena tuvo que apretar los labios para no reír, Belinda actuaba tal y como dijo cuándo bromeaba con ella que haría la próxima vez que viera a Dante, Pablo río a carcajadas en clara burla a su amigo.
— Aburrido Dante, pero que mala eres Belinda, no fue conmigo y me dolió.
— Bueno, Dante gracias por todo y sí los perros estaban muy ricos y solo me comí dos pequeñitos, hasta mañana a todos, estoy muerta de cansada.
— Hasta mañana —Pablo enseguida cerró la puerta.
— Pablo, pero les cerraste la puerta en la cara.
— Qué… tengo hambre.
— No te hagas el inocente, lo hiciste a propósito para dejarlos solos.
— No tengo idea de que hablas mujer, tengo hambre y después de comer, la convenceré de complacerme de nuevo señorita Elena ya que estaré mucho tiempo sin tenerte, así que el tiempo es oro.
— Aburrido no, está bien, tienes razón —le dijo Dante a la espalda de Belinda mientras ella se afanaba en abrir la puerta, que por alguna razón se negaba a reconocer la tarjeta— no creas que te vas a escapar tiburoncito.
— Dante, te lo advierto, conserva la distancia —Dante estaba ya muy cerca y Belinda trataba de disimular los nervios.
— Permíteme la tarjeta tiburoncito. —Le susurró pegado al oído mientras llevaba su mano acariciándole muy sutil el brazo hasta llegar a la mano en la cerradura, se la quitó sin mayor esfuerzo, el pulso de Belinda se había acelerado y sentía la boca seca.
— Sabes que te deseo Belinda, eso suele ser divertido, —Dante tomó la tarjeta, pero no le permitió moverse, estaba entre la puerta y el cuerpo de Dante con este hablándole al oído, le hizo algo a la tarjeta que Belinda no pudo ver y al usarla en la cerradura se encendió la luz verde abriendo la puerta, pero ni así pudo escapar ya que él enseguida sujeto la puerta por el picaporte— hasta ahora me conoces aburrido, pero si me dejas entrar podremos divertirnos.
— No te permitiré pasar.
— Sin embargo, quieres, estas deseando ver de qué te has perdido, yo soy el indicado para demostrarte lo divertido que puede terminar una noche.
— Si algún día quiero que un hombre pase a mi habitación no serás tú, será mi esposo, y te puedes seguir burlando no me importa, ahora déjate de tonterías y déjame pasar —Dante soltó el picaporte y la puerta se abrió de par en par, Belinda entró y bloqueó la puerta por si acaso Dante quería pasar a la fuerza, Dante sonrío al verla nerviosa —. Buenas noches, suerte en Margarita.
— Parece que decidiste no ser monja, te dije que si eso ocurría te casarías conmigo, veras creo que en base a esa lógica puedes dejarme pasar.
— Te acuerdas de eso —dijo ella bajito.
— Tiburoncito, claro que me acuerdo, lo difícil es sacarte de mi mente
Belinda reaccionó y le dijo más alto
— Estás loco, y me sorprende que esas tácticas te funcionen, ve y pídele un ladito en la cama al esposo de la chica con la que estuviste más temprano, aquí no eres bienvenido.
— Que conste que ahora tendrás que ser tu quien me pida que me case contigo, ya te lo pedí dos veces y te negaste.
— Busca una silla para que te sientes, parado te cansaras de esperar, chao—Dante puso el pie para que no cerrara la puerta.
— No me darás un beso de buenas noches.
— No y quítate, debo cerrar la puerta.
— Lo haré si me das un beso, en el cachete, mira pongo las manos en el marco de la puerta para no tocarte y volteo de perfil.
— No seas infantil déjame cerrar.
— También puedes quitarte y yo paso y reclamo mi beso, así que lo mejor es que seas tú quien me lo de, un miserable besito de amigos en el cachete, que te cuesta, después de todo, te he tratado como un perfecto caballero, aun después de que me acusaron de violador, te burlaste de mi todo el rato, no me aproveché de tu borrachera, te alimenté y de paso me arrastro por un minúsculo besito.
— Está bien, pero pon el cachete y no muevas las manos—Belinda se acercó y Dante movió la cara y se dieron el beso en los labios, Belinda lo empujó y Dante la abrazó y le dio un beso de verdad, Belinda le respondió con entusiasmo, no podía engañarse, ella también quería ese beso, desde que se montara en la enorme camioneta de Dante quiso hacerlo, él era el único hombre que le desquiciaba los sentidos, por él podría olvidar sus convicciones pasadas y finalmente ser mujer, pero recordó a la morena y eso le dio el valor de apartarlo, no era justo que en un mismo día tuviera dos mujeres, además eso estaba mal, él no era su novio.
— Dante déjame cerrar la puerta.
— Belinda, déjame pasar, no pasará nada que tú no quieras te lo prometo.
— Tus promesas no significan nada para mí, tú que prefieres pedir perdón a pedir permiso, que no respetas la santidad del matrimonio de esa mujer, ¿quién crees que soy? yo tengo principios —y cerró la puerta.
—Está bien, te dejaré en paz, algún día quizás las cosas sean diferentes, y seas tú la que te metas en mi habitación y sea yo quien te corra, chao mi angelito.
Dante se fue riendo de lo absurdo de la situación, gozaba con Belinda, nunca conoció una chica como ella, que ella quisiera meterse en su habitación que ocurrencias tenía, si eso pasara la pobre no la sacarían ni todas las monjas juntas.
La mañana llegó gris y con lluvia como el ánimo de Elena, le molestaba su tristeza, debería estar contenta, finalmente comenzaría la construcción del hotel Larsson Margarita, el sueño de su propio restaurante, debería estar muy feliz, sin embargo, se había acostumbrado tanto a Pablo, Elena procuraba ser objetiva, su capricho con Pablo debía deberse a la soledad, pero también tenía ese presentimiento que le decía que era él, que Pablo era el hombre indicado, el correcto para ella.
Al despertar a las 5am con el despertador de Elena, Pablo le hizo el amor, así le gustaba a ella pensarlo, la demostración de necesidad de uno por el otro no podía ser solo sexo, Pablo fue a su habitación para arreglarse y recoger lo que hiciera falta, quedaron en verse para desayunar en el restaurante.
Elena llegó al restaurante tenía mucho trabajo por hacer, faltaba menos de un mes para la Gala de beneficencia, le ayudaría a no seguir pensando en Pablo y en su relación con él, apenas entró ve sentado en la barra leyendo un periódico y tomando café a Sebasthian.
— ¡Sebasthian...! —Exclamó Elena emocionada y corrió abrazarlo, Sebasthian se paró y la recibió elevándola y dando una vuelta con ella— ayer escuché que estabas aquí.
— Sí, ¿y de quien lo escuchaste?
— Por ahí…
— No sabes mentir Elena, y dado que eran pocos los que saben que estoy aquí, apostaré a que fue mi primo.
— Sí está bien, fue Pablo, estamos saliendo o algo así.
— Algo así, bueno trátalo bien.
— Y tú ¿cómo estás?, viniste con tu novia.
— No, voy de camino a Margarita con Pablo, pero tuve nostalgia y quise llegar de sorpresa a Caracas, mi papá aún no sabe que estoy aquí.
— A esta hora debe estar en el gym. ¿Ya viste a Brenda?
— No la he visto— mintió Sebasthian y cambiando rápido el tema— pero mejor cuéntame ¿cómo están las cosas con el restaurante? me entere que Belinda está aquí.
— Sí, espera que la veas, es una mujer preciosa, y va esperar para ver qué camino toma, si se queda con la iglesia o ejerce su carrera.
— Bueno esperó que tome la decisión acertada para ella misma, ojalá no sea tan terca como Brenda.
— Es verdad, y aquí entre nosotros, ¿dejaste de querer a Brenda?, bueno supongo que sí, ya que te vas a casar.
— No creo que tenga mucho sentido querer a Brenda, total, nunca fue mi novia; a Brenda debo dejarla en el pasado.
— Sebasthian yo estoy segura que si hubieran tenido una oportunidad…
Bernhard entró en ese momento al restaurante impidiendo que Elena siguiera hablando.
— Pero que es esto, es una broma, como es posible que mi hijo este aquí y yo no lo sepa —Bernhard fue abrazar a su hijo y le dio una palmada en la espalda.
— Papá era sorpresa, quería pasar por aquí antes de llegar a Margarita, ya me voy, solo espero a Pablo.
— Me alegro que estés aquí, porque no me avisaste, voy saliendo a New York.
— Allá te alcanzo, iré a New York, después de disponer en Margarita todo para Pablo en la construcción.
— Mucho cuidado con no regresar a tiempo para la beneficencia —dijo Elena cruzando los brazos.
— Claro que no —respondió Sebasthian estaremos aquí, no te preocupes.
— Buenos días a todos.
Pablo llegó con una sonrisa al ver a Sebasthian, en seguida le dio un abrazo y una palmada en la espalda.
— Hermanito, que bueno verte —dijo Pablo.
— Ah, pero ¿Pablo sabía que habías llegado?
Pablo fue hacia Elena y le dio un beso en la mejilla, para dar tiempo a Sebasthian de contestar.
— Le dije ayer, acordamos encontrarnos aquí, llegué muy cansado, por eso no te busque ayer.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







