INICIAR SESIÓNElena estuvo todo el día de aquí para allá, eso era lo normal en el restaurante, pero hoy era uno de esos días, dónde todo simplemente sale mal, pero a pesar de que el pedido de pescado llegó incompleto, que una ayudante de cocina se cortó en la mano y que tuviera que irse a la emergencia, el chef que es un verdadero genio culinario, pero bastante temperamental estuviera a punto de un colapso nervioso porque la comida no estaría a tiempo, finalmente el almuerzo había salido bien, para el turno de la noche no deberían haber más contratiempos, una bulliciosa familia llegó al restaurante, era la pareja que coincidió con ella y Sergio en el ascensor del hotel de Margarita, el día que todo cambió, en está ocasión la pareja iba acompañada de la familia incluyendo varios nietos, Elena los recibió, a veces hacia el trabajo del maître y pensó "por favor Dios que no me reconozcan" la pareja no reparó para nada en ella, Elena cayó en cuenta de que no solo habían pasado más de un año, también en aquella ocasión llevaba peluca y lentes, ahora ella vestía más elegante, llevaba lentes de contacto y su cabello natural oscuro, no había forma en que la pareja se acordaran de ella, puso su mejor sonrisa de anfitriona y recibió a la pareja con su familia.
— Buenas noches bienvenidos al Välsmakande, síganme por favor los llevaré hasta una mesa —Elena hizo seña al mesonero de zona para que buscara sillas infantiles, cuando estuvieron todos sentados el mesero trajo los menús.
— ¿Celebran alguna ocasión especial?
— Sí nuestro aniversario —dijo la señora, Elena la notó igual que la primera vez una abuela coqueta y feliz.
— Mis más sinceras felicitaciones —Elena lo decía de corazón, había admirado esta pareja y ahora por capricho del destino se los volvía a encontrar y despertaban en ella nuevamente añoranza, Elena sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, trató de despejar su mente y concentrarse en su trabajo.
— Espero disfruten de su estancia.
Elena se retiró de allí para distraerse en otra cosa, de camino le ordenó al maître y hombre de confianza Germán que se encargara y que se asegurara les llevarán un brindis de champán cortesía de la casa a la tierna pareja, comenzó con paso rápido y cuando iba llegando a su oficina casi corrió, cerró la puerta y los sollozos brotaron de su garganta.
— ¿Pero qué me pasa? —Ahora lloraba con hipidos.
Elena se sorprendía de su propia reacción, pero el volver a ver a esa pareja le hacía notar su soledad, decidió dejar a Sergio porque en su vida se había formado un vacío y ahora que era libre, había superado su timidez, era exitosa, seguía estando vacía.
— Ya está bien —se dijo así misma, se limpió la cara, se volvió a maquillar y salió de nuevo con la cara en alto, lo que sentía tenía que esperar, decidió mandar un mensaje a Brenda.
"Día horrible, noche peor, que te parece una noche de chicas"
Brenda contestó:
“Claro que sí también lo necesito”
“hoy me pasó algo, más tarde te cuento"
Elena respondió
"Ok nos vemos".
Elena se retiró del restaurante poco antes del cierre, fue directo a la habitación de Brenda que estaba junto a la suya, tocó la puerta y enseguida abrió Brenda.
— Hola, Elena ¿Qué te pasó? Estuviste llorando tienes los ojos hinchados.
— No te preocupes, es que soy tonta, y ¿Qué te pasó a ti?
— Nada importante, tú primero.
— Realmente es una tontería, sabes que cuando fui a Margarita y descubrí al perro sarnoso, vimos una pareja que estaban de aniversario.
— Sí lo recuerdo —Brenda le prestaba atención mientras se echaba crema en los pies.
— Bueno, hoy estuvieron en el restaurante acompañados de una numerosa y escandalosa familia.
— Sí que fastidiosos.
— No tonta, escandalosos no por problemáticos, sino porque traían nietos, desde un bebé hasta un pequeño como de 8 años, eran bellos después de tantos años, felices y enamorados.
— Yo también me pusiera a llorar, pero si tuviera que aguantar unos viejos con mirada enamorada, rodeados de niños gritones.
Elena se echó a reír
— Te dije que era una tontería, el estrés del día y ¿No vamos a salir? Te veo muy cómoda —ahora Brenda estaba cambiando canales en la televisión.
— Qué te parece si nos quedamos viendo una película, hoy no estoy de ánimo para ir de fiesta. Sabes Elena cuando decidiste seguir tu vida sin el perro sarnoso te planteaste una nueva vida, está vida que tienes ahora es muy buena, y cambiaste en todos los aspectos visibles, pero aún Sergio tiene poder sobre ti.
— Claro que no... Brenda, él es un cero a la izquierda, ni siquiera le contesto llamadas o mensajes que me hace de vez en cuando.
— Entonces explícame ¿Por qué ves a Sergio en cada hombre que te pretende? ¿Por qué te crees fracasada por no ser madre? ¿Sabes por qué? Era la vida con la que Sergio te enamoró. Nos casamos y tenemos hijos, tú nos atiendes a todos en una casita de dulce, amiga eso no tiene porqué ser un final feliz. Acepta la vida cómo la tienes ahora y parte de allí.
— Ya perdí la oportunidad de tener mi casita de dulce, con un divorcio a cuestas y un negocio exitoso, parece que es la mejor receta para estar sola, la única propuesta que me pinta el horizonte es la de amante sin compromiso.
— Y con Bernhard Larsson de primer candidato, el sueño dorado de toda soltera exitosa, ya quita esa cara, no lo sabes, si los potenciales maridos para casa de dulce existen, seguro hay uno para ti. Solo abre los ojos.
— Estoy feliz con mi vida ahora, el proyecto del nuevo restaurante, y tantos proyectos que llegan a mi cabeza, te dije fue sólo un momento de melancolía, pero ya dejemos de hablar de mí ¿Qué pasó contigo?
— Melancolía… eso también. ¿Recuerdas la fotografía que me tomó Belinda en el refugio de mascotas?
— Sí claro.
— Hoy la subí a redes sociales, mi foto con el cachorro, lo hice para pedir donaciones para el refugio, Belinda, las niñas del orfanato y yo, lo pasamos tan bien que decidí ayudarles con algo de publicidad.
— Esa foto es bella, te muestra tierna y sonriente algo tan poco común en ti…como un eclipse.
— Sebasthian me escribió: "por ver una sonrisa así, con gusto doy cualquier colaboración, me iluminaste el día mi Valkiria", ya sabes se empeña en mantener ese apodo estúpido, me llamaron del refugió una hora después, agradeciendo mi iniciativa, gracias a la cuál recibían una sustanciosa donación de Sebasthian Larsson.
— Qué tierno es Sebasthian, todavía no entiendo qué les pasó y por qué no están juntos, si te gustaba.
— Más que gustarme, estaba loca por él, pero sabía que no podía funcionar, un príncipe Larsson con su empleada, muy de cenicienta.
— Eres injusta, él jamás le importaría que fueras empleada. Él te quería.
— Pero tiene que viajar, encargarse de negocios millonarios y codearse con gente de su mundo, si le daba alas hubiera sido egoísta, opte ser noble y apartarme, ahora seguro vuelve casado con alguna mujer de clase alta que le quede mejor el puesto de princesa Larsson.
— No eres muy noble, creó que eres muy tonta.
— Lo que sé, es que no es justo que cuando pienso que superé ese sueño loco con Sebasthian, él hace cosas como esa, de pagar por una sonrisa mía, porque le iluminan el día, y siento ese cosquilleo en el pecho que me hace desear cosas que no puedo tener.
— Se llama corazón, ese cosquilleo, te parece muy extraño, porque te empeñas en negar que tienes corazón —dijo Elena con una sonrisita.
— Ja, ja graciosa.
— Qué te parece si nos atiborramos de helado, tengo uno grandote en mi habitación.
— Por mi está bien, después no te quejes en el Gym.
Elena fue a su habitación, después de una ducha se puso una pijama de algodón de short y una franelilla le quedaba ajustada, notó que se le marcaban los pezones, pero iba solo al lado con Brenda no a caminar por el hotel, se quedó así, se quitó los lentes de contacto y se puso sus lentes de fórmula, se calzó las pantuflas, se armó con el helado gigante y dos cucharillas plásticas, no resistió abrir el helado, tomó una cucharada grande y se la metió en la boca mientras cerraba su puerta, así la encontró Pablo Larsson en el pasillo.
Pablo regresó tarde al hotel, estaba cansado. Dante y él apenas habían comido en todo el día, pero adelantaron bastante trabajo, fue a la recepción donde le entregaron un sobre con la llave para su nueva habitación, y cuál es su sorpresa al salir del ascensor, ve a Elena con su muy ajustada y minúscula pijama, sintió de inmediato deseó por ella. A pesar de llevar una apariencia inocente con esos lentes y el cabello recogido con un mechón fuera de lugar, le pareció que era lo más sexy que había visto.
— Buenas noches Elena, veo que te quedas en el hotel, parece que somos vecinos.
— Muhm… —Elena sacó la cucharilla de la boca para poder hablar, Pablo llevaba la misma ropa que en la mañana y aún se veía exquisito, y ella con esas fachas — hola Pablo ¿Estás en este piso? Creí que estarías en una de las suites de la familia.
— Soy un hombre sencillo.
— Bueno esta es mi habitación y voy para al lado que es la de Brenda.
Pablo notó cómo se marcaban sus pechos firmes, no eran muy pequeños ni grandes, lo justo para caber en sus manos, se imaginó cómo se sentirían, como se estremecería ella si los pusiera en su boca, sintió como comenzaba a formarse una erección con solo ver a la sexy Elena y ahora la tenía de vecina…eso iba a ser un problema.
— Pues a tu derecha tienes a tu amiga y a la izquierda a mí. Esta es mi habitación —dijo señalando su puerta.
— Bienvenido vecino. Estoy a la orden si necesitas una tacita de azúcar—Elena sonrió, bromeando.
Pablo se acercó hasta quedar casi pegado a ella.
— Quizás quiera un poco de helado —dijo con voz baja y seductora.
Elena sintió una electricidad recorrer su cuerpo, con la cucharilla que antes había usado tomó una porción de helado y se la ofreció, Pablo abrió la boca y tomó el helado acercando su cara con un murmullo de placer, Elena mordió su labio inferior y sintió un cosquilleo entre sus piernas y subió hasta su pecho, involuntariamente se estremeció, de repente Brenda abrió su puerta.
— Oh disculpen, es que escuché la voz de Elena.
Elena y Pablo se separaron, toda la tensión sexual quedó rota, Elena habló primero.
— Brenda te presentó a Pablo Larsson, sobrino de Berni.
— Encantado —Pablo se acercó y le dio la mano.
— Mucho gusto. —contestó ella y con picardía lo miró a él, y miró a Elena. —el molde—, dijo sonriendo.
— Brenda he oído de ti y tus rutinas de muerte —dijo Pablo, sin hacer caso al comentario extraño de Brenda, Elena estaba roja como un tómate.
— ¡Bah! para nada, también he oído de ti Pablo, causaste una buena impresión en mi mejor amiga.
Elena, se quiso morir.
— Pablo que tengas buenas noches.
Elena se adelantó hasta Brenda y la miró con desaprobación.
— Nos vemos Pablo —dijo Brenda y desapareció.
— Pablo —lo llamó Elena
Pablo se devolvió hacia ella.
— Es que bueno, podrías venir al restaurante mañana, para hablar de las sugerencias para Margarita, yo te invito.
— Está bien allí estaré. Y Elena… tú también me causaste una buena impresión. Hasta mañana entonces.
Elena cerró la puerta de la habitación de Brenda y caminó hacia la cama dónde se dejó caer al lado de Brenda.
— Todavía siento el corazón acelerado.
— Ya veo porque te gusta, es todo un Larsson —dijo Brenda riendo.
— Se que todos ellos son bien parecidos, pero este hombre simplemente me descontrola, cuando fija en mí sus ojos, siento que me derrito y no sabes, coqueteamos y yo de pasada le di helado en la boca.
— Ah sí, picarona, discúlpame por salir, rompí el hechizo.
— No, está bien que hubieras interrumpido, tengo que controlar mejor mis reacciones con Pablo, si cuando tomó el helado en su boca sentí un cosquilleo, desde abajo.
— Se llama vagina, ese cosquilleo, te parece muy extraño, porque te niegas aceptar que tienes una vagina —dijo Brenda riendo con ganas, devolviendo las palabras que Elena usara antes con ella.
— No se te escapa nada verdad —Elena le tiró una almohada a Brenda riendo también.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







