INICIAR SESIÓNHubo unos segundos de silencio antes de que continuara: —He aceptado el acuerdo. La otra mujer guardó silencio durante unos instantes, como si necesitara asimilar sus palabras. Luego su voz se llenó de entusiasmo: —¿De verdad?... Me alegra muchísimo que hayas aceptado. Has tomado la decisión correcta. Te prometo que su vida será muy, muy feliz. Estudiará en las escuelas y universidades más prestigiosas... y... Asia la interrumpió, preguntándole con amargura: —¿No me conocerá cuando crezca?... ¿Sabrá que soy su madre? Reem suspiró, exasperada ante su ingenuidad. —Asia, te estás adelantando a los acontecimientos. Asia cerró los ojos con fuerza y apretó el teléfono entre los dedos hasta sentir un ligero dolor en las articulaciones. —Solo respóndeme. Hubo un breve silencio al otro lado. Entonces Reem respondió con una voz más tranquila: —No... Lo más probable es que no lo sepa. El corazón de Asia se contrajo con tanta fuerza que sintió que la respiración se le atascaba en e
Se despidió de Salma en la puerta del edificio antes de que ella se marchara en su automóvil, acordando encontrarse por la tarde para visitar a la doctora.En su interior, aquello le provocó una sonrisa amarga.En lugar de sus constantes salidas con su amiga para distraerse, ahora tenían un único motivo para salir...La doctora.Mientras subía las escaleras, con la mente ocupada intentando analizar lógicamente lo ocurrido durante el encuentro de aquel día, se cruzó con el señor Hamdy, su vecino, que acababa de entrar.Él la recibió con una amplia sonrisa que dejó al descubierto sus dientes irregulares.La saludó con una efusividad exagerada, extendiendo la mano:—Señorita Asia, ¿cómo está? Espero que todo vaya bien.No tenía energía para aquello.Le estrechó la mano rápidamente, intentando poner fin a la conversación y marcharse, pero él la prolongó al interponerse en su camino con una pregunta llena de curiosidad:—¿Todo está bien?... Desde hace semanas noto que estás pálida y cansad
Mazen llegó a casa menos de veinte minutos después.Aunque el trayecto no había sido largo, sintió como si cada semáforo se hubiera empeñado deliberadamente en detenerlo.En cuanto entró en la casa, encontró a la empleada de pie junto a las escaleras, con el rostro tenso.Le preguntó rápidamente:—¿Cómo está ahora?—El médico está con ella, señor.No esperó más.Subió las escaleras a toda prisa hasta llegar al ala privada de ambos. Sin embargo, en lugar de entrar en su dormitorio compartido, se dirigió hacia otra habitación al final del ala, una habitación que ella había convertido en su propio refugio, lejos de él, desde su última discusión.La puerta estaba entreabierta y desde el interior llegaba la voz del médico mientras le daba instrucciones.Empujó suavemente la puerta y se acercó a ellos.Ella estaba recostada sobre la cama, apoyada en varias almohadas detrás de la espalda. Su rostro estaba ligeramente pálido y sus ojos enrojecidos, como si hubiera llorado antes de que él lleg
La frialdad que había cubierto sus facciones desapareció, reemplazada por algo mucho más peligroso... una preocupación intensa y repentina. Se levantó de su asiento de golpe, haciendo que la silla rechinara con fuerza contra el suelo.—¿Ha perdido el conocimiento?La secretaria negó rápidamente con la cabeza.—No, señor. Pero lleva vomitando desde esta mañana y tiene la presión arterial muy baja.Tomó el teléfono y las llaves en un solo movimiento rápido. Ni siquiera parecía recordar que Asia seguía dentro de la habitación, como si todo lo que había ocupado su mente unos segundos antes hubiera desaparecido de repente.—Avísame cuando llegue el médico.—Por supuesto.Se dirigió hacia la puerta con grandes zancadas, pero se detuvo por un instante y giró medio cuerpo hacia Asia.—Continuaremos esta conversación más tarde.Después, simplemente se marchó.La puerta se cerró tras él, y Asia permaneció sentada en su lugar durante largos segundos, completamente inmóvil.Había reunido el valor
—Asia, cálmate... por favor, no te pasará nada.Salma aún la sostenía entre sus brazos desde que habían regresado hacía apenas unos minutos. Le acariciaba suavemente la espalda, mientras el cuerpo de Asia temblaba por completo, como si intentara encogerse dentro de sí misma hasta desaparecer por completo. Sus sollozos eran entrecortados y su voz salió rota mientras se aferraba a la ropa de su amiga:—No lo entiendes... Él no es como nosotros, Salma. Tiene una influencia y un poder enormes. ¿No fueron esas tus palabras antes?Soltó un sollozo entrecortado y añadió:—Se llevará a mi hijo... Estoy segura.Sus últimas palabras temblaron, mientras rodeaba su vientre con ambos brazos temblorosos, ofreciéndole una protección que ella misma necesitaba. Salma suspiró profundamente y se sentó a su lado en el borde de la cama. Luego tomó su mano con firmeza, aunque con delicadeza.—Escúchame bien, Asia... No podemos afrontar esto de esta manera.Asia negó rápidamente con la cabeza, interrumpiénd
"La doctora te llamó esta mañana. ¿Te estás preparando para ir a verla?" La madre de Asia lo preguntó cuando entró en su habitación a mediodía y la encontró vestida, preparándose para salir de casa. Asia guardó sus cosas dentro de su bolso, bastante grande. "No... Voy a pedir una licencia en el trabajo." "¿Qué? ¿Una licencia? ¿Y quién nos mantendrá? ¿Te has vuelto loca?" Asia se enderezó y la miró con dureza. "Todavía no... Pero no te preocupes, es bastante probable que termine volviéndome loca en medio de esta farsa que estoy viviendo. ¿Qué esperas? ¿Que siga trabajando con normalidad y aparezca frente a todos con el vientre abultado de la noche a la mañana?" "¿Buscarás otro trabajo? El alquiler se retrasará por segunda vez, hija. No quiero presionarte, pero no sé qué nos espera." Se colgó el bolso al hombro y besó rápidamente la cabeza de su madre. "No te preocupes, encontraré una solución. Salma ya ha empezado a buscarme otro trabajo. Adiós, nos vemos más tarde." Salió r







