INICIAR SESIÓNLa frialdad que había cubierto sus facciones desapareció, reemplazada por algo mucho más peligroso... una preocupación intensa y repentina. Se levantó de su asiento de golpe, haciendo que la silla rechinara con fuerza contra el suelo.
—¿Ha perdido el conocimiento? La secretaria negó rápidamente con la cabeza. —No, señor. Pero lleva vomitando desde esta mañana y tiene la presión arterial muy baja. Tomó el teléfono y las llaves en un solo movimiento rápido. Ni siquiera parecía recordar que Asia seguía dentro de la habitación, como si todo lo que había ocupado su mente unos segundos antes hubiera desaparecido de repente. —Avísame cuando llegue el médico. —Por supuesto. Se dirigió hacia la puerta con grandes zancadas, pero se detuvo por un instante y giró medio cuerpo hacia Asia. —Continuaremos esta conversación más tarde. Después, simplemente se marchó. La puerta se cerró tras él, y Asia permaneció sentada en su lugar durante largos segundos, completamente inmóvil. Había reunido el valor durante días para venir hasta allí. Había imaginado decenas de escenarios en su cabeza, había esperado rabia, rechazo... pero jamás imaginó que el encuentro terminaría tan rápido. Tampoco esperaba que la dejara atrás como si fuera un asunto pendiente en medio de un día demasiado ocupado. —¿Estás bien? La secretaria se lo preguntó mientras Asia asentía lentamente. —Sí... eso creo. Se levantó. La secretaria la observó durante unos instantes y, debido a su propio embarazo, se había acostumbrado casi inconscientemente a reconocer ciertos detalles relacionados con las mujeres embarazadas. Su mirada cayó sobre el delicado suéter de Asia. Preguntó con una amable vacilación: —Perdona... ¿estás embarazada? Asia se quedó paralizada. Sus ojos descendieron automáticamente hacia su vientre. El suéter ligero se había pegado un poco a su cuerpo debido a la posición en la que había estado sentada, dejando al descubierto aquella pequeña protuberancia que ya no era tan fácil de ocultar. Volvió a levantar la mirada. —Sí. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de la secretaria, esa sonrisa que casi todas las mujeres conocen cuando descubren que otra está atravesando la misma experiencia. —¿De cuántos meses? Asia guardó silencio durante unos segundos. Lo había olvidado. Se aclaró la garganta mientras se acariciaba el vientre. —Del tercero. La secretaria soltó una pequeña risa mientras colocaba una mano sobre su vientre abultado. —Yo estoy de siete meses. Por eso ahora puedo reconocerlo fácilmente. Asia observó su vientre, bastante grande ya, como si por un momento hubiera olvidado su nerviosismo. Luego dijo en voz baja: —Parece agotador. La secretaria soltó un largo suspiro. —¿Agotador? Esa es la palabra más amable que se puede usar. Rio suavemente antes de añadir: —Me duelen los pies todo el tiempo, mi espalda está en guerra conmigo todos los días y dormir se ha convertido en un sueño lejano. Por primera vez desde que había entrado en el edificio, las facciones de Asia se relajaron un poco. Preguntó con calma: —¿Y todo esto vale la pena? La mujer no dudó ni un instante. Colocó la palma sobre su vientre por instinto y sonrió. —Cuando se mueve aquí dentro... olvidas todo lo demás. ❈-❈-❈ Bajó casi dos tramos de escaleras en lugar de esperar al ascensor. Sus pasos eran inusualmente rápidos para él, hasta el punto de que algunos empleados que estaban acostumbrados a su habitual calma se giraron sorprendidos al verlo atravesar el largo pasillo sin dirigir una mirada a nadie. No había nada capaz de alterarlo más rápido que escuchar su nombre acompañado de la palabra «enferma». Llegó al ascensor y pulsó el botón con impaciencia. En cuanto las puertas se abrieron, entró y, minutos después, abandonaba la sede de la empresa rumbo a su lujoso automóvil. En la esquina, Salma se estremeció de miedo en cuanto lo vio salir. Inmediatamente, varios escenarios terribles relacionados con su amiga y con lo que podría haberle ocurrido pasaron por su mente. Salió apresuradamente de su pequeño automóvil. Poco después, Asia abandonó el despacho. Su mano se posó automáticamente sobre su vientre y una ligera sonrisa apareció en sus labios sin que siquiera se diera cuenta. Pero antes de que pudiera entrar en el ascensor, vio a Salma salir de él con el rostro lleno de miedo y preocupación. En cuanto la vio, Salma tomó sus mejillas entre las manos y preguntó angustiada: —¿Estás bien? Lo vi salir y me preocupé por ti. Temí que te hubiera hecho daño... o que ese desgraciado te hubiera hecho algo. Asia respondió con una calma extraña: —No, no me hizo nada. Vámonos. Entró en el ascensor, seguida por Salma, quien la miraba sorprendida por su tranquilidad y sentía aún más curiosidad por saber qué había ocurrido. ❈-❈-❈Se despidió de Salma en la puerta del edificio antes de que ella se marchara en su automóvil, acordando encontrarse por la tarde para visitar a la doctora.En su interior, aquello le provocó una sonrisa amarga.En lugar de sus constantes salidas con su amiga para distraerse, ahora tenían un único motivo para salir...La doctora.Mientras subía las escaleras, con la mente ocupada intentando analizar lógicamente lo ocurrido durante el encuentro de aquel día, se cruzó con el señor Hamdy, su vecino, que acababa de entrar.Él la recibió con una amplia sonrisa que dejó al descubierto sus dientes irregulares.La saludó con una efusividad exagerada, extendiendo la mano:—Señorita Asia, ¿cómo está? Espero que todo vaya bien.No tenía energía para aquello.Le estrechó la mano rápidamente, intentando poner fin a la conversación y marcharse, pero él la prolongó al interponerse en su camino con una pregunta llena de curiosidad:—¿Todo está bien?... Desde hace semanas noto que estás pálida y cansad
Mazen llegó a casa menos de veinte minutos después.Aunque el trayecto no había sido largo, sintió como si cada semáforo se hubiera empeñado deliberadamente en detenerlo.En cuanto entró en la casa, encontró a la empleada de pie junto a las escaleras, con el rostro tenso.Le preguntó rápidamente:—¿Cómo está ahora?—El médico está con ella, señor.No esperó más.Subió las escaleras a toda prisa hasta llegar al ala privada de ambos. Sin embargo, en lugar de entrar en su dormitorio compartido, se dirigió hacia otra habitación al final del ala, una habitación que ella había convertido en su propio refugio, lejos de él, desde su última discusión.La puerta estaba entreabierta y desde el interior llegaba la voz del médico mientras le daba instrucciones.Empujó suavemente la puerta y se acercó a ellos.Ella estaba recostada sobre la cama, apoyada en varias almohadas detrás de la espalda. Su rostro estaba ligeramente pálido y sus ojos enrojecidos, como si hubiera llorado antes de que él lleg
La frialdad que había cubierto sus facciones desapareció, reemplazada por algo mucho más peligroso... una preocupación intensa y repentina. Se levantó de su asiento de golpe, haciendo que la silla rechinara con fuerza contra el suelo.—¿Ha perdido el conocimiento?La secretaria negó rápidamente con la cabeza.—No, señor. Pero lleva vomitando desde esta mañana y tiene la presión arterial muy baja.Tomó el teléfono y las llaves en un solo movimiento rápido. Ni siquiera parecía recordar que Asia seguía dentro de la habitación, como si todo lo que había ocupado su mente unos segundos antes hubiera desaparecido de repente.—Avísame cuando llegue el médico.—Por supuesto.Se dirigió hacia la puerta con grandes zancadas, pero se detuvo por un instante y giró medio cuerpo hacia Asia.—Continuaremos esta conversación más tarde.Después, simplemente se marchó.La puerta se cerró tras él, y Asia permaneció sentada en su lugar durante largos segundos, completamente inmóvil.Había reunido el valor
—Asia, cálmate... por favor, no te pasará nada.Salma aún la sostenía entre sus brazos desde que habían regresado hacía apenas unos minutos. Le acariciaba suavemente la espalda, mientras el cuerpo de Asia temblaba por completo, como si intentara encogerse dentro de sí misma hasta desaparecer por completo. Sus sollozos eran entrecortados y su voz salió rota mientras se aferraba a la ropa de su amiga:—No lo entiendes... Él no es como nosotros, Salma. Tiene una influencia y un poder enormes. ¿No fueron esas tus palabras antes?Soltó un sollozo entrecortado y añadió:—Se llevará a mi hijo... Estoy segura.Sus últimas palabras temblaron, mientras rodeaba su vientre con ambos brazos temblorosos, ofreciéndole una protección que ella misma necesitaba. Salma suspiró profundamente y se sentó a su lado en el borde de la cama. Luego tomó su mano con firmeza, aunque con delicadeza.—Escúchame bien, Asia... No podemos afrontar esto de esta manera.Asia negó rápidamente con la cabeza, interrumpiénd
"La doctora te llamó esta mañana. ¿Te estás preparando para ir a verla?" La madre de Asia lo preguntó cuando entró en su habitación a mediodía y la encontró vestida, preparándose para salir de casa. Asia guardó sus cosas dentro de su bolso, bastante grande. "No... Voy a pedir una licencia en el trabajo." "¿Qué? ¿Una licencia? ¿Y quién nos mantendrá? ¿Te has vuelto loca?" Asia se enderezó y la miró con dureza. "Todavía no... Pero no te preocupes, es bastante probable que termine volviéndome loca en medio de esta farsa que estoy viviendo. ¿Qué esperas? ¿Que siga trabajando con normalidad y aparezca frente a todos con el vientre abultado de la noche a la mañana?" "¿Buscarás otro trabajo? El alquiler se retrasará por segunda vez, hija. No quiero presionarte, pero no sé qué nos espera." Se colgó el bolso al hombro y besó rápidamente la cabeza de su madre. "No te preocupes, encontraré una solución. Salma ya ha empezado a buscarme otro trabajo. Adiós, nos vemos más tarde." Salió r
Guardó silencio durante unos segundos, parpadeando con incredulidad. Luego estalló en una carcajada, lo que avivó aún más la furia de Reem y la hizo arder de rabia. Incluso volvió a secarse el cabello con la toalla mientras continuaba caminando hasta llegar frente al espejo. "Querida, no estoy de humor para bromas... Me muero de sueño." Su cuerpo se estremeció durante una fracción de segundo cuando una lámpara pequeña salió disparada por un golpe violento y chocó contra el espejo que tenía delante. Los fragmentos de vidrio cayeron a sus pies. Su sonrisa desapareció por completo, reemplazada por el ceño fruncido y la preocupación. "Reem... ¿qué estás haciendo?" Ella no se había movido ni un centímetro. Respiraba entrecortadamente y su pecho subía y bajaba con violencia, mientras sus ojos brillantes por las lágrimas ardían de rabia. "Reem, cálmate primero y habla conmigo... ¿Qué ha ocurrido exactamente?" Ella soltó una risa cargada de dolor y sarcasmo mientras negaba con la cabez







