Compartir

Capítulo 2

Autor: Mila Mercado
last update Fecha de publicación: 2026-05-20 05:11:54

Valeria no recordaba cómo había llegado hasta el departamento que Alexander le había asignado tras la boda. Las calles de la ciudad pasaban borrosas a través de las ventanillas del taxi, mientras las lágrimas seguían cayendo sin control por sus mejillas. El conductor la miró por el retrovisor un par de veces, pero no se atrevió a preguntar.

Al entrar al lujoso apartamento en el piso 28, el silencio la golpeó como una bofetada. Todo estaba impecable, frío, sin alma. Igual que el hombre que acababa de sacarla de su vida. Se quitó los tacones y los lanzó con rabia contra la pared. El sonido seco resonó en el vacío.

—¿Cómo fui tan estúpida? —susurró, dejándose caer en el sofá blanco.

Tres años. Tres malditos años amándolo en secreto, aguantando sus desprecios, sus ausencias, sus noches en las que la tomaba con pasión salvaje para luego tratarla como si fuera invisible. Recordó la primera vez que Alexander la tocó. Fue después de firmar el contrato matrimonial. Él había bebido, estaba furioso por una reunión fallida, y ella simplemente estaba ahí. Esa noche la había besado con urgencia, arrancándole la ropa como si fuera un estorbo. Sus manos grandes recorriendo su cuerpo, sus labios exigentes, sus embestidas profundas y posesivas que la hicieron gritar su nombre entre lágrimas de placer y dolor.

Valeria se abrazó las rodillas, sintiendo aún el fantasma de aquellas caricias. Lo había amado tanto. Incluso cuando él la humillaba delante de sus socios, llamándola “la mujercita que tuve que comprar”. Incluso cuando Sophia dormía bajo el mismo techo en las fiestas que organizaban.

Valeria apenas había cerrado la puerta del apartamento cuando el timbre sonó con fuerza. El corazón le dio un vuelco. Aún con el rostro lleno de lágrimas, abrió sin mirar. Allí estaban ellos.

Alexander Blackwood, imponente en su traje negro, y Sophia colgada de su brazo como un trofeo brillante. La modelo sonrió con pura malicia al verla deshecha.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Valeria con voz rota—. Ya firmaste los papeles. Se suponía que me dejarías en paz.

Alexander entró sin pedir permiso, empujando la puerta con el hombro. Sophia lo siguió, mirando el lugar como si le perteneciera.

—Vine a asegurarme de que te fueras de verdad —dijo él con voz gélida—. No confío en ti, Valeria. Siempre fuiste una oportunista. Tres años fingiendo ser la esposa perfecta mientras solo buscabas mi dinero y mi apellido.

Sophia soltó una risa cruel y se acercó, mirándola de arriba abajo.

—Mírate. Patética. ¿De verdad creíste que Alexander te amaría? Eras solo un contrato. Una secretaria mediocre que abrió las piernas en el momento justo. Hasta yo me daba vergüenza ajena cada vez que te veía intentando llamar su atención como un perro callejero.

Valeria retrocedió, sintiendo cada palabra como una puñalada. Las náuseas de las últimas semanas se intensificaron, pero las ignoró.

—Alexander… por favor —suplicó en un susurro—. No me humilles más. Solo déjame recoger mis cosas e irme.

Él se rio con frialdad. Caminó hasta ella y la tomó del mentón con fuerza, obligándola a mirarlo. Sus ojos grises estaban llenos de desprecio.

—¿Humillarte? Tú te humillaste sola. Cada noche que te follaba solo era porque estaba borracho o estresado. Nunca significaste nada. Sophia tiene razón: eres una oportunista barata. Mañana mismo haré que limpien este apartamento de toda tu basura.

Sophia abrió el armario y empezó a tirar la ropa de Valeria al suelo con desprecio.

—Esto es lo que mereces. Sal de aquí como la cualquiera que eres. ¿Crees que alguien te va a creer si hablas mal de él? Todos saben que te casaste por interés. La prensa ya está avisada.

Valeria sintió que el mundo se derrumbaba. Intentó recoger su ropa, pero Alexander la tomó del brazo con fuerza y la arrastró hacia la puerta.

—Fuera —ordenó—. No quiero verte ni un segundo más. Recoge lo que puedas y desaparece. Si te vuelvo a ver cerca de mí o de mi empresa, te destruiré por completo.

La empujó hacia el pasillo. Valeria tropezó y cayó de rodillas sobre el frío mármol. Las lágrimas caían sin control mientras intentaba levantarse. Algunos vecinos abrieron sus puertas, murmurando.

—Alexander… —suplicó una última vez.

—Para mí ya estás muerta, Valeria Montenegro. No vales nada.

Sophia cerró la puerta en su cara con una carcajada. Valeria se quedó allí, sentada en el suelo del pasillo, abrazándose el vientre de forma instintiva. No sabía aún que dentro de ella crecía una vida. Solo sentía un dolor profundo en el alma y un cansancio que iba más allá de lo físico.

Recogió lo poco que pudo meter en una maleta que dejó en la entrada y bajó al lobby. El portero, siguiendo órdenes, no la dejó esperar ni un taxi dentro del edificio. La obligaron a salir a la calle bajo la lluvia fina de la noche.

Allí, empapada y rota, Valeria caminó varias cuadras hasta encontrar un hotel barato. Esa misma noche, en la habitación miserable, se hizo la prueba de embarazo con las manos temblorosas. Dos rayas rosadas brillaron en la pantalla.

Embarazada.

Se tocó el vientre con miedo y rabia.

—No dejaré que te hagan daño —susurró—. Tu padre no te merece.

Al día siguiente, todas las portadas de las revistas y redes sociales explotaron:

“Alexander Blackwood humilla y echa a su esposa a la calle como a una cualquiera”

“Valeria Montenegro, la oportunista que intentó cazar al billonario más poderoso del país, finalmente descartada”

Los titulares eran despiadados. Fotos de ella llorando en la calle, recogiendo su maleta bajo la lluvia. Entrevistas anónimas de “fuentes cercanas” que la llamaban calculadora, trepadora y mentirosa. Nadie mencionaba los años de desprecios que había aguantado. Nadie sabía del embarazo.

Alexander leyó los titulares en su oficina mientras Sophia se sentaba en su regazo, besándole el cuello.

—Perfecto —dijo él con una sonrisa fría—. Que todo el mundo sepa qué clase de mujer era.

Valeria, desde su habitación de hotel, vio las noticias y apretó los puños. El dolor se transformó lentamente en algo más oscuro y fuerte.

Esta humillación no sería en vano.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 49

    La casa de Alessandro se había convertido en una fortaleza. Cámaras en cada esquina, personal de seguridad rotando cada ocho horas, y un protocolo estricto que Valeria todavía no lograba asimilar. Los trillizos, ajenos a todo, seguían llenando los pasillos de risas y llantos. Liam y Ethan ya intentaban ponerse de pie agarrándose de los muebles, mientras Anastasia observaba todo con esos ojos grises que tanto le recordaban a su padre.Valeria estaba en la cocina preparando el desayuno cuando Alessandro entró, todavía con el teléfono pegado a la oreja. Y su expresión era tensa.—Confirmaron que el jet aterrizó en un aeródromo privado cerca de Viterbo —dijo al colgar—. Alexander está en Italia. Y no vino solo.Valeria dejó el cuchillo sobre la tabla de cortar. El corazón le latía tan fuerte que le dolía el pecho.—¿Qué tan cerca?—A menos de dos horas de Roma si se mueve con cuidado —respondió Alessandro, acercándose y tomándola de los hombros—. Damien ya tiene gente rastreando. Pero si

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 48

    La mudanza a la casa de Alessandro se llevó a cabo en menos de cuarenta y ocho horas. No fue un proceso alegre ni romántico. Fue una operación de seguridad. Hombres de traje oscuro cargaban cajas, revisaban cada rincón del nuevo lugar y colocaban cámaras adicionales en puntos estratégicos. Valeria observaba todo desde la cocina, con Anastasia en brazos y los gemelos gateando a su alrededor, ajenos a la tormenta que se cernía sobre ellos.Alessandro se acercó por detrás y le rodeó la cintura con un brazo.—Sé que no es como te lo imaginaste —dijo en voz baja—. Pero aquí estarás más segura. Hay tres niveles de acceso, vigilancia las veinticuatro horas y un equipo que responde directamente a mí.Valeria asintió sin apartar la mirada de la ventana.—No es el miedo a que entre… es el miedo a que ya esté dentro. A que alguien cercano esté trabajando con él.Alessandro apretó ligeramente el abrazo.—Camila no es de confianza. Ya se lo dije a Damien. La vamos a mantener lejos de cualquier inf

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 47

    —No dormiste otra vez.—Intenté —respondió ella sin girarse—. Pero cada vez que cierro los ojos, siento que alguien nos está mirando.Él se agachó detrás de ella y la abrazó, apoyando la barbilla en su hombro.—Hoy vamos a reforzar todo. Damien ya tiene gente nueva en la calle. Y yo personalmente voy a hablar con mis contactos en Nueva York. Alexander no va a poder ni respirar sin que lo sepamos.Valeria se apoyó en él, buscando esa seguridad que solo él parecía darle.—¿Y si no es solo él? Lucas dijo que hay alguien más moviendo piezas.Alessandro se tensó ligeramente.—Entonces vamos a descubrir quién es. Y vamos a detenerlos.---En la oficina, el ambiente estaba cargado. Camila Herrera llegó temprano, impecable como siempre, pero con una expresión más cerrada. Damien la recibió con una sonrisa educada, pero Valeria notó que él mantenía cierta distancia.—Camila, necesito que revises los contratos con el grupo alemán —dijo Damien—. Elena te pasará los archivos.Camila miró a Valeri

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 46

    La noche en Roma era densa, casi asfixiante. Valeria no lograba conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Alexander Blackwood, esa sonrisa retorcida que ahora parecía perseguirla incluso en los sueños. Se levantó de la cama con cuidado para no despertar a Alessandro, que dormía profundamente a su lado, con un brazo todavía extendido hacia donde ella había estado.Caminó hasta la habitación de los trillizos. Liam y Ethan dormían abrazados, como siempre. Anastasia tenía el ceño ligeramente fruncido, como si también sintiera la tensión del ambiente. Valeria se sentó en el borde de la cuna y acarició la cabecita de su hija.—Mamá no va a dejar que nadie los toque —susurró.Alessandro apareció en la puerta, descalzo y con el cabello revuelto.—Otra vez —dijo en voz baja, no como pregunta, sino como afirmación.Valeria asintió. Él se acercó y la rodeó con los brazos por detrás, apoyando la barbilla en su hombro.—Mañana firmamos los papeles de la orden de restricc

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 45

    La mañana siguiente amaneció gris y pesada en Roma. Valeria no había dormido casi nada. Se levantó temprano, se duchó y preparó el desayuno de los trillizos con movimientos mecánicos. Liam y Ethan ya gateaban por la cocina, mientras Anastasia golpeaba la bandeja de su silla alta con una cuchara.Alessandro apareció detrás de ella y le rodeó la cintura con los brazos, apoyando la barbilla en su hombro.—No dormiste —dijo más que preguntó.—Imposible —respondió Valeria, intentando sonreír—. Cada vez que cierro los ojos lo veo.Él la giró y la besó suavemente.—Hoy voy a hablar con mis abogados y con Damien. Vamos a cerrar todos los caminos que Alexander tenga. No va a tocarlos.Valeria asintió, pero el nudo en su estómago no desaparecía.En Nueva York, Alexander caminaba de un lado a otro en su pequeño apartamento. La mujer misteriosa no había vuelto a responderle. Él marcó su número una y otra vez hasta que finalmente contestó.—Deja de llamar —dijo ella con voz fría.—Necesito tu ayud

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 44

    —¡Dime dónde están!La voz de Alexander Blackwood retumbó en el pequeño apartamento oscuro de Nueva York. Estaba de pie frente a una mujer de cabello negro corto, ojos afilados y una expresión de puro desprecio. Ella cruzaba los brazos, apoyada en la pared, sin inmutarse.—Ya te lo dije mil veces, Alexander —respondió ella con calma glacial—. No sé dónde está Valeria. Y aunque lo supiera, no te lo diría.—¡Mientes! —gritó él, golpeando la mesa con el puño—. Tú siempre has sabido más de lo que dices. ¡Eres la única que tiene contactos en Europa! ¡La única que puede encontrarla!La mujer soltó una risa fría.—¿Y qué vas a hacer? ¿Amenazarme como amenazabas a tu esposa? ¿Como amenazabas a todos cuando eras el gran Blackwood? Mira a tu alrededor. No te queda nada. Ni dinero, ni poder, ni familia. Solo tu obsesión.Alexander avanzó hacia ella, los ojos inyectados en sangre.—Esos niños son míos. ¡Son mis herederos! Valeria no tiene derecho a escondérmelos. Y ese Rossi… ese maldito italiano

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status