LOGINLa pérdida de Camila no se sintió como una derrota inmediata en el piso de San Lorenzo. Se sintió como un silencio incómodo.Serena Varela estaba sentada frente a la mesa, con las manos cruzadas y la mirada fija en un mapa de Roma marcado con puntos que ya no servían. Alexander caminaba detrás de ella como una sombra inquieta, incapaz de quedarse quieto más de diez segundos.—Dijiste que la teníamos —replicó él por tercera vez—. Dijiste que solo necesitaba un empujón más.—Y lo tenía —respondió Serena sin girarse—. Hasta que alguien intervino. Valeria, probablemente. O Damien. O los dos. El caso es que la grieta interna se cerró. Llorar por ella no la vuelve a abrir.Alexander se detuvo y golpeó el respaldo de una silla.—Entonces inventa otra. O dejamos de jugar a la paciencia. Quiero que Valeria sienta que puede perder algo real. No un sonajero. No un mensaje. Algo que la obligue a salir de esa maldita casa.Serena levantó la vista con lentitud. Sus ojos estaban fríos, pero había un
La sala privada del hotel se había convertido en un espacio de confesión tensa.Camila hablaba con la voz entrecortada, sin mirar a nadie a los ojos durante los primeros minutos. Tenía las manos entrelazadas con fuerza sobre la mesa, como si así pudiera impedir que temblaran. Damien permanecía de pie junto a la ventana, demasiado quieto. Alessandro no se había separado de Valeria ni un centímetro. Y Valeria, por primera vez en semanas, no parecía a punto de romperse. Escuchaba. Evaluaba. Decidía.—Empezó con mensajes anónimos —dijo Camila—. Al principio solo insinuaciones. Que Elena no era quien decía ser. Que había trillizos. Que Alexander Blackwood los buscaba. Yo… yo estaba enfadada. Sentía que me dejaban fuera. Que Damien me protegía tratándome como si no pudiera manejar la verdad. Así que respondí.Damien cerró los ojos un segundo, pero no la interrumpió.—Después me citó. La mujer. Se hizo llamar S. Cabello negro corto, muy controlada. Me dijo que se llamaba Serena, aunque no sé
Damien Cross no había dormido en dos noches.Se miraba en el espejo del baño de su apartamento y apenas se reconocía. Las ojeras eran profundas. La mandíbula permanecía tensa incluso cuando intentaba relajarla. Y en el centro de todo estaba ella: Camila.No era solo una colaboradora. No era solo una mujer brillante y ambiciosa a la que había traído a Roma por su talento. Damien llevaba meses sintiendo algo más. Algo que nunca se había atrevido a nombrar del todo. La forma en que ella discutía los números, la forma en que se negaba a bajar la mirada cuando alguien la desafiaba, la forma en que sonreía cuando creía que nadie la veía… todo eso se le había metido debajo de la piel.Y ahora esa misma mujer estaba convirtiéndose en una grieta. En una posible amenaza. En alguien que pasaba información a la persona que quería destruir a Valeria y a los trillizos.Damien se pasó las manos por el rostro.—Maldita sea, Camila… —susurró al vacío.Había intentado protegerla. La había suspendido pa
Camila no respondió al mensaje de Serena durante todo el día.Se levantó, preparó café que no bebió y caminó de un lado a otro del apartamento como un animal enjaulado. El pedido era simple: un nombre. Solo un nombre del personal de seguridad que rotaba por las mañanas. Nada más. A cambio, Serena le prometía la verdad que Damien nunca le daría.Pero cada vez que tomaba el teléfono, la imagen de los trillizos se le cruzaba en la mente. No los conocía. Nunca los había tenido en brazos. Y sin embargo, la idea de que su información pudiera acercar a Alexander Blackwood a esos niños le provocaba una náusea real.A media tarde escribió el mensaje.Lo borró.Lo volvió a escribir.“No. Ya no quiero saber nada más.”Lo miró durante casi un minuto. Luego lo borró otra vez.Al final, no envió nada. Tampoco bloqueó el número. Se limitó a apagar el teléfono y a dejarlo dentro de un cajón, como si así pudiera apagar también la decisión que no se atrevía a tomar.~~~En la casa de Alessandro, el sil
El mensaje de Serena llegó a las 7:14 de la mañana.Camila lo leyó todavía en la cama, con los ojos irritados por la falta de sueño:“Hoy solo necesito una confirmación. No tienes que hablar con nadie de la casa. Solo averigua, como puedas, si Alessandro sigue trabajando desde la residencia o si ha vuelto a moverse a alguna oficina. Un sí o un no. Nada más. Cuando me lo digas, te cuento por qué Damien te apartó de verdad… y qué está dispuesto a perder por Valeria.”Camila se quedó mirando la pantalla. La petición parecía pequeña. Casi inofensiva. Pero sabía que cada información que pasaba era una grieta más. Se levantó, se duchó con el agua demasiado caliente y se obligó a pensar con claridad. Ya no tenía acceso a los sistemas de la empresa. Damien le había cortado todo. Sin embargo, todavía conservaba el número de un antiguo compañero de contabilidad que no estaba al tanto de la suspensión completa.Dudó durante casi una hora. Luego marcó.La conversación fue breve y disfrazada de p
La llamada de Camila a Rosa cambió el tono de todo.En menos de una hora, Damien estaba otra vez en la casa de Alessandro. La expresión de su rostro reflejaba que ya no tenía paciencia para medias tintas. Se instalaron en el estudio, con las puertas cerradas, mientras Rosa permanecía con los trillizos en la planta superior bajo vigilancia directa.—Camila cruzó la línea —dijo Damien sin preámbulos—. No fue una llamada de preocupación casual. Fue un sondeo. Alguien le pidió que confirmara el estado de Valeria y de los niños. Y ella lo hizo.Alessandro estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y la mandíbula tan tensa que se le marcaban los músculos del cuello.—Entonces ya no es solo una empleada resentida. Está colaborando. Aunque sea a medias. Aunque todavía se diga a sí misma que solo está “averiguando la verdad”.—Exacto —confirmó Damien—. La voy a cortar por completo. Le retiraré cualquier acceso residual que todavía tenga. Y voy a hablar con seguridad para que se







