Masuk
POV: ClaireRegresé al Castillo Vale.Por los pasillos de mármol, los sirvientes agachaban la cabeza uno tras otro a mi paso y se encogían de miedo.—Mi Señora —murmuró uno de los guardias e hincó una rodilla.—Mi Señora —repitió una sirvienta, sin atreverse a mirarme a los ojos.—Mi Señora —hizo eco otro lacayo al final del corredor.El saludito de turno, de falso respeto, resonó por todo el pasillo.Hace cinco años, la primera vez que caminé asustada por esas mismas paredes, me llamaban de otra forma. Humana inferior. Bolsa de sangre. La patética mascota que seguía al Príncipe.En ese momento, todo el nido de chupasangres sabía que llevaba en mi vientre al único hijo de su Príncipe.¡Qué irónico!Caelan estaba plantado al otro extremo del gran salón y se dirigía a su corte con una autoridad letal.—Este niño es el único heredero de la dinastía Vale —decretó él, con voz que no admitía réplica—. Sangre pura o mestizo, me da igual.Lo miré desde la distancia, envuelta en una
POV: ClaireEl sol empezaba a ocultarse.Caelan estaba parado en medio del pasillo de la escuela, con sus ojos rojos fijos en mí como estacas.—Claire... —Dudó un instante y perdió su habitual arrogancia—. ¿De verdad crees que no fuiste nada más que una fuente de sangre para mí?Bajé la cabeza y acomodé los expedientes en mi bolso con frialdad.—Eso ya no importa —dije, molesta.—A mí sí me importa —rebatió él, y dio un paso al frente.No me digné a contestarle. Di media vuelta y subí las escaleras sin mirar atrás. Porque ahora, sin importar cuál fuera su respuesta, ninguna excusa borraría esos cinco años de humillación.Esa misma noche, el timbre de mi apartamento sonó de golpe.Abrí la puerta de un tirón.Caelan estaba plantado en el pasillo con una maleta oscura en la mano. Ver al intocable Príncipe de los vampiros en esa situación parecía un chiste de mal gusto.—Claire. ¿Puedo quedarme aquí? —preguntó.—No —sentencié.Hice el ademán de cerrarle la puerta en la cara co
POV: ClaireA primera hora de la mañana, salí por la puerta principal de mi edificio y ahí estaba. El mismo auto negro llevaba tres días aparcado exactamente en el mismo lugar de la acera.En cuanto puse un pie en la calle, la ventanilla polarizada bajó con un zumbido.—Sube —ordenó Caelan desde el interior, con su habitual tono de mando.—No —respondí, sin siquiera detener el paso.—La escuela de medicina está a cuarenta minutos a pie de aquí —insistió.—Ya lo sé. Conozco mi propia ruta.—Va a llover.—Traje un paraguas en el bolso —dije y aceleré el paso.Se hizo un silencio tenso.Sentí cómo me clavaba esa mirada carmesí en la nuca. Luego, escuché el clic de la puerta al abrirse. Caelan bajó del auto a una velocidad inhumana, se plantó para bloquearme el paso y abrió la puerta del copiloto.—Claire. Sube al maldito auto —siseó.—No —lo desafié y lo miré directo a los ojos.Al segundo siguiente, el mundo dio vueltas. Caelan me levantó en brazos como si yo no pesara más q
POV: Tercera personaCelan mandó a buscar a Isolde para aclarar las cosas. La situación empeoró cuando empezó a reflexionar sobre las últimas acciones de Claire antes de escaparse. Por eso, necesitaba escucharla desesperadamente.Minutos más tarde, ella se encontraba sentada frente a su escritorio. Se veía pálida y muerta de nervios a la vista de cualquiera. Ni siquiera se atrevía a abrir la boca después de confesar.—¡¿Qué acabas de decir?! —gruñó Caelan y levantó la vista de pronto.Caelan la fulminó con sus ojos rojos.—¿Por qué Claire creía que tu hijo era mío? —exigió saber.El tiempo pareció detenerse. Isolde empezó a jugar con el encaje de su manga, arrinconada.Tras un silencio exasperante, al fin reunió el valor para contestar.—Caelan, todo el mundo pensaba eso en la corte... —murmuró.—Deja de evadir la pregunta —la cortó él y la fulminó con una mirada peligrosa—. Te lo estoy preguntando a ti.El ambiente se volvió tenso. Al final, Isolde bajó los ojos y fingió cul
POV: Tercera PersonaCaelan canceló la ceremonia de compromiso sin dar explicación.El mundo de los vampiros estalló en rumores y caos ese mismo día. Los cabecillas de la familia Voss aparecieron en el castillo tres veces antes de que cayera el sol, exigiendo respuestas. Los pasillos de mármol zumbaban con murmullos y cotilleos por lo bajo.Caelan les cerró las puertas en la cara a todos.Solo dio una orden para su guardia personal:—Sigan buscando —gruñó, con voz letal.Esa misma noche, Caelan fue a la habitación de Claire en el ala oeste. Pero ya estaba vacía.Su ropa había desaparecido. Sus libros de medicina se habían esfumado. Hasta las escasas fotografías que tenía ya no estaban. Era como si ella jamás hubiera pisado ese lugar.Parado en el centro del cuarto desolado, Caelan sintió una opresión en el pecho. Una inquietud enfermiza que jamás en su larga vida había experimentado.Abrió el armario de un tirón violento. Una caja de cartón cubierta de polvo cayó al suelo y es
POV: ClaireLos pasajeros del vuelo hacia Río ya estaban abordando el avión.Miré la pantalla de mi teléfono por última vez. Ningún mensaje. Ninguna llamada perdida. Y, por supuesto, ni un solo rastro del grandísimo imbécil de Caelan.—El vuelo 742 con destino a Río de Janeiro ha iniciado su proceso de abordaje —retumbó la voz metálica por los altavoces de la terminal.Me levanté, lista para dejar esa vida atrás.De pronto, las náuseas volvieron con una brutalidad que me descolocó. Me tapé la boca con ambas manos, solté la maleta y salí disparada hacia el baño más cercano.Dentro del cubículo, las arcadas me dejaron sin fuerzas para mantenerme en pie. Me arrastré hasta el lavabo y me eché agua fría en la cara. La mujer pálida que me devolvía la mirada en el espejo ya ni siquiera se parecía a mí.Aun así, mi mano viajó por instinto hacia mi vientre y lo acaricié por encima de la tela.—Lo siento mucho —susurré y cerré los ojos con suavidad—. Mamá todavía se está acostumbrando a