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Capítulo 27: Un nuevo hogar

Penulis: Espíritu libre
last update Tanggal publikasi: 2026-08-29 04:04:58

El tratamiento de Leo comenzó apenas unos días después de que se confirmara que Violet era la hija de Elizabeth y Héctor. Las pastillas, recetadas por el médico, comenzaron a hacer efecto lentamente, y el pequeño empezó a mostrar signos de mejoría. Su piel recuperó el color, sus ojos se volvieron más brillantes, y sus pequeños movimientos eran más enérgicos, como si la vida estuviera floreciendo en él nuevamente. Violet pasaba largas horas observándolo, agradeciendo en silencio cada pequeña mej
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  • Usada por el CEO: Ahora él ruega mi perdón.   Capítulo 144: El secreto mejor guardado

    La mañana en el hotel amaneció con un cielo gris y una lluvia fina que golpeaba suavemente los ventanales. Mateo se levantó temprano, se duchó con agua fría y se vistió con ropa cómoda, sin traje, sin corbata. No era un día para negocios. Era un día para la familia. Guardó sus cosas en la maleta, tomó el teléfono y se dirigió hacia la puerta. Pero antes de que pudiera abrirla, escuchó un golpe suave.Se detuvo, y una sombra de fastidio cruzó su rostro. Sabía quién era. Lo sabía antes de abrir. Y cuando la puerta se abrió, allí estaba Angela, con un vestido de viaje impecable y una sonrisa que pretendía ser encantadora.—Buenos días, Mateo —dijo, con voz suave—. ¿Listo para volver a casa?—Buenos días —respondió él, con voz fría—. Sí. Pero no voy a volar aún. Tengo algo pendiente.Angela arqueó una ceja, y en sus ojos verdes brilló una chispa de curiosidad.—¿Algo pendiente? ¿Qué clase de algo pendiente?—Es personal. No te incumbe.—Vamos, Mateo. No seas así. Después de todo lo que he

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    Angela cerró la puerta de su habitación con un golpe tan fuerte que el eco resonó en todo el pasillo. Su rostro, normalmente calculador y sereno, estaba enrojecido por la rabia. Sus manos temblaban mientras se quitaba el vestido y lo lanzaba contra la pared. Nadie la había rechazado nunca. Nadie había tenido el descaro de mirarla con frialdad y decirle que no. Ni siquiera los hombres más poderosos, los más ricos, los más guapos, se habían resistido a sus encantos. Pero Mateo Beltrán lo había hecho. Y eso, para Angela, era una afrenta imperdonable.—¿Quién se cree que es? —murmuró, caminando de un lado a otro de la habitación—. ¿Quién se cree que es para rechazarme a mí? ¿A mí?Se detuvo frente al espejo y se miró. Su cuerpo era perfecto. Su rostro era hermoso. Su cabello era sedoso. Tenía todo lo que un hombre podía desear. Y sin embargo, Mateo la había mirado como si no valiera nada. Como si no fuera más que un insecto. Como si su belleza no significara nada para él.—Me las va a pag

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    Al día siguiente, las reuniones comenzaron temprano. La sala de juntas de la empresa extranjera era amplia, con una mesa de caoba que dominaba el centro y ventanales que mostraban la ciudad a sus pies. La luz de la mañana entraba a raudales, y el aroma a café recién hecho flotaba en el aire. Mateo se sentó en un extremo, con su carpeta de documentos y el rostro impasible. Angela se sentó frente a él, con un traje de chaqueta gris que le daba un aire de autoridad, pero con una falda lo suficientemente corta como para dejar ver sus piernas.—Bien —dijo Mateo, abriendo la carpeta—. Revisemos los términos de la implementación. La primera fase de la colaboración debe estar lista en un plazo de tres meses. Necesito saber cuáles son los recursos que su empresa va a aportar.Angela asintió, y por un momento, su rostro se volvió serio, profesional. Se inclinó hacia los documentos y comenzó a hablar de cifras, de plazos, de logística. Hablaron de la construcción de nuevas sucursales, de la cont

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    Las semanas siguientes transcurrieron en una calma que Victoria no se atrevía a llamar paz. La empresa marchaba viento en popa, los proyectos avanzaban y Leo estaba feliz, correteando por la casa con sus juguetes y sus risas. Mateo iba a la oficina cada mañana y volvía cada tarde con una sonrisa que no podía ocultar, y Victoria, aunque no lo admitía, empezaba a sentirse segura. Casi en casa.Hasta que una mañana, Mateo llegó con una notificación en el teléfono y el ceño ligeramente fruncido. Victoria estaba en la cocina, preparando el desayuno, y al ver su expresión, supo que algo pasaba.—¿Qué ocurre? —preguntó, dejando la espátula a un lado.Mateo se sentó en la mesa y le mostró la pantalla.—La empresa extranjera solicita una visita a sus oficinas centrales. Quie

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    Victoria subió las escaleras de dos en dos, con el corazón latiéndole con fuerza y el nombre de Leo en los labios. Mateo la siguió de cerca, sintiendo que la preocupación le apretaba el pecho. Cuando llegaron a la habitación de Leo, encontraron al niño sentado en el suelo, con las rodillas raspadas y el rostro serio, apretando los dientes para no llorar. Marta estaba a su lado, con una toallita húmeda en la mano y el rostro compungido.—¡Mi amor! —exclamó Victoria, corriendo hacia él y arrodillándose a su lado—. ¿Qué pasó? ¿Dónde te duele?Leo la miró, y por un momento, sus ojos brillaron con lágrimas contenidas. Pero no lloró. Se enderezó, con una entereza que sorprendió a Victoria, y señaló sus rodillas.—Me caí —dijo, con voz firme, aunque temblorosa—. Estaba corriendo y me tropecé con la alfombra. Pero no es nada, mamá. Los Beltrán somos fuertes, ¿recuerdas?Victoria sintió que el corazón se le encogía y se le llenaba de orgullo al mismo tiempo. Lo abrazó con fuerza y lo besó en l

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    El restaurante Le Jardin era un remanso de paz en medio del bullicio de la ciudad. Las mesas, cubiertas con manteles de lino blanco, se distribuían entre plantas y fuentes que susurraban agua, creando una atmósfera íntima y elegante. La luz de las lámparas de araña caía suavemente sobre los comensales, y el aroma a café y a flores frescas flotaba en el aire. Mateo estaba sentado en un rincón apartado, con la espalda recta y el rostro impasible, mientras Angela, frente a él, se acomodaba en su silla con la gracia calculada de quien sabe que todos los ojos están sobre ella. Llevaba un vestido negro que se ajustaba a sus curvas como una segunda piel, y su perfume floral invadía el aire, mezclándose con el aroma a café y a flores frescas.Mateo sacó una carpeta de su maletín y la abrió sobre la mesa, dispuesto a empezar.—Bien —dijo, con voz fría y profesional—. Hablemos de negocios. El contrato especifica que la primera fase de la colaboración debe estar lista en un plazo de tres meses.

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