LOGIN—¡Calista! ¡Despierta! —sentí cómo movían mi cuerpo
—¿Está muerta? —se asustó una—No seas estúpida, ¿no ves que está respirando? —me volvieron a mover abruptamente y se detuvieron hasta que abrí los ojos, aturdida miré los cuatro rostros que me observaban con atención.—¿Qué pasa? —pregunté toda adormilada.—Es tarde y tu hermano a venido por ti —informó Cyrilla—¿Adonis? ¿Qué hace aquí? —pregunté confundida y levantándome de la cama sintiendo el terrible dolor en mi cabeza.—Toma —Dasha me pasó un vaso con agua y una aspirina.—¿Qué hora es? —recogí mis zapatos y miré a través de la ventana, de mañana no se veía.—Las tresSin ánimos de caminar volví a sentarme en la cama, masajeándome las sienes como si eso aliviaría mi dolor.—Vamos, no vaya a ser que Adonis suba a por ti.Salí de la habitación seguida de mis amigas, hice una mueca cuando miré a mi hermano con su cara de amargado mirarme con desaprobación. Ni siquiera me dirigió la palabra y sólo tomó mi mano obligándome a caminar fuera de la casa.—Sube —ordenó de mala gana abriendo la puerta del copiloto.—No hables tan fuerte —me quejé subiendo al coche, pero a él poco le importó mi sufrimiento y azotó la puerta. No sabía porque su malhumor y ni cabeza tenía para pensar en ello.—No puedo creer que actuaras como una niña berrinchuda anoche y te hayas largado a mitad de la cena.—¿De qué hablas? —fruncí el celó confundida—Anoche, te fuiste de casa sin siquiera despedirte de los invitados. Mamá estaba furiosa.—Ni siquiera notaron mi ausencia, además, no era importante que estuviera ahí, la que se casará con Aetos será Cristel, no yo.—Papá está molesto porque anoche ni siquiera tocaron el tema, el tal Aetos recibió una llamada y se alejó a contestarla, con quien tuvimos que llegar a un acuerdo fue con la madre, la señora Aricia Vasileiou.—¿Y entonces por qué madre se molestó? —pregunté permaneciendo confundida, si todo había salido bien no entendía su malestar.—Porque fue inadecuado que no te despidieras, fue de mal gusto según ella.Hice una mueca restándole importancia, era una adulta y poco me interesaba lo que mis padres opinaran de mi actitud.—¿Y tú por qué estás molesta?—Sabes que odio que te comportes de esta manera, cualquiera diría que hiciste un berrinche porque no fuiste la hermana elegida. Te conozco, Calista y se muy bien de tu ambición a ser una mujer poderosa. Pero esta no es la salida, hazte de un nombre sola, no busques de un hombre para hacerlo ni tampoco mantengas la esperanza en padre. Él sólo te utiliza.—Lo sé —murmuré sabiendo quien era en realidad Argus Athanasiou, conseguía grandes negocios a nombre de él y jamás me daba los créditos. Eran tres los conocidos de la familia, mi padre y mi hermano por estar al frente de la empresa y llevarla al éxito, acrecentando la fortuna y manteniéndonos como una de las familias más poderosas de Grecia. Mi hermana por poseer una belleza inigualable.En cambio yo, sólo vivía bajo sus sombras. Manteniendo mi potencial bajo las sombras, beneficiando a que otros hagan crecer sus nombres a costa del mío.—¿Qué hacen aquí? —fruncí el ceño cuando miré los mismos autos de anoche.—Quedaron de jugar golf y discutir algunos asuntos de negocios, Aetos no está satisfecho con el servicio de las embarcaciones, ha perdido mucho y ya no las considera seguras, según él.Solté un bufido saliendo del auto, caminé descalza sobre la acera con mis tacones en mano. Me apresuré a entrar y a subir los escalones, no quería que nadie me mirase en estas fachas y apestando a alcohol.Me di un baño y me cambié de ropa por algo más casual, bajé a por una taza de café cargado para que se me bajara todo. Ni siquiera consideraba la idea de estar en medio de ellos, no tenía cabeza para soportar sus conversaciones de cómo intercambiaran a mi hermana por negocios.—¿Donde están los invitados?—En el jardín, cerca del estanque.Asentí tomando la taza humeante y yéndome a la terraza, agradeciendo que no estuvieran ahí y tener mi lugar de paz para mi sola. Desde aquí se podían ver donde estaban, padre parecía conversar con el hermano menor mientras el otro se paseaba por el jardín con el teléfono en la oreja.Mis ojos no pudieron evitar fijarse en él, se veía guapo vistiendo casual, con su cabello castaño perfectamente peinado, vistiendo unos jeans y una polo blanca. Por un momento nuestros miradas se encontraron, aún en la distancia, y lejos de lo que pensé el hombre no apartó la mirada, en su lugar me miró con curiosidad mientras yo seguía con mis ojos sobre él, no me intimidaba y realmente no me interesaba dejar de verle. Un hombre con su atractivo era difícil de dejar pasar por alto, le di un sorbo a mi café antes de apartarme e irme a sentar a uno de los cómodos sillones.Matrimonio forzado o no, mi hermana tendría suerte de contemplar a semejante hombre todos los días, sin importar qué este fuera un témpano de hielo.Cerré mis ojos disfrutando de la calidez de los ratos del sol, queriendo olvidar que mañana me esperaba un casado día de trabajo. Habían más problemas que tenía que solucionar y sólo esperaba que no fueran igual de graves que lo que ocurría en los barcos.El sonido de unos pasos me hizo abrir los ojos y llevarme la sorpresa al encontrarme con la figura de Aetos a una poca distancia de mi.—Lamento interrumpir su momento paz —su voz profunda me hizo erizar los bellos.—No importa, pero me parece que se ha alejado un poco de donde debería estar.Asintió paseando por el lugar y deteniéndose frente al mar, metiendo las manos en sus bolsillos y perdiendo su mirada en el azul del agua.—Aquí parece más tranquilo, no es de mi agrado escuchar cómo todos suponen lo que debería hacer.Relajé mi cuerpo y dejé de lado la taza, no comprendía a que se refería pero no me quejaba de estarle oyendo.—¿Le molesta?—¿Qué?—El que estén arreglando su vida, que lo hayan privado de la libertad de escoger a la que debería ser su esposa —tensó la mandíbula y volteó a verme, fijando sus ojos en mi.—Si, es conocimiento de todos que no hay mejor persona que yo para dirigir el Emporio. Bastian no debió ponerme estipulaciones para recibir lo que me he matado por hacerlo crecer.LmaszSonreí perdiendo la mirada en el suelo, conocía el sentimiento o al menos experimentaba algo similar.—Es un poco injusto, ¿sabe las razones por la que hizo esto? Tal vez no lo vio en un futuro casándose.Casi podía asegurar que atisbo de sonrisa se asomó en su seria expresión, me sentí más en confianza, me levanté de la silla y caminé hasta su lado, manteniendo siempre la distancia.—Quizás no, pero seguía siendo mi decisión de hacerlo o no.Aetos parecía una de las personas que no les gustaba ceder a las peticiones de los demás, no había que ser muy inteligentes para ver lo mucho que le molestaba estar aquí y realmente no lo podía culpar. En su lugar estaría igual o peor.—Tiene razón, pero supongo que en el testamento no se estipuló que el matrimonio fuera para siempre —su reacción me hizo saber que no lo había pensado —no es tan malo como piensa, señor Vasileiou.—¿Por qué me dice eso?—Bueno, no me gustaría que mi hermana permaneciera siempre al lado de un hombre que no tiene la intención de amarla —fui sincera, Cristel esperaba demasiado de las personas y aunque en este caso estuviera el interés de por medio, nada le quitaría la decepción que se llevaría con el iceberg de su prometido.—El testamento tampoco estipula con cuál hermana debo casarme —su mirada curiosa no se apartaba de mi, es como si estuviera poniendo a prueba, como si pensara que con esa respuesta me le ofrecería.—Sería un tonto sino la eligiera a ella. Es una mujer hermosa e inteligente, ademas que fue a ella a quien padre le prometió a su abuelo para usted.—Como lo dije antes, todos asumen las cosas sin siquiera oírme —se giró dispuesto a marcharse —fue un gusto conversar con usted, Calista.Mis ojos casi brillaron al escucharlo soltar mi nombre, no recordaba haberme presentado y en definitiva jamás había tenido la oportunidad de conocerle hasta anoche.—Conoce mi nombre.—Se quien es y lo que significa para los Athanasiou.Me quedé mirándole marcharse, era obvio que nos investigó antes de pisar un pie en Salónica. Sólo podría pensar que mi hermana no era tan afortunada después de todo, estaba atada a un hombre que acababa de demostrar que sólo hacía esto por la empresa y no como una oportunidad de conseguir una buena esposa.Volví a sentarme para reflexionar un poco, pensando en qué hubiera hecho si estuviera en el lugar de mi hermana. Aunque la respuesta era muy sencilla, aprovecharía mi posición para salir de las sombras, a diferencia de Cristel a mi no me importaba conseguir el corazón de ningún hombre. Sólo pensaría en sacar mi propio beneficio, en trabajar para conseguir y sacarle el provecho a mi sacrificio.Era una pena que ni siquiera fui una opción para padre o el señor Bastian.Di una última mirada a donde se encontraban, padre junto a madre, Adonis conversaba animadamente con el hermano de Aetos, la madre de este mantenía conversaciones con los míos y Cristel trataba de llamar la atención del hombre que recién llegaba a la mesa.Entré al interior de la casa caminando hasta mi habitación en busca de la laptop, debía avanzar en un nuevo proyecto para mejorar los puertos, en un sistema de tecnología mejor del que teníamos.Tal vez esta era la razón por la que padre no quería soltarme, era una de los principales cerebros de la empresa y dejarme ir sería una gran pérdida, que le costaría millones.Con recelo volví a acercarme a la ventana, saliendo al balcón y recostándome en el barandal viendo cómo jugaban golf, su definición de divertirse era muy singular, porque la postura de Aetos sólo decía que quería largarse de aquí. Una pena que padre no lo soltara y quizás ahora mismo sólo hablaba de los negocios que harían siendo ahora “familia”Años después...Calista terminaba de peinar el cabello oscuro de su hija, sonrió mirándola a través del espejo admirando la belleza que poseía, en cómo sus rasgos y los de Aetos se habían combinado a la perfección creando bellezas que parecían inhumanas.—Listo, cariño. Te ves preciosa. —¿Le gustará a papi? —agitó sus pestañas buscando una respuesta positiva en su madre, removió sus manitas sobre el moño del vestido rosa que le habían puesto a su elección. —Le encantará —besó su mejilla y sonrió al oír las pequeñas pisadas en el pasillo. —¡Mamá! —exclamaron sin llegar todavía a la habitación, Calista tomó la mano de la pequeña Artemisa para ir al encuentro de su otro hijo que llegaba agitado de subir las escaleras a prisa —dice papá que te des prisa o llegaremos tarde. —En un segundo, mi cielo —tomó el bolso de mano que combinaba con el hermoso vestido azul rey que luciría esa tarde en la apertura de la segunda fundación que creaba en memoria de su abuela —¡Listo! Andando, no hagam
Calista Avancé por los pasillos rodeada de gente, entre ellos mi asistente y escoltas, por orden de Aetos ninguno de ellos podría despegar sus ojos de mi y si llegaba a pasarme algo serían responsables de ello. —Bienvenida, Calista —me recibió una menuda mujer de alrededor de cincuenta años muy bien conservada para su edad y a quien conocía muy bien. —Gracias, Corina —sonreí pesando al set donde harían la sesión fotográfica y luego la entrevista. —Cada que te veo luces más radiante que antes, cariño. Definitivamente solamente tú te puedes superar. —Eso dice mi esposo —contesté guiñándole un ojo y dejando que me sentaran frente a un tocador. Corina era la madre de Colin, una señora muy atenta y de renombre en la sociedad por estar a cargo de la revista más relevante del país. Muchos pagaban grandes montos para salir en la portada y ganar más posición en el mundo competitivo, pero gente como Aetos y como yo no necesitábamos de aquello para tener más impacto, en cambio eran las gran
Calista Me miré al espejo una vez más completamente nerviosa, en una hora era el juicio de Cristel y no podría estar más nerviosa, no por culpabilidad sino porque al fin se haría justicia de una forma más limpia. Había aceptado la traición de mi hermana y desde hace mucho la arranqué de mi corazón desechándola como parte de mi familia, ella sólo era una desconocida más que pagaría un alto precio por las decisiones que tomó. —Hola —Elora se asomó por la puerta de mi habitación sonriéndome algo tensa, ella serviría de testigo relatando el día en que salimos huyendo de aquella casa —¿puedo pasar? —Hola, por supuesto —me di la vuelta mirándola caminar un poco insegura, según Evan la había pasado mal con todo lo qué pasó en su familia y cómo esta la había echado del funeral de su hermano —¿cómo estás? —No tan bien como quisiera —hizo una mueca —pero estoy bien, hoy sentiré que me quitarán un peso de encima. —Lo lamento, escuché lo qué pasó con tu madre. —Yo sé que ellos son malos, que
Calista La reacción de madre era algo que esperaba, me molestaba que siempre fuese así mientras padre guardaba silencio sin objetar nada porque en el fondo también pensaba lo mismo. Me sentí frustrada al no tener a la abuela Brianni que me defendiera, que me vieran frágil cuando siempre me mostré indiferente a todas sus preferencias. Me alejé de ellos caminando a mi habitación para estar sola, para pensar en hacer lo que era mejor para mi y si eso requería alejarme de mi familia lo haría sin dudarlo porque ahora nadie más importaba que la pequeña familia que estaba formando. —Hija, ¡espera! —la voz de mi padre me hizo detenerme frente a la puerta y mirarlo sobre mí hombres caminando a prisa hasta mi. —¿Qué? ¿Tú también me pedirás que la saque de ahí? —solté sin molestarme en ocultar la rabia que sentía, en cómo deseaba tener el poder para incendiar todo hasta sacar hasta la última gota del resentimiento que cargaba desde hace años. —No —sacudió su cabeza —jamás te pediría eso. —
Aetos Sonreí al verla salir del hotel balanceando sus caderas de un lado a otro viéndose demasiado sensual, se detuvo frente a mi tirando de mi cuello para besarlo con pasión. —Mmm, siempre tan delicioso —murmuró contra mi boca —te extrañé. —Sólo fueron unas horas —rodeé su cintura y fijé mis ojos en los suyos, había tanta intensidad en ellos. —Nuestro bebé quiere pasar todo el tiempo pegado a ti —se encogió de hombros apartándose ligeramente de mi —¿me llevas a casa? Tengo muchas ganas de jugar un rato contigo. Su mirada juguetona me hizo sonreír y apresar su labio inferior con ansias de volver a tenerla como hace unas horas, de perderme en su cuerpo que tanto me prendía y me tenía completamente hipnotizado. —Será más tarde —hice una mueca moviéndome para abrir la puerta del auto —tu familia te está esperando. —¿Qué? —hizo un gesto de malestar —¿por qué los dejaste ir? no tengo ánimos de escuchar reclamos o peticiones de retirar los cargos contra Cristel.—No puedes huir de ell
Aetos Dejé a mi esposa en el hotel donde se hospedaban sus amigas luego de conocerlas de forma más directa. Me hacía sentir tranquilo al verla relajada y ya no tan tensa como lo ha estado en todo este tiempo, quería recompensarla después de todo lo que había pasado estando embarazada comprendiendo que sus emociones eran el doble y que las cosas le afectaban más. Conduje por la ciudad hasta llegar a la oficina, algunos de los empleados sin poder ocultar la sorpresa de verme ahí como si hubiese vuelto de entre los muertos. Aunque era así, admitía que no me había gustado que asumieran que estaba tres metros bajo tierra y que había perdido en esta vida. Al entrar a la oficina mi secretaria informó que el fiscal ya me esperaba adentro para ponerme al tanto de la situación con Alysa y Cristel. Me daba jaqueca tener que pensar en ellas, la última quería que sufriera más por haber traicionado a su propia hermana por un hombre o más bien por una posición más alta de la que tenía. Las leyes







