MasukEn su primera vida, fue una necia. En esta, es un arma. Evelyn Kingston lo tenía todo: un esposo poderoso que habría llegado a amarla, un hijo precioso que la necesitaba y una inteligencia privilegiada que desperdició por complacer a una serpiente. Cegada por las palabras melosas de su amante, Marcus, y las sonrisas falsas de su mejor amiga, Sarah, Evelyn cometió la traición definitiva: robó los secretos corporativos de su esposo, destruyó su legado y descuidó a su hijo, solo para terminar asesinada por las mismas personas por las que lo sacrificó todo. Pero la muerte no fue el final. Al despertar la mañana de la traición que lo inició todo, Evelyn comprende que le han concedido una segunda oportunidad. Esta vez, ya no es la frágil damita de sociedad que todos recuerdan. Con su talento oculto para la programación y un corazón endurecido por la tumba, se propone reescribir su destino. Sanará las heridas que dejó en el corazón de su hijo. Se ganará la confianza del esposo al que antes despreciaba. ¿Y para Marcus y Sarah? Les tiene reservado un infierno digital muy especial. La «Reina de Hielo» ha vuelto, y esta vez juega para ganar.
Lihat lebih banyakPunto de vista de EvelynLos flashes de las cámaras atravesaban los cristales tintados de la limusina como relámpagos. Fuera había un ruido ensordecedor: periodistas gritando mi nombre, tacones repiqueteando sobre el suelo mojado y el viento frío de la noche colándose cada vez que un coche descargaba a sus invitados.Caleb abrió la puerta y salió primero.Lo vi ajustarse la chaqueta con un gesto preciso. En un segundo, su rostro se cerró. Se puso de nuevo su máscara de siempre: la del director ejecutivo frío, fuerte e intocable que todo el mundo conocía. Pero en lugar de seguir derecho y dejarme sola frente a los fotógrafos, se detuvo al borde de la alfombra roja. Su mano derecha se quedó apoyada en lo alto de la puerta. Sus dedos apretaban el metal con fuerza. Me estaba esperando.Sentí un nudo en la garganta.Durante años había hecho exactamente lo mismo. Incluso cuando acabábamos de gritarnos en casa, incluso cuando yo me negaba a dirigirle la palabra durante tres semanas, siempre
Punto de vista de CalebEl silencio en la parte trasera de la limusina no era solo un vacío, era un cementerio.Estaba allí sentado, con la cabeza erguida, atrapado en la penumbra del habitáculo a pesar de la comodidad del espacio. A mi lado, Evelyn no hacía ningún ruido, pero el aire entre nosotros pesaba, envenenado por cinco años de rencor, de ataques de histeria y de insultos escupidos a la cara en mitad de la noche. Mantenía los ojos clavados en el cristal tintado, viendo cómo los neones de la ciudad se estiraban en estelas sanguinolentas.Entonces ocurrió lo imposible.Evelyn se movió. Con un movimiento lento, casi vacilante, se inclinó y apoyó con suavidad la cabeza en mi hombro.Mi cuerpo se bloqueó de golpe. Mis músculos se volvieron cemento bajo el esmoquin. No me atrevía a respirar, ni siquiera a parpadear. Mis nervios gritaban la alarma. ¿Qué nuevo juego es este? ¿Qué trama ahora? Mi primer reflejo fue apartarla bruscamente. O quedarme ahí, rígido, soportando la farsa has
Punto de vista de EvelynEl cuero helado del asiento me quemaba los muslos a través de la tela del vestido, pero no me moví. En lugar de apartarme, hice un gesto que no hacía desde hacía años; al menos, no en esta vida. Apoyé suavemente la cabeza en el hombro de Caleb.Se puso rígido en el acto. Bajo la lana de su esmoquin hecho a medida, sus músculos se volvieron duros como piedra. Por un instante pensé que me apartaría de un empujón.Y, sinceramente, no podía reprochárselo. Para él, yo seguía siendo esa mujer histérica, la que se pasaba los días gritándole, ignorando a nuestro propio hijo y tratándolo como a un perro hasta que necesitaba un cheque. No sabía que yo ya había muerto una vez. Ignoraba que ya había visto el final de la película, y que era una película de terror orquestada por Sarah y Marcus.Hablando de Sarah... Aunque iba instalada en el coche de justo detrás de nosotros, su voz seguía resonando bajo mi cráneo como una grabación en bucle.«Ni siquiera te mira, Evelyn»,
El toque finalPunto de vista de EvelynCuando volví de la oficina, la casa estaba sumida en un silencio casi opresivo. Fui directamente a la habitación de Leo. Sentado en medio de su alfombra de juegos, alineaba unos cochecitos de metal en una fila de precisión maniática. Al oír chirriar la puerta, sus hombros pequeños se pusieron rígidos al instante, pero no levantó la cabeza.—Hola, campeón —dije, dejándome caer despacio sobre el parqué, a unos pasos de él—. Qué rápidos parecen tus coches.Una mirada furtiva, breve y desconfiada, antes de volver a concentrarse en sus juguetes.—El azul es el más rápido. Papá dice que se parece al suyo.—Es verdad —susurré. Mis dedos rozaron un camioncito verde al que se le estaba descascarillando la pintura—. ¿Puedo jugar un ratito contigo? Solo un minuto, antes de ir a cambiarme.Leo asintió muy despacio, sin apartar los ojos del camión.—Vale. Pero no los rompas. No me gusta cuando se rompen.Durante años, ese niño no había sido para mí más que












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