登入POV de Valerie
============ Después de pasar varias horas conduciendo, finalmente llegamos a la discoteca. Estaba extremadamente concurrida, pero al mismo tiempo era un lugar exclusivo. Me quedé asombrada al descubrir que mi mejor amiga, Annabelle, conocía un sitio como aquel. Cuando llegamos a la entrada, los guardias de seguridad que estaban allí nos dejaron pasar sin ningún problema, pues conocían muy bien a Anna. Al ver todo aquello, no pude evitar preguntarle a gritos mientras nos acercábamos a la pista de baile: —Annabelle, nunca me dijiste que salías de fiesta todos los días. Yo pensaba que era algo que hacías de vez en cuando. —¡Eso no importa! ¡Lo que importa es divertirnos al máximo! ¡Wuuuju! —respondió Anna en voz alta, mientras comenzaba a bailar y a mover los brazos de un lado a otro. Poco después, me uní a ella y empecé a bailar, disfrutando cada vez más del ritmo de la música. Después de pasar un buen rato en la pista de baile, ambas nos dirigimos a la zona del bar para tomar algo mientras seguíamos moviéndonos al compás de la música. Al llegar, tomamos asiento y, casi de inmediato, un hombre joven y apuesto, vestido con un elegante traje, se acercó a nosotras. Me tomó por sorpresa, pues no esperaba que ningún hombre se aproximara. Dios mío, ¡qué hombre tan atractivo! —Buenas noches, señoritas —nos saludó con una voz tan profunda y seductora que hizo que mi corazón se derritiera al instante. —Buenas noches —respondimos ambas al unísono. —¿Por qué están sentadas aquí solas? —preguntó en voz alta para hacerse escuchar por encima del estruendo de la discoteca. —Solo estamos relajándonos —respondió Anna. Yo, en cambio, no dije ni una palabra, pues estaba intentando mantener la compostura y fingir tranquilidad. De repente, él extendió la mano hacia mí. —Soy Dante. Es un placer conocerte. Saliendo de mi silencio, respondí: —Igualmente. Entonces centró toda su atención en mí, tomó asiento a mi lado y comenzó a conversar conmigo. —Todavía no me has dicho cómo te llamas —comentó, recordándome que aún no había respondido a su pregunta. —No le digo mi nombre a los desconocidos —respondí. Buscando el apoyo de Anna, me volví hacia ella y pregunté: —¿Verdad que no? Pero, para mi sorpresa, descubrí que estaba en medio de un beso apasionado. Aquello me hizo sentir como una completa idiota delante de Dante, así que decidí poner fin a la situación. —¿Sabes qué? Me voy a casa. Ha sido un placer conocerte, Dante —dije antes de salir apresuradamente de la discoteca. Una vez fuera, comencé a buscar un taxi. Ya era medianoche, pero todos mis esfuerzos fueron en vano, pues las calles estaban completamente silenciosas y desiertas. Mientras caminaba, de repente escuché el claxon de un automóvil que sonaba repetidamente detrás de mí. Me vi obligada a mirar hacia atrás y, para mi sorpresa, vi a Dante bajándose del vehículo. —¿Me estás siguiendo? —pregunté, poniéndome inmediatamente a la defensiva. Él esbozó una leve sonrisa antes de responder: —No te estaba siguiendo, señorita. Me di cuenta de que necesitabas ayuda para llegar a casa, teniendo en cuenta que ya es medianoche. Eso es todo. Respiré profundamente. Estaba a punto de darle una respuesta contundente, pero de repente reconsideré las palabras que estaba a punto de soltarle. Finalmente, aunque con bastante reticencia, acepté que me llevara a casa. Cuando me acerqué a su automóvil, demostró ser todo un caballero, algo que jamás habría esperado de él. Se apresuró a abrirme la puerta y luego regresó al asiento del conductor antes de poner el vehículo en marcha. Después de darle varias indicaciones para llegar a mi casa, finalmente alcanzamos nuestro destino. Dante apagó el motor y, de pronto, todo quedó en silencio. —Esta es mi casa. Gracias por traerme, de verdad te lo agradezco —le dije. —No hay de qué, señorita. Supongo que espero volver a verte algún día —respondió Dante, mientras apoyaba una mano sobre su muslo. Cuando bajé del automóvil, me sentí como una mala persona, sin corazón, por no haberlo invitado a entrar. Mientras esos pensamientos rondaban mi cabeza, me di la vuelta y regresé junto a él justo cuando estaba a punto de encender el motor. —¿Sabes qué? Soy una estúpida. Por favor, ¿te gustaría entrar y pasar un rato conmigo, si no te importa? —le pregunté, sintiéndome un poco insegura sobre si aceptaría. Para mi sorpresa, no rechazó mi invitación. —Claro, ¿por qué no? —respondió Dante mientras sacaba las llaves del contacto y cerraba bien el automóvil pulsando los botones del mando. Así que ambos nos dirigimos a mi apartamento. Al entrar, Dante se quedó impresionado con el diseño interior. Tanto así que no pudo evitar elogiar mi buen gusto. —Tienes una casa preciosa. Y debo admitir que has hecho un trabajo extraordinario con la decoración —comentó con admiración. Sentí que mis mejillas se sonrojaban. —Gracias por tus amables palabras. Por favor, siéntate mientras voy a buscarte algo de beber —le dije. Pero, rápidamente, me tomó de las manos y las acercó hacia él. —Todavía no me has dicho tu nombre —me recordó. Me quedé completamente atrapada en sus ojos azules, tan profundos como el océano. Me resultaba difícil resistirme a sus encantos. —Y-y-yo… —tartamudeé antes de aclararme la garganta para recuperar la compostura. —Soy Valerie. ¿Estás contento ahora? —respondí, manteniéndome firme y decidida a no volver a perderme en sus encantos. —Ahora iré a buscar la bebida —añadí, apresurándome a alejarme de él. Al llegar a la cocina, murmuré para mis adentros: —Valerie, ¿qué demonios estás haciendo? Necesitas recuperar la compostura. Respiré profundamente, serví una bebida de naranja en un vaso y regresé al salón. Cuando llegué, lo encontré quitándose la chaqueta del traje. Ahora solo llevaba una camisa de manga larga que dejaba entrever sus anchos bíceps. Aquella imagen me resultó tremendamente atractiva. Lo quería solo para mí. Sin embargo, mantuve la compostura y le entregué la bebida. —Oh, gracias, Valerie —dijo, dedicándome una mirada seductora que casi consiguió hacerme perder el control. Poco después, comenzamos a hablar de nosotros mismos y de nuestras relaciones pasadas. Aquella conversación me hizo recordar nuevamente mi ruptura, devolviéndome a mi estado de tristeza hasta que las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. Entonces, Dante utilizó sus manos para secarme las lágrimas. —No llores, Valerie —me dijo con voz suave. Mientras continuaba secándome las lágrimas, se acercó tanto a mí que su presencia se volvió imposible de ignorar. Entonces posó sus labios sobre los míos y me besó con tanta pasión que sentí como si hubiera estado esperando aquel momento durante todo el día. A partir de ahí, perdí la noción de mí misma y de mis sentidos. Lo deseaba desesperadamente. Se apartó de mis labios y descendió hasta mi cuello, cubriéndolo de tiernos besos y caricias. Mientras tanto, sentía cómo mi deseo iba aumentando. En aquel momento, ya no pude contenerme e intenté quitarle la ropa, pero él susurró en mi oído: —Tranquila, cariño. Al escuchar aquel susurro, perdí por completo el control. Mi mente quedó dominada por un único pensamiento que no dejaba de repetirse en mi interior: Por favor, hazme el amor sin reservas. Sin embargo, él continuó concentrado en mi cuello. De repente, descendió hasta mis pechos y comenzó a acariciarlos con las manos, haciendo que mi deseo por él aumentara todavía más. Cuando llegó a mi ropa interior, comenzó a quitármela despacio, pero con seguridad, como si tuviera años de experiencia despertando los deseos más profundos de una mujer. Después, sus caricias se volvieron más íntimas y expertas, haciendo que perdiera todavía más la cabeza. No podía esperar a que terminara aquel juego de seducción y pasara a algo más. Intenté acariciarlo también, pero él mantuvo el control de la situación e insistió en que lo dejara encargarse de todo. Poco después, comenzó a desvestirme por completo. Volvió a besarme en los labios y consiguió hacerme sentir como la mujer más hermosa del mundo. Entonces se desabrochó el pantalón y comenzó a provocarme con sus movimientos, aumentando mi impaciencia. Pero ya no podía soportar aquella tortura. Lo atraje hacia mí con fuerza, terminé de quitarle la ropa y lo empujé hasta hacerlo caer sobre el sofá. Después me coloqué sobre él, guiándolo hacia mí, y comencé a moverme con pasión. Debo confesar que fue una de las mejores experiencias de mi vida. Sentía como si estuviera en el cielo y no quisiera que aquel momento terminara jamás. Poco después, me recostó suavemente sobre el sofá y me estrechó entre sus brazos. —¿Dónde está tu habitación? —preguntó. Señalé la dirección del dormitorio y él me llevó hasta allí. Una vez dentro, me acomodó delicadamente sobre la cama y volvió a entregarse a la pasión, haciéndome perder la cabeza hasta alcanzar el éxtasis en repetidas ocasiones. Mi tristeza inicial había desaparecido por completo. Aquella noche se había convertido en la mejor de mi vida. Finalmente, él también alcanzó el clímax. No voy a mentir: me sentía increíblemente ligera y genuinamente feliz después de haber compartido una noche tan apasionada con un hombre al que apenas conocía. Sin embargo, todo me parecía perfecto. Por fin podría dormir profundamente aquella noche, aunque no podía evitar sentir curiosidad por lo que el día siguiente podría traer.POV de Dante============Al día siguiente, me desperté lo más temprano posible y llegué pronto al trabajo. Cuando entré en mi despacho, encontré a mi secretaria, Ruth, esperándome.—¿Todo está bien, Ruth? —pregunté.—Sí, señor. Solo he venido a entregarle su agenda del día, ya que tendrá una jornada bastante ocupada —respondió.—Ah, está bien. Adelante, dímela. No tengo mucho tiempo para revisarla —le indiqué.—Muy bien, señor. A las diez de la mañana tiene una reunión de conferencia con los inversores extranjeros. Además, me pidió que incluyera en su agenda una salida con Valerie y uno de los directivos de la bolsa de valores —me recordó.—Lo recuerdo. Para no quitarte más tiempo, cuando se acerque la hora de las reuniones, puedes venir a mi despacho para recordarme nuevamente el encuentro que Valerie y yo tendremos con los directivos de la bolsa de valores. Por ahora, solo ayúdame a llamarla a mi despacho. Yo me encargaré del resto —le expliqué.—No hay problema, señor. Me retiro e
POV de Dante========Antes de que terminara el día, escuché que alguien llamaba a la puerta de mi despacho. Sin siquiera levantar la mirada, reconocí la voz de Valerie.—Buenas noches, señor. He terminado de analizar el proyecto que me asignó y he venido a presentarle mi informe —dijo.Me sentí derrotado. Mis ojos se llenaron de ira, pero aun así mantuve la compostura.—Valerie, te di instrucciones para que te encargaras de esto mañana. Entonces, ¿por qué has venido hoy a presentarme un informe? —pregunté, conteniendo mi irritación.—Me pareció mejor trabajar en ello hoy, señor —comenzó a explicar con su habitual serenidad.—Mañana no tendré mucho tiempo. Lo siento —añadió.—¿Perdona? —grité.—Me ha oído, señor —repitió.Y sin esperar a que respondiera, salió rápidamente de mi despacho dando un portazo.Me quedé desconcertado, preguntándome:«¿Qué le pasa a esta mujer?».«No voy a detener mis esfuerzos. Algún día pagarás por esto, porque pienso llevar a cabo hasta el último detalle d
POV de Dante==========Mientras caminaba hacia el automóvil, me sentía un poco mal, pero entendía que mis encantos necesitarían tiempo para surtir efecto en ella. Subí al vehículo y mi conductor se puso en marcha.Mientras el automóvil avanzaba por aquella calle tenuemente iluminada, de repente recordé a Lidia Robinson, la mujer que había conocido antes en el restaurante.Una sonrisa apareció en mi rostro y decidí llamarla. Así que saqué el teléfono y marqué su número.Me llevé el teléfono a la oreja izquierda y la llamada se conectó al instante.—Qué rápido —murmuré para mis adentros.Entonces dije:—Hola, Lidia. Soy Dante, Dante Blaze.—Oh, Dante, ¿cómo estás? —respondió con una voz que sonaba como la puerta de un viejo armario.—¿Estabas durmiendo? —pregunté para iniciar la conversación.—Sí, estaba durmiendo, pero no importa. Podemos hablar —respondió Lidia, sin darle importancia a la hora.—Debo admitir que eres una de esas personas que no se molestan cuando las interrumpen mien
POV de Valerie=========—De verdad, no puedo creerlo, Dante —me dije en cuanto salió de mi despacho.—No hay duda de que es mi jefe, pero no pienso tolerar las amenazas que me hace —continué.Con las emociones a flor de piel, hice todo lo posible por tranquilizarme y, por suerte, conseguí recuperar la calma.Volví a mi trabajo e intenté concentrarme todo lo que pude, pero las palabras de Dante no dejaban de rondar por mi cabeza.Ya no podía soportarlo, así que intenté hacer otra cosa para distraerme de aquellos pensamientos. Pero ¿a quién quería engañar? Seguían apareciendo una y otra vez.Frustrada, me dije:—¡Ya basta, Valerie! No vas a dejar que sus amenazas te debiliten. Sí, pasaste una noche maravillosa con él. Sí, te hizo disfrutar del mejor sexo de tu vida. Sí, aquella noche fue muy cariñoso contigo. Pero mira cómo terminaron las cosas. Descubriste lo imbécil que puede llegar a ser, y eso debería bastarte para estar agradecida de que todo haya terminado.Después de decir aquel
POV de Dante===========A la mañana siguiente, cuando llegué a mi despacho, llamé a Ruth desde el teléfono fijo de mi oficina. En cuanto contestó, comencé a hablar.—Hola, Ruth. ¿Cómo estás?—Muy bien, señor. Espero que haya recibido el mensaje de texto que le envié —preguntó.—Sí, lo recibí. Por favor, ¿podrías informar a la señorita Skye que quiero que venga a mi despacho inmediatamente? —ordené.—Se lo comunicaré enseguida, señor. Y felicidades por su primer día de trabajo —añadió Ruth.Con una ligera sonrisa, respondí:—Gracias.Inmediatamente colgué y regresé a mi escritorio, que estaba lleno de documentos. Me quedé esperando la llegada de Valerie, pues tenía algunos planes que jamás se imaginaría.Una hora después, seguía concentrado en mi trabajo cuando recordé que todavía no había visto a Valerie.Así que volví a llamar a Ruth.—Hola, Ruth. Todavía no he visto a la señorita Skye. ¿Acaso no le informaste que quiero que venga a mi despacho? —pregunté.—Señor, se lo comuniqué in
POV de Dante========Mientras regresaba a casa en mi automóvil, no podía dejar de sentirme sorprendido. Todavía me costaba creer que la mujer con la que había tenido una aventura de una noche fuera, en realidad, empleada de mi padre.Con aquel pensamiento rondándome la cabeza, solté una carcajada y murmuré:—Vaya, esto va a ser divertido. Mucho más divertido para mí, supongo.Me acomodé tranquilamente en el asiento mientras mi chófer continuaba concentrado en la carretera.Unos minutos después, finalmente llegamos a la mansión Blaze.Al bajar del automóvil, mi madre, Tina, se acercó rápidamente a mí con una enorme sonrisa en el rostro.—¡Hijo mío! —exclamó con un evidente orgullo en la voz.—Mamá, te he echado de menos —respondí mientras ella me estrechaba entre sus brazos.—Yo también te he echado muchísimo de menos. Estabas tan lejos de casa que, cuando tu padre me dijo que regresarías, sentí que volvía a la vida —comentó Tina.—Lo sé, mamá, lo sé. Vamos, entremos —le dije.Ambos e







