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Capítulo 3

last update Veröffentlichungsdatum: 02.11.2026 20:28:06

POV de Valerie

=========

Al llegar la mañana siguiente, los rayos del sol iluminaron mi habitación y se reflejaron directamente en mi rostro, interrumpiendo mi sueño.

A pesar de que mis ojos todavía reflejaban el cansancio de la noche anterior, giré la cabeza hacia un lado y descubrí que Dante seguía acostado a mi lado.

Estuve a punto de volver a dormirme cuando mi mirada se desvió hacia el reloj de pared que estaba cerca de mi cama. De repente, recordé que tenía que ir a trabajar.

Me levanté de inmediato, dejando a Dante profundamente dormido en mi cama, y corrí al baño para no llegar tarde al trabajo.

Cinco minutos después de entrar al baño, terminé de ducharme y, justo entonces, escuché el sonido de una puerta cerrándose. Aquello me hizo salir apresuradamente del baño.

Al salir, me di cuenta de que Dante había desaparecido.

Busqué en el salón, pero tampoco estaba allí. Me quedé confundida, preguntándome por qué se había marchado sin decirme una sola palabra ni dejarme siquiera una nota.

Sin embargo, enseguida me recordé a mí misma que aquello no debería importarme. Después de todo, solo había sido una aventura de una noche y nunca volveríamos a vernos.

Con ese pensamiento, decidí dejar el asunto atrás. Me vestí y desayuné antes de continuar con mi día.

Cuando terminé y estuve lista para salir, me apresuré hacia el metro y me dirigí al trabajo.

Al llegar a la oficina, me instalé en el despacho que tenía asignado. De repente, Ruth, la secretaria de la empresa, entró en mi despacho.

Me sorprendió bastante que irrumpiera de aquella manera, así que le pregunté:

—Ruth, ¿está todo bien?

—Sí, señorita Skye. Le pido disculpas por entrar sin avisar, pero el jefe ha convocado una reunión con los empleados más destacados en la sala de conferencias. Usted no estaba presente cuando dio la orden, así que pensé en venir a informarle antes de que llegaran los demás compañeros —explicó.

—Oh, muchas gracias, Ruth. Aprecio mucho tu amabilidad —respondí, mostrándole mi agradecimiento.

Después de eso, salió de mi despacho.

Unos minutos más tarde, me levanté de la silla, abrí la puerta y me dirigí a la sala de conferencias.

Al llegar, descubrí que la mayoría de mis compañeros, quienes también eran empleados destacados de la empresa, ya estaban reunidos allí. La única persona que faltaba era mi jefe, el señor Blaze.

Después de esperar durante treinta minutos, finalmente escuchamos abrirse la puerta. Todos nos giramos y descubrimos que era nuestro jefe.

Se dirigió hacia su asiento y comenzó a hablar.

—Lamento mucho la demora. Estaba ocupándome de algunos documentos. En fin, buenos días a todos.

—¡Buenos días, señor Blaze! —respondimos al unísono.

—En primer lugar, quiero agradecerles a todos por el apoyo que me han brindado durante estos años. Blaze Publishing no sería nada sin ustedes, y especialmente sin ti, Valerie. Tu desempeño como editora sénior ha sido sencillamente excepcional —continuó.

—El motivo de esta reunión es comunicarles que he tomado la decisión de jubilarme. Voy a dejar mi puesto como director ejecutivo de esta empresa porque mi salud se está debilitando y ya no me permite ocuparme de ciertas responsabilidades —nos explicó el señor Blaze, dejando bastante clara su decisión.

Aquello me dejó completamente atónita. Jamás habría imaginado que tomaría una decisión semejante. Por las expresiones de mis compañeros, era evidente que todos compartían mi sorpresa.

Movida por la curiosidad, no pude evitar preguntar:

—Pero, señor, si se jubila ahora, ¿qué pasará con Blaze Publishing?

El señor Blaze soltó una risita al escuchar mi pregunta.

—Bueno, no le pasará absolutamente nada a Blaze Publishing, porque mi hijo ha aceptado hacerse cargo de la empresa en mi lugar. Por eso puedo anunciarles tranquilamente mi jubilación. No podría abandonar Blaze Publishing. Y, si no me equivoco, debería llegar en cualquier momento.

—Eso es mucho mejor, señor —intervino uno de mis compañeros.

Todos nos echamos a reír y le expresamos nuestros mejores deseos.

De repente, la puerta se abrió, haciendo que el señor Blaze dirigiera la mirada hacia ella. Al descubrir quién acababa de entrar, levantó ligeramente la voz.

—¡Hablando del rey de Roma! ¡Mi hijo acaba de llegar!

Me giré hacia la puerta para ver a su hijo, pero, en cuanto lo vi, me quedé paralizada.

Era Dante.

¡El mismo hombre apuesto con el que había tenido una aventura de una noche!

Inmediatamente, me invadió una profunda incomodidad. Sentí deseos de que se abriera un agujero en el suelo y me tragara para desaparecer sin dejar rastro.

Sin embargo, aparté rápidamente la mirada, incapaz de soportar la vergüenza que me producía aquel inesperado encuentro.

Dante se acercó a su padre y lo abrazó con fuerza.

Entonces, el señor Blaze continuó con su presentación:

—Todos, les presento a mi hijo, Dante Blaze, su nuevo jefe. Espero que todos lo traten bien y le hagan las cosas fáciles mientras se adapta a la empresa —anunció, con un evidente orgullo en la voz.

Dante esbozó una ligera sonrisa antes de dirigirse a todos:

—Es un placer conocerlos finalmente. Espero que, trabajando juntos y uniendo nuestras fuerzas, podamos conseguir algo extraordinario y único.

Al terminar su discurso, todos los presentes comenzaron a aplaudirlo, reconociendo que, a partir de aquel momento, sería nuestro nuevo jefe.

Pero yo simplemente permanecí allí, inmóvil, incapaz de concentrarme en nada.

Mi mente comenzó a buscar desesperadamente una solución a aquel inesperado problema, aunque me aseguré de que mis expresiones faciales no delataran lo que estaba sintiendo.

Después de las presentaciones y de que terminara la reunión, Dante comenzó a estrecharles la mano a todos los presentes, aprovechando la oportunidad para conocerlos individualmente.

Cuando llegó mi turno, se acercó con la intención de hablar conmigo.

Todavía estaba desconcertada por su presencia y pensaba ignorarlo, pero, al ver que su padre se acercaba hacia nosotros, tuve que cambiar de opinión.

Al llegar, el señor Blaze sonrió ampliamente.

—Veo que finalmente has llegado hasta mi mejor empleada. Ella es mi editora sénior y debo decir que Valerie es lo mejor que le ha pasado a esta empresa.

—Muchas gracias, señor. Me siento muy halagada —respondí, sintiéndome en la cima del mundo por aquel comentario.

—He oído hablar mucho de ti por parte de mi padre y debo decir que estoy deseando trabajar contigo. Espero que disfrutes trabajando conmigo —dijo Dante, fingiendo que no me conocía, aunque su voz dejaba entrever un ligero tono coqueto.

A continuación, extendió la mano para estrechar la mía.

Sin embargo, el señor Blaze se alejó de nosotros en ese momento, lo que me facilitó ignorar a Dante y salir de la sala.

Estaba demasiado tensa por aquel encuentro tan inesperado.

Al llegar a mi despacho, me senté en el sofá que había en una esquina y respiré profundamente, intentando liberar toda la tensión acumulada.

—¡Dios mío! ¿Qué he hecho? —me pregunté, sintiendo que toda aquella situación era demasiado confusa.

De repente, se me ocurrió llamar a Annabelle. Pensé que debía contarle lo que estaba pasando. Quizá podría ofrecerme algún consejo para solucionar aquel dilema.

Finalmente, llegué a una conclusión:

—Debería llamar a Annabelle. Seguro que tendrá algún consejo que darme.

Saqué el teléfono de mi bolso, marqué su número y me levanté rápidamente del asiento, visiblemente nerviosa.

El teléfono comenzó a sonar hasta que, finalmente, contestó.

—¡Hola, preciosa! —saludó Anna con un tono juguetón.

Pero yo no estaba de humor para bromas, así que respondí:

—Anna, no estoy de humor. Tengo un problema muy serio entre manos. Y créeme cuando te digo que es realmente grave.

—Valerie, por favor, cálmate. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso Raymond está intentando suplicarte que vuelvas con él? —preguntó con suavidad, expresando lo que se le pasaba por la cabeza.

—Vamos, Anna. Ni siquiera te habría llamado si ese fuera el caso —respondí.

—Entonces, ¿qué sucede? Por favor, cuéntamelo. Me estás asustando —insistió.

Respiré profundamente y comencé a explicarle:

—¿Recuerdas a aquel hombre tan apuesto que estaba en la zona del bar de la discoteca?

—Sí, claro. ¿Qué pasa con él? —preguntó rápidamente.

—Tuvimos intimidad. Quiero decir… ¡acabamos en la cama! —le confesé.

—¡OH, DIOS MÍO! ¡Valerie, sabía que algo iba a pasar! Entonces, ¿quiere volver a quedar contigo o el hecho de que hayan estado juntos se ha convertido en un problema? —preguntó Anna, cada vez más curiosa.

—¡Todavía no lo entiendes! Acabo de descubrir que es mi jefe. ¡No puedo creer que haya tenido una aventura de una noche con mi propio jefe! ¡Me muero de vergüenza! —le dije, sintiendo cómo la irritación comenzaba a apoderarse de mí.

—¡¿QUÉ?! ¿Tu jefe? ¡Valerie, eso sí que es un problema enorme! —exclamó.

—Pero, pensándolo desde otra perspectiva, tampoco debería ser un problema. Tú lo pasaste bien y él también. Eso no tiene por qué afectar tu trabajo en la oficina. Vamos, Valerie, disfruta un poco de la vida. Estás soltera y no tienes ningún compromiso sentimental, así que aprovecha el momento mientras puedas. Aunque debo admitir que estoy orgullosa de ti por haberte liado con un multimillonario —comentó.

—Anna, de verdad que eres imposible —repliqué en tono de broma.

—Lo sé. ¿Qué harías sin mí? —bromeó ella.

—Mmm… Supongo que nada —respondí.

Ambas estallamos en carcajadas al otro lado de la línea.

—Tengo que irme, Anna. Debo trabajar —dije, intentando despedirme.

—Obviamente. ¿Qué otra cosa podrías estar haciendo a estas horas? Está bien, amiga, cuídate mucho —respondió con su habitual tono juguetón.

Y así terminó nuestra llamada.

Sin embargo, mis preocupaciones no hicieron más que aumentar. Seguía sintiéndome nerviosa y tensa por todo lo ocurrido.

Finalmente, regresé a mi asiento, intentando relajarme y liberar un poco la tensión.

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