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Capítulo 6

last update Date de publication: 2026-11-02 20:32:56

POV de Dante

===========

A la mañana siguiente, cuando llegué a mi despacho, llamé a Ruth desde el teléfono fijo de mi oficina. En cuanto contestó, comencé a hablar.

—Hola, Ruth. ¿Cómo estás?

—Muy bien, señor. Espero que haya recibido el mensaje de texto que le envié —preguntó.

—Sí, lo recibí. Por favor, ¿podrías informar a la señorita Skye que quiero que venga a mi despacho inmediatamente? —ordené.

—Se lo comunicaré enseguida, señor. Y felicidades por su primer día de trabajo —añadió Ruth.

Con una ligera sonrisa, respondí:

—Gracias.

Inmediatamente colgué y regresé a mi escritorio, que estaba lleno de documentos. Me quedé esperando la llegada de Valerie, pues tenía algunos planes que jamás se imaginaría.

Una hora después, seguía concentrado en mi trabajo cuando recordé que todavía no había visto a Valerie.

Así que volví a llamar a Ruth.

—Hola, Ruth. Todavía no he visto a la señorita Skye. ¿Acaso no le informaste que quiero que venga a mi despacho? —pregunté.

—Señor, se lo comuniqué inmediatamente después de terminar nuestra llamada. Ella me dijo que acudiría enseguida a su despacho, pero ahora que me dice que todavía no ha llegado, yo también estoy sorprendida —me explicó.

Respiré profundamente. Ya me imaginaba lo que estaba ocurriendo, así que le respondí:

—No te preocupes por eso. Yo mismo me encargaré de solucionarlo.

—Muy bien, señor —respondió antes de que la llamada terminara.

Dejé el auricular en su sitio y esbocé una sonrisa burlona.

—Así que te haces la dura, ¿eh? Supongo que tendré que ir personalmente a buscarte. Entonces veremos cómo consigues evitar hablar conmigo.

Me levanté y me dirigí a su despacho. Por el camino, me encontré con algunos empleados que me ayudaron a localizarlo.

Finalmente, llegué a su oficina.

Llamé suavemente a la puerta.

—¿Quién está ahí? —preguntó ella con un suspiro de fastidio.

Pero decidí no responder deliberadamente y volví a llamar.

—¿Quién está ahí? —repitió, aunque esta vez pude percibir un toque de irritación en su voz.

Aun así, me negué a contestar.

Sin embargo, antes de que pudiera dar el tercer golpe, la puerta se abrió de repente.

Al descubrir que era yo, su expresión de enfado cambió inmediatamente.

—¡Oh! Eres tú —dijo.

—Adelante —añadió con una ligera sonrisa burlona.

Entré en su despacho y ella cerró la puerta.

Mientras observaba el lugar, noté que no había ninguna posibilidad de que alguien pudiera ver desde el exterior lo que ocurría dentro. Aquello me hizo pensar que podía aprovechar la oportunidad para acercarme a ella.

Me ofreció un asiento.

—Por favor, siéntate.

Decidí empezar directamente con una pregunta.

—¿Por qué te has negado a venir a mi despacho cuando le pedí a Ruth que te llamara?

—Estoy ocupada y no tengo tiempo para tus conversaciones absurdas. Mantenerme alejada de ti me evita muchos problemas —respondió, poniendo los ojos en blanco.

Al ver aquel gesto, lo único que me vino a la mente fue la idea de volver a acostarme con ella y hacerla perder la cabeza como la noche anterior.

Sin embargo, me contuve y levanté la voz.

—¿Te das cuenta de que estás hablando con tu jefe?

—¡Oh, lo había olvidado! ¡JEFE! Estoy ocupada, y puedes verlo perfectamente. No es como si estuvieras ciego —espetó.

Me levanté y me acerqué a donde estaba sentada. Le levanté suavemente la barbilla, obligándola a mirarme directamente a los ojos.

Entonces le dije:

—Te guste o no, la noche que compartimos se repetirá incontables veces, y no hay nada, absolutamente nada, que puedas hacer para impedirlo. Y nunca olvides que yo, Dante Blaze, soy el hombre con el que tuviste una aventura de una noche. Créeme, haré que seas mía.

Al pronunciar aquellas palabras, noté el miedo reflejado en su rostro. Entonces retiré la mano de su barbilla.

Intentando recuperar la compostura, levantó el mentón con aire desafiante.

—Estás muy equivocado conmigo. No soy una mujer fácil ni tampoco soy débil. No soy un juguete con el que puedas divertirte. Seas mi jefe o no, mi posición en esta empresa me da el poder de tomar mis propias decisiones, y no hay nada que puedas hacer para impedírmelo.

—¿Ah, sí? —me burlé—. Ya veremos.

Dicho aquello, salí furioso de su despacho.

Decidí no regresar directamente a mi oficina. En su lugar, me dirigí al estacionamiento de la empresa, donde estaba aparcado mi automóvil, y salí conduciendo.

Unos segundos después, me detuve en un restaurante cercano a la oficina. Necesitaba tomar algo para relajar los nervios.

Entré, tomé asiento y le indiqué al camarero que me trajera una copa de champán con alcohol.

Sin perder tiempo, el camarero cumplió mi petición y colocó la bebida sobre mi mesa.

Mientras la disfrutaba, una mujer hermosa y deslumbrante entró en el restaurante con una elegancia que llamaba la atención de cualquiera.

¡Demonios! Aquella mujer era realmente preciosa y ya estaba pensando en acercarme a ella.

Esperé pacientemente mientras la observaba sentarse y pedir una bebida.

En cuanto noté que estaba cómoda y disfrutando de su momento, llamé la atención del camarero con un gesto de la mano.

Él se acercó rápidamente.

—Estoy a su disposición, señor —dijo con un tono ligeramente profesional.

—¿Ves a aquella mujer que lleva un mono vaquero? —pregunté, señalándola discretamente.

—Sí, señor. La veo —respondió.

—Por favor, añade su cuenta a la mía —le indiqué.

Él asintió y regresó rápidamente a su puesto.

Poco después, la hermosa mujer hizo una señal al camarero porque quería pagar su cuenta.

Sin embargo, cuando él se acercó, levantó la mano para indicarle que no era necesario que pagara y señaló en mi dirección.

Aquello hizo que la mujer volviera la mirada hacia mí.

Le dediqué un saludo coqueto con la mano, lo que la animó a invitarme a sentarme con ella.

Al ver aquello, supe que ya estaba participando en otro de mis juegos de seducción.

En cuanto llegué a su mesa, extendí la mano para saludarla.

—Hola, preciosa —dije.

Con las mejillas ligeramente sonrojadas, colocó su mano sobre la mía y respondió:

—Hola, guapo. Debo admitir que sabes muy bien cómo tratar a las mujeres.

—Bueno, lo tomaré como un cumplido —respondí con una amplia sonrisa.

—Por favor, siéntate —me ofreció.

Sin perder tiempo, aparté la segunda silla que había junto a su mesa y tomé asiento.

—Entonces, ¿puedo saber tu nombre? —pregunté, dando comienzo a mi habitual juego de seducción.

—Bueno, soy Lidia. Lidia Robinson —respondió.

—Supongo que tus padres se tomaron su tiempo para elegir tu nombre, porque te queda perfectamente —la halagué.

Ella soltó una risita.

—Gracias. Pero todavía no me has dicho cómo te llamas. ¿O acaso no es así como funciona esto?

—Mis disculpas, señorita. Me llamo Dante, Dante Blaze. Y, por cierto, estoy soltero —me presenté.

—Eres un hombre muy divertido —bromeó.

—En fin, sabes por qué estoy aquí. Te vi desde lejos y, cariño, me dejaste sin aliento. Si no soy demasiado atrevido al preguntarlo, ¿podrías darme tu número? Quizá podríamos salir juntos algún día —le propuse.

Para mi sorpresa, aceptó inmediatamente y nos intercambiamos los números de teléfono.

Créeme, aquella mujer me estaba poniendo las cosas muy fáciles.

Poco después, le dije:

—Ha sido un placer conocerte, Lidia. Ahora tengo que volver al trabajo.

Tomé su mano y la acerqué a mis labios para besarla. Luego, con un brillo seductor en los ojos, añadí:

—Te llamaré esta noche. Te lo prometo, preciosa.

Mis palabras hicieron que sus mejillas se sonrojaran y una sonrisa apareciera en su rostro.

Con aquello, me dirigí hacia la salida del restaurante y me marché.

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