LOGINDos horas y media después, cuando salieron del restaurante, estaba lloviendo.
–¿Cuándo puedo volver a verte?Alejandra miró a David, que estaba demasiado cerca de ella algo que no le gusto ni un poquito, aunque el hecho de que estuviesen asi se podia justificar por parte del hombre muy facil ambos compartian un mismo paraguas. Además, durante la cena no había estado pendiente de él, sino recordando la conversación con Marcelo, teniendo que pedirle a David que le repitiese lo que habia dicho en varias ocaciones por encontrarse distraida. En realidad, no sabía por qué el le insistia por tener otra cita con ella cuando era mas que evidente que casi toda la noche no habia tenido casi interes y se encontraba pensando en otra cosa, a pesar de que David había mostrado tanto interés por todo lo que le contaba aunque en realidad no fue mucho ya que el habia matenido el hilo de la conversacion en todo momento evitando asi que surgieran momentos de incomodos de silencio.–Mañana es sábado y conozco una discoteca estupenda se llama Chelsea. No te puedes creer la cantidad de famosos que he visto allí... te encantará, ya lo verás.–Mañana no me viene bien, pero a lo mejor podríamos vernos la semana que vien e.David no pareció muy contento con la respuesta tan poco entusuasta que ledio, pero después de parar un taxi la tomó por sorpresa por la cintura y le plantó un beso en los labios.–¿Seguro que no quieres venir a mi casa a tomar una café conmigo? Hago el café al estilo irlandés muy bueno.Alejandra declinó la oferta y se sintió aliviada cuando por fin el hombre se perdio en la distacia dentro del taxi... el unico inconveniente fue que se llevo el paragua que hasta ese momento habian compartido . La lluvia comenzo hacerse mas fuerte haciendo que se empapara en cuestion de minutos, de modo que tendría que parar un taxi, aunque ir a su casa en el norte de la ciudad le costaría una pequeña fortuna. Pero ahora que necesitaba uno sino estaria expuesta a pescar un resfriado pero como solía ocurrir, cuando uno mas necesitaba un taxi no había ningún ...Un coche se detuvo frente a ella y el conductor abrió la puerta del pasajero.–Sube, sicontinuas bajo la lluvia asi pillar un resfriado.Marcelo ¿Qué hacía allí y a estas horas de la noche?–No quiero estropearte la tapiceria del coche . Voy a tomar el metro que esta mas adelante, no te preocupes.Luego de decirle esto Alejandra continuo caminando apretando el paso pero Marcelo continu detras de ella y cuando llego a la ezquina le cortoel camino habriendo la puerta del auto nuevamente .–Si no subes, me veré obligado a meterte en el coche a la fuerza. ¿Quieres que montemos una escena en plena calle?Suspirando, subió al coche.–¿Has estado esperándome todo el rato que estuve en mi cita?–No, pero decidí volver a buscarte.–¿Por qué? Sé que piensas que soy una ingenua, pero llevo ocho meses viviendo aqui y aunque nolo paresca se cuidarme sola. Marcelo tuvo que disimular una sonrisa cuando ella le solto estas palabras como si fuera una protesta, el sabe bien que unos simple ocho meses no significa nada.–Albert me llamó cuando estabais a punto de pagar la cuenta.–¿Quién es Abert?–El propietario del restaurante y ademas del chef principal. Nos conocemos desde hace años.–¿Y si hubiera ido con Daniel a un bar o una discoteca? O podría haber ido a su casa...–¿Te lo ha pedido?–Sí.–Y tú le has dicho que no. Una decisión muy sensata.–Pero no sé lo que diré la próxima vez que me lo pida – lo miró con gesto retador.Marc se había quitado el traje de chaqueta y llevaba ropa informal unos vaquero negro y un jersey de cuello altogris . Y tuvo que admitir, avergonzada, que a pesar de todo nunca se cansaría de mirarlo.–¿Entonces has vuelto a quedar con él?–No, pero me va a llamar la semana que viene. ¿Qué has hecho esta noche?–He estado trabajando en... digamos que un proyecto muy interesante.–Es estupendo que disfrutes tanto de tu trabajo pero todo tiene un limite. Quien en sus sano juicio trabajaria un viernes por lanoche pudiendo descansar y relajarse un poco.–Tu sinceridad es asombrosa –dijo él, realmente sorprendido–. Podría haber salido con alguien, pero tenía cosas más importantes que hacer. Y después, he decidido que tenía que hablar contigo.–¿Por qué?Eso de que «tenía que hablar con ella» le daba un poco de miedo. ¿Iba a decirle que no quria que continuara trabajando en la empresa Suspiró al imaginar que tendría que volver a casa con las manos vacías. Pero para vivir aqui, aunque fuera en una pensión, hacía falta un sueldo y si le decia que la despediria no sabia que hacer, mas que volver.–Éste no es el sitio adecuado. Voy a llevarte a casa, tú me vas a invitar a un café y allí podremos charlar con traquilidad.–¿No puede esperar hasta el lunes?–Yo creo que es mejor quitárselo de en medio cuanto antes. Pero relájate, cuéntame qué tal la cena con David. Dime cómo te puede gustar un tipo que toma un taxi tranquilamente y te deja en la calle cuando está lloviendo a mares.–No me apetece hablar de eso contigo.–¿Por qué no?–Porque no.–¿Te da vergüenza? de que la cita haya ido mal. Esas cosas pasan, lo que tienes que hacer es seguir adelante.–¿Quién ha dicho que la cita haya ido mal?–Te ha dejado en la calle después de tomar un taxi –reiteró. Además, Alejandra le estaría agradecida cuando le contase lo que había averiguado sobre David Dexter. Aquel viernes por la noche había sido un fastidio, pero no estaba enfadado, al contrario, asi rato que no se encontraba tan motivado por slgo, las transacciones y el negocio se habian vuelto rutina y solo de vez encuando se encontraba ante un desafio comercial que loimpulsara a mantener este estado de motivacion, no es que estuviese comparando la situaciones pero le resultaba algo graciosos que en menos de 24 horas esta mujer le intregara tanto cuando hasta aller de tarde no la hubiesemirado dos veces seguida.Tardaron menos de media hora en llegar a donde Alejandra estaba viviendo no había dicho una sola palabra durante todo el camino. Su cena con David había sido una desilusión, pero no le hacía la menor gracia que Marcelo apareciese a recogerla como si saliera del colegio. O que dijera que su cena con su cita había ido mal, que era algo que debía olvidar y seguir adelante. ¿Qué sabía él?Ella no le había pedido que se metiera en su vida. Apenas la había mirado en los meses que llevaba trabajando para el y ahora que su madre lo había obligado a prestarle un poco de atención no podía disimular que le resultaba una molestia. Todo en ella parecía ofenderlo, empezando por el hecho de que no le hiciera la pelota y terminando por su aspecto físico, que no parecía gustarle en absoluto. Ella no tenia mal temperamento pero cuandoera estimulada y explotaba era pero que un tornado cuando pasaba.Ahora había decidido «hablar con ella» y sólo podía ser sobre el trabajo. Seguramente habría hecho una lista de todas las razones por las que debía despedirla. –Sé lo que vas a decir –se adelantó en cuanto Marc quitó la llave del contacto–. Y puedes decírmelo aquí mismo, no hace falta que subas.–¿Sabes lo que voy a decir?–Sé lo que piensas de mí y sé lo que vas a decir.–No, me parece que no tienes ni idea de lo que pienso de ti y tampoco sabes lo que voy a decirte. Y no quiero seguir hablando aquí.–Quiero terminar con esto lo antes posible –le rogó . Pero Marcelo ya estaba fuera del coche, de modo que tuvo que seguirlo.Cuando llegaron a su habitación, Alejandra encendió la luz y miró alrededor con ojos nuevos. Vio las paredes descoloridas, las manchas de humedad que había intentado esconder colgando dos grandes pósteres, los muebles viejos, la moqueta sucia asomando bajo la alegre alfombra marroquí que había comprado en un mercadillo... y el frío que hacía.Tenia que reconocer para si misma que la forma en la que Marcelo critico donde se encontraba quedando tenia algo de razon para no decir que era razonable la forma en la que le hablo sobre todos los problemas que tenia el lugar y que a pesar de las limetantes del dueño este podia haber contratado a alguien para solucionar todo. Marcelo tenía razón, ¿quién vivía en circunstancias tan patéticas?–Soy un fracaso y quieres encontrar una manera amable de librarte de mí. Estoy despedida, ¿verdad?–¿Despedida? ¿Por qué iba a despedirte? –exclamó, clavando en ella unos ojos –. No, iba a contarte que conozco a tu cita de hoy, y sé lo que quiere de ti. –¿ Conoces a David? –Alejandra lo miró, perpleja–. Pero no lo entiendo. Si no te lo he presentado siquiera... –Quítate el abrigo y siéntate, por favor.–Si lo conocías, ¿por qué no lo has saludado? –mientras ella intentabaentenderlo, le ayudó a quitarse el abrigo–. Bueno, por lo menos no vas a despedirme.–No, no voy a despedirte.Cuando Marc clavó en ella sus fabulosos ojos , Agatha tuvo que tragar saliva. Fue un alivio dejarse caer en el sofá, pero cuando miró hacia abajo se sintió avergonzada por el escote del vestido, del que sus abundantes pechos parecían querer escapar.–No entiendo por qué era tan importante para ti ir a buscarme al restaurante.–Cuando mencionaste el nombre del tipo con el que ibas a cenar me resultó algo familiar –dijo él–. Conozco a mucha gente y Dexter es un apellido corriente, pero cuando lo vi esperándote en la barra empezaron a sonar las alarmas.–¿Qué alarmas? No sé de qué estás hablando.–Lo que tengo que decir no va a gustarte, Alejandra.Aunque solía ir al grano, Marcelo se quedó callado un momento, considerandocuidadosamente sus palabras. Frente a él, Alejandra lo miraba con una expresión confundida. Parecía muy joven en ese momento y, curiosamente, el revelador vestido aumentaba esa impresión.–¿Cuántos años tienes? –le preguntó.–¿Perdona?–No, déjalo, no importa. No es fácil decir esto, pero Dexter no es el tipo que tú crees que es.–No sé de qué estás hablando. ¿David Dexter no es David Dexter? ¿Entonces quién es?–Trabajó para mi pero quise confirmalo asi que regrese a la oficina y estuve investigando un poco...–¿Has investigado a David? –exclamó Alejandra.–Francamente, yo le aconsejaría a todas las mujeres que investigaran a los hombres que conocen en un bar –dijo irónico–. Esto no es donde vivias antes.–No me avergüenza confiar en la gente. Aunque sé que tú no lo haces y entiendo por qué. Tu padre confió en Satz y, a cambio, él le robó todo su dinero.La historia había salido en el periódico local durante semanas y con cada nueva revelación aumentaban las especulaciones. Elliot Alcantara ya no estaba allí para defenderse y los cotilleos no podían ser refutados. Alejandra había sentido pena por Marc, aunque eso era algo que no le diría nunca porque él había vuelto de la universidad con una especie de barrera protectora alrededor . Pero todo aquello lo había hecho el hombre que era, un hombre que jamás otorgaba a nadie el beneficio de la duda.Alejandra se aclaró la garganta.–Entiendo que desconfíes de la gente –repitió–, pero a mí no se me ocurriría investigar a nadie. Además, habíamos quedado en un sitio público y no pensaba irme con él después de cenar, por mucho que insistiera aun tengo la cabeza sobre los hombros bien puesta y aunque esto que te voy a decir no lo admitiria ante nadie ni bajo tortura, las conferencias que mi padre me dio luego de tener que lidiar con una situacion parecida, dejaron una sombra en mi.Alejandra habia insistido en ir a realizar la ultima compra de las cosas del nuevo bebe, y Marc no le quedo mas remedio que acompañarla. Habia encargado una pequeña cuna artesanal a un ebanista que Daniela y Carlota conocian desde hacia años, el mismo que habia hecho los muebles de la habitacion de los gemelos.En esta ocacion como el embarazo fue una sorpresa para todos, ambos habia decidid no saber el sexo del bebe y eso traiaa Marc de los nervios algo que Alejandra disfrutaba, nunca habia pesado tener esta felicidad tan grande. Su propia familia...Alejandra se echó hacia delante en el asiento.—¡Una no, dos!Marc se volvió hacia ella.—¿Qué pasa, cariño?—¿Qué crees que pasa? —espetó, impaciente—. Es un bebé, ¡y va a nacer ya!—Esperad —dijo —. Voy a pedir ayuda o mejor nos vamos para el Hospital mas cercano y de alli llamo a tu mama y ala mia para que organicen todo y traigan la bolsa.—No me mires asi, ni te atrevas a decirme que tenias razon y que debia quedarme en casa... —le
La mama de Alejandra era una mujer bajita y regordeta con el pelo corto y los mismos ojos que su hija. Cuando sonreía, dos hoyitos asomaban en sus mejillas. –Mamá... –Deja que te vea, Alex. Qué guapa estás. –Mamá, he venido con Marcelo. Él me ha traído hasta aquí. Marc apareció en ese momento con la maleta en la mano y, casi sin pensarlo, Alejandra se apoyó en él. Lo hacía por instinto, como algo natural. Le había dado el poder de ser su ancla y no podía ni imaginar lo que tardaría en volver asostenerse sola, a ser independiente. –Estamos aquí por una razón –dijo él, pasándole un brazo por los hombros. –¿Por qué razón? –preguntó Carlota, mirándolos con cara de sorpresa. –Mi madre debería estar aquí también, pero pronto le daremos la noticia. –¿Qué noticia? –exclamó. –Cariño... –Luc miró a Alejandra–. ¿Quieres contárselo tú o...? No era así como Alejandra había esperado darle a su madre la noticia de que iba a ser abuela, sino más bien sentadas en la cocin
Poco acostumbrado a cuestionarse a sí mismo, Marc intentó recordar que lohabía hecho de buena fe. Además, ¿qué había de malo en utilizar los medios a su disposición para conseguir lo que quería? ¿Desde cuándo era un crimen intentar que las cosas fueran a tu favor cuando sabías que eso era lo que debías hacer? –A ti no te gustan las casas en el campo con habitaciones pequeñas ymuebles antiguos –le espetó Alejandra–. No sé cómo he podido creer que venías aquí los fines de semana a relajarte. Tú estás pegado al ordenador veinticuatro horas al día, ¿por qué ibas a querer relajarte en el campo Además, si quisieras relajarte, ¿por qué ibas a venir aquí cuando podrías ir a un hotel en cualquier parte del mundo? Marcelo miró alrededor, levantando las cejas. –Curiosamente, no me parece tan claustrofóbica como había imaginado. –No entiendo cómo has podido engañarme. Él suspiró, pasándose una mano por el pelo. –Voy a llenar la bañera...–¡Ésa no es una respuesta! –Lo sé. –N
Le había parecido extraño que un hombre como Marcelo Alcantara tuviera una casa en el campo porque él era un hombre de ciudad. Una casita encantadora en medio de ninguna parte no era lo suyo. Pero aun asi fue ostinada y había querido convencerse de que aquélla era otra faceta del hombre del cual habia estado enamorada por mas de diez años que no conocía y que lo convertía en un hombre profundo, menos agresivo que en habia visto de primera plana en los ultimos meses. Con qué facilidad se había engañado a sí misma. La casa había sido comprada con un propósito y el propósito era el que había temido desde el principio: Marcelo no la quería a ella, quería al bebé y la mejor manera de controlar la situación sin casarse era tenerla en su poder. Como una tonta, ella había bailado al son que él tocaba. Qué fácil le había resultado: una casa maravillosa, un jardínde ensueño y... bingo, ella haciendo ecaptamente lo que el queria. Con el folleto en la mano, Alejand
La casa de campo que hasta entonces le había parecido un exilio, de repente le resultaba más agradable. No sabía cuánto había echado de menos tocarla, acariciarla, estar a su lado. –Yo iré enseguida. Voy a ducharme y a hacer un par de llamadas... pero no te preocupes –Marcelo sonrió, levantando las manos en señal de rendición–. Las haré desde aquí y luego seré todo tuyo. Alejandra sonrió mientras volvía a ponerse la ropa. Seguía temblando y laPonía de los nervios que la afectase de ese modo, pero sabía que no podía culpar a nadie por sentirse de esa manera. Era mejor reconocer que había sabido desde el principio que acabaría acostándose con él, tal vez por eso había aceptado sin protestar que la llevase allí, además que Marcelo estaba rebueno y ella no era ninguna santa. Pero sobre todo estaba desconcertada por lo que iba a pasar a partir de aquel momento. ¿Cómo iba a decirle que sólo eran amigos? ¿Cómo iba a olvidar lo que acababa de ocurrir en la habitación? Inquieta
Alejandra lo observó mientras se acercaba con expresión decidida. –¿Qué haces? –le preguntó cuando se sentó en la cama. En realidad, Marcelo no lo sabía. Estaba tomando el control de la situación, se dijo a sí mismo. Eso era lo que él hacía bien. Afortunadamente, porque ella no parecía tener ni idea. –Puedo vestirme sola –dijo ella cuando intentó quitarle la toalla. El calor de sus dedos la hizo temblar y rezó para que pensara que era de frío. Pero el brillo de sus ojos le dijo que sabía lo que pasaba y su pulso se aceleró aunque sed dijo a si misma que el solo quería manipularla y que esto era solo una estrategia para lograr su objetivo, aún no había podido arrancar el sentimiento que por años había tenido por él. Algo que Marcelo de seguro sospechaba y estaba utilizándolo en su contra para que callera en sus manos y aceptara la propuesta que le había hecho de casarse, aun le quedaba algo de orgullo y se había negado en aquel momento y aun aunque reconocía que seguía







