FAZER LOGINLas horas pasan y el cielo de Londres había comenzado a cubrirse de nubes cuando un hombre que caminaba por una calle cercana a la Mansión Fabre distinguió una figura inmóvil junto a la entrada trasera de la propiedad, al principio pensó que podía tratarse de alguien que necesitaba ayuda, pero cuando se acercó unos pasos comprendió que había algo terriblemente extraño en aquella escena.Una joven estaba tendida sobre el suelo frío, con el cabello rubio desordenado y una pequeña cantidad de sangre seca alrededor de la herida de su cabeza, su rostro estaba pálido y sus ojos permanecían cerrados, completamente ajena al mundo que la rodeaba, el hombre se arrodilló inmediatamente a su lado y llamó a emergencias, explicando con voz alterada que había encontrado a una mujer inconsciente que parecía haber sido agredida, mientras esperaba la llegada de la ambulancia, intentó comprobar si respiraba y sintió un alivio enorme al notar que todavía lo hacía Loren no sabía cuánto tiempo había perman
La mañana había transcurrido con una tranquilidad engañosa en la Villa de Tulipanes. Después de la discusión de la noche anterior, Loren había dormido poco y mal, despertándose varias veces con las palabras de Damian repitiéndose dentro de su cabeza como una sentencia que no conseguía silenciar. Nunca voy a desearte. Nunca serás la mujer que yo ame. Jamás serás la madre de un hijo mío. Había intentado convencerse de que no debía permitir que aquellas palabras determinaran su estado de ánimo, pero era imposible fingir que no dolían. Por eso, apenas terminó de arreglarse, se marchó al refugio de animales, buscando en aquel lugar el único espacio donde sentía que podía respirar sin tener que fingir quién era. Allí, entre ladridos, maullidos, recipientes de comida y el movimiento constante de las voluntarias, Loren lograba olvidar durante algunas horas que su vida había cambiado de manera irreversible. Sin embargo, poco antes del mediodía, mientras ayudaba a una de las cuidadoras a organi
La noche había terminado, pero la tensión de la cena parecía haber regresado con ellos dentro del Rolls-Royce. Durante todo el trayecto hacia la Villa de Tulipanes, Loren permaneció junto a la ventanilla, contemplando las luces de Londres deslizándose sobre el cristal mientras intentaba ordenar las emociones que aquella velada había despertado en ella. Había sido extraño tener que fingir delante de todos que eran una pareja normal, mucho más extraño aún sentir las manos de Damian sobre su cintura, soportar la cercanía de su cuerpo y descubrir que, a pesar de todo el odio que existía entre ambos, su propia piel parecía recordar cosas que su mente deseaba olvidar. No quería pensar en aquella noche, pero cada vez le resultaba más difícil impedir que ciertos recuerdos regresaran. Los ojos de Damian, la firmeza de sus manos, la proximidad de su rostro; todo parecía haberse quedado atrapado en algún rincón de su memoria. Y, sin embargo, lo que más la atormentaba era saber que para él todo a
La cena avanzó entre conversaciones cuidadosamente escogidas, copas que se alzaban con elegancia y comentarios que, aunque parecían inocentes, obligaban a Loren y Damian a interpretar el papel de una pareja enamorada con una naturalidad que ninguno de los dos sentía. La mesa estaba iluminada por la cálida luz de las lámparas y las velas, mientras los invitados de David e Isidora Harts hablaban sobre política, negocios y los acontecimientos sociales de las últimas semanas. Loren permanecía sentada junto a Damian, procurando mantener una postura impecable, aunque todavía sentía el peso de aquella mano masculina entrelazada con la suya desde que habían entrado a la mansión. Damian había dejado de ejercer aquella presión exagerada, pero tampoco había soltado completamente sus dedos, como si incluso en medio de aquella cena necesitara recordarle que debían mantenerse unidos ante los demás.—Debo admitir que me sorprendieron cuando anunciaron su matrimonio —comentó una de las mujeres sentad
Cuando Loren terminó de arreglarse y salió de su habitación, la Villa de Tulipanes parecía sumida en una calma distinta a la de otras noches. El frío de Londres había descendido con fuerza sobre la propiedad y, desde los ventanales del tercer piso, podía observarse cómo una fina neblina comenzaba a cubrir los jardines, envolviendo los tulipanes y los senderos de piedra bajo una capa blanquecina que hacía que todo pareciera más silencioso. Loren se detuvo unos segundos frente al espejo antes de bajar. Había elegido un vestido elegante de color azul profundo que resaltaba la claridad de sus ojos, acompañado por un abrigo largo de lana y unos zapatos delicados que completaban su apariencia. Su cabello rubio caía cuidadosamente sobre sus hombros y, aunque todavía había cierta tristeza escondida detrás de su mirada, el brillo natural de sus ojos hacía difícil ignorar su belleza. Se colocó unos pendientes pequeños, tomó su bolso y respiró profundamente antes de abandonar la habitación, inte
Cuando Loren regresó a la Villa de Tulipanes, el cielo de Londres comenzaba a teñirse de tonos grises y azulados. Había pasado buena parte del día en el refugio, ayudando con los animales, limpiando algunos espacios y aprendiendo poco a poco las tareas que realizaban allí, pero el cansancio que sentía no era desagradable. Era un cansancio distinto al que había experimentado desde que su vida se convirtió en una sucesión de obligaciones, rumores y miradas ajenas. Por unas horas había podido ser simplemente Loren, una joven rodeada de animales que no conocían su apellido, que no sabían quién era Damian Harts y que jamás le preguntaban por qué había terminado casada con él. Caminó por el vestíbulo de la villa con la mochila colgada de un hombro, el cabello ligeramente desordenado y algunas señales del día todavía presentes en su ropa, sin imaginar que al otro lado de la estancia Damian ya se encontraba allí.Su esposo estaba de pie junto a uno de los grandes ventanales, vestido con un tr







