LOGINAstro entró primero, trotando directamente hacia la esquina del refugio para tomar posición frente a la puerta secundaria de escape.—Escúchenme con atención —ordené, poniéndome en el centro de la sala subterránea y clavando la mirada en mi guardia de élite—. El sector de Hork está bajo fuego de mortero pesado. Mandé a Varek y a Kaelen a romper las líneas enemigas, pero no voy a dejar a mi hermano peleando solo si la situación se complica. Tengo que subir a coordinar el mando y, si es necesario, voy a bajar a la frontera a aplastar a quien sea que haya cruzado.Valeska dio un paso al frente, cuadrándose con una determinación de hierro.—La Luna no se va a mover de este búnker, Alfa. Nosotras respondemos por su vida con la nuestra.—Si la línea de superficie cae o si detectan que la mansión es comprometida —continué, señalando la escotilla reforzada del fondo—, no pelean aquí adentro. Toman el túnel de escape que sale directo a la cueva ciega detrás de las cascadas. Sacan a Emma de la
—¡Thomas, no vengas! —gritó Hork a través de la estática, con la voz ahogada por las detonaciones y el fuego cruzado—. ¡Es una trampa! ¡Nos están reventando por todos los frentes solo para sacarte de la mansión y dejar desprotegida a Emma! ¡No dejes sola a la Luna!—¡No voy a dejarte solo defendiendo el paso, Hork! —rugí con toda la fuerza de mi voz, apretando el teléfono contra mi oreja mientras la bestia en mi interior arañaba las paredes de mi consciencia para salir.—¡Me las arreglo solo, carajo! ¡Defiende tu casa! —fue lo último que alcanzó a gritar antes de que una nueva serie de explosiones ensordecedoras destrozara la línea, convirtiendo la comunicación en un zumbido de estática insoportable.Corté la llamada de un golpe, arrojando el teléfono sobre la madera del escritorio. Salí del despacho a zancadas, cruzando el pasillo principal con la velocidad de un depredador.—¡Varek! ¡Kaelen! —bramé con una autoridad tan brutal que hizo temblar los cristales de la entrada.Los dos ca
Me senté tras el escritorio de madera maciza y encendí el equipo de comunicación cifrada. En cuestión de segundos, la pantalla de alta resolución mostró el rostro de mi secretaria ejecutiva en la capital.—Señor —saludó con profesionalismo absoluto, ajustando sus carpetas digitales—. Ya tengo el reporte consolidado de la nueva colección de invierno.—Te escucho —respondí, apoyando los antebrazos sobre la mesa.—Las confirmaciones de las celebridades para la gala de lanzamiento en Nueva York ya están cerradas al noventa por ciento. Los estilistas de tres actrices nominadas al Oscar y de dos cantantes de escala global ya aprobaron las piezas principales que llevarán en la alfombra roja. En pantalla le estoy desplegando los renderizados finales de los diseños de la línea pesada para su aprobación.En la pantalla aparecieron las imágenes en tres dimensiones de los gargantillas, brazaletes y anillos de oro blanco con incrustaciones de piedras preciosas. Pasé los archivos uno a uno con la m
—¿Te escuchas muy tranquilo, Thomas? —soltó la voz de Archer, rasposa y carcomida por el luto de su hija—. Pareces un hombre que no sabe que acaba de firmar la sentencia de muerte de su manada.Una sonrisa amarga y llena de cinismo se me dibujó en los labios.—Llamas a mi casa a hablar de sentencias cuando eres tú quien sigue encerrado en el norte, Archer —respondí con una frialdad brutal—. Deberías estar agradecido de que te dejé el cadáver de Mayra entero para que lo entierres.Al otro lado de la línea se escuchó un golpe seco sobre una mesa y el rechinar de dientes del viejo.—¡Pagaste cara tu arrogancia en la cantera! —escupió Archer, levantando la voz con rabia—. ¿Crees que porque tienes a tu guardia de élite eres invencible? En este momento estoy cerrando un trato con las manadas vecinas. Les voy a entregar tus minas y tus rutas. Te voy a pasar por encima con quinientos hombres y voy a ver cómo se consume tu mansión hasta las cenizas.Solté una risa baja, profunda y cargada de u
El doctor soltó un exhalo largo de alivio, asintiendo lentamente.—Me alegra escuchar eso, Alfa. Porque su cuerpo no va a resistir el ritmo de un fuerte en estado de sitio por mucho tiempo. Cuídela. Asegúrese de que coma a sus horas, que no haga esfuerzos físicos y, sobre todo, que mantenga la mente lejos de los conflictos del frente. Su tranquilidad es la única garantía de que ese embarazo llegue a término.—Tiene mi palabra de que así será —sentencié con un asentimiento pesado de respeto—. Nadie ni nada va a alterar la paz de mi casa.En ese momento, el pomo del baño se giró y Emma salió al pasillo. El doctor Harrison me entrego una formula, cerró su maletín, me dedicó una última inclinación de cabeza a modo de despedida y caminó hacia la salida escoltado por la guardia.Emma salió del baño acomodándose el suéter sobre las caderas. Miró hacia la entrada justo cuando la puerta principal se cerraba tras los pasos del doctor Harrison y sus escoltas. Luego giró la cabeza hacia mí, frunc
Tomé la cucharilla para probar otro pedazo de pastel mientras mantenía a Emma bien sujeta de la cintura sobre mis piernas. La tranquilidad que respirábamos en este despacho, con el aroma a canela y manzana llenando el aire, era un lujo que no pensaba dejarme arrebatar por nadie.—Por cierto, mi vida —dije con voz grave, mirándola directamente a los ojos—, pedí que el doctor Harrison viniera a la mansión en un par de horas.Emma se detuvo un segundo antes de llevarse otro trozo a la boca, parpadeando con sorpresa.—¿Harrison? ¿Pasa algo malo, Thomas?—No, nada malo —la tranquilicé de inmediato, pasándole la mano por la espalda para suavizar su postura—. Pero entre la tensión de la cantera, el encierro por el calor, el desastre de Mayra y las llamadas de esta mañana, has tenido demasiados altibajos emocionales en muy poco tiempo. No quiero sorpresas ni asumir que todo está bien. Quiero que te revise con calma y verifique cómo va el desarrollo del bebé.Una sonrisa dulce y llena de grati







