INICIAR SESIÓNDurante las últimas semanas, Olivia y Alejandro habían desarrollado una relación que, aunque inesperada, les había traído momentos de felicidad y complicidad. Sin embargo, Harper, preocupada por la relación de su hermana con un Alfa que parecía estar fuera de su círculo social habitual, había comenzado a expresar su descontento.
Una tarde, mientras Olivia y Harper se sentaban en el salón de la casa familiar, Harper decidió abordar el tema que la inquietaba.
—Olivia, necesitamos hablar —dijo Harper con seriedad, mirando a su hermana con preocupación—. No puedo evitar notar que has estado pasando mucho tiempo con Alejandro. No es que no me guste, pero… ¿estás segura de que esta relación es lo mejor para ti?
Olivia, con una expresión de sorpresa, dejó de leer su libro y miró a Harper.
—¿Por qué lo dices? —preguntó Olivia, tratando de mantener la calma mientras procesaba las palabras de su hermana.
—Es que, sinceramente, me preocupa. Alejandro no encaja en nuestro círculo social. A veces siento que te estás alejando de lo que conoces y de lo que realmente importa. ¿Realmente crees que es una buena idea seguir con él?
Olivia tomó una respiración profunda, buscando las palabras adecuadas para tranquilizar a Harper pero nos las encontró, sabía que su hermana tenía razon, pero no quería admitirlo.
—Termínalo hoy, Olivia. Si no lo haces, le diré a Patrick —dijo Harper con firmeza, su voz cargada de una preocupación que dejaba claro que no estaba dispuesta a ceder. Su orgullo y su sentido de la justicia se estaban manifestando con intensidad.
Olivia la miró, sorprendida y angustiada por el ultimátum de su hermana.
—¡Qué cruel eres! ¡No te atrevas a hacerlo! —exclamó Olivia, sintiendo cómo el miedo y la frustración se mezclaban en su voz.
—¡Pues no me des motivos! —respondió Harper, su expresión endureciéndose aún más. En un gesto repentino, le dio una ligera nalgada a Olivia, lo que dejó a su hermana estupefacta—. Voy a dejar la ventana de tu habitación abierta, así puedes entrar por ahí sin que te descubran. No quiero que te veas envuelta en problemas por esto, pero en serio Olivia, termina esto de una vez.
Olivia sintió un torbellino de emociones. Si Harper hablaba, no solo ella tendría problemas. El temor de que Alejandro pudiera perder su trabajo y la frustración por sentirse atrapada en una situación que no sabía cómo manejar la hicieron sentirse desesperada.
—Harper, no sé qué hacer. No quiero que esto acabe mal, pero tampoco quiero mentirle a Alejandro. —Sus lágrimas comenzaron a asomar, mientras buscaba una solución que le permitiera mantener la integridad de su relación sin causar más problemas.
—Lo siento, Olivia —dijo Harper, suavizando un poco su tono—. No es que no me importe cómo te sientes. Solo quiero lo mejor para ti y no puedo permitir que las mentiras y las complicaciones te lleven a un lugar del que no puedas salir.
Olivia tomó una respiración profunda, tratando de calmarse. Sabía que tenía que tomar una decisión rápida, pero también el miedo la llegaba a ser muy cobarde
—Está bien, Harper —dijo finalmente, con la voz temblorosa—. Haré lo que me pides. Terminaré la relación hoy. No quiero que Alejandro pierda su trabajo ni que Patrick se entere de esto.
Harper la miró con una mezcla de alivio y tristeza. Sabía que esta decisión no era fácil para su hermana, pero también entendía que era la única manera de evitar mayores complicaciones.
—Gracias por entender —dijo Harper con una expresión de empatía—. Sé que esto no es fácil, pero es mejor que resolver problemas mayores más adelante.
.
.
.
Olivia se sintió un nudo en el estómago al escuchar la invitación de Alejandro. Aunque su corazón latía con fuerza al estar cerca de él, la realidad de su situación se estaba imponiendo sobre el encantador momento que compartían. Alejandro la miraba con una expresión de entusiasmo y expectativa, esperando una respuesta que él esperaba fuera positiva.
—¿Tu familia? —repitió Olivia, tratando de procesar la solicitud mientras una ola de nervios la envolvía—. Alejandro, esto es… ¿estás seguro de que quieres presentarme a tu familia?
Alejandro asintió, su sonrisa no desvaneciéndose.
—Sí, estoy seguro. Quiero que te conozcan. Y además, pensé que sería una buena oportunidad para que nos veamos en un entorno más tranquilo, lejos de toda la presión de la ciudad. Me encantaría que pudieras venir.
Olivia tragó saliva, sintiendo que la promesa que le había hecho a Harper de terminar la relación pronto estaba cada vez más cerca. La invitación de Alejandro era un paso importante en su relación, pero también significaba que se estaba involucrando más en un mundo del que, hasta ahora, había mantenido cierta distancia.
—Alejandro, es un gran paso —dijo Olivia, intentando encontrar las palabras correctas—. No estoy segura de que sea el mejor momento para eso.
Alejandro frunció el ceño, su entusiasmo dando paso a una expresión de preocupación.
—¿Por qué? ¿Hay algo que te preocupa? Quiero que todo esté bien entre nosotros, y me gustaría saber si hay algo que te esté molestando.
Olivia se mordió el labio, su mente agitada con la decisión que tenía que tomar. Sabía que esta invitación podría ser crucial para ambos, pero también tenía la idea de que si aceptaba ir, sería como la despedida que estaba esperando y eso a su vez le partía el corazón.
Alejandro atrajo a Olivia aligerando la situación, quería que ella fuera a conocer a su familia, pero tampoco quería obligarla y tal vez una charla más juguetona la ayudara a decidirse.
Olivia sonreía a más no poder, a su loba le encantaba ser recibida con mimos y besos. El alfa se veía tan guapo con ese gorro negro sobre su cabeza y el abrigo gris. Tan alto y guapo. Y lo mejor era su sonrisa de dientes brillantes.
Olivia se puso de puntillas para morderle los labios,
Alejandro gruñó ante la actitud juguetona de la omega.
—¿Por qué me provocas, Olivia?
—¡No, me haces cosquillas!
Cerró los ojos mientras frotaba su rostro contra el de Olivia, haciendo reír a la omega, sutilmente la estaba marcando con su olor. Algo que había empezado a hacer últimamente y que la omega no había tomado en cuenta.
Le dio un beso en la pequeña nariz a Olivia.
—Solo acepta, ¿si?
La puerta de la cabaña fue abierta de golpe con gran entusiasmo. Un pequeño cachorro rubio de dos años entró igual que un tornado, con la misma energía y velocidad.—¡Abuelita Jones! —El pequeño Dylan no pudo contenerse y se dejó llevar por sus pequeños pies hacia la cocina.— ¡Vine por todos tus postrecitos! ¡Abuelitaaaaa!El cachorro desapareció en la cocina mientras sus padres iban entrando con más calma.—Creo que está feliz.—Al menos uno de mis bebés la pasa bien aquí. —Alejandro rodeó la cintura de su omega y le dio un beso al sentir que estaba tensa.— Te amo.—No empieces, Alejandro.—¿Yo qué estoy haciendo?—Esa es tu cara de "por favor, no digas nada cuando los abuelos lo consientan". —Olivia lo miró con acusación. —Te conozco.—En primer lugar, no sabía que tenía una expresión para eso. —Alejandro le dio un toquecito en la nariz. —Y en segundo, mis padres aman a Dylan y ese es el rol de los abuelos, consentir. No podemos hacer nada al respecto.—Dylan tiene una rutina en cas
Algún día en el futuro...Un alfa bastante molesto miró con seriedad al pequeño cachorro rubio de cinco años frente a él.—No lo volveré a decir, es hora de tus lecciones. Obedece.El cachorro hizo un puchero y empezó a pisotear el suelo con sus piecitos enfundados en zapatos a la medida que el abuelo Moor le había mandado a hacer.—¿Por qué tengo que aprender a rastrear conejitos en el bosque, Papá? ¡No somos salvajes! ¡Además, no los voy a matar! ¡Eso es horripiloso, papá! ¿Acaso no sabes lo adorables que son? ¡Ellos son mis amigos!—El pequeño Dylan terminó su discurso con los brazos cruzados, un puchero y el ceño fruncido.Alejandro se agachó y puso su cabeza entre sus manos. Llevaban dos horas con la misma discusión. Frente a él estaba una versión en miniatura de su omega. Vestido con pequeños pantalones negros, una mini chaqueta verde que le quedaba enorme, gafas Gucci y unos adorables zapatitos que el abuelo Moor le había regalado, su hijo era la viva imagen de Olivia. Ambos rub
Algún tiempo en el futuro...Cuando atravesó la puerta de la cafetería e hizo sonar la campanilla, todas las miradas se dirigieron a la apuesto alfa de abrigo negro que había entrado. El cabello castaño y la sonrisa de dientes brillantes hicieron suspirar a más de una omega. Pero solo una era la afortunada que acaparó su atención. El alfa no se molestó en quitarse el abrigo, solo se dirigió emocionado hasta una conocida mesa de la esquina en donde una omega rubia estaba acomodando sus bolsas de compras.—¡Olivia!—El alfa tomó el pequeño rostro de Olivia entre sus manos y le dio un beso ansioso. Suspiró al sentir el sabor dulce de sus labios.—Te extrañé.Olivia se levantó para abrazarlo.—¡Ya estás en casa!—Sí, amor.—Alejandro tuvo cuidado de no presionar mucho la barriguita de su omega.—¿Cómo están? ¿Has tenido molestias?—Nada fuera de lo normal. Náuseas y dolor de cabeza. Pero estaba a punto de desesperarme, anoche casi no pude dormir porque el olor en tu almohada se está desvaneci
Olivia no se perdió la enorme sonrisa de su alfa al ser llamado por el apellido de su padre. Sin lugar a dudas en este lugar estaba en casa. Y minutos después estaban de nuevo aparcando frente a la cabaña de los Jones. Las luces estaban encendidas y la casa tenía ese aire a hogar que Olivia sintió la primera vez que estuvo allí.El corazón se le aceleró cuando vio que la madre de Alejandro abrió la puerta. Seguía siendo una omega hermosa. Su cabello negro enmarcaba sus delicados rasgos y sus delgados brazos se aferraban al chal que tenía puesto.—Todo estará bien.Olivia se dejó besar por su alfa y aspiró su esencia, tranquilizándose.—¿Estás lista, Olivia?—Sí, pero nunca sueltes mi mano.—Eso jamás.Poco a poco, hicieron el recorrido hacia la entrada hasta que estuvieron frente a la puerta. Ahora que estaban tan cerca, Olivia pudo ver que la señora Jones tenía los ojos hinchados y la nariz roja. Pero Olivia no podía decir si había llorado de cólera o por tristeza.El señor Jones apa
—¿Y lograste todo esto en tres años?—Es poco a comparación de todo lo que hace falta. Pero mi gente ya no vivirá aislada de lo que sucede en el mundo, como nos pasó a nosotros.Olivia estiró su mano y acarició la mejilla de su alfa. Otra cosa, entre las muchas que hacían que amara a Alejandro, era que su alfa no era el prototipo de alfa de alta sociedad, aquel que se dedica a cuidar de sus empresas e inversiones para mantener un estatus social. Alejandro era parte de una gran corporación ahora, y en su mente estaba que el dinero no te hace mejor persona, sino lo que haces y a quiénes ayudas con él. Sin lugar a dudas, supo escoger muy bien a su alfa.—¿Alejandro?Alejandro había tomado su mano y depositado un beso en ella.—¿Mmm?—Estoy orgullosa de ti.—Olivia se estiró para darle un beso en la mejilla.— Siempre lo he estado.Detrás de esas palabras había mucho sufrimiento, anhelos y felicidad implícitos. Olivia estaba orgullosa de aquel pequeño alfa que supo cómo ser fuerte y estar j
—¡Espera, aún faltan estas, Alejandro!Olivia venía arrastrando un pequeño bolso y una enorme maleta.—Ya acomodé tres de tus maletas en el auto.—El alfa frunció el ceño.—¿Qué más piensas llevar? Solo estaremos allá tres días. Bueno, cuatro, si cuentas el día en auto.Olivia agrandó los ojos.—¿Cuatro días?—¿Quieres dejar algunas cosas...?—Alejandro fue interrumpido.—¡Por qué no me lo dijiste antes!—Abrió la boca, indignada.—¡Voy a necesitar otra maleta!Alejandro cerró los ojos y se masajeó la sien cuando Olivia subió de nuevo al apartamento en busca de solo la luna sabía qué más.Sí, algunas cosas, nunca cambiarían. Si este viaje se parecía al anterior, sería muuuuuy largo.Olivia bajó media hora después con otra maleta; era más pequeña de lo que el alfa estaba esperando.—¿Olivia?—¿Sí?—Te amo.Olivia sonrió.—Y yo a ti.—Le dio un beso.—Pero apresúrate a acomodar mi maleta, se nos hizo tarde.—Y no imagino por qué.—Murmuró el alfa entre dientes.Olivia se giró en su dirección co







