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Segunda impresión

Author: P. Wolf
last update publish date: 2026-01-26 20:20:37

La hípica olía a heno recién cortado y a tierra húmeda después de la llovizna de la madrugada. Clara ajustaba la montura de un caballo gris mientras repasaba mentalmente la lista de alumnos del día. Había sido un lunes tranquilo, demasiado tranquilo si quería ser honesta, y aún no podía dejar de pensar en Marcus y su hija.

—¿Estás bien? —preguntó Laura, que la observaba desde la puerta del establo—. Te noto distraída.

—Solo pensando —respondió Clara, con una media sonrisa—. No es nada.

Pero Laura no le creyó. Sabía que Clara no se distraía así sin motivo.

—Ajá, claro… “no es nada”. ¿Ese hombre de ayer te sigue dando vueltas en la cabeza? —dijo, dándole un codazo amistoso.

—Laura —protestó Clara, intentando mantener la voz firme—. Solo es un cliente.

—Ajá. Cliente. Con un coche negro enorme y una sonrisa que podría derretir el hielo de este establo —insistió Laura, riéndose—.

Clara rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.

Y entonces sonó el motor del coche de Marcus en la entrada. Clara sintió un leve cosquilleo en el estómago.

—Ajá, confirmado —susurró Laura.

—Shh —contestó Clara, ajustándose el delantal y enderezando la espalda—. Vamos a dar la mejor impresión profesional posible.

Marcus bajó del coche, esta vez más relajado, con Mara tomada de la mano. La niña estaba emocionada, con los rizos desordenados por el viento, y no dejó de mirar a Clara con una mezcla de curiosidad y confianza.

—Buenos días, Clara —saludó Marcus, con una sonrisa ligera pero intensa, como si aún recordara la clase del día anterior.

—Buenos días, Marcus. Mara, ¿lista para otra clase? —preguntó Clara, agachándose a su altura.

—¡Sí! —exclamó Mara, y se abrazó al cuello de Clara con confianza.

—Muy bien, entonces vamos a hacer algo divertido hoy —dijo Clara, guiándola hacia Nube, el pony que Mara había adoptado como favorito.

Mientras Mara se acomodaba, Marcus la observaba, cruzando los brazos ligeramente. Clara notó la forma en que él miraba, no de manera intimidante, sino con una atención genuina que le hacía sentirse extrañamente expuesta y al mismo tiempo cómoda.

—Tienes paciencia —dijo Marcus, rompiendo el silencio—. Mara parece… encantada contigo.

—Eso suele pasar —replicó Clara, encogiéndose de hombros, con un toque de picardía—. Pero no se acostumbra a la perfección de inmediato. Necesita sentir que me esfuerzo.

Marcus rió, y esa risa, baja y sincera, hizo que Clara apartara la mirada, tratando de disimular que le había llegado al corazón más de lo que quería admitir.

—Creo que aprenderé algo de ti si me quedo a observar —dijo él, con una sonrisa que sugería doble sentido, aunque sutil.

—Claro, pero no prometo enseñarte gratis —replicó Clara, con un brillo vacilón en los ojos—. Los caballos son caros, ¿sabes?

Marcus levantó una ceja, divertido:

—Interesante, veo que negocias desde ya. Me gusta.

Durante la clase, Mara demostró ser más hábil de lo que Clara esperaba. La niña aprendía rápido, reía con entusiasmo y, cada vez que conseguía algo, se abrazaba a Clara con la alegría que solo los niños saben transmitir. Marcus la observaba con una mezcla de orgullo y gratitud, y Clara no pudo evitar notar cómo sus miradas se cruzaban de vez en cuando, cargadas de una tensión que no necesitaba palabras para hacerse evidente.

Al terminar, mientras Clara limpiaba las riendas, Marcus se acercó:

—Gracias otra vez, Clara. Mara ha disfrutado mucho. Y yo también —dijo, con una sonrisa que no podía ocultar cierta curiosidad hacia ella.

—Me alegra escuchar eso —respondió Clara, tratando de mantener la compostura, aunque su corazón latía un poco más rápido—. Me alegra que Mara se sienta cómoda.

Marcus se inclinó ligeramente hacia ella, y Clara percibió el aroma de su colonia, fresco y masculino. Un momento incómodo y a la vez electrizante, que ninguno rompió de inmediato.

—Entonces… ¿nos vemos la próxima semana para la clase de Mara? —preguntó Marcus, con un gesto relajado, aunque sus ojos brillaban con atención.

—Sí —dijo Clara, con una sonrisa ligera, vacilante, intentando sonar natural—. Nos vemos entonces.

Mientras lo veía alejarse, Clara se dio cuenta de que su mente no podía dejar de pensar en él. Y no solo por su aspecto, sino por la forma en que la hacía sentir: vista, apreciada… y extrañamente inquieta.

Laura apareció a su lado, con una sonrisa que lo decía todo:

—Te va a volver loca, ¿verdad?

—Shh —dijo Clara, mientras ajustaba la silla de montar de Nube—. Todavía es solo un cliente. Por ahora.

Pero en el fondo, Clara sabía que ese “por ahora” estaba empezando a complicarse mucho más de lo que esperaba

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