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capitulo 4

Autor: L. Alejandra
last update Fecha de publicación: 2022-07-09 06:01:49

Bruno se quedó estático bajo la lluvia que empezaba a amainar, con la mirada perdida en el punto donde Alessandra y Dylan habían desaparecido. Ya la había salvado del accidente trágico, la misión principal parecía cumplida, pero su corazón no sentía paz. Quería seguir cerca, quería averiguar quién era esta nueva versión de la mujer que amó. Todo en ella le recordaba a su Alessandra, pero a la vez, era un enigma nuevo.

Buscando respuestas, Bruno levantó la vista al cielo, sintiendo la urgencia de hablar con su guía.

—¡Ángel! ¿Dónde estás? —gritó al vacío—. ¡Te necesito ahora!

Como un susurro que cobra forma, el ser de luz apareció frente a él.

—¿Qué necesitas, Bruno?

—Tengo dudas... muchas dudas —confesó Bruno con desesperación—. Ya salvé a Alessandra del accidente. ¿Ahora qué? ¿Cuál es mi siguiente paso?

—¿De verdad piensas que hice todo esto solo para evitar un choque de autos? —respondió el ángel con una sonrisa enigmática.

—¡Pues no entiendo nada! —estalló él—. ¿Debo quedarme en este mundo cuidando a una Alessandra que no es mía y que le pertenece a otro hombre?

—La vida está llena de aprendizajes, Bruno, y aún no has entendido el tuyo.

—Lo siento —murmuró Bruno, bajando la cabeza—. Es que todavía no asumo que perdí a mi Alessandra y que ahora estoy frente a alguien idéntica que no me pertenece.

—Aún no has cumplido tu misión —sentenció el ángel—. No has ayudado a Alessandra en lo que realmente necesita y, al mismo tiempo, no te has ayudado a ti mismo. Es hora de que sueltes a la Alessandra de tu pasado.

Bruno suspiró, sintiendo un nudo en la garganta.

—Tienes razón. Debo dejarla ir para poder reparar, aunque sea un poco, el error de haberla perdido.

—Y ahí está tu problema —interrumpió el ángel.

—¿Y cuál es mi problema, según tú?

—Debes averiguarlo por tu cuenta. No solo se trata de la Alessandra de este mundo. Piensa un poco más allá. Si tuvieras la oportunidad de ser feliz con esta nueva versión... ¿qué harías?

Bruno guardó silencio, sopesando sus sentimientos.

—No lo sé. Aunque se parezca tanto a la mía, nadie podrá reemplazarla jamás. Ella era única; teníamos una historia. Aunque al final todo se rompió, esa historia es nuestra y nadie podrá borrarla.

—Sé que podrás cumplir tu misión —concluyó el ángel con una mirada cargada de esperanza—. Suerte, Bruno. La necesitarás en este viaje.


Esa misma tarde, el teléfono de Bruno vibró. Un mensaje de Alessandra.

Aless: ¿Hola, estás ocupado? Soy Alessandra.

Bruno sintió un vuelco en el corazón.

Bruno: Hola, Aless. ¿Ocupado? Para nada. ¿Qué sucede? Aless: Tengo una fiesta en mi casa hoy. ¿Vienes? Bruno: ¡Claro! Encantado. ¿A qué hora? Aless: A las 8. Te espero, corazón.

Ese "corazón" lo dejó descolocado, pero una sonrisa se dibujó en su rostro. A las ocho en punto, Bruno fue uno de los primeros en llegar. La música suave y el murmullo de los invitados llenaban el lugar. Se acercó a una chica que parecía ayudar con la organización.

—Disculpa, ¿sabes dónde está Alessandra?

—Hola. Estaba aquí hace un momento —respondió la joven—. Supongo que volverá pronto, está ocupada recibiendo a todo el mundo.

—Gracias.

En ese momento, Alessandra apareció entre la multitud, luciendo radiante.

—¡Hola, Bruno! —dijo acercándose con alegría.

—Hola, Aless. ¡Estás bellísima! —la saludó con un beso en la mejilla, inhalando ese perfume que tanto conocía.

—Gracias. Mira, te presento a Rocío, mi mejor amiga.

Bruno le estrechó la mano a la joven de antes con una sonrisa.

—Ah, pues ya tuve el gusto de cruzar un par de palabras —dijo cortésmente—. Un placer conocerla mejor ahora.

—Debo atender a otros invitados —se disculpó Alessandra—. ¿Te molesta si Ro te muestra la casa?

—Para nada. Ve tranquila, me dejas en excelente compañía —respondió Bruno, guiñándole un ojo a Rocío.

Alessandra se alejó y Rocío comenzó a guiarlo por el lugar.

—¿Y de dónde eres, Bruno? —preguntó ella con curiosidad.

—¿No te contó Aless? —bromeó él—. Vengo de otra dimensión mágica.

Rocío soltó una carcajada.

—Entonces yo soy la reina Cleopatra.

—¡Oh! Pues es un honor conocerla, su majestad —rió Bruno, siguiéndole el juego.

—Tienes cada ocurrencia... pero ya en serio, ¿cómo es tu mundo?

—Bueno, no soy exactamente de aquí —explicó él con un tono más pausado—. Viajo constantemente. Al llegar a esta ciudad me tropecé con una señorita distraída a la que tuve que salvarle la vida y ahora aquí estoy, charlando con Cleopatra. Es emocionante, ¿no crees?

—Mucho. ¿Y viajas por muchas dimensiones?

—Constantemente —afirmó él. Pero ahora hablemos de ti. ¿Es interesante ser Cleopatra? Obvio que debe serlo; una reina con una belleza inmensa... dime, ¿qué tramas? ¿A quién planeas seducir para conquistar el mundo?

Rocío lo miró con picardía.

—Tal vez al viajero de dimensiones... si es que no tiene una novia esperándolo en algún otro universo.

Bruno se quedó perplejo un segundo antes de sonreír.

—Eso no me lo esperaba. Pero no, justamente por viajar tanto no tengo a nadie. No soy tan importante como para ser seducido, no conseguirías gran cosa. Aunque tú... tú debes tener mil pretendientes.

—Cleopatra solo tiene admiradores —respondió ella con elegancia—. ¿O sea que en ninguna de tus dimensiones hay alguien especial?

Bruno suspiró, y por un momento la máscara de alegría se agrietó.

—Bueno... tenía a alguien muy especial. Pero la perdí por ser un idiota.

—¿Y por qué no la recuperas?

—Es complicado. Pero bueno, no nos pongamos melancólicos. ¿Me concedería esta pieza, mi lady? —dijo extendiendo su mano para invitarla a bailar.

—Claro, señor de las dimensiones.

Comenzaron a moverse al ritmo de la música. Bruno no podía evitar observar la seguridad de Rocío.

—No puedo creer que no tengas un galán oficial.

—Los tengo, pero ninguno me interesa —sentenció ella.

—¿Y eso? ¿Ninguno cumple tus expectativas?

—Yo no cumplo las de ellos —respondió Rocío con sinceridad—. Todos quieren boda y familia.

Bruno se detuvo un momento, sorprendido.

—¿En serio? ¿A ti no te interesa casarte o tener hijos?

—La verdad es que no. Quiero a alguien a quien le baste con que seamos solo él y yo. Para qué firmar un contrato, ¿no? Si nos amamos, basta con estar juntos.

Bruno la miró fijamente, en silencio. Era como escucharse a sí mismo hace unos meses. Las mismas palabras que le rompieron el corazón a Alessandra.

—Vaya... eres la primera mujer que oigo hablar así —admitió él.

—Es lo que quiero, Bruno. No soy de flores ni de vestidos blancos. Prefiero vivir el momento.

—Ya veo. Yo pensaba exactamente igual. Pero... suponiendo que hoy te enteras de que estás embarazada, ¿qué harías?

Rocío no dudó.

—No lo sé. Tal vez hablaría con el padre y le aclararía que no lo puedo tener. No puedo traer a un niño al mundo para que sufra conmigo. ¿Para qué hacerlo infeliz?

—¿Infeliz? Al final sería tu bebé... no creo que tengas mal corazón.

—No es eso —explicó ella con frialdad—. Es que te obligas a quererlo solo porque ya existe, no porque lo buscaste.

Bruno sintió un escalofrío. Era su propio reflejo devolviéndole el golpe.

—¡Guau! Piensas igual que yo... o al menos, como yo pensaba antes —dijo desviando la mirada hacia su propia culpa—. Ahora no sé qué pensar, pero me dejas reflexionando en muchas cosas. Creo que nos vamos a llevar bien; tenemos demasiado en común.

—Eso es bueno, ¿no? —sonrió Rocío.

—Sí... supongo que sí —respondió Bruno, volviendo a bailar, pero esta vez con la mente a miles de kilómetros de aquella fiesta.

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Último capítulo

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