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Capítulo 5

Author: Ireti
last update publish date: 2026-07-28 05:46:59

Kamrynn 

La ansiedad se me retuerce bien adentro en el estómago, un nudo incómodo de aprensión que no logro quitarme de encima. La cabeza me retumba, con un dolor punzante y sin tregua. Ya casi es hora de que Calvin regrese, y el solo pensarlo hace que todo mi cuerpo se ponga en tensión. Estoy tan débil que hasta el peso de mis propios huesos me resulta insoportable. Apenas he comido en días; solo me dejó probar bocado hace dos días, sobras que me tocó tragarme del piso como si fuera un animal salvaje. El estómago me ruge, hueco y doloroso, pero no hay nada que pueda hacer.

Me paso la lengua por los labios secos y agrietados y me miro el cuerpo. Se me llenan los ojos de lágrimas antes de que pueda contenerlas. Ahora no soy más que cuero y hueso, con el cuerpo lleno de moretones, cicatrices y llagas. Las costillas se me marcan afiladas por debajo de los trapos que me han obligado a vestir. Me duele cada parte de mi ser: los brazos, las piernas, la espalda. Las cadenas se me clavan en las muñecas y los tobillos, y ya no siento las manos ni los pies de llevar tanto tiempo atada.

¿Cómo llegué a esto?

Yo antes era fuerte. Yo antes estaba llena de vida. Y ahora soy una sombra, una esclava, aguantando a duras penas. Me tiemblan las manos mientras me limpio las lágrimas. El dolor en el pecho, tanto por el hambre como por la pena, es abrumador. Quiero gritarle a la Diosa de la Luna, maldecirla por haberme abandonado. Ya la he maldecido tantas veces. ¿Por qué yo? ¿Por qué me tuvieron que quitar todo? ¿Por qué mataron a Sherelle? ¿Por qué me echaron a mí la culpa? ¿Cuál fue mi delito: enamorarme de Calvin? ¿O simplemente estar en el lugar equivocado a la hora equivocada?

Quiero gritar. Quiero justicia para Sherelle. Quiero que encuentren al verdadero asesino, pero sé que si me quedo aquí, me voy a morir antes de que la verdad salga a la luz. Tengo que escaparme, si no es por mí, por mi hijo. No voy a dejar que Calvin mate a este bebé como mató a los otros.

De repente, escucho gritos afuera. Un alboroto. El corazón me da un vuelco y me sube un pánico por la garganta. ¿Qué está pasando? Antes de que pueda entenderlo, la puerta se abre de un golpe y Lysaa entra corriendo al cuarto, pálida pero decidida, con una llave apretada en la mano.

—¿Lysaa? —susurro, con la voz ronca tras días de silencio—. ¿Qué estás haciendo?

—Tengo la llave —dice Lysaa agitada, corriendo a mi lado—. Te tienes que ir de aquí. Ya.

—¿Qué? —El corazón me da un brinco en el pecho—. ¿Cómo… cómo le quitaste la llave al Alfa?

—No te preocupes por eso —dice Lysaa rápido, abriéndome los candados de las muñecas—. Armé una distracción, pero no tenemos mucho tiempo. Te tienes que ir.

Apenas me quita las esposas, los brazos me caen flojos a los lados. El entumecimiento da paso a una punzada dolorosa de hormigueo a medida que la sangre me vuelve a los dedos, y hago un gesto de dolor ante la sensación. Lysaa me abre luego los tobillos e intento moverme, pero las piernas no me responden. Están demasiado débiles. Llevo días sin caminar.

—No puedo… —logro ahogar, con la voz temblándome de pánico—. Lysaa, no puedo ponerme de pie.

—Aguanta —dice, agarrando una cobija grande del rincón del cuarto. Me la envuelve en los hombros como un chal, tapándome los trapos—. Yo te ayudo.

Me levanta de la cama, con un cuerpo pequeño pero más fuerte de lo que me imaginaba. Me me agarro de ella mientras me ayuda a ponerme firme, con las piernas temblándome por debajo. Las rodillas se me doblan, pero Lysaa me sostiene con firmeza.

—Tienes que caminar, Kamrynn —me exige, con voz firme—. Sé que duele, pero tienes que hacerlo. No hay tiempo.

Asiento, tragándome el dolor.

—Está bien.

Nos movemos despacio hacia la puerta; cada paso me manda un corrientazo de dolor por las piernas, pero me obligo a seguir. Vamos avanzando por el pasillo, con el corazón acelerado mientras oigo que el alboroto afuera se hace más fuerte. Miro hacia la ventana y, entre las sombras de la noche, veo gente corriendo y gritando órdenes. La Manada es un caos.

—¿Qué hiciste? —pregunto, sin aire por el esfuerzo de caminar.

—No importa —dice Lysaa rápido, moviendo los ojos a todos lados mientras avanzamos—. Lo importante es que salgas. No va a haber otra oportunidad como esta.

Quiero preguntarle más, pero no hay tiempo. Tiene razón. Esta es mi única oportunidad y tengo que aprovecharla. Aún así, no puedo evitar preocuparme por Lysaa. ¿Y si la atrapan? ¿Y si la castigan por ayudarme?

—Lysaa —susurro, con la voz apretada de miedo—. Si te metes en problemas por mi culpa…

—No te preocupes por mí —me espeta, más dura de lo que nunca la he oído hablar—. Yo voy a estar bien. Tú solo vete.

Ya estamos casi en la salida cuando una figura se nos cruza de repente en el camino. Uno de los miembros de la Manada. El corazón se me frena en seco.

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