LOGINKamrynn—¿A dónde vas con esta zorra? —exige él, con voz tajante.Lysaa no lo duda ni un segundo. Se endereza, con una expresión fiera.—Órdenes del Alfa —le espeta de vuelta—. Quiere que la lleve a los aposentos inferiores. Ahora quítate de nuestro camino.Él duda, claramente inseguro. Lysaa lo mira fijamente, con una expresión llena de una autoridad que nunca le había visto.—Muévete —gruñe ella.El hombre se hace a un lado y Lysaa me arrastra a su lado, sin darle siquiera una segunda mirada. Casi no puedo respirar, con el corazón martilleándome en el pecho, pero logramos cruzar las puertas y salir a la noche.El aire frío me da en la cara, en un contraste marcadísimo con el cuarto sofocante en el que estuve encadenada durante tanto tiempo. La oscuridad nos rodea y, por primera vez en lo que parece una eternidad, siento una chispita de esperanza.Lysaa me ayuda a bajar por el sendero, apretándome bien la cobija alrededor para protegerme del frío. La casa de la Manada ya quedó atrás,
Kamrynn La ansiedad se me retuerce bien adentro en el estómago, un nudo incómodo de aprensión que no logro quitarme de encima. La cabeza me retumba, con un dolor punzante y sin tregua. Ya casi es hora de que Calvin regrese, y el solo pensarlo hace que todo mi cuerpo se ponga en tensión. Estoy tan débil que hasta el peso de mis propios huesos me resulta insoportable. Apenas he comido en días; solo me dejó probar bocado hace dos días, sobras que me tocó tragarme del piso como si fuera un animal salvaje. El estómago me ruge, hueco y doloroso, pero no hay nada que pueda hacer.Me paso la lengua por los labios secos y agrietados y me miro el cuerpo. Se me llenan los ojos de lágrimas antes de que pueda contenerlas. Ahora no soy más que cuero y hueso, con el cuerpo lleno de moretones, cicatrices y llagas. Las costillas se me marcan afiladas por debajo de los trapos que me han obligado a vestir. Me duele cada parte de mi ser: los brazos, las piernas, la espalda. Las cadenas se me clavan en l
CalvinNo hay palabras para describir cuánto la odio.Cada vez que la miro, me hierve por dentro esta rabia ardiente que nunca se apaga. Pensé que la conocía. Pensé que era una buena amiga, alguien en quien podía confiar. Crecimos juntos: yo, Sherelle y ella. Éramos inseparables, o eso creía. Pero todo el tiempo no fue más que una perra manipuladora y repugnante que quería destruir mi felicidad.No me la puedo ni ver. Odio todo de ella. La forma en que me mira con esos ojos azules grandotes e inocentes, como si no hubiera hecho nada malo. Como si no me hubiera destrozado la vida. La forma en que gimotea y tiembla cuando la toco, pretendiendo ser la víctima cuando ella fue la que mató a Sherelle. A mi Sherelle. Mi compañera. Mi amor.No solo la odio: la desprecio. Y me da placer verla sufrir. Cada moretón, cada grito, cada lágrima… es justicia. Es lo que se merece. Disfruto hacer de su vida un infierno, viendo cómo se le apaga la luz de los ojos al darse cuenta de que nadie la va a sal
KamrynnLas palabras me dan como un martillazo en el pecho, sacándome el aire de los pulmones. Lo miro fijamente, con el corazón desbocado y el peso de su advertencia cayendo sobre mí como una manta asfixiante.Nunca. Más. Un hijo.Parpadeo, intentando procesar lo que me acaba de decir. Se me aprieta la garganta y una lágrima se me resbala por la mejilla. Ya he perdido a tres. Ya he fallado tantas veces.Lysaa me aprieta la mano, con la voz temblorosa.—¿Hay algo que podamos hacer? —pregunta—. ¿Lo que sea?La Dra. Thorne suspira y su rostro se suaviza un poco.—Necesita reposo. Reposo absoluto. No más matarla de hambre, no más golpizas. No más… trato brusco. Su cuerpo está muy frágil ahora mismo. Si el Alfa continúa, será inevitable.Cierro los ojos, aguantando el sollozo que amenaza con salir. ¿Reposo? ¿Cómo voy a descansar cuando Calvin no me ve más que como un objeto para descargarse? Nunca me va a dejar descansar. Nunca me va a dejar proteger a este hijo.La Dra. Thorne se mueve h
KamrynnCuando me despierto, el mundo es una masa borrosa de dolor y oscuridad. Siento el cuerpo como si se me hubiera hecho mil pedazos. Pero este dolor es distinto. No es solo por los moretones o la paliza. Es más hondo. Algo punzante y antinatural se me retuerce por dentro, apretándome el estómago. Puedo sentir algo mojado entre las piernas, pegajoso y tibio.Sangre.Doy un ahogo, mientras el pánico me inunda el pecho. Tengo los brazos encadenados a la cama y estoy demasiado débil como para siquiera jalar contra las ataduras. El metal me clava la piel cuando me acomodo, intentando moverme, intentando entender qué está pasando. El estómago se me revuelve con violencia y el dolor se intensifica, haciéndome querer gritar.Por favor, otra vez no. Otro más no.Cierro los ojos, deseando que el terror desaparezca. Sé lo que es esto. Sé lo que se siente cuando se pierde un hijo, cuando tu cuerpo rechaza la vida que lleva dentro. En los nueve meses que he sido la esclava de Calvin, he perdi
Kamrynn"No sé qué me duele más: si sus manos o sus palabras. Cada vez que me toca, es otro recordatorio de lo bajo que he caído… y de cuánto me desprecia."El dormitorio está frío, oscuro y sofocante. El cuarto de Calvin. No. El dormitorio del Alfa. Su territorio. Estoy boca arriba, mirando al techo, deseando que mi mente se pierda en otra parte (en cualquier lugar lejos de aquí) mientras Calvin me embiste, con movimientos bruscos y castigadores. A él no le importa mi dolor. Nunca le ha importado. Está perdido en su odio; cada estocada es un recordatorio de que, para él, no soy más que una herramienta para su venganza.Su aliento quema en mi cuello, agitado y lleno de ira. Mi cuerpo yace inerte debajo de él, aguantándolo, como siempre lo hago. Su mano se aprieta alrededor de mi garganta y sé lo que se viene incluso antes de que lo diga.—Mírame, perra asquerosa. —Su voz es helada, llena de asco—. Ni se te ocurra tratar de escaparte en tu cabeza. No te vas a ir a ningún lado.Me da un






