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BAJO LA SUPERFICIE

Autor: Sasa Roand
last update Fecha de publicación: 2025-01-04 06:03:08

Los pasos de Angelo resonaron firmes al cruzar el vestíbulo del Fiore d'Oro. Su mente vagaba entre los recuerdos de la noche y la imagen de Serena, la joven que había dejado frente a su edificio. Había algo en ella, una fragilidad envuelta en valentía, que lo intrigaba más de lo que quería admitir.

Cuando finalmente cerró la puerta de su suite, se quitó el abrigo y se desplomó en el sillón, encendiendo el móvil para revisar sus mensajes. Apenas pasaron unos segundos antes de que la pantalla se
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  • Esclava de muchos amos   LA MITAD EXACTA DEL DOLOR

    Los pezones se le marcaban por encima de la tela de seda. La chica era hermosa; tenía un aura de inocencia que contrastaba con la mirada enojada, el ceño fruncido, los ojos ámbar chispeantes de rabia al verlo. No se resistió: quería tocarla, hacerla suya ahí, sin pensar en nada.—Gianni —la voz de Angelo lo atravesó, firme, ronca; llenó toda la habitación como un trueno seco en medio de una tormenta. No gritó, pero conocía a Angelo lo suficiente como para saber que lo estaba reprendiendo por estar ahí.Gianni se puso de pie en un movimiento rápido, como un resorte.—¡Hermano! —dijo con ánimo exagerado mientras caminaba hacia él.Angelo estaba de pie en el umbral de la puerta, con los brazos cruzados. Su mirada exigía una explicación.—Vine a ver si tu amiguita estaba mejor.La mirada de Angelo se dirigió hacia la chica. Gianni se giró para mirarla.—Mírala, todavía está asustada por todo lo que pasó —dijo, tratando de justificar el semblante pálido, los ojos llorosos y la mirada desco

  • Esclava de muchos amos   UNA SOMBRA MALVADA

    El frío del concreto le penetró en los huesos cuando cayó. El dolor fue intenso, en algún punto de la cadera que no supo identificar con precisión. Un chasquido casi imperceptible llegó junto a la punzada; no supo si era algo quebrándose dentro de ella o el eco de los puños de Angelo contra el rostro del hombre.Desde el piso veía a Angelo desde un ángulo que no había visto antes. No era el hombre comprensivo que le había explicado que no le haría daño cuando despertó en una habitación extraña. No era el hombre irresistible y sexy que había querido devorar en la piscina. Desde ese ángulo no era un hombre: era un monstruo. El ceño fruncido, la boca entreabierta, los ojos destellando furia.La había tirado al suelo de forma violenta, aunque su movimiento no había ido cargado de fuerza; un simple empujón bastó para dejarla maltrecha. Era insignificante ante la fuerza de Angelo.Serena estaba aterrada.¿Y si ella era la siguiente?¿Descargaría la furia sobre ella?Ya lo había visto lastim

  • Esclava de muchos amos   LA BESTIA DETRÁS DEL HOMBRE

    Angelo condujo sin decir una palabra.El tráfico avanzaba lento, arrastrado, y las luces rojas de los semáforos se reflejaban en el parabrisas como heridas abiertas. El motor ronroneaba bajo, contenido, igual que él. Sus manos permanecían firmes sobre el volante, los nudillos tensos, blancos por la presión.A su lado, Serena lloraba.No era un llanto escandaloso. No había sollozos ni gemidos que pidieran atención. Era algo más difícil de soportar: esa respiración irregular, quebrada, como si el aire no lograra llegarle del todo a los pulmones.Ese sonido le tensaba los nervios. Miraba por la ventana, los brazos cruzados contra el pecho, abrazándose a sí misma como si fuera la única forma de no desmoronarse.Verla así le provocaba una presión incómoda en el pecho, una sensación extraña, ajena, que no sabía nombrar. Angelo nunca había sabido qué hacer frente al llanto ajeno. En su mundo, llorar no servía de nada. No arreglaba problemas. No detenía balas. No evitaba muertes. Era, además,

  • Esclava de muchos amos   LO QUE NO SE PUEDE DEJAR ATRÁS

    —Tienes que irte —dijo Angelo, cortando el llanto de la mujer de forma brusca.Reconoció el tono: Era una orden.La mujer se alejó unos pasos.—Vamos, te acompaño a la salida.Se movió con rapidez, primero corrió pero cada paso parecía arrancarle un crujido al suelo, así que redujo la marcha obligándose a caminar despacio. Las voces se acercaban. El tiempo se encogía.Cruzó el salón principal, pero supo que no alcanzaría las escaleras. La verían.Se deslizó entre un armario repleto de libros y la pared, encogiéndose todo lo posible. El polvo le rozó la piel desnuda del brazo. No se movió.—¿Cuándo vendrás? —preguntó la mujer, con la voz quebrada—. Prometiste que lo dejarías todo.—No es tan fácil, Elena —respondió Angelo en un murmullo bajo—. Debes irte. Te prometo que pronto iré con ustedes.Pronto iré con ustedes.Las palabras se le clavaron a Serena como una astilla. ¿Con quiénes? ¿Adónde? Sintió una mezcla incómoda de curiosidad y alerta. Angelo era así: una puerta cerrada con dem

  • Esclava de muchos amos   ATRACCIÓN PELIGROSA

    Serena se inclinó hacia él y lo besó.Fue un movimiento torpe, impulsivo, guiado más por el cuerpo que por la razón. Sus labios rozaron los de él apenas, un contacto breve, casi tímido… y luego Angelo respondió. El mundo pareció inclinarse.El roce de sus bocas hizo que el pulso de Serena se disparara. Un temblor le recorrió la espalda, bajó por el vientre, se concentró en un punto sensible que la obligó a aferrarse a él con más fuerza, Angelo no le fue indiferente, la levntó sosteniendola por los muslos con fuerza, ella abrió las piernas y lo rodeó, él la apretó contra él con una fuerza animal. Un gemido se le escapó, la humedad entre sus piernas se volvió imposible de ignorar, su cercanía la envolvió, y ese contraste entre la piel fría de él y el calor que ardía en ella le arrancó un temblor involuntario. La respiración se le volvió irregular, un estremecimiento la recorrió de pies a cabeza.El cuerpo de Angelo reaccionó también. Serena lo sintió con una nitidez que la desarmó: un

  • Esclava de muchos amos   EL AGUA Y EL LOBO 🐺💧

    Serena intentó retroceder cuando él dio un paso hacia ella, pero el cuerpo no le respondió. Las piernas le flaquearon sin aviso, como si el miedo hubiera drenado la poca fuerza que le quedaba. El mundo se le inclinó peligrosamente y apenas alcanzó a emitir un sonido ahogado antes de perder el equilibrio.Angelo la sostuvo.Sus brazos fueron firmes, inesperadamente cálidos. No bruscos. No posesivos. Solo… ahí. El contacto la descolocó más que el pánico. Su rostro quedó a la altura de su pecho y lo primero que la envolvió fue su olor: limpio, masculino, con un rastro tenue de algo amaderado que no supo identificar. No era el olor de la sala blanca ni el del miedo. Era distinto. Real.Su respiración se agitó, pero ya no solo por terror.El pecho de él subía y bajaba despacio bajo su mejilla, marcándole un ritmo ajeno, más calmo, que poco a poco comenzó a imponerse sobre el suyo. Serena cerró los ojos por puro instinto. El contacto la confundía. Su cuerpo reaccionaba de formas que no quer

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